martes, octubre 31, 2017

Acerca de la declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

Muchas webs tradicionalistas han acusado al Papa de luteranizar la Iglesia. Permítaseme un apunte personal para entender cómo veo los encuentros y declaraciones que ha habido en este año entre luteranos y católicos.

Cuando estudié mi licenciatura en teología en la especialidad de Historia de la Iglesia, tuve un profesor jesuita que nos intentó hacer ver lo positivo de Lutero. Tampoco ocultó lo negativo, pero nos trató de hacer entender lo positivo de su persona y escritos. Yo fui muy contrario a la forma de enfocar las clases de ese profesor. Incluso fui soberbio en el modo en el que me dirigí a él, ahora lo reconozco. En ese momento, me parecía estar defendiendo la verdad: Lutero era malísimo y punto final.


Yo tenía 26 años. A esa edad cualquier inmadurez y radicalismo se puede todavía excusar.

Las clases de su semestre pasaron, pero con los años se produjo, en mi reflexión personal, una profundización en la teología de la Carta a los Romanos. Y, entonces, fui entendiendo que, aunque Lutero hubiera roto con la Iglesia, su insistencia en la fe que salva era verdadera. Por supuesto que hay que entender esa doctrina de la fe de acuerdo a la ortodoxia de la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, sí que es cierto que sin la obra de Lutero no hubiéramos entendido esa doctrina en toda la radicalidad de san Pablo. Habíamos tenido quince siglos, y ésa era una verdad en la que no se insistía demasiado: cuando era central en san Pablo. Es verdad que la doctrina estaba en la Carta a los Romanos, pero siempre había sido leída con tantos “peros”, con tantos condicionantes, que quedaba muy eclipsada y atenuada.

Esa verdad del Nuevo Testamento de la fe que salva se sentía por parte de los celosos pastores que debía ser tan glosada, que expresada en estado puro parecía una herejía. Era una verdad en la que convenía que no se insistiese demasiado en ella.

En quince siglos, la encontramos en muchos autores católicos previos a Lutero. Pero hallamos esa verdad divina bajo capas y capas de comentarios humanos. Era como una verdad que debía ser encerrada con varios cerrojos, porque sería sino malentendida. Después de Lutero, todavía más cerrojos para no parecer hereje.

Lutero hizo lucir en toda su verdad la doctrina de la justificación. Y eso ha tenido una impresionante influencia en los autores católicos, sobre todo del siglo XX. Es decir, de los teólogos que han podido leer a Lutero ya sin prejuicios.

No estoy diciendo, resulta claro, que no haya errores en las obras de Lutero. Por supuesto que los hay. Pero también hay toda una doctrina, una lectura de san Pablo, una visión de la justificación, que haríamos mal en no valorarla en toda su bondad. Además Lutero reflexionó de un modo teológicamente muy profundo sobre el tema. No era un mero predicador.

La visión de unas comunidades cristianas que han vivido de la Palabra, que se han sentido justificadas por la fe en Cristo, ha sido muy interesante para la teología católica. Sin ellos, podríamos haber teorizado acerca de cómo podía haber sido el cristianismo quitando algunos de nuestros pilares. Su existencia ha sido una existencia en la vida centrados en la gracia, en la justificación gratuita, en la Voz de Dios que habla en la Biblia. Los luteranos, los grupos protestantes, han producido muchos frutos del Espíritu. Negar eso sería cerrar los ojos.

Que nadie por defender la ortodoxia, niegue lo evidente: los tesoros de los luteranos, los frutos que hay en sus comunidades; así como el provecho que nuestros teólogos pueden obtener y han obtenido del diálogo con su teología.

Los que claman que el papa Francisco está luteranizando la Iglesia no han entendido nada de este mensaje de diálogo, de amor, de querer que todos los cristianos nos sintamos miembros de una única familia.

¿Que me podría fijar en todo lo negativo de la vida y obra de Lutero?, por supuesto. Me leí con lentitud y detención los dos magistrales tomos de la biografía de Garcia-Villoslada. Eso fue en mi juventud. Después seguí leyendo y reflexionando. Al final, llegué a las conclusiones del Papa Francisco.

Ahora llega el momento de reconciliarnos con los luteranos, aun a sabiendas que sostenemos doctrinas distintas. Pero desde la diferencia y en el reconocimiento de la diferencia, amémonos ya, oremos juntos ya: reconciliémonos. No les pedimos que reconozcan lo que nosotros consideramos sus errores. Ellos no nos piden que reconozcamos lo que consideran nuestros errores. No es una reconciliación en el error. Sino una reconciliación en la verdad común y en el amor que nace de la verdad común. ¿Quién critica eso? Los de siempre. Siempre están allí, asomándose por la esquina, los de siempre.

Algunos querrían hacer de la Iglesia una especie de burbuja de Amish católicos petrificados en el siglo XIX, porque en los comienzos del XX ya hay doctrinas que les parecen que empiezan a resquebrajar su visión sentimental de la ortodoxia.

Algunos querrían que la Iglesia Católica fuera regida al modo del consejo del Watchtower de Nueva York para todos los testigos de Jehova:  unas consignas tajantes, uniformes y que vigilen que no se forme ningún puente con nada ni nadie que no sea 100% puro o lo que se considera puro.


Una cosa es que los dogmas sean expresión de la verdad y que, por tanto, sean pilares que no pueden cambiar. Y otra cosa es ese amor por la petrificación de la teología y las puntillas en los roquetes.

lunes, octubre 30, 2017

Frontón del Congreso de los Diputados

 












Hace unos pocos meses, tuve una conversación con un buen amigo catalán sobre el procés. Él es una bellísima persona, culto, sensato e independentista. Para mí es una delicia siempre hablar con él. Pero, en un momento dado de nuestra conversación, le dije: “Mira, te aseguro, que si hay una ruptura por las malas con el estado español, desde un punto de vista económico la independencia es imposible. Salvo que uno esté dispuesto a un hundimiento económico que nunca sería menor a la pérdida del 20 o 25% del PIB”.

Eso al profano le puede parecer poco, pero tendría consecuencias concretas verdaderamente muy lamentables para el día a día de un ciudadano medio catalán. Consecuencias que podría habérselas desgranado en detalle, porque el experimento ya se ha hecho en Rusia y Ucrania.

