domingo, junio 30, 2019

Obispos, últimas sugerencias



Décimo cuarto. Una sería la figura del presidente de la Conferencia Episcopal, encargado de coordinar las funciones generales de la Iglesia en un país, y otra figura, muy distinta, sería la del primado, encargado de los arzobispos. 

Por supuesto, el primado estaría exento de toda jurisdicción sobre ellos. Solo poseería autoridad personal y el encargo de hacerles notar los defectos, los aspectos mejorables. Ni los arzobispos tendrán jurisdicción sobre los obispos sufragáneos, ni el primado sobre los arzobispos. Las quejas respecto al primado pasarán al nuncio.

Por supuesto que siempre cualquier fiel podrá recurrir, desde el primer momento, al nuncio sin seguir este sistema. Pero lo propuesto desea dotar de cercanía al sistema para detectar problemas y que siempre haya alguien que tenga el deber de revisar los verdaderos o falsos problemas.

Décimo quinto. Seguirán existiendo obispos auxiliares. Pero considero que cuando alguien es nombrado para ser pastor de una diócesis, lo lógico es que esté en ese encargo veinte años. En el sistema que propongo, el obispo auxiliar o pasa a ser obispo residencial para ejercer durante ese largo periodo de tiempo, o si no es mejor que se enraíce en la diócesis en la que esté ejerciendo como obispo auxiliar. En este sistema, muchos de los obispos auxiliares deberán acceder a esa dignidad con la mentalidad no de que sea un puesto de paso, sino una vocación específica.

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Aquí acabo esta serie de cosas que me rondaban por la cabeza y que quería compartirlas para escuchar vuestras opiniones. Sin que tenga nada que ver y, solo como curiosidad, el Código de Derecho Canónico da algunas normas que para los laicos pueden resultar interesantes:

No debe ausentarse de su diócesis los días de Navidad, Semana Santa y Resurrección del Señor, Pentecostés y Corpus Christi, a no ser por una causa grave y urgente (canon 395 § 3).

El obispo no hace la visita pastoral de las casas sujetas a derecho pontificio.

El obispo no puede ausentarse un mes de su diócesis, salvo en los casos ya establecidos por el Derecho Canónico.

388 § 1.    Una vez tomada posesión de la diócesis, el Obispo diocesano debe aplicar por el pueblo que le está encomendado la Misa de todos los domingos y otras fiestas de precepto en su región.

 § 2.    Los días indicados en el § 1, el Obispo debe personalmente celebrar y aplicar la Misa por el pueblo; y si no puede celebrarla por impedimento legítimo, la aplicará esos mismos días por medio de otro, u otros días personalmente.


Post Data: Después de tanto hablar sobre los obispos, sería un buen momento para hablar de mi madre. Aunque mi madre (siempre terca) me haga tanto caso como los obispos.

En algunas cuestiones, tengo más posibilidades que la Iglesia acepte parte de estas sugerencias que el que mi madre dé su brazo a torcer en varias cuestiones domésticas.

Reformas episcopales: sugerencias y más sugerencias



Sigue el post de ayer acerca de las medidas que sugeriría de reforma del episcopado.

Noveno. Se fomentará que los laicos y el clero se pongan en contacto con el arzobispo dando su opinión sobre problemas eclesiales diocesanos. Por supuesto que esto se gestionará a través de un delegado. De manera que el arzobispo tenga una idea precisa de las diócesis sufragáneas y pudiera hablar de esos problemas con esos obispos. Esta será una tarea propia del arzobispo, no una actividad opcional, sino parte de su misión. De manera que no sea lo mismo ser arzobispo que obispo.

Décimo. Las quejas nunca podrán ser anónimas. Se presentarán personalmente al delegado. Y el arzobispo mantendrá oculto el nombre. El arzobispo podrá delegar en alguien la investigación de la verdad que haya detrás de esas quejas.

Undécimo. Este sistema nada tiene que ver con el sistema actual de las congregaciones romanas o de la Signatura. En esta última, el tenor es judicial. Mientras que este sistema que propongo se mantendrá dentro del tenor de la caridad fraternal. Apelar a un tercero para que dialogue. Ofrecer un camino alternativo a los actuales (más formales) para la solución de los problemas internos.

Duodécimo. Si hace falta se reconfigurará la calificación de las sedes arzobispales para que no haya pequeñas sedes arzobispales sin obispos sufragáneos. La medida ideal es que cada arzobispo tenga siete obispos sufragáneos. A la hora de reorganizar el mapa de las provincias eclesiásticas, se tendrá en cuenta, ante todo la proporción numérica, y no las divisiones políticas entre provincias. Porque lo principal del arzobispo en esta reforma será ejercer como arzobispo. Es decir, hablar fraternalmente de lo que él considera que son las deficiencias de ese obispo. Lo importante no serán las divisiones regionales sino el poder ejercer esa función.

Décimo tercero. Los arzobispos escogerán a un primado entre ellos. El primado ejercerá con ellos la función que el arzobispo ejerce con sus obispos sufragáneos. Seguirá existiendo (de un modo honorífico) una sede primada en cada país. Pero el primado podrá ser obispo en cualquier sede o incluso estar jubilado. Lo lógico es que se escoja entre los arzobispos, pero tendrán libertad para escoger a quien lo deseen.

sábado, junio 29, 2019

Reformas episcopales y arzobispales



Me gustaría escuchar vuestra opinión (y sugerencias) sobre un asunto que llevo pensando desde hace tiempo. Algo escribí sobre el tema, pero ahora –lo digo en serio– me gustaría escucharos. Lo voy a exponer de forma casi telegráfica, dejando a un lado el apoyo de razonamientos. Numero los párrafos para facilitaros vuestra labor de comentar.

Primero. Cada obispo sería nombrado con una edad que rondaría entre los 45 y 50 años. No antes, porque debe presidir sobre presbíteros (ancianos).

Segundo. No después, porque debe ser un padre que se asiente en el puesto. Esta edad sería una norma general, pudiendo haber excepciones, por supuesto. Pero de manera ordinaria se evitaría nombrar obispos ya ancianos, porque el obispo debe asentarse, echar raíces, estar mucho tiempo. Nombrarlo a los 50 años, implica que va a estar solo 25 años de obispo.

