sábado, marzo 31, 2018

La tarde previa a la Vigilia Pascual



Acabo de almorzar en el sillón de mi casa, bacalao y un sándwich vegetal, mientras veía un documental de National Geographic sobre la tumba de Cristo. Un documental nuevo y aburrido como él solo. Ya no espero nada de Natgeo, pero nada.

Ahora escribo este post, después rezaré la hora nona. Prepararé mi sermón de la Vigilia Pascual. Iré al hospital a visitar algunos enfermos y allí haré la oración de la tarde y rezaré mis vísperas. A ver si me da tiempo antes de ir al hospital a ver otro trocito de La Pasión de Gibson.

A las 20:30 tengo que comenzar la misa en el convento. Ya he preparado el punzón. Uso un punzón porque me gusta inscribir la cruz, letras y números sobre la cera del cirio. También incrusto cinco granos de incienso. Con el punzón hago unos agujeritos. Con los años descubrí que era necesario recubrir con un poco de plastilina esos granos, de lo contrario se caían. Por más que los presionara, no se incrustaban en la cera tan dura. Antes se quiebra el grano que se encaje.

No me gustan nada esas pelotas de golf que algunos curas clavan en el cirio. En mis parroquias siempre he comprado cirios completamente blancos, sin pintar. Si alguna vez en algún convento me han dado un cirio pintado, he hecho la inscripción en la parte blanca del reverso del cirio.

Después de la ceremonia, gozaré de una magnífica cena con una familia ecuatoriana. Una cena para festejar la resurrección de Cristo.

Tengo sobre la mesa un papelito rectangular para colgar de la cruz del altar durante este tiempo de Pascua. Siempre pongo un papel con un versículo en esa cruz. Un pensamiento, una idea, que me guste tener ante mis ojos durante la misa. Todavía no he escogido el versículo.

Qué frío hacía ayer por la tarde y noche. Un verdadero zarpazo del invierno. Viento fuerte y nubes cargadas de lluvia. Pero ya se sabe que marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso.

La cartela de la Cruz que he puesto hoy es la del crucificado de Velázquez.

Sábado Santo

He aprovechado mucho la misa del jueves santo y el oficio del viernes santo. Con los años noto, claramente, que me meto más en la liturgia, que estoy más concentrado. Cuando era más joven estaba más tenso. El domingo de Ramos comencé a predicar acerca del primer canto del Siervo Sufriente de Isaías que aparece en el profeta Isaías. Mi idea era, durante toda la Semana Santa, ir recorriendo con la predicación los cuatro cantos del Siervo Sufriente. Pero, al final, me he quedado en el primer canto a pesar de abordarlo en cuatro sermones.

Como otros años, he colocado el copón en una sala del convento, se ha cerrado con llave la puerta y he colocado un sello. Con un cordón ha quedado anudado el picaporte y una argolla. Me encargué de hacer un sello en relieve para este día. Ya son tres años que lo hacemos. Pero el sello que cuelga del cordón no es de lacre, sino de otra materia para mayor facilidad.

He estado viendo en youtube la ceremonia del Viernes Santo en la Catedral de Colonia. Una liturgia de una belleza inigualable. Nunca he leído nada de ese cardenal, pero me transmite la sensación de que es un hombre muy sabio. Transmite la sensación de ser un obispo que gobierna su diócesis con serenidad y justicia.

En fin, os participo mis sermones de estos días por si queréis escucharlos:

1521 Contraposición entre el discípulo de Isaías y Judas Iscariote


1523 El Siervo Sufriente de Isaías

1524 El Siervo Sufriente de Isaías

1525 El Siervo Sufriente de Isaías
http://www.ivoox.com/1525-el-siervo-sufriente-isaias-audios-mp3_rf_24965706_1.html

viernes, marzo 30, 2018

Viernes Santo


Perdonad, pero con el día que he tenido hoy (escribo en la noche del Jueves Santo) solo os puedo ofrecer poco más que estas fotos del almuerzo tras la misa crismal. 

En esta mesa caben casi todos los sacerdotes en activo en la diócesis. Hay más de cien en la foto hasta el fondo. Hago notar que la persona que se ve en mangas de camisa blancas es un seminarista, y que el único clergyman no negro, sino azul que se ve en esta foto, pertenece a un sacerdote colombiano que sigue llevando camisas clericales de color claro. 

Las vestimentas negras reinan en esta diócesis. En color negro reina en toda su negritud entre el clero de Alcalá. Y el número de sotanas en esta comida se ha multiplicado por cuatro frente a otras comidas. Esta es una galería del obispado. La comida la contrataron a una empresa. Y fue una comida muy buena. 




miércoles, marzo 28, 2018

Anotación de la tarde


Mañana hablaré de la comida de la misa crismal de mi diócesis. Hoy solo diré que todo ha resultado satisfactorio y más que satisfactorio. Satisfactorio en todos los campos. Y estamos felices. Si esta nota la está leyendo alguien de la curia diocesana, lo repito: los curas estamos gozosos.

