sábado, febrero 27, 2010

La misa tradicional

Sabeís que hice el propósito de asistir en Roma a misa en todos los distintos ritos que existen en la Iglesia Católica. Ya he asistido a varios, y hoy me he dicho: ¿Por qué no voy a una misa tridentina?

Así que he asistido a una misa de la Sociedad Sacerdotal de San Pedro, que están en comunión con Roma.

Me han dado un bonito roquete para ponerme sobre la sotana y una birreta para la cabeza, puesto que en el coro estábamos tres sacerdotes. La iglesia era preciosa, antigua. La misa tenía toda la solemnidad de un gran pontifical. Celebrante con dos diáconos y un sinfín de acólitos. Coro, incienso, de todo.

Pero a pesar de lo bien que han dicho la misa, a pesar de lo amables que han sido conmigo, a pesar de que estéticamente todo estaba muy bien, todo el rato no podía evitar el pensar una y otra vez que mi corazón pertenece a la misa del Vaticano II.

Si me preguntáis qué defecto he visto a la misa a la que he asistido, mi respuesta es: ninguno.
Si me preguntáis qué virtudes y aspectos positivos he visto: os diré que muchos. Sin embargo, ésta es la primera misa a la que asisto en este rito y, pienso, que será la última. Los ritos tienen un aspecto sentimental, que hacen que uno esté unido a ellos. Y para alguien que como yo ha crecido en el rito y el espíritu del Vaticano II, resulta imposible volver atrás.

viernes, febrero 26, 2010

Que guardo en mi habitacion?

Los atuendos clericales duran, si no una eternidad, sí muchísimos años. Una sotana durar mucho. Llevándola todos los días, desde que uno se levanta hasta que se acuesta, dura más de un lustro. Al final, bien es cierto, acaba desgastada por todos sus bordes y su color ya no es negro del todo.

A efectos de saciar vuestra curiosidad, os diré que con los años he acumulado un pequeño vestuario de ropa clerical que se compone de los siguientes elementos.

-sotana negra de diario
-sotana negra para grandes ocasiones
-sotana blanca para países tropicales
-guantes negros
-mantello (la capa negra para el traje talar, es muy pesada y recia)
-muceta (la uso sobre la sotana en la habitación si tengo frío, sobre todo por las mañanas cuando estudio y han desconectado la calefacción, además tiene una capucha de lana recia que me abriga mucho la cabeza).
-zapatos negros (como ando mucho es lo que suelo usar por Roma)
-pantunflas negras para estar en la habitación.

Y eso es todo.

jueves, febrero 25, 2010

Las ordenes menores

A efectos de saciar vuestra curiosidad (aunque sé que es insaciable), os digo cuáles eran las antiguas órdenes menores, que recibía todo sacerdote ordenado hace cuarenta años.

La tonsura no es orden menor, sino una ceremonia por la que el seglar se hace clérigo y se prepera para las Ordenes.

El ostiario tiene facultad de admitir en el templo al que es digno de estar allí, y de expulsar a los indignos.

El lector puede; leer públicamente los libros sagrados y enseñar la Doctrina Cristiana a los fieles.

El exorcista ha recibido una bendición en orden a arrojar los demonios, mediante los exorcismos.

El acólito preparar lo necesario para la Misa y ayuda al celebrante.

El sub diácono canta la Epístola en la Misa, solemne.

El diácono viste al Sacerdote en la Misa solemne, y canta el Evangelio. También está facultado para predicar, bautizar y dar la Comunión.

El Sacerdote puede perdonar los pecados, celebrar la Santa Misa y administrar los demás Sacramentos, excepto el del Orden y de la Confirmación, que están reservados a los Obispos.

El Obispo tiene la plenitud del Sacerdocio, y puede conferir todos los Sacramentos

miércoles, febrero 24, 2010

Comprando un reloj III

Como decía ayer, me compré dos relojes. Junto al grande, me compré otro pequeño por 7 euros. ¿No será difícil de manejar?, se me ocurrió preguntarle al joven chino, bastante antipático, que me atendió.

No, no, me respondió. Dentro de la caja están las instrucciones.

Pues bien. En la otra caja, estaban las instrucciones de otro reloj. Y en la caja del reloj pequeño había unas instrucciones incomprensibles. Entre dos hemos tratado de descifrar la falta de claridad de un texto que, en teoría, debía darnos luz. Pero nada. Al final, lo hemos dejado por imposible.