Tércero. Un obispo sería nombrado para una diócesis y sabría que va a estar en esa diócesis para siempre. No habría traslados a otras diócesis. El oficio de obispo requiere una total exclusividad, un dedicarse por entero y para siempre a ese rebaño. Se tardan más de cinco años en conocer bien a todo el clero y a los pueblos de la diócesis. No tiene sentido cambiar a ese obispo justo cuando conoce ya bien a su rebaño.

Cuarto. De manera que el obispo sabe que se va a ese rebaño y solo a eso. Las actividades de la Conferencia Episcopal se delegarán a presbíteros, diáconos y laicos. Restringiendo los desplazamientos de obispos al mínimo necesario a lo que, realmente, sea muy importante. Delegar debe ser la consigna.

Quinto. El arzobispo ejercerá las funciones que ya he explicado en mi libro Colegio de pontífices. Cuando muera un arzobispo se escogerá, de entre los obispos de esa nación, al que se vea más digno, más venerable, más sabio y santo para ocupar esa sede.

Sexto. Lo lógico es que un arzobispo esté en esa sede arzobispal un mínimo de quince años. De manera que la provisión de esas sedes vacantes debe tener en cuenta ese hecho. Y, por lo tanto, un obispo llegaría a una sede arzobispal tras 10 o 15 años de ejercicio del episcopado.

Séptimo. Los obispos al llegar a los 75 años seguirán en el puesto, con el mismo título, presidiendo las celebraciones, pero el gobierno de la diócesis quedará, enteramente, en manos del obispo coadjutor. La figura del obispo anciano será similar a la de un padre que se ha convertido en abuelo y que deja los asuntos en manos de su hijo primogénito. Pudiéndose dedicar a presidir fiestas patronales, a predicar, a recibir a sacerdotes que quieran pedirle su consejo, a la catedral. Las diócesis necesitan esta figura del abuelo.

Octavo. El obispo anciano ya no será emérito, pero sí jubilado. Me gusta la figura del obispo-abuelo u obispo-patriarca, y la del obispo-hijo u obispo-primogénito. Por supuesto esta figura del obispo anciano podrá retirarse si lo desea a otro lugar. Hay que dejar de ver al obispo jubilado como un posible estorbo, para considerarlo como una benéfica ayuda para el nuevo obispo.

jueves, junio 27, 2019

El celibato: más consideraciones



Ahora quiero dar otro enfoque a la cuestión de ayer. Me resulta llamativo que en tantas diócesis haya una tan grande resistencia episcopal a crear un cuerpo de laicos que puedan hacer liturgias de la Palabra allí donde no hay un párroco.

En cierta diócesis que visité del continente americano, cada sacerdote, los domingos, celebraba unas cinco misas. Me imagino que los sábados por la tarde debían ser tres, pero no lo pregunté. Resulta claro que no tiene sentido que el sacerdote se mate a celebrar misas, cuando el remedio de laicos que organicen una celebración de la Palabra (con comunión) es perfectamente lícito. Esa resistencia no es un caso aislado.

¿La razón esgrimida? No podemos protestantizar la Iglesia. No podemos abrirnos a la modernidad de manera que desnaturalicemos la catolicidad. Si abrimos la puerta...

Por supuesto que esas razones no me convencen para nada. Precisamente la Iglesia antigua desarrolló todo un escalafón de órdenes menores. Una modernización que consista en volver a los orígenes nunca puede ser un desastre. Puede hacerse de forma más o menos acertada, pero nunca será una traición.

Cierto que si se abre la puerta a esa novedad va a haber problemas. ¿Pero no es mayor problema dejar que una población, de hecho, se marchite sin sacerdote? El que el sacerdote venga, celebre misa y se marche (porque tiene otra misa) no es, realmente, atender esa población.

Y si desarrollamos todo ese cuerpo de evangelizadores laicos, ¿alguno de ellos no se podría preparar para recibir el sacramento del orden? ¿Es preferible que presida la liturgia una monja y ella administre el sacramento a que lo haga un “anciano”, aunque esté casado, bien formado teológicamente, virtuoso y que lleva evangelizando durante diez o quince años?

Como veis, tan superficial me parece pensar que la introducción de sacerdotes casados va a arreglarlo todo, como negarse en redondo.

El gran problema de toda esta fraternal discusión no son los poblados aislados de Brasil, sino la muy peculiar situación de Centroeuropa. Allí es donde está el verdadero temor a tomar cualquier decisión que implique una mayor identificación entre el mundo y la Iglesia. O, dicho de otro modo, el temor a que las iglesias de ese entorno geográfico acaben pensando totalmente como el mundo, es decir con los valores imperantes en los temas tan debatidos hoy en día.

Hasta ahora, el clero célibe, el clero que reza, ha sido un dique frente a esa ola de lo políticamente correcto que lo invade todo. Si el mismo clero se laiciza, es de esperar que opere un cambio muy grande en la mentalidad de esas comunidades católicas. Alguien me dirá que no tiene por qué. Pero es un hecho que el clero célibe y orante ha sido hasta ahora un dique frente a las pretensiones modernizadoras de un gran sector de los laicos.

Como veis, no es un asunto fácil. Para hacer que sea más difícil, todavía más, tomar una decisión, es un hecho que en los países con poco clero es donde apenas se ha desarrollado el diaconado permanente. Curiosamente, se ha desarrollado muchísimo en los países con más clero.

Sí, el tema no es fácil. Yo mismo, os confieso, me mantengo en una posición de en medio en esta discusión. Y no lo hago por quedar bien con todos, o por no implicarme. Realmente, en conciencia, veo razones a favor y en contra. Lo que sí que tengo claro es que acepto y aceptaré lo que ha determinado la Iglesia y lo que pueda determinar en el futuro. Amén.

miércoles, junio 26, 2019

El celibato: solo algunas consideraciones



Hubo presbíteros y obispos casados en la Iglesia Antigua. Pero para aquellos que piensen que las iglesias del Imperio Romano de Occidente y las del Imperio de Oriente eran un faro de espiritualidad y constituían una edad dorada de la Iglesia, les recomendaría que leyesen mis posts sobre Gregorio de Nacianzo. Ahora estoy dando unos sermones (todavía no puestos) sobre Cirilo de Jerusalén. San Cirilo fue un hombre muy santo, no lo dudo, pero también una fuente de problemas. En los iconos queda genial, pero su episcopado está repleto de decisiones digamos que “controvertidas”.

