Los
retratos... cuánto me gustan. Este de hoy es sublime. ♣ No lo suelo hacer, pero hoy he leído todos vuestros
comentarios. Agradezco tantas cosas afectuosas que habéis dicho. El que me ha
provocado una estruendosa risotada, literalmente, ha sido Leonardo, cuando ha
escrito: El que mucho se despide... pocas ganas tiene de partir.
Sí, es cierto, es cierto, la de veces que me he despedido. Me encanta el género biográfico de la despedida. Tiene un algo... que me embelesa. Por eso me gustó tanto El general en su laberinto o la parte final de Memorias de Adriano.
No, no me interesan tanto las biografías cuando cantan las loas del héroe en su juventud, del emprendedor en su madurez. Los jóvenes me parecen tan inaguantablemente engreídos. Los hombres maduros que han triunfado me parecen tan insufribles en su ceguera.
La parte que más me gusta es la del hombre anciano que se despide. Esa
parte me parece de un sabor sublime, de una sinceridad insuperable. Insuperable
a condición de que se escriba ya en la recta final.
No creo estar en la recta final,
pero sí que me siento, en cierto modo, como al final de la madurez. Siempre he
fijado el final de la madurez en los sesenta años: a los 20 el final del “comienzo
de la vida”, a los 40 el final absoluto de la juventud, a los 60 el final de la
madurez.
♣ Me han parecido entrañables las
palabras de Osiel. Pero no, te lo digo con total sinceridad, no te castigues a
ti mismo con tanto ensayo. La parte con la que mejor te lo pasarás es con las
novelas. Avanza por ellas mientras te sea grata su lectura. Con el corazón en
la mano te digo que mi trabajo buscó lectores, pero no la inmolación de
ninguno. Para mí leer mi propia obra entera sería una carga difícil de
soportar.
Me ha sorprendido que Bakhita haya
leído Libro cuadrado y le haya gustado. No creía que fuera un género que
la complaciese. También me ha sorprendido que Jorge haya leído La decadencia
de las columnas jónicas. Siempre pienso que es un libro con menos lectores
que los dedos de mis dos manos. Por lo menos que lo hayan acabado.
♣ Quiero aclarar que estoy sano. No tengo ninguna enfermedad que me haga pensar en una muerte temprana. De hecho, no tengo ninguna enfermedad. Pero desde que tenía quince años me encantaba la imagen de un anciano senador retirado en su villa que vive serenamente, de forma sencilla, con un huerto, sus últimos años.
Mi huerto es este blog. Mi villa
es mi piso. También yo participé en batallas. También yo hablé en el foro.
Ahora me deleito en saborear la vejez. Una etapa que deseo aceptar con cada una
de sus penalidades y alegrías. Lo creáis o no, sois una alegría para mí.
Este es el único escrito donde tengo
un diario contacto con mis lectores. Aunque "lectores" me parece
haceros de menos... compañeros.