Yo no soy nacionalista, pero si lo fuera, estaría enfadadísimo contra un govern que si hubiera esperado cuatro años podía haberlo conseguido todo. Pero que empujado a la fuerza por los partidos nacionalistas situados a su izquierda ha hundido completamente el procés durante más de veinte años o quizá toda una generación. Ahora ya es jaque mate.

La única reacción posible de los más radicales es la calle. Y cuanta más calle, más se frotarán las manos en La Moncloa. Ahora sí que cuanto peor es mejor para Madrid.

Aunque el apoyo hubiera sido del 90% al procés, la ruptura económica por las malas era sencillamente imposible. Cuando en el 2015 me preguntó un amigo sacerdote qué podía pasar si no había rescate de la Unión Europea a Grecia, mi respuesta fue sencilla: Un día irás al cajero automático y no saldrán billetes.

Un mes después pasó exactamente eso. En una semana más de petrificación del flujo monetario, los aviones no hubieran tenido combustible en el aeropuerto de Atenas, no hubiera habido pan en la panadería, los negocios hubieran ido cerrando sin poder seguir asumiendo más pérdidas. Los griegos más entusiastas estaban tranquilos porque pensaban que siempre les quedaría el turismo. Pero el turismo era imposible sin una moneda y sin un sistema bancario. Y ellos ya no tenían más euros, y una moneda propia valdría como los billetes del Monopoly. El país podía ser todo lo bello que quisieran, pero sin sistema financiero en marcha no habría turismo. Así de claro. Las playas sin bancos se quedan vacías. Las islas griegas sin bancos sólo tienen como habitantes a las cabras.

Tsipras aseguró que jamás aceptaría las condiciones de Bruselas. Hizo un referéndum y el Pueblo le apoyó por abrumadora mayoría. Una semana después, Tsipras estaba en Bruselas con el sombrero en la mano firmando un acuerdo mucho más duro que el que había rechazado y además lo firmó dando las gracias por haber sido tan compasivos. No hubo ninguna negociación: los técnicos se limitaron a poner el papel delante y a indicarle dónde tenía que firmar. Fueron las conversaciones más breves del mundo. Pudo volver a casa esa misma tarde.

La caída económica de Cataluña en caso de ruptura por las malas hubiera sido mucho peor, porque Cataluña tiene una economía mucho más desarrollada. Cuánto más compleja, moderna y desarrollada es una economía, más brutal es la caída en caso de pánico total, porque el dinero se multiplica en ese tipo de economías y en caso de colapso el default es más impresionante. En el caso de Cataluña, el agujero hubiera sido mucho más grande que en el caso de una bancarrota de Albania o Macedonia.

La independencia por las malas era, por tanto, imposible. De ahí que resultara inmoral ilusionar a las masas con lo imposible. Inflamar a millones de personas con un discurso que sólo llevaba a la confrontación para después volver al punto de partida, o mejor dicho: más abajo del punto de partida.

Mi amigo, persona más que razonable, seguro que diría: sólo pedíamos un referéndum. De acuerdo, pero un referéndum no aceptado por las dos partes implicadas no llevaba a ningún lado. Los resultados, en esas condiciones, no significaban nada y, aun así, el govern siguió adelante. Y siguió adelante y adelante, contra viento y marea, hasta que se dio cuenta de lo que era evidente desde el principio: que una sociedad económicamente desarrollada del siglo XXI no se puede independizar por las malas como si fuera una tribu húngara de Transilvania.


Ahora ha llegado el momento de construir el bien común y de tener en cuenta a la mitad de la población, los catalanes no nacionalistas. En un choque de trenes, si es el todo contra el todo, si es la ley de la fuerza, hay que ponerse del lado de la Ley. Lo contrario implicaría una lucha que acabaría siendo sangrienta. Eso sí, con poca sangre, porque la maquinaria militar y policial se impondría cómo se ha impuesto siempre en las barriadas de Estados Unidos cuando ha habido tumultos. Por eso, hasta muchos nacionalistas han comprendido que, dadas las circunstancias: la Ley. 

Por el bien de los catalanes, ha llegado el momento de ser realistas y entender que sólo el imperio de la Ley sin titubeos evitará una aventura callejera de cócteles molotov que no llegaría a ningún lado, sino sólo a sepultar el nacionalismo, durante toda una generación, confinándolo en las elecciones a ser siempre la oposición.

Una corrección que he hecho a uno de mis libros

Después, más tarde, escribiré otro post. Esto sólo son unas líneas aclaratorias. Sólo quiero advertir, a quien le pueda interesar, que he hecho cambios importantes en varias páginas de mi libro La luz de la diaconía. Me ha llevado mucho tiempo de reflexión entender el cambio que hizo Benedicto XVI en un canon del Código de Derecho Canónico, al hablar de si los diáconos participaban o no de la función de Cristo como Cabeza de la Iglesia.
El libro que se publicó en papel en Colombia hace un año ya no se puede cambiar. Pero la versión digital de Biblioteca Forteniana ya está cambiada. Es curioso, un cambio de un par de líneas en el canon ha provocado cambios radicales en varias páginas de mi libro. Y he necesitado meditar el tema mucho tiempo para dar mi brazo a torcer en un tema que ahora me parece ya por fin claro.

La conclusión es que todos creemos estar en posesión de la verdad. Por más que afirmemos que somos flexibles y abiertos a cambiar nuestras posiciones, después eso no es tan así. Todos estamos más cargados de prejuicios de lo que pensamos. Lo he comprobado en mí mismo en esta cuestión teológica sin mucha importancia.
Sea dicho de paso, el cambio de opinión me ocurrió gracias a un artículo que me envió un lector. Artículo que estuvo esperando meses y que leí en uno de los viajes de autobús por Georgia.

domingo, octubre 29, 2017

Mi opinión sobre el proceso de independencia de Cataluña: implicaciones morales


Hay un tema sobre el que, hasta ahora, he querido mantener silencio: la declaración de independencia del Parlament. Lo hice, ante todo, porque no me quería meter en cuestiones políticas. ¿Pero esta cuestión de la independencia tiene implicaciones morales? Sin ninguna duda, sí.