Lejos de ser una época dorada, esa fue una época siempre agitada por conflictos internos, por grandes rivalidades eclesiásticas. Entre los obispos, había un impresionante “mal rollo”. Resulta sorprendente la muchísima ambición que existía por lograr los puestos eclesiásticos. Y las disputas se solucionaban no solo con palabras, sino también con piedras y palos. Es una época que es de todo, menos pacífica.

Los cristianos del siglo IV y V verían nuestra época como una era de paz eclesial. Las cuestiones de fe ahora están más claras. El campo de lo civil y de lo religioso se muestran mucho más delimitados. Los párrocos ahora están mucho mejor formados que los presbíteros de entonces.

Imaginaos un presbítero del siglo IV o V de un pueblo de trescientos habitantes en Libia, vestido como el resto de sus feligreses. Con cuatro hijos, una docena de gallinas y unos huertos que cultiva como el resto de las personas con las que convive. La misa solo es dominical. Pero se rezan salmos al caer el sol en la pequeña construcción rectangular con techo de vigas de madera. Una construcción donde no caben todos los habitantes. En una población de ese tamaño, tendría una edificación donde cupieran apretados algo menos de una tercera parte. Su formación teológica resulta exigua.

A media hora de caminata, hay otro presbítero de una ciudad de mil quinientos habitantes, mucho mejor vestido, más refinado. Su mujer también viste mejor. Él dispone de más dinero. Se nota que vive mejor. (Véase, por ejemplo, el presbítero que aparece en Los Diálogos que le hace la vida imposible a san Benito.) El presbítero de la ciudad busca que sus hijos prosperen en la vida. Por supuesto, no quiere ni oír hablar de que otro clérigo se establezca en la ciudad. Además, ya ha decidido que su primogénito le sucederá y le prepara para eso. Como ya tiene cierta edad, ve al obispo una vez al año. Hace un viaje hasta la sede episcopal para saludarle y llevarle algunos regalos y una donación.

Y visita a un obispo que también tiene su familia y sus negocios, que se marcha de viaje durante varios días (sin poder comunicarse con él), que promueve a sus familiares... Cuando escribí mi libro La catedral de san Agustín me sorprendió la cantidad de veces que, en el norte de África, se escogía para suceder a un obispo a un comerciante rico o a un terrateniente. Y que se escogía a gente rica por razones meramente de interés material para la diócesis. No todos eran o monjes o laicos ricos, también había clérigos de la curia episcopal que pasaban a tener muchos partidarios.

No siempre había facciones detrás de cada candidato, facciones dispuestas a presionar mucho. La historia de los clérigos de esa época era una mezcla de espiritualidad y asuntos mundanos, de ascetismo y ambición. Había de todo. Pero el clero de nuestra época de ningún modo es peor que el de entonces. Y los obispos son mucho mejores globalmente considerados.

El que los clérigos pasaran a ser hombres totalmente consagrados a Dios; dedicados solo al culto, la predicación y la caridad fue un claro avance. Recibieron vestiduras que mostraban su consagración, se tonsuraron, comenzaron a tener un tenor de vida dedicado solo al Reino de Dios, se obligaron a rezar las horas canónicas. Fruto de esto, la obediencia pasó a ser algo mucho más importante. El obispo pudo cambiarles de destino con libertad.

Ojo, solo he querido señalar estos aspectos históricos en la discusión. También podría hablar de los aspectos positivos. Incluso podría hablar de los aspectos positivos que ese sistema tuvo en su época. Ciertamente los hubo.

Pero hay una consideración del párroco como, digámoslo así, monje en el mundo. No se me escapa a mí mismo lo incorrecto de esta calificación, pero algo de eso hay. Y hay otra consideración del párroco como rabino al modo judío. ¿Es el párroco un monje dedicado a la oración y la lectura de la Biblia, que, además, cuida de sus fieles? ¿O es un rabino que dirige el lugar de oración y todo lo que se ramifica desde allí: caridad, etc.?

¿Es una persona totalmente consagrada, un nuevo levita? ¿O es un hermano entre los hermanos que dirige la casa de oración y se encarga de lo ritual? Por favor, no quiero hacer de menos la segunda opción. Soy consciente de que lo segundo es una simplificación, como lo del párroco-monje también lo era.

Lo de hoy ha sido un primer acercamiento, acercamiento negativo. Mañana seguiré aproximándome a la cuestión desde otros ángulos.

martes, junio 25, 2019

El Sínodo de la Amazonia: reflexiones antes de que empiece



Según unos ese sínodo va a ser, poco menos, que el fin del mundo, y su instrumentum laboris la prueba de toda la iniquidad de los eclesiásticos progresistas. Algunos ultratradicionales tendrán dudas acerca de si la tierra no se abrirá bajo los pies de esa misma asamblea para devorar a los fautores. Ja, ja, ja.

Un sínodo está para hablar, para escuchar. Precisamente ahora, en este momento de la Iglesia, necesitamos consensos. Necesitamos meditar de rodillas los dogmas y, después, escuchar al hermano. Lo que no necesitamos es autoproclamados atanasios, sino la bondad del gran Roncalli. Qué duda cabe que, hablemos de la Amazonia o de los indios de Canadá o de los indios de la India o de los indios afincados en París, hay dos posturas teológicas. Pues, precisamente por eso, ahora es necesario dialogar y orar juntos y escuchar; y no ir a un sínodo a dar puñetazos; o si no me han invitado al sínodo dar patadas a los muebles en casa.

Tantos artículos en tantas webs se han escrito después de dar tantas patadas a los muebles. Para empezar, si todas las sugerencias del instrumentum se aprueban seguirá amaneciendo por la mañana y la luna poniéndose al final de la noche. Eso incluso aunque se aprobara la existencia de presbíteros casados. Aunque ese tema voy a tocarlo con más detención.