Nota: No conviene correr riesgos y manifestar felicidad cuanto antes. Nunca se sabe quién puede leer un post.

Hoy hemos celebrado en mi diócesis la Misa Crismal























Aseguro a mis lectores que este post lo escribí en la noche del martes, aunque lo voy a programar para que se publique el miércoles a las 15:00. ¿Por qué hago esta aclaración? Porque mañana, miércoles, celebraremos la misa crismal en mi diócesis. Y tras la misa comeremos juntos todos los sacerdotes.

Pues bien, para el clero de otras diócesis que me lea, y sin que sea una crítica para mi diócesis (porque escribo el post el día anterior), quiero dejar claro que estoy totalmente a favor de que las diócesis den una buena comida a sus sacerdotes ese día. De mi diócesis no tengo ninguna queja, salvo el postre. Ese horrible postre que nos han dado año tras año.

La única comida del año entero en la que estamos todos los sacerdotes es esa, la de la misa crismal. Y esa comida es también como un recuerdo de la cena de Jesús con sus apóstoles. La comida de ese día debe tener un carácter festivo, no puede ser una comida normal, corriente y moliente. Ahorrar ese día no tiene ningún sentido. Por lo menos no tiene un sentido virtuoso.

Esa comida, además, es un detalle de la diócesis hacia sus sacerdotes: ¡es una muestra de cariño! La gente no va a las comidas de empresa a comer, va a un acto social. No estamos en la posguerra española del hambre. Estamos en el año 2018, para simplemente comer uno se queda en casa. El almuerzo tras la misa crismal tiene, sin ninguna duda, un sentido eclesiológico.

¿Y los pobres? En la época de Jesús estoy convencido de que también había pobres. Pero la última cena con los apóstoles fue, sin ninguna duda, una buena cena. 

Alguna diócesis puede tener la tentación de ser “ahorrativa”. Pero basta ver en Internet lo barato que resulta un buen cattering de empresa. Yo ahora he estado mirando varias empresas de cattering, cartas y precios. De hecho, me ha abierto el apetito y ya me iba a dormir. Hay magníficas ofertas de menús por 20 euros.

Estoy viendo un finger lunch que es una delicia y lo peor es que hay hasta fotos. Más vale que cierre esa página web de inmediato.

martes, marzo 27, 2018

Las maldiciones


Bueno, ya está en Biblioteca Forteniana mi opúsculo sobre las maldiciones intergeneracionales. Se titula Los hijos de vuestros hijos.


Como ya os adelanté, no es una obra a favor de ese concepto de ataduras que los padres, con sus pecados, producen en los hijos. En fin, hoy no digo más porque ya tenéis esa obra si deseáis seguir profundizando en el tema.

Me gustaría pensar que mi teología respira optimismo. Que está transida por la seguridad de un Ser Todopoderoso que mantiene la bondad en el orden que ha creado. A veces, los esquemas preconcebidos forman un bosque que no nos deja ver ese Padre que, además de ser Dios, es nuestro mejor amigo. En mi forma de ver las cosas, había poco lugar para maldiciones intergeneracionales y para maldiciones en general.

Anotaciones durante la mañana



Qué barbaridad, no cesan las erratas respecto al nombre de mi venerado don José María García Lahiguera. Ahora me hacen notar (y con razón) que su primer apellido era García.

Lo reconozco. Otra corrección justa que se me ha hecho es que puse “acceso” cuando el sentido del texto claramente indicaba que yo quería decir “absceso”. No, no había un juego de palabras en el que quisiera yo decir que aquello era el “acceso a la enfermedad”.

Esto no es el post de hoy. Solo una anotación al lado del camino de la mañana. Vuelvo ahora a corregir erratas. Esta tarde publico aquí el libro sobre las maldiciones.

lunes, marzo 26, 2018

Después diré por qué pongo esta foto




















Ya he corregido el error que se me señaló en los comentarios. (Los comentarios de este blog, ese reino de caridad y amor, donde los conejitos y los trolls retozan en perfecta armonía.) He comprobado que, efectivamente, ese obispo se llamaba don José María Lahiguera y no “La Higuera” ni, peor todavía, “De la Higuera”, como llegué a llamarlo. Pero recordad que si algún día se me atribuye un post sin erratas, no es mío. Mi sello personal son las erratas y las comas caóticas. El estilo proepiscopal es otro descarado sello de la casa.

Otro comentarista se alegraba de mi anterior post, manifestando su temor acerca de que no me diera cuenta de las cosas. No, tranquilo. Me doy cuenta de las cosas, pero ya sabes que no hago críticas de los eclesiásticos si sus cuerpos no están descansando en el cementerio desde medio siglo antes. En el caso de monseñor Tarancón he acortado el plazo por el evidente interés histórico que podía suponer un análisis de su labor eclesiástica. Mi opinión sobre la actualidad, con gusto, la ofreceré dentro de cincuenta años y me gustaría estar aquí para darla: El blog del centenario padre Fortea, established 2006.