Como preámbulo quiero dejar claro que si un pueblo conquistado u oprimido quisiera ser independiente con el respaldo del 90% de la población sería un derecho evidente.

La cosa se complica si un pueblo con esa mayoría quiere ser independiente sin haber sido oprimido ni invadido. Cataluña ha participado de las mismas cargas y ventajas que el resto de las regiones integrantes de España. Cataluña ha participado del proceso de creación de España en plano de igualdad con respecto a las demás regiones de la península. Uno puede defender el nacionalismo si lo desea, pero no bajo la premisa de la opresión. No está más oprimida Edimburgo que Gerona.

La cosa se complica si el apoyo a la independencia no es cosa de una amplia mayoría, sino sólo de una escasa mayoría. Pero es que ni eso fue así. Los partidos independentistas dijeron bien claro que las elecciones catalanas del 2015 serían de facto un referéndum. Y los resultados dieron unos resultados claros: el 51,7% de los votos fueron a partidos no independentistas.

La mayoría de los catalanes dijeron “no” a la independencia. Después, por el reparto por circunscripciones ese número de votos produjo una ligera mayoría de escaños. Muy pequeña, pero suficiente para tener la mayoría absoluta. Seguir adelante con el procés implicaba avanzar contra el parecer de la mayoría de los votantes. Había que aferrarse al reglamento de reparto de escaños para dar la espalda al hecho objetivo de la manifestación de la voluntad del Pueblo.

Estoy de acuerdo con ambas partes en que no había posibilidad de diálogo ni de acuerdo: un territorio o es independiente o no lo es. Llega un momento en que ya no cabe más autonomía y se llega a un límite máximo en el que o lo uno o lo otro.

Si el gobierno de España hubiera permitido un referéndum, como sucedió en el Reino Unido, no habría habido ningún problema. Pero con Moncloa habiendo manifestado su posición de forma absoluta, sólo cabía el choque de trenes, el choque entre un poder y otro poder, entre una fuerza y otra fuerza.

A eso se añadió que el Parlament aprobó el referéndum incumpliendo sus propios reglamentos. La lista de incumplimientos no es breve. Llegó un momento en que el Consejo de Garantías Estatutarias (el TC catalán) alzó la voz para advertir por unanimidad de la ilegalidad de los procedimientos respecto no ya a la Constitución Española sino a la propia legalidad que regía los procedimientos del Parlament. El escándalo fue tan absoluto que el Letrado Mayor pidió a la presidenta de la cámara la palabra para dirigirse a los parlamentarios, para al menos advertirles de la mera cuestión legal. La presidenta no se lo permitió.

Esa cuestión de los incumplimientos del reglamento motivó que un parlamentario independentista, Joan Coscubiela, se alzase con un rotundo llamamiento:

No quiero que mi hijo Daniel viva en un país donde la mayoría pueda tapar los derechos de los que no piensan como ella.

No importó para nada. La mínima mayoría de escaños actuó como una apisonadora, produciendo un referéndum cuyos resultados, de antemano, ya se sabía que no iban a ser la solución a la cuestión. Pero es que incluso aceptando por buenos los resultados oficiales el resultado era que no se podía seguir adelante:

El 1 de octubre del 2017 votaron 2.286.217 personas (una participación del 43% del censo). El 'sí' obtuvo 2.044.038 votos (90,2% del voto válido), por 177.547 del 'no' (7,8%) y 44.913 en blanco (2%). También hubo 19.719 votos nulos.

¿Qué significa esto? Dado que los constitucionalistas boicotearon al 100% ese referéndum, hay que entender que esos datos del referéndum reflejan poco más del 50% de los votantes totales del censo.

Dicho de otro modo, los resultados indican que sería algo más del 22% del electorado total el que estaría a favor de seguir adelante con el procés. Pero con constatación de que para muchos está claro que no es lo mismo nacionalismo que soberanismo. Lo cual se vio en que el 7,8% y el 2% de los nacionalistas no están por seguir esa dirección.

Puigdemont no es el demonio. Debemos evitar a toda costa demonizar al que no piensa como nosotros. Y porque creo que es un hombre honesto, se tomó su tiempo en analizar los resultados.

Los resultados no eran satisfactorios. No había amplia mayoría. Probablemente ni siquiera mayoría en un referéndum normal. Si la ruptura era por las malas, la economía iba a caer en pánico. Cataluña quedaría aislada de una Unión Europea que querría hacer de ese nuevo país un ejemplo para los que quieran seguir por ese camino. Sí, Puigdemont se lo pensó, sin duda: ¿declaración de independencia, pero suspendiéndola? Pero los que le empujaron hacia delante volvieron a presionarle y la declaración de independencia se produjo.

¿Como sacerdote, me parece que este procés es un acto moralmente neutro? Honestamente, considero que no. La virtud de la prudencia indica que una ruptura de la legalidad como ésta no estaba justificada. Porque, una vez que se produce un quebrantamiento tan grande del imperio de la ley, las cosas se pueden descontrolar. La inmensa mayoría de los nacionalistas son personas sensatas, honradas, que defienden de un modo pacífico sus ideas. El problema viene que cuando uno pone en marcha esta maquinaria resulta casi imposible que mil, dos mil o diez mil jóvenes no se descontrolen. Se abre la caja de los truenos y después no se puede cerrar. ¿Habrá muertos en barricadas formadas por los antisistema? Sin ninguna duda, quizá cuatro o cinco, pero los habrá.

Un puñado de muertos, una Cataluña completamente dividida, una población sembrada de odios, y más personas en el paro que vivirán de las ayudas durante años. Todo esto podía haberse evitado. Nadie, moralmente hablando, ha criticado la decisión del ejecutivo escocés con su referéndum. Uno estará de acuerdo o no, pero moralmente es aceptable. Pero el camino tomado por el govern, dados los previsibles graves peligros que implica, sí que es moralmente rechazable. Después no vale decir: “¿Quién sabía que iba a pasar esto?”, al ver las barricadas y los cócteles molotov.

Se me dirá que no critico a Rajoy por sus decisiones. Yo no hubiera tomado las decisiones de Rajoy. Pero el Presidente de la nación ha hecho con Cataluña, lo que un presidente de una Cataluña independiente hubiera hecho ante una secesión de Gerona. Si hay un choque frontal de trenes, las fuerzas de seguridad deben estar del lado del Estado de Derecho. Lo contrario sería el caos. 