El Sínodo de la Amazonia lo que torna a plantear con fuerza a la Iglesia entera es la cuestión acerca de ¿cuál es el modo ideal de organizar un sínodo? Un sínodo, como un concilio, debería ser una reunión de todos para lograr un consenso a través del diálogo, la confrontación fraternal de opiniones, en un ambiente de escucha de Dios, con una mentalidad de devota lectura de los Santos Padres, de los concilios y de la Tradición. Y, hablando de la Tradición, partamos del hecho de que en este sínodo nadie es un traidor: nos reunimos para ver qué tiene que decir el hermano.

Pero, a pesar de esta buena voluntad, la Santa Sede debería reflexionar sobre el hecho de que, desde hace años, existe un genuino y fortísimo clamor acerca del modo organizativo de esas reuniones. Es verdad y no es una crítica destructiva que, desde la época de Juan Pablo II, el bacalao ya llega cortado y vendido desde aquellos que dirigen cada instrumentum laboris. A lo más que pueden aspirar los participantes, posteriormente, es a detener, matizar o completar tal o cual punto. En teoría todo es posible, también la enmienda a la totalidad, ¿pero por qué nunca ocurre en la práctica?

Algún monseñor me dirá que si llega todo el mundo a Roma y se pone a hablar y a votar, se gestarán conclusiones caóticas y revolucionarias. Por su parte, algún laico revolucionario me dirá que qué sentido tiene hacer el viaje hasta Roma para someterse al “acta del día”. En teoría, el sistema actual sería un lugar a medio camino entre la indeterminación y el dirigismo.

Como queda muy mal afirmar que la masa de laicos y clero va a ser revolucionaria si se le da libertad, y como también queda mal afirmar que un sínodo debe teledirigirse con un mando a distancia, se dice que solo se ofrece una orientación, un instrumento, etc. Es una cuestión de palabras, pero lo importante es la realidad detrás de las palabras, usemos los términos que usemos. Y hoy día, qué duda cabe, hay mucho más que una orientación. Más que una orientación es un canal férreo. Dadme el instrumentum laboris y con una mano moveré el sínodo.

Las cosas están tan dirigidas y los participantes son tantos que no se produce un genuino diálogo. Y, precisamente, eso es el corazón de un sínodo.

Un sínodo es como un concilio en pequeño. No estaría de más reflexionar acerca de la teología de la sinodalidad. Y un concilio no es un campo de batalla, no es el escenario para representar la victoria de mis ideas. Pero tampoco es el medio para dar mi doctrina, aunque uno sea el papa. No puedo reducir un concilio a un medio, no puedo usarlo como instrumento. A un sínodo todos van a escuchar, incluso el obispo de Roma. Si no se va a un sínodo a escuchar, es mejor no convocarlo.

Gracias a Dios, ha sido un regalo que me ha concedido, me ha tocado hacer varios viajes a Brasil. También he pasado alguna temporada predicando en diócesis selváticas de Colombia o de México justo en la frontera con Guatemala. La realidad de esos pueblos y de ese clero es distinta de lo que alguien pueda pensar en un despacho de Holanda o de Canadá. Pero el asunto no se reduce a escoger a gente del lugar. Si yo escojo a veinte teólogos brasileños y a otros veinte obispos brasileños, mi instrumentum y el sínodo subsiguiente serán muy distintos a si otro escoge a sus teólogos y sus obispos.

La primera gran cuestión es si ese instrumentum laboris refleja sus verdaderos intereses y preocupaciones, si refleja la variedad de opciones teológicas que moran allí. Ahora el bacalao ya está cortado; pero, cuando acabe el sínodo, ¿el resultado será realmente la voz de la Amazonia? Incluso nos podemos preguntar si tiene una voz. Tal vez el sínodo tenga que dejar constancia de una cierta pluralidad.

Por favor, nadie piense que estoy en desacuerdo con el contenido del instrumentum. Podríamos analizar punto a punto. Yo no tengo especiales problemas con ningún punto. Si bien reconozco que me ha faltado entusiasmo para leerlo íntegramente.

¿Y la ecología? Sí, la ecología también puede tener su sitio en ese sínodo. Además, creo que es importantísimo que la Iglesia defienda los valores que hay en el documento. Defender ese último jardín del Edén (a little overgrown, como apostilló el cardenal de La Misión), defender a sus moradores, ¡me parece óptimo! Pero la gran cuestión no es el contenido del instrumentum, sino el método para organizar los sínodos.

Que la Iglesia haga lo que pueda para preservar la parte de la Tierra que permanece como en los tiempos del Génesis no es desviarse de la misión evangélica. Y preservar ese jardín edénico implica cuidar de esos pueblos nativos. 

Pero es cierto que algunas sugerencias como las de las medicinas y la educación suenan en el instrumentum un poquito... cándidas. Como la mención de los curanderos de pueblo, los hay buenos (los que curan con hierbas) y los hay... no tan buenos. En algunos puntos, el texto final no deja de tener ciertos puntos de ingenuidad que nos ha hecho sonreír.

Conclusión: El instrumentum se puede leer como lo haría un inquisidor, sacando punta a todo. O se puede leer con una luz bondadosa, como un hijo sencillo de la Iglesia. Otra cosa distinta es que el contenido no sea perfeccionable.

Post Data: Dos cosas. Mañana hablaré sobre el celibato. Se puede decir Amazonia o Amazonía. La más extendida es con el acento en la sílaba "zo", es decir, no lleva tilde. No solo es la más extendida, sino que como Amazonas es llana, lo lógico es que el adjetivo siga ese criterio. 

El documento del instrumentum pone la tilde rompiendo el diptongo, pero en español no decimos "Ucranía" ni "Disneylandía" ni "Anglía". Lo usual ha sido siempre que esas derivaciones con ese sufijo sean como he dicho. El redactor del instrumentum parece desconocer eso, pero no voy a condenar todo el documento por una tilde. 

Pero sí, es más fácil solventar el tema del acento que el del celibato.

lunes, junio 24, 2019

El inmenso cardenal Gomá



Sigue del post de ayer. Vamos ahora al meollo del asunto de este hombre bueno (Pacelli) que llegó a Papa, que nunca hizo nada malo, que hizo muchas obras buenísimas, pero que, en la Guerra Civil española sumó, por su parte, error tras error. Y, sobre todo, con una voluntad férrea de no recular, de mantenerse terco frente a todos los obispos de una nación que le insistieron, una y otra vez, que frente a Franco no había ninguna otra opción. O Franco o la completa destrucción del cristianismo en España.