Pero no os dejéis engañar por mi retorcido gusto por las ceremonias ultrapontificales, porque no soy de los que piensan que la postura más buena es la antigua por ser antigua. ¡Cuántos clérigos funcionarios hubo antes del Vaticano II, cuántos obispos-grandes-señores hubo en tiempos anteriores al Concilio II, etc, etc! Tampoco estoy a favor, ya lo he repetido numerosas veces, que en que la teología se reduzca a erudición y recopilación.

Y si vamos más atrás, ya me he referido en otros posts a la catastrófica situación del episcopado francés en el siglo XVII y XVIII. Cualquier situación episcopal actual es preferible a aquella situación en que los mercaderes se habían hecho con el dominio total del Templo.

Reducir la teología al magisterio y la patrística significa desconocer la gran creatividad de la Baja Edad Media. Época, sea dicho de paso, en la que no existió ningún escrúpulo por hacer añadiduras en la liturgia de la misa. Tengo en mente varios ejemplos, pero este post ya se está alargando.

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La foto la pongo para recordar a los señores obispos que la cruz pectoral se lleva a esa altura y no sobre el pecho. Sobre el corazón tiene más simbolismo, pero hace siglos que se dieron cuenta de que, estéticamente, quedaba mejor que llegara un poco más abajo.

Y otra cosa, donde esté una cruz pectoral como de ese estilo, que se quiten otros artefactos de corte más moderno. A mi lo moderno me va mucho, sobre todo en gastronomía. Pero en cuestión de cruces pectorales, no.

El citado portador de la cruz nació en !1956! Y yo parezco su padre o su abuelo. No pierdo la esperanza de que con la edad se me vaya poniendo su cara.

domingo, marzo 25, 2018

Dos fotos, dos modelos de Iglesia: mons. José María La Higuera y el padre Llanos, jesuita



Después de la cena de ayer y después del almuerzo de hoy, he escuchado la dicción límpida, verdadera música para mis oídos, de don José Guerra Campos, santo y sabio obispo que lo fue de Cuenca. O felix diocesis. Pocas veces se puede afirmar de alguien que da una conferencia que su mismo hablar (con independencia del contenido) es verdadera música. Pero si su entonación es magistral, el contenido forma una unidad perfecta con la forma.



¡Y pensar que la archidiócesis de Madrid pudo haber caído en manos de un obispo como este o de don José María de Lahiguera! Qué distinta hubiera sido la evolución de la iglesia en toda la nación. Qué sucesión benéfica de causas y efectos hubieran dado lugar. Ay, Pablo VI, qué buena persona eras, qué hombre tan espiritual, pero qué pésimas decisiones tomaste al hacer nombramientos.

Ahora ya han pasado suficientes años como para poder exclamar en voz alta: ¡Escoger a Tarancón pudiendo nombrar a Lahiguera!

Sin duda los ángeles del cielo se quedaron con la boca abierta. Pero Dios calló. Pablo VI, no te juzgo lo más mínimo. Pero qué objetivo es el hecho de que buena parte de los problemas eclesiales que vinieron después tuvo su triste origen en esos lamentables errores. Pudiendo escoger al santo que además era sabio, se escogió al moderno por ser moderno.

¿Qué hubiera sucedido si dos santos de esa talla, monseñor Guerra y Lahiguera, si esas dos luminarias, hubieran sido colocados en lo más alto del candelabro eclesial para dar luz, para ofrecer una guía segura, para hacer ver el camino en mitad de la oscuridad de los años 70 y 80? Ellos se daban cuenta del rumbo que habían tomado las cosas en las grandes facultades de teología. Nuevas corrientes que se infiltraron en los despachos curiales a base de nombramientos. Un nuevo rumbo que repercutiría en los cinco continentes.

Había en los años 70 una generación episcopal de mentalidad ortodoxa y espiritual que eran conscientes del cambio que se estaba operando. Los que les siguieron no son tan culpables, ya eran de esa otra mentalidad… nueva.

Hubo una serie de obispos curiales formados en el amor a la ortodoxia, acostumbrados a poner los ojos en los santos, hombres espirituales y obedientes, que se tuvieron que dar cuenta totalmente del cambio de guardia que se estaba produciendo. Llegaron clérigos jóvenes, amantes de la novedad, de la modernidad. Los valores cambiaron. Los resultados fueron patentes. Los desastres inexcusables.

Muchas veces, os lo aseguro, me he preguntado acerca de la cuestión de la responsabilidad. Dejo ese asunto totalmente en manos de Dios. Yo siempre me esfuerzo en pensar que hubo buena voluntad, ignorancia, que quedaron engañados por la situación, por el ambiente. Pero el tema de la pedofilia solo es el síntoma de esa gangrena espiritual. Solo es el absceso purulento más visible de una enfermedad interna. Es la parte que se ve de la ruina que no se ve.

Ecclesia reformanda en medio de una generación en la que sigue habiendo tarancones y lahigueras. Hay una lucha callada, silenciosa, entre la ortodoxia y la heterodoxia, entre el espíritu y la carne. También ahora como en los años 70 y 80.