Eso sí, en el collegio no necesito despertador. Las quince campanas de la basílica me despiertan cada amanecer a las 7:30. Es bonito despertarse al son de un carillón de campanas. Sí, no me quejo. Nunca me había despertado con campanas, y ahora ya las echo en falta si no las tengo.

martes, febrero 23, 2010

Comprando un reloj II

Los que me conocen, saben que nunca tengo muy claro a qué día del mes estamos. No sé porqué, pero es un dato que siempre se me va de la mente, aunque lo mire varias veces al día. No es infrecuente que tenga confusiones, incluso, con el día de la semana.

Hasta os diré otra cosa, aunque voy a quedar a la altura del betún, por alguna extraña razón de mi mente, siempre, desde pequeño, siempre me he confundido dando buenos días, incluso por la tarde. Misterios de la mente humana. Mi memoria es desastrosa y, sin embargo, siempre he hablado sin papeles delante. Si tengo que mencionar varias cosas en una conferencia, no preciso de ningún papel o esquema. Mi mente seguirá punto por punto la charla, aunque en ella haya un centenar de puntos diversos. Incluso cuando me hacen preguntas en las conferencias, nunca tomo notas. Recuerdo lo que ha dicho el que me pregunta de forma casi siempre exacta y aun literal. Sólo me olvido de alguna pregunta, cuando el que las hace aprovecha su turno para hacer tres o cuatro a la vez.

La mente es un mecanismo sorprendente. Nunca me falla en mi trabajo, aunque se trata de cosas complicadas y en gran número, y siempre me falla en las cosas intrascendentes de la vida.

De como dejé a Masiá sin respuesta

Como sabeis estoy ahora de viaje. Concretamente hoy estoy en Bogotá (Colombia). Alguien habrá podido sorprenderse de que de pronto aparezca un post sobre un compañero que me pide que le acompañe al Vaticano u otro en que aparezco comprando un reloj, cuando ese reloj lo compré cerca de Santa María Mayor en Roma.

Esto tiene una explicacion. En realidad, todas las cosas del mundo tienen una explicación.

La razón de esto no es el caracter psicodélico y algo alucinatorio de este blog, aunque también, sino que antes de marcharme de Roma, como no sabía si iba a disponer de Internet todos los dias, deje varios posts ya escritos por si un día no podía conectarme.

Y así he dejado a Masía compuesto y sin repuesta. Así también ha aparecido Roma sin venir a cuento.

Bueno, mañana probablemente volverá a aparecer el dichoso tema del reloj. Cuando pueda escribiré estos días.

Así que, como veis, Masiá podrá campar por sus respetos. Qué distinto hubiera sido si él no me hubiera pillado atado por compromisos, viajes y trabajos. Con las ganas que tengo. Pero no puedo. Tendré que oir y resistir. Ya llegará el momento. Es duro. Lo sé. Pero no tengo alternativa. Incluso Masiá perderá el incentivo. Por que él lo sabe, dar estocadas al aire es más aburrido. Aunque se hace ejercicio. Conmigo Masiá ha descubierto el placer de hacer ejercicio y divertirse al mismo tiempo. Y yo también. He encontrado mi Yang, o mi Ying. Por favor, no escribas, no ataques, sé más ortodoxo, espera, contente, hazlo por el equilibro cósmico.

lunes, febrero 22, 2010

Comprando un reloj

Hoy he comprado dos relojes digitales. Uno grande para la habitación, otro pequeño para mis viajes. El reloj grande es porque me gusta ver claramente la hora, sin tener que entornar los ojos, sin tener que adaptar mis pupilas a pequeños dígitos.

Me gusta ver pasar el tiempo. Es un placer. Me gustan los relojes digitales porque me gusta saber la hora exacta. Con las manecillas de los analógicos siempre pierdo tiempo, mi cerebro precisa de un par de segundos para interpretar posiciones, para ver si está más cerca de una marca de minuto o de otra. Este reloj encima me dice que ahora estamos a 18 grados. Y es el primero que me dice en números grandes a qué día del mes estamos.

Los que me conocen, saben que nunca tengo muy claro a qué día del mes estamos. No sé porqué, pero es un dato que siempre se me va de la mente, aunque lo mire varias veces al día. No es infrecuente que tenga confusiones, incluso, con el día de la semana.

domingo, febrero 21, 2010

Me acompañas? Hoy no puedo.

Hay un polaco con el que vivo que lleva varios días pidiéndome que le acompañe a rezar a la Cripta de los Papas, para rezar un rato delante del sepulcro de Juan Pablo II. Siempre hay gente rezando delante de esa lápida. Delante de las otras, no. Pero delante de la de Juan Pablo, siempre hay gente arrodillada. En invierno, a una hora normal, nunca hay menos de diez personas rezando.