La historia contada en todo su detalle es digna de la mejor novela. Sería un guion magnífico para una película. Ya el punto de partida es un entorno magnífico para las conjuras. Hay que conocer en detalle el panorama de un lehendakari vasco, Aguirre, que utilizó una fórmula en que manifestaba su obediencia a la Iglesia Católica y que desplegaría una labor diplomática impresionante. Hay que conocer la historia de los sacerdotes vascos completamente implicados en la independencia de Euskadi en 1936. 

Hay que conocer la historia de un obispo de Vitoria, Múgica, que no condenaba esa implicación de su clero, junto con un cardenal nacionalista, Vidal i Barraquer. Estos dos prelados, exiliados, no pararon de hacer campaña en Roma. El progresismo bien que se encargó de que Francia entera se pasara al lado de la República.

El cardenal Pacelli se empeñó en que había que hacer concesiones frente al nacionalismo. Y ese fue un error: tomar partido y con una información muy fragmentaria. En cualquier caso, pensemos lo que pensemos, el bueno de Pacelli no tenía ningún derecho a imponer sus opiniones personales frente al poder civil.

Posteriormente, la adhesión de Pacelli a que hubiera un armisticio en España cuando la derrota de los rojos se veía ya como evidente era increíble. ¿Cómo se podía pedir eso a un mes de la caída de Bilbao? No había ayudado nada al bando nacional y ahora apoyaba dar un respiro a lo que quedaba de la república. Los obispos españoles nunca entendieron qué estaba pasando en los despachos romanos.

Si algo queda claro cuando uno lee, paso a paso, las conversaciones inacabables entre el primado de España, el gran Gomá, el inmenso Gomá, y el joven Pacelli (no era papa todavía), es la inmensa paciencia del arzobispo toledano frente a alguien completamente convencido de que los obispos españoles necesitaban la inteligente guía de los despachos vaticanos.

Ahora no nos hacemos idea de lo que eran aquellos monseñores hijos de familias nobles o adineradas que iban a un seminario especial, el seminario para nobles de Roma, y que, sin pisar jamás una parroquia, acababan inmersos en una vida que les abocaba a la aspiración de hacer una carrera eclesiástica. Por supuesto que no eran todos los que estaban en esos despachos, pero había muchos, demasiados.

La figura del primado Gomá frente a ellos resulta gigantesca. Un prelado con una visión realista, un hombre que siempre actuó con nobleza. Cada vez que habló con Pacelli pudo hablar sin callarse nada. 

Dios pone a las personas adecuadas en el lugar preciso. Gomá fue la persona ideal para una situación tremendamente difícil.

Post Data añadida después de la cena: Como tengo algún conocido catalán que se alegrará mucho de conocer la postura del, entonces, cardenal Pacelli, debo decirle con el refrán: Qué poco dura la alegría en la casa del pobre. ¿Por qué? Pues porque he estado mirando discursos de Pío XII en sus últimos años (por ejemplo, ante dos embajadores de España ante la Santa Sede) y otros discursos, y, en sus últimos años, Pío XII pasó justo al lado contrario. Es decir, a considerar que Franco era el ejemplo de príncipe cristiano más perfecto que tenía la Iglesia.

Cambiando de tema: He escuchado el clamor en la zona de comentarios y, Dios mediante, mañana diré mi opinión sobre el Instrumentum Laboris del Sínodo de la Amazonía. 

Esto sí que eran cómics y no los de Marvel



Os aseguro que no lo he hecho por mantener el suspense, tampoco tengo información reservada, sino solo datos que se pueden obtener en libros al alcance de todos. Pero el post sobre Pío XII tendrá que esperar. Hoy no pude escribirlo después del almuerzo. Lo dejé para después de la cena. Pero fui invitado a cenar fuera de casa (algo que siempre es muy agradable) y llegué tarde. Resultado, hoy no hay post.

Los posts los escribo cada día, como el pan que hornea el panadero. El pan y los posts tienen que ser frescos. Así que habrá que esperar al lunes después del almuerzo. Suelo escribirlo a eso de las 4 de la tarde.

Mientras tanto, os podéis entretener con este vídeo de luchas entre animales:

Como el anterior vídeo me ha parecido demasiado brutal y poco edificante para las nuevas generaciones, aquí pongo otro para compensar solo de gatos:

sábado, junio 22, 2019

Confidencias personales sobre el papa Pacelli



Hoy os quiero participar una serie de confidencias. Pero, antes de nada, porque hay almas sencillas que se asoman a este blog (y también hay que tenerlas en cuenta), quiero dejarles claro a ellas que, la prohibición de no criticar sigue reglas distintas al hablar de la Historia. Si no se pudiera señalar lo negativo de los personajes del pasado, la Historia no sería posible.

Bien, vamos a las confidencias. Nunca me ha caído bien Pío XII. Casi diríamos que es un papa superior a mis fuerzas. Me he esforzado, pero nada. 

Si alguien alberga la bondadosa esperanza de que su canonización futura pueda cambiar mi parecer, será porque piensa que las canonizaciones pueden tener un efecto ex opere operato en mi oscurecida mente llena de Los Simpsons y en la que pululan los monstruos de The Big Bang Theory

Si no he cambiado mi opinión sobre las obras de Hildegarda von Bingen, puedo esperar que mi mente no vea la luz por el mero hecho de su futura canonización. Aunque, de momento, solo es venerable. Y conozco a muchos sujetos venerables, bastantes de ellos vivos.

En fin, que me cae mucho mejor Woody (de Toy Story) que el papa Pacelli. Pero eso no se debe a que me crea toda la tonelada de tonterías que se han escrito de él. No voy a perder tiempo ni en mencionarlas. Además, la lista de acciones meritorias que hizo ese papa friolero es larguísima. Sí, siempre tenía mucho frío.

Sus virtudes fueron muchas y sus buenas acciones quizá más que sus virtudes. Las razones de mi poco afecto pacelliano ya las expuse clara y largamente en un post de hace tiempo. Pero no recuerdo de qué año es ese post. Y ahora no tengo tiempo para hacer de arqueólogo de mí mismo.