Hay que alejar de nosotros el juicio interno, la crítica, hay que estar unidos a los pastores. Pero la lucha no ha acabado ni acabará hasta que la Jerusalén Celeste descienda sobre la tierra.

sábado, marzo 24, 2018

Autoridad y poder: el procés catalán



Sobre el tema del procés catalán ya se ha dicho, por parte de todos, todo lo que se podía decir. Pero me gustaría añadir un pensamiento más.

Hay muchas opiniones en una democracia, muchas teorías, muchas formas de ver las cosas; hay anarquistas y sujetos de extrema derecha; sujetos que no creen en el Estado y otros que anhelan la creación un estado totalitario. Pero solo uno entre todos tiene la capacidad de enviar a alguien, con uniforme o sin él, pero que, tras identificarse, comunique fríamente y de forma concisa: “Queda usted detenido”.

En eso se concreta la soberanía. Al final, solo el poder judicial, investido por la autoridad y el poder que le da la soberanía, puede hacer eso. Lo demás son deseos, hipótesis, votaciones, papeles, discursos, anhelos.

Un magistrado, durante un largo paseo nocturno, hace dos años, me comentó el pensamiento de Schmidt que escribía que, al final, el poder constitucional último reside en la capacidad para declarar la situación de excepción. Qué gran verdad.

Del mismo modo, frente a todas las declaraciones y manifestaciones, la realidad de un policía comunicando “queda usted detenido” resulta un hecho insoslayable.

viernes, marzo 23, 2018

Hemos dejado el poder en buenas manos, me siento tranquilo



A Putin se le mueren los espías desertores, pero jamás se me ha ocurrido pensar que tenga que ver con un oscuro designio de Moscú. No, no. Más bien lo veo como algo propio de este mes de abril. En abril siempre mueren espías desertores. Es un mes muy propicio. Creo que en junio les toca a los periodistas críticos.

Además, el ministro de exteriores ruso atribuye la muerte de los exespías a la melancolía por la propia tierra, y no le falta razón. Mientras que lo del millonario disidente Berezosky es algo que se investiga. Pero a cualquiera se le pueden morir los malos rusos expatriados, ¿no se le murió un fiscal a Kirchner? ¿Y acaso pensamos cosas raras entonces?

A un tirano se le muere un espía o un millonario disidente o un fiscal o un periodista crítico o todos juntos, y ya están los mal pensados de siempre. ¿Es que uno no puede tiranizar un poco sin que vengan los envidiosos (que los hay en todas partes) a pensar cosas raras? Seguro estoy de que aquí lo que hay es mucha envidia. Sí, Vladimir, perdona que te lo diga: pero te tienen envidia. Cuando te vi luchar a torso descubierto con ese tiburón, supe que te tendrían envidia.

jueves, marzo 22, 2018

Los doctorados honoris causa






























He aconsejado la construcción de este edificio como residencia para un obispo que han nombrado. 
-Mira, es mejor que con esta construcción dejes claras unas cuantas cosas desde el primer día.
-¿No te parece pretencioso?
-Tú lo mereces.
-Eso es verdad.
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Acabo de ver las fotos de cierto eclesiástico recibiendo varios doctorados honoris causa. Vaya por delante que ese es un cardenal por el que siento admiración, verdadera y auténtica admiración. Sobre todo, por su saber teológico, pero también por la bondad y humildad de su persona.

Ahora bien, qué sentido tiene que ciertas universidades otorguen doctorados a alguien que ya está situado muy por encima de esos honores. Dicho de otro modo, hace tiempo que he observado que muchas universidades otorgan este tipo de distinciones sin darse cuenta de que su honor ya está fuera de lugar, que llega tarde, muy tarde, que ese reconocimiento ya no le añade nada a la figura homenajeada.

En este tipo de casos, como en los doctorados honoris causa a Umberto Eco, el interesado recibe la noticia con el fastidio de saber que hay que hacer un hueco en su agenda, con la sonrisa forzada de tener que agradecer la noticia, pero consciente de que lamentablemente hay que desplazarse hasta esa localidad. Recibió 25 doctorados de este tipo.

 A menudo da la sensación de que es la universidad la que quiere concederse el honor de tener a esa persona durante un rato. He visto las fotos del homenajeado siendo ayudado a colocarse otra toga, otra más, con otro birrete sobre su cabeza, otro más. (Pocas cosas son más estéticamente frankenstenianas que los birretes académicos. Parecen diseñados por un mono loco o borracho.) Es la universidad la que cae en el espejismo de concederse a sí misma un honor. “Señoras y señores, hemos caído en la cuenta, con veinte años de retraso, ahora que todos lo saben, que esta persona merece nuestros aplausos”.

Muchas de esos profesores e intelectuales homenajeados escribieron sus grandes obras muchos años antes. El honor lo merecían veinte años antes. Entonces sí que hubiera sido un gran honor, entonces sí que le hubiera hecho ilusión al interesado. Pero hay un criterio muy objetivo para determinar si es verdad lo que estoy diciendo: ¿otorgárselo ahora le va a producir el más mínimo júbilo al interesado?