El Estado español hubiera cedido ante un 70% de población a favor de la independencia, dijeran lo que dijeran las leyes. Pero con el 50% esa opción tomada por la Generalitat implicaba arriesgarse a crear graves desórdenes de orden social para nada. Esta partida de ajedrez estaba destinada al fracaso. El problema es que aquí los peones son seres humanos.

Es cierto que si eres de un partido radica de izquierdas siempre abogas por crear una cierta cantidad de caos para después sentarse a negociar con el Estado. Pero yo ya sabía, conozco bien este tablero de ajedrez, que cuanto más caos haya, más se cerrará en banda el Estado. 

Hay que rezar para que los capítulos más oscuros de esta historia no se escriban antes de las próximas elecciones. ¿Es posible un estallido social? Sí. Por eso las decisiones de los gobernantes de la Generalitat han sido moralmente un error. Y por eso escribo como sacerdote, para decir sin ambigüedades que moralmente los riesgos que ha asumido Puigdemont no son aceptables. 

La existencia de España no pertenece al Evangelio en el que creo. ¿Pero quién puede declarar la independencia con los votos del 43% del censo? ¿Quién puede hacer eso con tranquilidad de conciencia? 

Deseo lo mejor a los catalanes: ¡lo mejor! Y precisamente porque amo a Cataluña, arriesgarse a que esa tierra se inflame en llamas, estando la población dividida al 50%, ha sido un acto moralmente irresponsable. 

sábado, octubre 28, 2017

Amoris Laetitia: seguimos dialogando

Hoy voy a transcribir aquí un correo que recibí hace dos días. Me parece una carta de verdad muy buena. Al final, añadiré yo unas líneas. Por supuesto, oculto toda identificación del autor, aunque he dejado constancia de su nacionalidad. Los subrayados son míos, no del autor de la carta.

Estimado Padre:

Créame que a diario sigo esta apasionante disputatio sobre la la ortodoxia de Amoris Letitia. Más allá de los ataques personales, me quedo con el saludable debate, en que los defensores de la ortodoxia son como el primogénito enojado de la parábola del hijo pródigo (Lc 15,25-30), mientas usted intenta ofrecer la visión del padre que quiere ver de vuelta al hijo descarriado.

En mi humilde opinión, y desde la visión de un lego en Teología, creo que el problema estriba en el prejuicio cognitivo de los lectores en razón del autor de la exhortación apostólica, hasta incluso de carácter inconsciente -como creo que han incurrido los venerables cardenales de la dubia-: es concebir que Su santidad, al ser jesuita, redactó la exhortación insuflado en el probabilismo, laxismo, casuismo, o derechamente "jesuitismo". Debo confesar que lo digo por experiencia propia: así leí los párrafos polémicos de Amoris Laetitia en una primera oportunidad, no recuerdo bien si fue a fines del año pasado o a inicios de este año.

Sin embargo, una vez al oír en misa la lectura del Evangelio según san Juan sobre la mujer samaritana (Jn 4,7-29) -que, por lo demás, el Papa la cita en la repetida exhortación (nn. 64, 289 y sobre todo 294)-, me hizo entender con mayor humildad la exhortación: no es el resurgimiento del casuismo, sino el fomento de un itinerario, de aproximar a los que están en situación "irregular" hacia la plena comunión con Dios, sin que por eso se profane a los Sacramentos.

Por ejemplo, y tratando de responder a la primera de los dubia, la nota 351 (n. 305) considero que ha de entenderse como la invitación del sacerdote a la aproximación de los sacramentos, y primeramente hacia la reconciliación; si el divorciado vuelto a casar y cuyo primer matrimonio fue celebrado canónicamente y no está disuelto, bien podría arrepentirse de su situación, logrando una contrición perfecta en ese momento... desde luego, podría ocurrir que esa persona, después de su confesión y durante cierto lapso, vivir con su conviviente sine more uxorio y, por consiguiente,  si no añade otro pecado en su vida, estaría en la debida disposición de cuerpo y alma para recibir la Eucaristía. 

Mas puede ocurrir que tal contrición perfecta sea temporal y, tiempo después, vuelva a vivir more uxorio por diversas circunstancias, incluso sin que haya intención de violentar la ley, sino por tratar de evitar el quiebre sentimental con la actual conviviente. Es, pues, indispensable que el sacerdote sea un amigo cariñoso que la invite a esa persona a acercarse al estado de gracia -máxime si la invitación se extiende a ambos concubinos-, luego a sostenerlos en dicha gracia hasta lograr que esa persona o ambas, sin daño a la familia irregular que formó o formaron con posterioridad, se sostengan en ella, es decir, actuando siempre según la libertas maior que expone san Agustín.

La interpretación espiritual del Evangelio citado (sobre todo alegórico y moral), en mi falible opinión, nos arroja luz sobre esto (Jn 4,16-26): Cristo, en vez de censurar a la samaritana por su concubinato, primero le convida a beber de un agua que jamás le causará sed y sólo después alude indirectamente tal amancebamiento, pero otra vez sin reproche. Si bien el Evangelio no da más detalles sobre esa mujer, sin duda expone a Nuestro Señor como maestro antes que juez, un anfitrión que nos convida a su casa, a pesar de estar sucios y sin el traje adecuado para entrar en su Palacio, pues entre el umbral de la puerta y la mesa del comedor, hay un pasillo donde el convidado, si así lo quiere, llegará limpio y bien vestido a sentarse a la mesa del Señor; porque no es posible sentarse en la mesa sin estar antes limpio y bien vestido.

A mi modo de ver, las gradaciones de responsabilidad a que alude Amoris Laetitia (n. 301 y ss) son, simplemente, hipótesis donde el sacerdote puede aprovecharse que la circunstancia de los concubinos no está fundada en el dolo o la culpa, sino -perdóneme la licencia, estimado Padre- en un hecho fortuito sobreviniente: así, es más fácil la enseñanza de la Ley Divina, pues los concubinos no la recibirán con desdén o suspicacia -como lo haría el concubino contumaz-, sino con apertura de aprender y corregir. Por algo el Papa precisa que, la comprensión por situaciones irregulares no supone, en modo alguno, la enmienda o derogación del mandato divino:  "La tibieza, cualquier forma de relativismo, o un excesivo respeto a la hora de proponerlo, serían una falta de fidelidad al Evangelio" (n. 307). 