No hizo nada malo de lo que se le atribuye. Pero sí que tengo muchas dudas de su etapa en la Secretaría de Estado en la etapa anterior a la firma del concordato con Alemania. No, lo repito, porque hiciera nada malo, sino porque no veía (con su supuesta mente clarividente) lo que ya habían visto todos los obispos alemanes. Y promovió una línea que no tuvo ninguna influencia histórica negativa, ninguna, pero que demuestra que cuando alguien en la Secretaría de Estado vaticana quiere ser astuto es cuando se cometen los mayores y más garrafales errores. 

Lo repito por si me lee alguien de esa secretaría: Cuando algún monseñor allí quiere ser muy astuto es cuando se mete la pata. Esto es una regla de oro que habría que ponerla en letras áureas encima de algún dintel de mármol de esos vaticanos despachos.

Pero dejo el asunto aquí porque no era mi propósito hablar de esto en el presente post, sino de otro asunto respecto a ese papa. Pero veo que os he quitado demasiados minutos de vuestro precioso tiempo. Sí, seguiré mañana. Podéis retornar a vuestras ocupaciones.

viernes, junio 21, 2019

El post de hoy es un diálogo con vosotros tras leer vuestros comentarios



Siguiendo con el post de ayer y tras haber leído vuestros comentarios. En el seminario, hubiera sido duro con alguien que abandona la consagración.

Pero hoy día siempre trato de excusar, pienso que pudo haber una historia detrás que si yo la conociera, no sería tan duro. Solo de Dios es el juicio. Y, ciertamente, detrás de los más notables escándalos, a veces, hay historias que atenúan la culpabilidad.

Hay historias de una impresionante inmadurez psicológica en la que la culpa es del que dio un informe positivo para la ordenación. Esto de la inmadurez, hace mucho, me hubiera sonado a excusa. Pero no, hay sujetos que son eternos niños, eternos niños enfermos que jamás madurarán.

En otros casos hay historias de depresiones, de heridas internas, de presiones psicológicas que les hicieron estallar. Hay sacerdotes que han luchado batallas heroicas, grandiosas, pero que acabaron sucumbiendo al desánimo ante persecuciones jerárquicas de una increíble crueldad. No exagero, creedme que no exagero. Esas cosas o le hacen a uno un santo o acaba estallando y echándose al monte.

Nota: Si me lee alguien de la Congregación del Clero, tengo una idea de un mecanismo que se podría llevar a cabo para evitar que este tipo de presbíteros se vean abandonados y solos.

El caso es que los años me han llevado a nunca juzgar a las personas. Podemos hablar, in genere, de lo grave que es una acción; pero, para con la persona, siempre excusar, siempre pensar bien.

Lo cual no es óbice para que el obispo le trate paternalmente primero, le amoneste después, y finalmente, si no queda otro remedio le imponga la sanción que sea adecuada.

El caso de ciertas “religiosas rebeldes”, llamémoslas así, es una prueba cómo con frecuencia los obispos son muy duros con sacerdotes tradicionales muy buenos (y obedientes), y muy suaves con elementos ultraprogresistas nada obedientes. Pero hay que aceptar las cosas como son y orar y no hacer nada que no sea construir. Siempre construir, nunca dividir.

Pero sí, es un hecho, que, tantas veces, los obispos han sido fuertes con los fuertes, y débiles con los débiles.

¿Por qué ser tan suave y dulce con el que hace un indudable daño, y ser implacable con otro basándose en razones insuficientes? El problema ha sido perpetuo. Existe desde el comienzo de la Iglesia.

Nuestra respuesta debe ser siempre la misma caridad que antes aconsejaba para esos sacerdotes que se meten en política o cosas mundanas. Podemos hacer muchas cosas, pero nunca tratar de arreglar las cosas por vías que no sean las legítimamente eclesiales.

El sacerdote José Carlos Tuárez Zambrano: Jesús te pide que vuelvas



Qué pena tan grande me ha dado conocer la noticia de un sacerdote que en Ecuador se ha dedicado a cosas mundanas abandonando su santa profesión que le consagraba a las cosas del Reino de Dios:

No le juzgo porque para ello debería conocer su historia y su alma como las conoce Dios. Pero, objetivamente, el sacerdote de Dios no desea otra cosa que vivir en la Casa del Señor todos los días de mi vida.

Os aseguro que yo, con el salmo (27, 4) solo le pido una cosa al Señor. Puedo tener y tengo muchos defectos, pero solo busco, ansío y ambiciono una cosa: poder servir al altar hasta que me muera, poder administrar los misterios de Dios, poder predicar su Palabra. El resto de cosas son el campo de los laicos.

Por supuesto que mi trabajo incluye la caridad como consecuencia de lo primero, pero nunca metiéndome en política. A pesar de todo, no critiquemos a este servidor del Altísimo, recemos por él. Ojalá que recapacite y, ante todos, sea un ejemplo de conversión. Y que diga: "Ante todos me equivoqué, delante de todos lo reconozco y hago penitencia". Ojalá que este sea el final de esta historia.

¡Con lo grande que es el sacerdocio!, ¿dejarlo por un cargo político? Qué error.

miércoles, junio 19, 2019

¿Qué hay de comer hoy, mamá?



Segundo día de la visita de mis padres a casa. Bueno, aquí la vida doméstica sigue discurriendo por los normales cauces bíblicos: podéis leer la relación entre Abrahán Lot y esposas, o la de Jacob y Esaú, etc. Nunca ha sido fácil ser pariente de alguien, pero ser pariente de alguien es absolutamente necesario para aparecer en este mundo. Incluso los huevos de gallina no aparecen de pronto como el monolito de 2001, Odisea del etc.

Y es que un hombre viene a tu casa y ya está. Viene una mujer y, por supuesto, va a mirar la casa como un agente de seguridad de un aeropuerto. (Espero que este comentario de género no implique la comisión de algún delito.) Pero si viene tu madre (además, mi madre tiene el cargo de madre-inspectora), entonces la revisión es más... profunda, maternalmente profunda.

Si dejara libertad a mi madre, tiraría la mitad de las cosas que hay bajo mi techo. Y mucho me temo que, sin exagerar, tiraría tres de cada cuatro cosas.

Pero el verdadero campo de batalla es la comida. ¿Os imagináis que otra vez me ha preguntado si quiero fruta de postre? ¡Otra vez!