Siempre el dudoso interés de colocar otra medalla más, como los rusos, en una pechera en la que ya no caben más condecoraciones. Los norcoreanos siguen por el pantalón. Siempre el dudoso interés de conceder doctorados honoris causa basándose en el periódico y en la televisión. Por una vez en la vida, una universidad podría otorgarlo al que lo merece cuando lo merece, por muy desconocido que sea, cuando eso todavía le puede hacer ilusión al homenajeado. Se que lo que digo es revolucionario, pero ¿y si los doctorados honoris causa se pudieran conceder por razón de la excelencia?

miércoles, marzo 21, 2018

Este es el Cordero de Dios



En los próximos días deseo que estos versículos sean mi fuente de meditación. Deseo repetirlos durante el día. Y, especialmente, durante la misa:

See, my servant shall prosper;
he shall be exalted and lifted up,
and shall be very high.

Just as there were many who were astonished at him,
so marred (dañar, estropear) was his appearance,
beyond human semblance,
and his form beyond that of mortals,

so he shall startle (asustar, sobresaltar) many nations;
kings shall shut their mouths because of him;

for that which had not been told them
they shall see,
and that which they had not heard
they shall contemplate.
Isaías 52

En las semanas pasadas, he estado muy atento a meditar la parte de la misa en que digo Este es el Cordero de Dios a la luz de los versículos de Isaías acerca del Siervo Sufriente.

Y, concretamente, durante la misa, me imaginaba esos versículos pronunciados por Nicodemo (Lawrence Olivier) en la versión de la vida de Jesús de Zefirelli. Rememoraba en silencio el tono con que él recita esos versículos cuando ese miembro del Sanedrín se apoya junto a una pared derrumbado ante la visión de la profecía de Isaías cumpliéndose.

martes, marzo 20, 2018

Diario de alguien que escribe libros



Sí, es la protagonista de Alien. Aunque, como ya habréis adivinado, no está a bordo del Nostromo, sino en el papel de Isabel la Católica. Todos los españoles aumentaríamos gustosos la cuota que pagamos mensualmente a la Casa Real por verla vestida así a Leticia. 

El libro El caso de Marta, de momento, queda aparcado en cuanto a su publicación. La razón son ciertas cuestiones que tienen que ver con un determinado eclesiástico. No es el exorcismo en sí mismo el que plantea problemas, sino lo que hubo alrededor. Para que no penséis mal, quiero dejar claro que la persona que montaría en cólera no es mi obispo ni ningún obispo mío trasladado a otra diócesis. Tampoco es ningún el arzobispo de Madrid, ni el actual ni el emérito.

Por una de esas carambolas que tiene la vida, un eclesiástico que es el que menos tiene que ver con la historia (su nombre ni siquiera aparece ni una sola vez) es el que se ha convertido en el obstáculo más grande para su publicación. El problema es que la parte que habría que sacar del libro es sustancial para la historia. He dado a leer el libro a mis más íntimos. Todos me han aconsejado que posponga la publicación.

Ninguno me ha dicho que quite la parte problemática. La historia de lo que sucedió o se cuenta o no se cuenta. Hay partes que pueden extraerse sin problema. Pero hay unas pocas cuestiones que son los verdaderos pilares del libro. Es imposible sacar uno de esos pilares sin que la obra se derrumbe. Habrá que esperar.

En otro orden de cosas, aunque también sobre libros, el opúsculo que estaba acabado es el de las maldiciones intergeneracionales. De hecho, hasta lo había enviado a mi querido corrector argentino para que me pasara la lista de erratas. Pero ayer y hoy, para completar, leí unas lecturas que consideré complementarias. Y me he encontrado con que una frase de una sesión del Concilio de Trento destruye uno de los fundamentos de mi obra.

He estado leyendo toda la mañana libros y artículos. Sorprendentemente, sobre la transmisión del pecado original, yo había llegado a la misma conclusión que monseñor Ladaria, en su Teología del pecado original y de la gracia. Ladaria es una de esas personas por las que tengo auténtica y sentida admiración.

Pero debo reconocer que la frase propagatione non imitatione de Trento no acabo de ver cómo compaginarla con lo que yo pensaba: un pecado que se transmite no ontológicamente sino históricamente. He leído a O´Callagham (que fue profesor mío) y a otros muchos y me tranquilizan: puedo mantener mi interpretación. Incluso José Miguel Arráiz se manifiesta partidario de la propagación de una mera carencia y solo eso. Pero no sé, la fórmula de Trento, su tenor, creo que le da la razón a Irraburu.

El opúsculo estaba a punto de salir, pero ahora tengo que pensarlo más. Dejando aparte el tema de la concupiscencia, ¿realmente nacemos con una mancha? ¿O esa mancha es una mera carencia?