Es un texto profundo, y por lo mismo hay que leerlo en su conjunto e interpretarlo en su contexto, y siempre teniendo presente la segura guía de la Revelación, de la tradición y del Magisterio, ya que si lo interpretamos aislando los pasajes, claramente veremos el sesgo casuista y revolucionario. Ante ello, quizá me ayudó mi deformación profesional como abogado, al recordar un viejo adagio del derecho romano: "Incivile est nisi tota lege perspecta una aliqua particula eius proposita iudicare vel respondere" (Es injusto juzgar o responder atendiendo a una pequeña parte de la ley sin haber atendido a la ley entera).

Perdóneme Padre por esta licencia en escribirle... son sólo aproximaciones de un humilde lector suyo, que me da pudor escribir en los comentarios de los lectores. Si dije alguna estupidez, discúlpeme.

Saludos cordiales desde Chile,


Contestación mía

Estimado sr. X:

Permítame decirle que yo, en un primer momento, también tuve un acercamiento no positivo al texto. Después, llegué a una conclusión parecida a la suya, que usted tan brillantemente ha sintetizado: No es el resurgimiento del casuismo, sino el fomento de un itinerario.

Tiene usted toda la razón. La exhortación se puede leer como una apoteosis del relativismo, o se puede leer desde el amor a la ley objetiva, al magisterio anterior. Si san Juan Pablo II hubiera escrito esta exhortación al final de su vida, como coronación pastoral de sus encíclicas, hubiera sido un texto muy alabado.

Y como usted muy bien dice, la exhortación no debería generar una interminable listas de casos con sus remedios, sino que se trata del espíritu con que afrontar muchos casos, muchísimos casos.

Un cordial saludo.

Padre Fortea

Soberanía


Desde un punto de vista meramente jurídico, resulta apasionante el concepto de soberanía. Está fuera de toda duda que ese poder reside en el Pueblo. Es un poder perfecto, es la autoridad por encima de la cual no hay otra autoridad.

Las relaciones entre Derecho y Soberanía son interesantísimas si las analizamos desde la mera lógica: el poder constituyente del Pueblo debe ser irrestricto respecto a cualquier ley, de lo contrario no sería un poder constituyente.

De ningún modo quiero que se lean estas reflexiones a favor o contra nadie. Son sólo reflexiones en abstracto. Lo digo con toda sinceridad, no estoy pensando contra nadie. Continuo.

¿Si el poder soberano es fuente de la Ley, cómo puede someterse a una ley previa? ¿Pero si el poder constituyente no se somete a la razón, en que se diferencia del desorden? Su legitimidad, sin duda, dependerá de su sometimiento a la razón. Con lo cual hay una ley escrita o no que supone el fundamento que otorga licitud a ese poder constituyente. Sin esa ley escrita o no escrita, cómo distinguir el legítimo poder del Pueblo del que no lo es.

Y mucho más cuando todo poder constituyente se levanta, se pone en pie, frente a otro poder previo que supone un orden: llámese monarca, poder de ocupación, oligarquía opresiva, metrópoli…

La soberanía implica poder, fuerza, capacidad. La soberanía tiene que estar clara. De lo contrario, la situación pronto se puede convertir en una lucha entre sujetos que creen poseer tal fuerza. Ningún enfrentamiento será peor que el de dos grandes poderes que se crean ambos dotados del poder supremo que otorga la soberanía: la autoridad frente a la autoridad, la jerarquía de poder frente a la jerarquía de poder. Por la soberanía se estará dispuesto a morir y a matar. 


Si prescindimos de países concretos, de situaciones particulares, si pensamos en términos totalmente abstractos, dirimir fríamente esta cuestión sólo con la lógica resulta un ejercicio muy interesante.

Por favor, no se piense que estoy refiriéndome de forma ladina a la situación de Cataluña y España. Deseo sólo reflexionar sobre el concepto. ¿Qué hace lícito el poder constituyente de las Trece Colonias frente a la Corona Inglesa, o el de Argentina frente a España, o al de Ucrania frente a Rusia? ¿Qué regla de oro permite dirimir en abstracto el único delito del que se ponen a favor tanto jueces como policías? 

Todos creemos tener claro el entero marco jurídico que regula la soberanía basada en el sentido común. El problema es que millones de personas creen tenerlo claro en un sentido y otros millones de personas creen tenerlo claro justo en el sentido opuesto. 

Veo que verdadero nudo de la cuestión está en la irrestricción del poder constituyente respecto a una ley previa que restrinja ese poder, y al mismo tiempo en la necesidad de que ese poder se base en la razón, expresada o no en un sistema legal. De lo contrario, el poder popular (sin necesidad de ninguna secesión) podría apelar a su carácter soberano para entrar, una y otra vez, en esa situación constituyente.

jueves, octubre 26, 2017

Novgorod, la primera ciudad rusa


Como sé que os gustan los episodios de mis viajes, os voy a contar uno. En mi último viaje por varios países, todas las guías que tuvimos fueron muy buenas. Todas… menos Olga. Esta rusa comenzó por hacernos un elogio de la era soviética: todos tenían trabajo, el Estado te daba un piso, etc. Yo no abrí mi boca. Pero cuando fuimos a Novgorod, sólo nos enseñó la fortaleza. Y no quiso llevarnos a ver las iglesias antiquísimas que había junto al río, alegando que ya no había tiempo.

¡Habíamos hecho más de cuatro horas de viaje para ver sólo una cosa durante poco más de una hora! Se le pidió expresamente tal cosa, pero no quiso hacerlo.

A eso hay que añadir que no quiso que celebráramos misa en la iglesia católica de la ciudad. Estaba en el programa, pero se negó alegando lo mismo: No hay tiempo. En ese momento, forcé al máximo las cosas: Insistí en la misa. Pero como ella era la que habló por teléfono con el párroco, por su cuenta le dijo que llegaríamos a una hora que era imposible. (Tuve que celebrar en el hotel a la vuelta, por la noche.)