Con mi mejor acento oxfordiano, le he contestado gentilmente, rezumando amabilidad, moviendo un poquito la mano, como si negara levemente: “Thank you so much for your enthusiasm and support for healthy food! I’m sorry I’m not able to help you at this time. I would prefer a little cake”.

martes, junio 18, 2019

¿Qué cubiertos pongo en la mesa, mamá?



Tengo a mis padres, de nuevo, pululando por mi piso. Una madre se siente como el 7º de caballería que viene en ayuda de su indefenso hijo. Su marido duerme como un bendito en el sillón que tengo enfrente. Mi madre... ahora se ha aficionado a los sudokus. Mucho me temo que la mitad del tiempo que antes empleaba en cocina, ahora se le va a ir en hacer sudokus. Genial.

Lo bueno de que vengan aquí es que así como Barcelona tuvo un antes y un después de las Olimpiadas en cuanto a reorganización urbana, así también estas venidas maternales me obligan a un plan integral de limpieza y puesta de orden del piso.

Ayer tuve una muy larga conversación telefónica con un filólogo sobre la palabra aion en el Nuevo Testamento. Yo creo que estuvimos hablando una hora entera. El significado de esa palabra resulta esencial para mi ensayo sobre el infierno.

Heinz me ha pasado un texto que también me ha resultado utilísimo. Ahora estoy a la búsqueda de textos magisteriales que hablen de la eternidad del infierno. Solo me interesa eso: los que hablen de la eternidad. Von Balthasar, ora pro nobis.

Pero dejemos de hablar sobre el averno. Mi madre ha hecho una crema de calabaza de primer plato el primer día, ha preguntado dónde están las cebollas, de postre fruta. La comida sana se ha establecido en casa. Winter is coming. He escondido unas galletas de esas gruesas con pepitas de chocolate. Están bien ocultas. No las encontrará.

domingo, junio 16, 2019

¿Cómo traducir la Biblia?



Me gustaría extenderme un poco en el tema de ayer que me parece muy interesante. No me opongo de forma radical a que haya biblias populares, es decir, traducciones en las que los versículos difíciles hayan sido traducidos no literalmente, sino según el sentido.

Pero si se hace una traducción según el sentido hay que hacerla bien. Traducir según el sentido implica rigor, implica una voluntad férrea de ser muy fiel. Hay una fidelidad y un rigor filológico tanto en la traducción ad litteram como en la traducción ad sensum.

Yo, desde luego, prefiero las versiones literales. La Biblia fue escrita para personas sencillas, no solo para los ilustrados. Fue el alimento de pastores hebreos, de agricultores.

Así que soy de la opinión de que, incluso los hijos sencillos de la Iglesia, prefieren asomarse al texto verdadero (que es el literal) que no a una versión interpretada. Así que no me opongo radicalmente a las traducciones populares, pero prefiero totalmente las versiones literales para todos los públicos. Hasta la persona de pocas letras suele valorar el sabor hebreo de un texto. Hasta el hombre que no tiene estudios suele preferir enfrentarse al enigma del texto por sí mismo.

La literalidad no plantea problemas (y se le pueden poner todas las notas a pie de texto que se desee), pero la traducción ad sensum es un pozo del que es difícil salir. ¿Traducimos que hay que perdonar “70 veces 7”, o que hay que perdonar “siempre”? Algunos traductores piensan que la gente común es muy tonta.

Imaginemos, ejemplo hipotético, que alguien decide hacer una traducción gitana de la Biblia que, en realidad, sea una simplificación. El propósito puede ser el de acercar a ellos la Palabra. Pero, sin ninguna duda, ellos prefieren la Palabra en toda su pureza. No tengo la menor duda de que el pueblo gitano dará la espalda al que lo trata como a niños, y se acercará al que lo trata con seriedad.

sábado, junio 15, 2019

Sobre el padrenuestro, algunas consideraciones



Zelenka ayer escribía:

Padre Fortea, quiero pedirle un favor, que nos dé su opinión sobre la traducción del nuevo Padrenuestro que dice "perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden". Yo rezo siempre el Padrenuestro antiguo porque me parece que no es lo mismo una deuda que una ofensa. Puede haber deudas sin ofensas y ofensas sin deudas. Es seguro que ya haya escrito algo sobre esto, pero no estaría de más repetirlo.

Efectivamente, no es lo mismo decir “cielo” o “cielos”, “ofensas” o “deudas”, “mal” o “maligno”, o “no nos dejes caer en la tentación” que “no nos conduzcas a la tentación”. En el futuro, no descarto hacer una nueva serie de sermones sobre el tema en mi canal:

A tu pregunta, Zelenka, te diré que lo que debió decir Jesús en arameo debió ser “deudas”. No voy a explicar aquí las razones de crítica textual por la que afirmo eso. Pero a la misma conclusión llegaron en la Antiguedad y por eso en latín dice debita nostra. Los antiguos no conocían el whatsup, pero eso no significa que fueran tontos. La traducción por "ofensas" no es ninguna traición. Mateo dice "deudas", Lucas dice "pecados": perdona nuestros pecados. O, más literal: perdonanos los pecados.

Lo que subyace en todo esto, en el fondo, son dos modos de acercarse al texto sagrado. Unos se acercan postrándose ante el Misterio, considerando que no deben cambiar nada del mensaje divino. Podemos conservarlo, transmitirlo y meditarlo. Mientras que otros consideran que ese mensaje hay que adaptarlo, hacerlo más humano, y que para eso no pasa nada por hacer pasar por texto bíblico lo que es una especulación.

El pro multis es solo un ejemplo. Se pueden poner más ejemplos en los que los traductores (incluso en textos oficiales de leccionarios) no han tenido el cuidado que se esperaba de ellos. El caso más claro es que en vano buscaréis el versículo del leccionario que dice cuánto le cuesta al Señor la muerte de los justos. Una frase inventada de principio a fin. Es más, el sentido del texto hebreo dice justamente lo contrario: O quam pretiosa est in conspectu Domini mors sanctorum eius. Pero, en fin, este es el caso más gordo.

Qué pasaba por la mente de los traductores norteamericanos cuando tradujeron en la misa et cum spiritu tuo, por and also with you. Pues no tengo ni idea. 