Sea lo que sea, aceptaré lo que diga la Iglesia. Y ya antes de mi reflexión me abrazo a Trento. Demasiadas veces me han tratado de insultar por la calle gritándome “tridentino”, como para ahora revolverme contra una sola de sus líneas. Además, bastantes pecados he cometido en mi vida, como para ahora condenarme por el pecado original.

lunes, marzo 19, 2018

Una escena cotidiana en el Palacio de la Zarzuela



Esta escena cotidiana ha sido captada en palacio hace dos días: porque somos reyes parlamentarios, no anarquistas. El nuevo modelo ha sido escogido por Leticia como el modo óptimo para ocultar sus "kilos de más". Observo que el águila sigue allí, muy mal. Aunque Felipe ha alegado que más que preconstitucional, es ante-preconstitucional y que, por lo tanto, no está contemplada por la ley. Froilán a los pies. Jaime Peñafiel, como siempre, ha criticado el peinado de la reina.

Mis felicitaciones a Putin por la prórroga de su… “magistratura”. Me imagino que la autoconcesión de otro mandato por otros veinte años permite pensar en planes de jubilación a largo plazo. Hacienda soy yo, le contestó Putin cuando el empleado le comentaba ciertos problemas fiscales de su plan de pensiones.

Mis felicitaciones a Theresa May (Perfida Albión) por dejar todo como estaba antes, a base de prórrogas de dos años. Que al final será como quedará el entero asunto cuando acaben los dos años. Sabía que, en definitiva, así iba a suceder. Theresa, sin citarlo, en el fondo ha expuesto el final de El Gatopardo: Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Por eso he sido siempre tan anglófilo. Insisto en que dentro de dos años se hará otra prórroga a la que no se le llamará “prórroga”.

Mis felicitaciones a Trump por ir dando señales de que va a despedir a Mueller, el que le investiga por el tema de la madre Rusia. Claro que sí. Qué se habrá creído ese, ¿que te va a tratar como si fueras un Richard Milhous cualquiera?

Post sobre cuestiones melómanas: la manía por los melones



En la foto se me ve corrigiendo erratas de mi último libro. Como he visto lo mucho que os gustan las disquisiciones melómanas, os participo el email que me ha enviado, esta mañana, un amigo mío, profesor en cierta universidad catalana, siempre me gusta mantener la intimidad:

Como me propusiste que te enmendara en cosas de música, lo hago con todo el cariño del mundo. Bach estaba obsesionado con la música idiomática, es decir, hecha para un instrumento específico a solo (sin ningún tipo de acompañamiento) En las sonatas y partitas para violín (1000-1006), a la que corresponde la 1006, se llega al extremo de la famosa Ciacona en Re m, una verdadera animalada en la que a un instrumento como el violín se le da un trato de órgano. Lo mismo hizo con el cello o el traverso barroco (la partita en La m para flauta sola) Si Bach llega a escuchar esos pastiches en los que se añade un clave u otros instrumentos a la partitura los hubiese corrido a gorrazos. Este tipo de cosas nacen del horror vacui romántico, emparentado, en general, con el mal gusto inherente a la ópera del siglo XIX.

Te envio un audio de una interpretación historicista, de Sigiswald Kujken, con un violín barroco. Es casi seguro que no te gustará. En todo caso, Bach lo pensó para ese instrumento, no para uno de moderno.

Notarás varias diferencias: 1) está medio tono por debajo de las que propones tú, es decir, está afinado a 415 Hz, como se hacía hace 250 años para que no se rompieran las cuerdas, no a los 440 o 442 Hz habituales hoy; 2) suena mucho menos brillante, debido a que las cuerdas son de tripa, no de metal; 3) el fraseo es diferente, debido a que el arco barroco es muchísimo más corto que el moderno (el arco Tourte) y, en consecuencia, la "respiración" es más corta; 4) notarás que no hay vibrato contínuo. En el Barroco, ese recurso casi nunca se utilizaba, entre otras cosas porque el violín no se sujetaba como hoy (no tenía mentonera) sino de una forma que, en caso de efectuar una vibración con los dedos de la mano izquierda, haría peligrar su estabilidad.

Tengo varios violines originales del siglo XVIII, casi todos alemanes y uno francés. Ya te enviaré fotos para que veas las diferencias morfológicas.

Bueno, yo creo que no es necesario abundar más. Es un monstruo de egolatría: yo, yo, yo. Para nada observamos el lógico respeto a la libertad del otro. Además, su email está plagado de generalidades. Es la típica colección de lugares comunes creada quién sabe con qué oscuro propósito.

domingo, marzo 18, 2018

Hoy post para melómanos: como siempre Bach


La foto (la he encontrado hoy) es de unas conferencias en Houston. Ya he hablado en este blog de mi fascinación por la BWM 1006. Bach no siempre es Bach. Tambien Johan Sebastian, cuando no tenía tiempo, rellenaba. Pero, entre sus grandes obras, hay montañas que descuellan en la cordillera. La de hoy es una de esas. Si un ángel hubiera bajado del cielo y hubiera compuesto una música totalmente sobrehumana, una música escuchada en las esferas celestes, probablemente hubiera escrito algo como la BWM 1006.