Al mediodía, nuestra "querida" Olga nos llevó a un restaurante vacío, no había ni un comensal, y donde el menú era exactamente el mismo que el día anterior. Como nosotros pagábamos esa comida, no estaba incluida en el viaje, le pedimos ir a otro restaurante donde hubiera otro menú. No dijo nada, pero eso le desagradó totalmente. Probablemente, porque en ese restaurante tenía comisión. No quiso ayudarnos a encontrar otro restaurante. Cada vez que le pregunté qué otros restaurantes había en la ciudad, me respondía con otra pregunta.

Al final, le dije que nos llevara el autobús a la calle principal y que parara donde viéramos un restaurante. No voy a relatar los detalles, pero estuvo boicoteando la comida hasta el último momento. Eso sí, cuando llevábamos una hora de viaje, nos dijo que bajáramos allí en un lugar, porque no habría otra parada hasta llegar al hotel. Yo le sugerí que, dado que el viaje había durado cuatro horas, sería mejor hacer la parada a mitad de camino. Pues no. Hubo que parar donde ella dijo, tras solo una hora de viaje.

Todo el día había estado con un tono enfadado e, incluso, grosero. Eso sí, en el largo viaje, tomé el micrófono e hice un discurso de media hora cuyo tema era el comunismo. Fue un discurso tremendo, lacrimógeno y durísimo de veinte minutos, sin prisas, con largas pausas. Pequé, porque veía como ella se cocía en su salsa y no podía decir nada, y yo seguía echando más leña al fuego, ella crispaba las manos y yo daba tranquilamente otra vuelta con la cuchara. Dije tales cosas que no dudo que Lenin debía estar revolviéndose en su tumba.

Pero pequé, porque discretamente, muy discretamente, miraba de reojo su cara, ella estaba en el primer asiento, y veía como estaba como una olla a presión y yo decía: Vamos a subir un poco más el fuego.

miércoles, octubre 25, 2017

Blogs que inquietan las almas


La religión, en esencia, trata de nuestra relación con Dios. La religión sustancialmente trata de Dios. El amor, el ser y el Ser, el conocimiento de las implicaciones que tiene ser, el conocimiento de lo que significa que exista un Ser Todopoderoso…

Si la teología la entendemos a la defensiva, casi como si perteneciéramos a un club de futbol, si todo esto lo entendemos como si de lo que se trata es de meter goles en la portería contraria, no vamos a tener los ojos abiertos para percibir lo correcto, lo valioso, lo benéfico de las otras personas que han reflexionado, sean de la teología de la liberación, luteranos, Barth o Marciano Vidal, la teología feminista o las antiguas y modernas reflexiones musulmanas.

Muchos de los grandes autores teológicos del siglo XX y tantos otros eran hombres en continuo diálogo con los escritos ortodoxos y con los mejores autores protestantes. Eran hombres abiertos con los ojos atentos a “los otros”. Cuando uno lee a toda esa corriente centroeuropea o al dr. Rowan Willians, y uno lee a monseñor Lefebvre y similares, uno se da cuenta de que son dos mundos distintos, dos universos teológicos. Y no es fácil establecer puentes entre la apertura y la cerrazón, entre el pensamiento puro y la teología que se encierra en sí misma. Entre la teología que busca nuevos enfoques y la que se limita a repetir, recopilar y defender el bastión con lo que ellos creen que es una loable pasión.

Sea dicho de paso, san Juan Pablo II apostó decididamente por un teólogo de signo inequívocamente aperturista: un profesor llamado Ratzinger. Podía haber optado por conservadores aparentemente más seguros, pero no lo hizo.

Me escribía una persona a mi email:

Padre Fortea:
Si usted dedica varios años a reflexionar sobre el infierno y a escribir un tratado al respecto, ¿eso cambia el infierno? Si lo que usted piensa acerca del infierno difiere de lo que otros han pensado sobre el tema, ¿eso significa que los otros están equivocados?, ¿hubo que esperar hasta que usted naciera y escribiera para conocer la verdad?

Creo que lo que significa es que la teología es una seudociencia. Si como usted dice, la teología cambia y evoluciona, es porque se basa en la imaginación de los teólogos, de los hombres. Es por eso que en los libros de teología se dice: ''Es lo que el teólogo tal llama...'' ¿De dónde sacó ese teólogo ese nombre y esa interpretación?: de su imaginación. Y al mismo tiempo, otros teólogos pueden llamar a lo mismo con otros nombres e interpretarlo de modos distintos.

Usted se ha erigido en defensor de Bergoglio, un hombre que ha enseñado cosas que usted mismo le corregiría a cualquier bloguero. ¿Eso no lo hace pensar?

Si los católicos se escandalizan por lo que Bergoglio enseña, ya que ese hombre dice que todo lo que habla y escribe es magisterio, ¿significa que hubo que esperar hasta que Bergoglio naciera y enseñara para conocer la verdad?

Mi respuesta fue la siguiente:

Estimado lector. Yo sólo creo en las Escrituras y en el Magisterio de la Iglesia. Los dogmas y la Tradición forman parte de ese Magisterio. Las demás cosas son opinables. Mientras yo me mueva respetando esos pilares de la fe, nada tengo que temer.

Pero si usted me pregunta si la comprensión que tengo de la existencia en un estado de apartamiento definitivo de un ser racional respecto del Ser infinito es distinta de la que tenía san Agustín, le contesto que sí.

Ambos creemos esencialmente en el mismo concepto. Pero san Agustín, santo Tomás de Aquino o san Alfonso María de Ligorio enfocaban esa realidad de un modo que no es el mismo que el mío. Añadían elementos accidentales que ellos consideraban ineludibles, pero que hacían de ese estado algo (en mi opinión) algo más cruel de lo que es.

A estas alturas de la comprensión teológica, puedo estar seguro de que ciertos elementos bíblicos respecto al infierno eran imágenes y sólo imágenes.

Pero eso no es sólo respecto al infierno. El Dios sustentador del infierno de Tomás de Aquino era un ser más inflexible y cruel que el Dios de Rahner o Benedicto XVI. Creían en el mismo Dios, pero con enfoques distintos. El Dios de san Agustín era el Dios que implacablemente aplicaba la ley objetiva de un modo que no puedo dejar de considerar cruel.