Para las almas sencillas que se pregunten qué versión de la Biblia leer, les diré que en español la Biblia de Jerusalén está bien. No sé cómo están ahora las notas. Hace tiempo me dijeron que mal, que no creían en la inerrancia. Pero nunca las he leído. Así que no sé.
La Biblia de la CEI en italiano es óptima. Yo suelo leer la New Revised Standard Version y cuando tengo dudas una versión interlineal.

En el fondo, lo que subyace debajo de esta forma de traducir es una mentalidad: lo que importa no es el depositum fidei, sino hacer una religión más humana. Si no se tiene respeto a la Tradición y ni siquiera a las Escrituras, pues se las modifica sin más. Lo digo bien alto y bien claro, para advertir a las ovejas del buen rebaño de Cristo: he conocido personalmente a biblistas en Roma que, de ningún modo, creían en la inerrancia de la Biblia.  

¡Ojo, quedaos tranquilos! Leccionarios y biblias suelen estar bien traducidas. Lo repito: No tengáis intranquilidad. No os van a dar gato por liebre. Las cosas de arriba, son excepcionales. No leáis con aprensión ni las biblias ni las lecturas de la misa. El 99,9% es perfecto. Y una fracción es mejorable. Solo eso, mejorable. No es que estén traicionando el texto ni metiendo sus ideologías. Lo que pasa es que no se puede admitir EN ALGO TAN SAGRADO ni la más mínima ligereza. 

El texto sagrado, las palabras de Dios, deben ser traducidas de un modo exquisito.


Post Data
En fin, para los que deseen saber más, aquí hay cuatro posts antiguos sobre el padrenuestro. En alguno de esos posts, hay links a cuatro sermones míos sobre el tema:





viernes, junio 14, 2019

Cuestiones varias sobre la comida de ayer


Voy a poner algunas fotos de la reunión de ayer. La primera muestra un grupo de curas. Son el ala más progresista del clero. 



No tengo más fotos que muestren el claustro en el que almorzamos. Lamento no haber grabado la charla sobre una obra de teatro que nos leyó un hermano del presbiterio. ¡Apasionante! Una historia en la que salían demonios y todo. Todos echamos de menos que no hubiera proseguido media hora más. Era un auto de fe, pero no había sentido tanta emoción por saber qué pasaba en la siguiente escena desde que vi Regreso al futuro.

El postre sigue siendo una asignatura pendiente de la iglesia de Alcalá. Tampoco creo que sea el asunto eclesiástico más importante. Pero, desde luego, este asunto nos afecta a todos.

Entré a la cocina a ver cómo se hacía la comida de los sacerdotes, a ver qué máquinas usaban o qué método, la tecnología y tal. Y esto es lo que me encontré:


Es broma, no tengo ni idea de qué están preparando esas hermanas ni para quien. Tal vez estén preparando el desayuno del cardenal Rouco o la merienda del cardenal Osoro, pero no esas religiosas no son de la diócesis. Ese hábito es ideal para preparar alimentos con harina.

Un laico me regaló un fajín, por supuesto negro. Por hacer un poco de broma, decidí ponérmelo para el día de hoy. Aguanté un rato con él, durante la amena charla del apasionante auto sacramental, pero llegó un momento que ya no pude más: el fajín es la cosa más incómoda del mundo. Me impedía respirar con libertad y me daba calor. Durante un rato opté por llevarlo como penitencia. Pero no pude más. ¿Cómo hacen los obispos? Lo desconozco.

Tal vez no era el fajín lo que me agobiaba, sino la trama del auto sacramental. Y es que el teatro sacro puede llegar a ser agobiante si te metes mucho en la historia. Pero lo realmente agobiante era ese postre del que he hablado.

Lo que más me gusta de mi presbiterio es que no hay ultraprogresistas. ¿Os he hablado del ultraprogresismo eclesial? Es una cosa perniciosísima. Pero esa es otra historia.

jueves, junio 13, 2019

Hoy, reunión de curas



Hoy que celebramos Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, me gustaría deciros algo más profundo que lo habitual. A las 11:00 nos vamos a reunir todos los sacerdotes de la diócesis.

¿Qué decir en este año en que voy a cumplir 25 años de ordenación sacerdotal?

-Estoy muy feliz de ser sacerdote. No me veo ejerciendo cualquier otro trabajo que no sea el sacerdotal. No me veo a mí mismo, a mi persona, a mi yo, más que como sacerdote y solo como sacerdote.

-No siento ni la más mínima melancolía por no haber fundado una familia, o por haber ejercido cualquier otro trabajo, por prestigioso que fuera.

-Nunca me imaginé que la misa sería el centro de mi vida hasta el punto que lo es ahora.

En mi vida, Dios ha puesto a varias personas, siempre mujeres, a las que debo mucho, pues han sido un apoyo espiritual muy grande. Pero, en los últimos años, el Señor ha puesto a mi lado a un verdadero ángel con el que tengo una deuda que nunca podré pagar. 

La presencia de este ángel humano es escudo y brisa refrescante. Algún día espero poder compensar un poco toda su labor y trabajos. Aunque todo lo que pueda hacer por esta mujer humilde y fuerte siempre será menos que lo que ella ha hecho por mí.

miércoles, junio 12, 2019

Álbum de fotos


A pesar de la foto, la de debajo, el rearme de China no me parece preocupante. Lo considero normal en un vecino con buena voluntad.


El aspecto de la nueva versión de Alexa me parece un poquito amenazadora. Me han asegurado que lo único que hace es encenderme la calefacción.


Me gustan los uniformes de la nueva guardia presidencial de Putin. Creo que se llama ese cuerpo "Guardianes de la Democracia". 


Por fin he encontrado la foto de mi retatatarabuelo: Iosephus Antonius Forteus Caius Crasus. Por una serie de causas y efectos sin él este blog no hubiera sido posible.


Este es otro retatarabuelo mío. Tiene una "ta" menos que el anterior. Cinco siglos después. Por rama materna. Contrariamente a lo que pudiera parecer, dentro del salón de estar siempre reinó la mejor de las armonías.


Aquí se me ve conduciendo un coche a toda velocidad en un fin de semana muy loco que prefiero olvidar. De hecho, tengo recuerdos muy confusos de esa carrera.