Esta versión tiene una sonoridad y un vigor perfectos:

Esta la considero algo inferior, peca un poco en los agudos y en algunas poquísimas notas falsas que se deslizan:

Esta versión tiene más vigor que la precedente y la materializa la partitura con algunos aciertos de los que carece la anterior, más simple. No olvidemos que es Kremer el que toca:

Y aquí está la versión de Perlman, es realmente buena, pero me inclino por la de Kremer:

Esta la pongo como curiosidad, como descanso. Como el que está catando vinos y toma un poco de agua a la mitad. No tiene más interés que la anécdota:

Esta sí que es una versión sustancial. Y es que la partita me parece que se realza tocada por varios instrumentos. Y esta versión es magnificente. La prefiero a todas las anteriores:

En este scrolling de esta música aparece la adaptación de Rachmaninov. Una adaptación que desmejora totalmente la obra. Ahora bien, resulta interesantísimo el vídeo para comprender la complejidad de la obra:


Pero si el vídeo anterior era útil para entender la obra, en este scrolling de solo de violín es como mejor se percibe la arquitectura:

Y, por último, la mejor. Tiene unos matices, una contundencia que mejora lo conseguido en cualesquiera otras versiones. Su tiempo es el justo. La riqueza de instrumentos dota a la misma partitura de unos sentidos (sobre todo trágicos) que se pierden los solos de violín o de laud. Me parece una interpretación que resultará casi imposible de mejorar, porque llega a una perfección que parecía imposible tras Kremer o Perlmann:

Esto de la música es como un predicador que predica con sentimiento, con convicción, y sus palabras nos conmueven, tocan nuestros corazones. Otro predica y nos deja fríos. La música de Bach, como ya se dieron cuenta hace siglos, no es solo música. Él nos habla de un mundo celestial que nos describe de un modo que solo puede hacer el que lo ha sentido en su corazón. En Bach su música es una religión, por eso se negó siempre a componer ópera. En él la música es una religión. En Bach la música es religión; y la religión se hace música.

Después, a una gran distancia, detrás, todos los demás músicos. Esta semana he escuchado especialmente a Purcell y a Rameau. También, con gran placer, a compositores actuales como Arvo o Desplat. Pero quizá solo los palos, los muchos palos y humillaciones, que recibió en vida el modesto Bach, lleno de estrecheces, son los que destilaron la música que mejor ha expresado la alegría de Dios.

Quizá era totalmente necesario preservarle en vida de la fama y de una vida cómoda. ¿Supo que era el mejor músico de la Historia? ¿Sabía que sus partituras eran la cima de toda la composición? No tengo la menor duda de que es imposible componer este tipo de sinfonías, como la partita de hoy, sin ser consciente de que no había escuchado nada comparable. Solo la oración y la adoración pudieron preservar a este serafín de la música de una soberbia que hubiera corrompido su persona y, finalmente, su música.

sábado, marzo 17, 2018

Comentarios de este día



Ayer vi una película formidable, qué bien me lo pasé: Cien años de perdón. ¡Y es Española! Hacía meses que no veía una película tan buena.

Otra noticia, y esta sorprendente, es que ha dejado de llover unas horas. Llevamos días y días bajo el agua llevando una vida anfibia. Si esto sigue así vamos a tener que hacer rogativas para que pare el agua.

Ya he acabado de escribir mi opúsculo sobre las maldiciones. Estoy en la revisión final de esas casi cuarenta páginas. La próxima semana lo tenéis el libro en vuestras casas.

Mañana tengo misa con la cofradía de Alcalá de los carpinteros. Comenzaré diciendo: “San José era carpintero. Si él hubiera vivido ahora, haría confesionarios. Así que hablemos de la confesión”.

El dictador ruso sigue preguntándose por qué no va a poder hacer lo que quiera en otros países como lo hace en casa. Su ministro de asuntos exteriores sigue como siempre: Esto son fantasías, tonterías, ningún fundamento, no sabemos nada, propaganda antirusa.

Me recuerda al ministro de información iraquí de Sadam Hussein, cuando decía: Los misiles de crucero no asustan a nadie, los estamos cazando como peces en un río. Cuando le preguntaban de dónde sacaba su información, respondía: Authentic sources, many authentic sources. Pues al ministro de exteriores ruso se le está poniendo cara de Muhammad Saeed al-Sahhaf. Últimamente está repitiendo hasta sus mismos tics faciales.

¿Y de Trump qué diremos? Sigue siendo Trump en estado puro. Trump al 100%. En el caso de Andrew G. McCabe, subdirector del FBI, que es la noticia de hoy, el escándalo de hoy, cualquier gobernante sensato hubiera creado una comisión interna del FBI formada por hombres independientes, absolutamente incuestionables, con el encargo de investigar si hubo algo incorrecto en McCabe y que ellos con total independencia determinaran la penalización si correspondía. “Lo que ellos determinen, lo aplicaré”, debería haber dicho.