El Dios del Papa Francisco y el de Torquemada (que no es una figura mítica) es el mismo, y la fe es la misma. Pero el enfoque de la religión de ambos es notablemente distinto.

Sacerdote católico en chino es:
天主教牧

‘Maestro-que-apacienta-en-la-doctrina-del-Señor-del-Cielo’

martes, octubre 24, 2017

Conversaciones teológicas en un rincón de Internet


Jorge Alberto escribió este comentario a mi post acerca de los teólogos amateurs: ¡Ay, qué paciencia hay que tener con el Fortea espontáneo!

No, querido Jorge, no. Mis libros te pueden gustar o no, tienes todo el derecho a ello. Pero lo que he dicho, en lo que es el campo de mi especialidad, no es espontáneo. Me dedico a mis libros sobre los ángeles, demonios, posesión, exorcismo, el infierno como trabajo. Algunos se han dedicado a los enfermos, otros a los pobres. Yo he actuado en conciencia respecto a lo que sentía que debía hacer con mi vida. De ahí que, al respecto, no albergue remordimiento alguno.

Podría haber escrito un gran tratado monumental con todas las referencias posibles de los santos padres, de los grandes teólogos, acerca de este tema. Pero si he escrito Historia del mundo angélico o Las corrientes que riegan los cielos ha sido precisamente porque en mi trabajo he querido superar lo que hubiera sido una mera labor de recopilación. No se trataba de recopilar, sino de reflexionar e ir más allá.

Así que Jorge, a estas alturas de mi vida, te puedo asegurar que mi teología puede ser cualquier cosa, pero no espontánea.

Te quejabas de que afirmara que hay teólogos amateurs. Mira, yo puedo estar de acuerdo con unos autores o no estarlo. Pero he admirado mucho a grandes pensadores con los que no he estado de acuerdo. Y es que se nota a la legua, en cuanto uno lee un libro o un artículo o escucha una conferencia, quién se dedica a esto de modo profesional y quién lo hace fruto de una impulsion transitoire.

Después añadías: Con Balthasar evoluciona la teología porque la corrompe siendo hereje. Más confuso no puede ser. Los libracos de los herejes son legión.

Me imagino que desconocer que san Juan Pablo II lo elevó a la dignidad cardenalicia, siendo presbítero. Según se dijo poco después de su muerte, el teólogo había declinado tan gran honor (el más alto), no considerándose digno, y fue el Papa polaco el que le tuvo que insistir, diciéndole que lo quería a él en el Sacro Colegio.

Por si fuera poco, los elogios del siguiente Papa, fueron todavía más abiertos. Como se puede comprobar, como botón de muestra en este link:


Pero quiero acabar con un apunte extremadamente positivo. Ayer un comentarista, Alfonso, puso un comentario tan precioso que no me resisto a copiarlo :

A veces es muy ilustrador la forma de denominar que usan otras culturas, muy lejanas y distintas a la nuestra. 

Por ejemplo, siguiendo con el tema del post de hoy, sacerdote católico en chino es:

天主教牧
(Tiānzh
ǔjiào mùshi)
‘Maestro-que-apacienta-en-la-doctrina-del-Señor-del-Cielo’

Alfonso, sencillamente: ¡bravo!

lunes, octubre 23, 2017

Sigo con el post de ayer sobre los inquisidores amateurs que recorren Facebook a lomo de sus borriquillos













La buena teología, la gran teología, y la de los teólogos domingueros del Facebook se diferencian como la ilustración de ayer y el dibujo de hoy. Aunque el autor del dibujo de hoy no acabe de ver la diferencia.

Los ejemplos de ayer muestran como los buenos cristianos siguen rodeando de cariño y respeto al Papa Francisco. Hay otras ovejitas que se han ido por caminos más raros. Y en esos caminos algunos corderos han aprendido a ladrar. A ladrar contra los pastores, a pesar de saber que hay pastores de los pastores. Pero esos laicos con blog ya no se fían de nadie, salvo de sí mismos.

Si existe el protestante que toma la Biblia y la interpreta a su manera, existe el tradicionalista que toma el Magisterio y lo interpreta a su manera. Lo de vivir y sentir la fe en una comunidad no va con ellos. Ellos son faros, guardianes, profetas, el rebañito de los pocos que se dan cuenta que todos los demás se han equivocado. Todo esto = a secta.

¿Qué responden a esto? Pues responden que es la Iglesia Universal la que es una secta, que es lo que siempre han dicho los sectarios. Y, encima, te añaden que los laicos tienen el derecho de corregir a los pastores. Por supuesto. Pero toda corrección se debe hacer siguiendo las normas elementales de la caridad, el respeto y la sumisión a una autoridad (la de los pastores de la Iglesia) que no es mundana.

Estos te dicen que los cardenales son una secta, que son masones, que son reptilianos y encima quieren darte la dirección para que les envíes una caja de bombones y una botella de sidra.


Y así ese treintañero dice públicamente que yo he sufrido una instigación del demonio, y se queda tan pancho. Pues para que te enteres, ¡yo nunca he sentido ninguna instigación del demonio! A mí no me ha instigado nunca. Al revés, me ha dicho que soy muy bueno y que siga por este camino.

domingo, octubre 22, 2017

Ay, qué paciencia hay que tener con los inquisidores espontáneos



















Me gustaría ahondar un poco en el tema de la teología en general y sus enfoques. A nadie se le escapa que este tipo de reflexiones, en el fondo, son un intento mío para que la gente entienda que el Papa Francisco no es un hereje (como dicen algunos extraviados) sino simplemente el Sumo Pontífice nº 266 de la Iglesia Católica, o el 265 sucesor de Pedro, obsérvese que es un número menos.

En la teología no cabe todo, hay expresiones de la verdad que tienen la exactitud de una fórmula matemática:

Las tres personas de la Santísima Trinidad son un solo Dios.
Asesinar al inocente es un pecado grave.
Los sacramentos son siete.

Hay dogmas más complejos, como el proclamado en el Concilio de Calcedonia acerca de que en Cristo hay dos naturalezas sin que haya confusión, ni división, ni separación entre ellas. Dogmas que requieren de explicación pausada, pero que expresan la verdad de un modo preciso.