Pero Trump está por encima de eso. Creo en la democracia. Y la democracia en todas partes eleva a trumpos al poder. Lo importante es que la arquitectura constitucional sea lo más perfecta y fuerte posible para que el Estado de Derecho no se resienta lo más mínimo cuando el Anillo del Poder cae en manos del peor Frodo posible.

Felices las naciones cuando el imperio de la ley es tal que unos jueces honestos e independientes pueden enviar a la policía a decir: "Señor Presidente, queda usted detenido".

viernes, marzo 16, 2018

Los escritores siempre hablando de libros



Una cosa me quedó por decir de mi post de ayer. Sin ninguna duda el personaje que más quiero de todas mis novelas es don Argemiro de Las corrientes que riegan los cielos. Muchas veces me descubrí encomendándome a él. No sé qué precisiones me haría la Congregación de los santos acerca de pedir la intercesión a un personaje de ficción. Pero don Argemiro es mi personaje favorito de cuantos pululan por mis libros.

Otro personaje me costó una amistad, una de mis más queridas amistades. Es uno de una novela todavía no publicada. Se la di a leer a un amigo profesor de una universidad de Nueva York. Se metió tanto en el personaje que jamás me perdonó lo que hizo ese sujeto de ficción al final de la novela. Mi amigo me escribió una amarguísima carta de reproche y dejó de llamarme para pasear. Nunca más me volvió a llamar. Dejé pasar el tiempo, paseé con él solo dos veces. Me reconoció que se identificó tanto con el personaje que no pudo sustraerse al remolino interior que le provocó el final de la novela: pero nunca recuperé la amistad.

Otro gran personaje, quizá el más grande mis malos, es Vinicianus de la Decalogía, el Anticristo. Durante años, antes de vivir en Roma, era para mí imposible para mí ver la fachada de San Pedro del Vaticano o su interior y no rememorar las trágicas escenas de la parte central de Cyclus Apocalypticus. Desde esa novela, el edificio pasó a estar unido a mi ficción literaria. Os lo aseguro, para mí era imposible mirar al baldaquino y no recordar el discurso final del Cónsul Máximo de la República Europea.

Le doy gracias a Dios, porque yo (como el resto de los escritores) he vivido mi vida y la vida de mis libros. También hay lectores que son tan excelentes en el placer de leer que llegan a meterse en un libro tanto como el autor; doy fe de ello. En mi vida, hay varias novelas y biografías que pasaron a formar parte de mi vida: Valtorta, Memorias de Adriano, Historia de un alma, Yo, Claudio, las obras de santa Teresa de Jesús. Sobre todo, la obra de Valtorta. ¿Qué puedo decir de una colección de libros de 4.400 páginas que estoy leyendo por sexta vez?

Cuando uno lee y relee libros como esos, se me puede dispensar de no ver películas como la última de María Magdalena o de san Pablo. Respeto a los que les gustan. Pero, sencillamente, tengo cosas más importantes que hacer. Prefiero releer la inteligencia de Borges en tres o cuatro páginas, que aburrirme hora y media con un guion para niños.

jueves, marzo 15, 2018

El selfie, un arte despreciable



El artículo sobre las maldiciones intergeneracionales espero acabar de redactarlo mañana por la mañana, aunque una misa de celebración por la reversión de las reliquias se yergue justo en mitad del trabajo matutino contra tal propósito. Como ya os dije, va a ser una refutación sin paliativos.

Dos temas dejé de tocar en mi tesis doctoral, por considerar que precisaba de mayor reflexión: el de las maldiciones intergeneracionales y el de los maleficios. Ahora ya quedará solo uno por ser afrontado. Aunque, los lectores de mis libros, ya pueden sospechar que el tema de los maleficios (el día que toque) será enfocado desde una postura minimalista.

Mi artículo sobre las maldiciones será muy corto. Pero allí estará condensada mi reflexión de más de diez años acerca del tema. Desde luego no será una obra muy brillante. Pero hay temas que se prestan a grandes construcciones intelectuales y otros no. Hay que renunciar a la sobreactuación teológica. Y si algo se puede decir en diez páginas, mejor así que en veinte.

Hay obras largas que son extensas porque precisan serlo. Otras están infladas. Otras son monumentos a la erudición, pero sin mucho provecho para el lector.

Yo siempre he deseado para mí mismo un solo libro que fuera mejorando, puliendo y reformando toda mi vida. Un libro que fuera la obra de mi vida. La perfección de una obra que tiene una vida detrás de miles de revisiones durante una existencia. La extensión de mi producción para nada me hace feliz.

Cuando se me pregunta por el número de libros que he escrito, no saben con cuánto escepticismo revelo el número. Una cifra que no tiene mi aprecio, aunque esa cifra es mi vida. La imprecisión de ese número, nunca del todo bien memorizado, es una muestra de mi falta de fe en buena parte de mi producción. Mi libro sobre Dios y su segunda parte sobre la Santísima Trinidad me consuelan. Quizá en ellos he llegado a la cúspide de mi montaña. En el fondo de mi corazón sé (o deseo) que no es así.