No, en la teología no cabe todo, no todo es verdad. Ahora bien, sería un error creer que la teología sigue como en la época de la epístola de León Magno a Flaviano. Quien lea los enfoques de Trento y quien lea a Ur von Balthasar verá que la teología ha evolucionado. No escribe de la misma manera el autor de Rerum Novarum que san Juan Pablo II.

Por eso, cuando algunos amateurs enarbolan una frase suelta como si fuera una espada o una piedra en una honda frente al Papa, frente a ciertos cardenales, pues “me llama mucho la atención”, por decirlo de un modo ultracaritativo.

Escribía un señor de mediana edad en su Facebook este comentario a mi último post sobre el infierno:

Qué importa lo que usted piense y crea y cómo pueda entender. Lo que de VERDAD importa es lo que DICE Y ENSEÑA JESUS.

Ja, ja, gracias, gracias. Fíjese, no se me había ocurrido. Pero, bueno, créame, todos lo que queremos es profundizar en lo enseñó Jesús. Te aseguro que buscamos sólo la voluntad de Dios.

Otro, un treintañero, escribía también en facebook:

El Padre Fortea, seguramente por instigación del demonio, dice que el concubinato no es pecado.

Aunque semanalmente recibo muchas instigaciones del demonio, francamente no dije tal cosa. Estoy seguro.

Aunque este ardiente joven olvida que todos los autores tradicionales de antes del Vaticano II afirman que la ignorancia invencible en los segundos principios morales cabe durante largo tiempo. El padre Royo Marín pone varios ejemplos. Sin ninguna duda, dos personas pueden estar de total buena fe conviviendo maritalmente sin que cometan ningún pecado. El pecado subjetivo requiere conciencia de estar cometiendo pecado.

Ya ves, querido Flanders, cuando vayas al más allá, te puedes encontrar con que hasta Homer Simpson te está esperando con un ramo de flores a la entrada. Algunos torquemadas tal vez se encuentren a la entrada con Lutero y Buda en la puerta de entrada. Y es que, como le dijo Morfeo a Neo en Matrix: El destino no está exento de cierta ironía.

Nota de un crítico: Más le valdría a Fortea citar más el Génesis que a Mátrix.

Los populismos













Para los amantes de las curiosidades, aquí está el vídeo del encuentro nazi en Nueva York en 1936. Llegaron a reunir a 22.000 personas en el Madison Square Garden:

Yo conocía escenas de este encuentro, pero nunca pude ver el encuentro entero, hasta esta noche. Resulta impresionante pensar que la Historia pudo haber tomado otro rumbo.

También sorprende las tonterías que se dijeron en ese encuentro por parte de los oradores. Pero no hay que olvidar que, en su momento, decenas de miles de personas las creyeron. ¿En que otros errores caeremos en el futuro?
Churchill ya lo dijo: Los fascistas del futuro serán llamados antifascistas.

Otra curiosidad es que el general Erich Ludendorff, que aparece junto a Hitler en una famosísima foto y le apoyó en su putsch de 1923, después se dio cuenta de quién era y escribió a Hindenburg cuando le nombró canciller a Hitler, diciéndole:


"Le prevengo solemnemente que ese fanático llevará a nuestra Patria a la perdición y sumirá al país en la más espantosa de las miserias. Las futuras generaciones le maldecirán en su tumba por lo que usted ha hecho".

sábado, octubre 21, 2017

Teologia, libros, los libros que reflejan la realidad del mundo espiritual











Cuando iba yo hoy al hospital por la mañana y cuando volvía después, iba pensando en una cosa, todo el tiempo en un solo tema: en el infierno. Ya os dije hace tiempo que estoy dándole vueltas a un futuro libro mío para dentro de un año o dos. Un libro que sea la síntesis de la reflexión de mi vida acerca de la condenación eterna.

Mi pensamiento sobre este campo aparece desperdigado en varios de mis libros. Finalmente, toda mi evolución la reuní y recapitulé en mi libro Las corrientes que riegan los cielos. Un libro feliz del que me siento satisfecho. Pero ahora llega el momento, o así lo siento, de ir más allá de esa obra. Siento el impulso de realizar una síntesis final.

Os puedo asegurar que, según entendamos el infierno, así enfocamos la moral. No digo que cambie el objeto de la teología moral, pero sí el enfoque. La concepción de cómo tiene que ser el infierno la he ido cambiando a través de mi vida. Ha sido un camino que realicé a solas: entre los que no creían en su existencia y los que se limitaban a repetir lo ya dicho.

La concepción que tengo ahora del infierno es muy distinta de la que tuve en el seminario. Es un viaje que he realizado sin compañía. El infierno tiene que ser de una determinada manera en sus líneas generales, porque existe en el ser de un Dios infinitamente bueno. El infierno tiene que discurrir en un determinado cauce. Jamás nos excederemos en confiar en la voluntad de Dios de hacer lo menos dura posible la existencia de los condenados.

La comprensión lo más perfecta posible del estado de alejamiento definitivo de Dios permea nuestro entendimiento de la gravedad o no de los pecados sexuales, del concepto de ortodoxia, del modo en que afrontamos la dicotomía conservadurismo-progresismo o fidelidad-compasión, por sólo poner algunos ejemplos; aunque estos no en vano.

No es lo mismo defender la ortodoxia pensando que la más mínima transgresión nos arriesga a las llamas eternas, que profundizar en la ortodoxia bajo la luz de un Dios paternal y nada inquisitorial. Un enfoque es el de las iglesias orientales ortodoxas. Otro enfoque es el de la Iglesia Anglicana; no pensemos de un modo simplista que la Iglesia Anglicana no busca y ama la ortodoxia de la fe, la ortodoxia en la teología. Pero, aunque ambas iglesias buscan la verdad, evidentemente, lo hacen desde enfoques distintos.


Una Trinidad que aborrece lo inquisitorial nos lleva a buscar la verdad de la Teología de un modo exquisito, pero sin tensión. En algunos defensores de la verdad, hay tensión, una mala tensión. Dios no es inquisitorial. Dios no es como piensan muchos de sus “defensores”.