Hay un australiano que siempre habla y se mueve como Rex Harrison. Esto los anglosajones lo llevan en la sangre: ceremonia, clase, prudencia, ni una palabra más alta que la otra.

Los italianos son todo vivacidad, movimiento, picardía, chistes y gesticulación con las manos. He catalogado unos treinta gestos esenciales con las manos en una conversación normal.

El coreano escucha. Te mira con los ojos abiertos mientras el flequillo lacio le cae hasta las cejas. Nunca hace comentarios personales. Responde a las preguntas y, como un gato, siempre pasará sin hacer ruido.

Los africanos son variados.

sábado, febrero 20, 2010

Conversaciones de sacristia

Pues mire usted, normalmente estoy feliz porque no deseo nada como un budista, adoro a Dios con el celo de un buen musulmán, honro a Dios como un judío ortodoxo, y vivo el cristianismo en una mezcla heterogénea y algo caprichosa de sus muchas modalidades, eso sí, dentro de una sola fe.

Lo único que no le perdonaré es que en su iglesia ponga flores de plástico y velas eléctricas.

-¿Y usted siempre lleva sotana?, preguntó la sacristana.
-Pues sí.

-Vaya. Ya veo.
-España y yo somos así.

El jesuitismo japones y los judios


Debo reconocer que debo al jesuitismo japones el redescubrimiento de que nuestra fe es la fe de los judíos.

Es decir, de que podría abrazar a un judío como a alguien de la familia y decirle gozoso: creo en lo mismo que tu.

Creo en lo mismo que tu, mas el mensaje de Jesucristo. Es cierto, que esta afirmación requeriría varias matizaciones, varias explicaciones, pero en si misma es cierta con esa añadidura.

Añadidura que incluye a San Pablo, a San Juan y a otros. Añadidura esta que incluye a su vez a la Iglesia con su magisterio. De forma que podría escuchar con aprovechamiento y devoción un sermón de un rabino. Ellos son como de la familia.

Y si vamos mas adelante en la Historia, mi fe es la misma que la de San Ignacio de Antiochia o la de San Ignacio de Constantinopla o la de San Ignacio de Loyola.
Desafortunadamente, y con gran dolor de corazón, debo reconocer que algunas posturas teologicas modernas suponen una disolución del concepto de verdad, una ruptura con la Tradicion y, en definitiva, la conclusión de que el mensaje de Cristo fue única y exclusivamente que Dios es amor.

Quiero ser lo mas comprensivo que pueda con el que no piensa como yo, de verdad que apuesto por el buen rollito, pero al final, con dolor, debo decir con claridad que la Iglesia no es una asociación de vecinos, no es un club, no es una corriente espiritual.

viernes, febrero 19, 2010

A mi es que cuando me tocan el diablo


(Hace poco estaba en una parroquia de Brooklin, despues en otra de Yonkers (Nueva York), despues vino Florida. Pronto espero tener tiempo para contaros mi viaje. Hoy unas lineas sueltas desde las verdes tierras de Venezuela, encajonada entre grandes montañas selvaticas.)

Una cosa interesante de la Fe es que tanto Fulano, como Mengano, como Zutano, creen lo mismo si tienen el mismo credo catolico.

Es decir, yo creo lo mismo que creian los martires que murieron en el Circo Romano devorados por los leones (y los leones no eran de pelicula, los devoraban de verdad), creo lo mismo que los primeros martires japoneses, lo mismo que los pobres misioneros que murieron de fiebres amarillas tratando de predicar a los congoleños, lo mismo que el joven del Bronx que hace una hora santa cada jueves (hace menos de una semana que he venido del Bronx).

Creen lo mismo el Papa y el monaguillo, el cocinero y el presidente del banco, el chino que el esquimal catolico.

Uno sabra mas de su fe y otro menos, pero todos creen lo mismo. No solo eso, si dejamos aparte el Nuevo Testamento, creo lo mismo que Abraham, que Ezequiel, que Deborah, que los gloriosos Macabeos que lucharon con la espada por su fe.

Sin embargo, en todas las epocas, en todas las generaciones, hay personas a las que tras escuchar su fe debo reconocer: no creemos lo mismo.

Esa religión que tu llamas infantilizada, supersticiosa e inmadura es por la que derramaron su sangre los martires antes que negar el mas pequeño articulo de ella.

Credo in unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam. Siempre que recito esas palabras en la misa no me viene un sentimiento de pena por la Iglesia que veo, sino de orgullo. De un gran orgullo por sentirme inserto en esa corriente de vida que llega hasta la eternidad.

miércoles, febrero 17, 2010

A mi Buda me dijo que no creyeramos en la fe adulta


Una de los espectaculares descubrimientos de los teologos holandeses de los agnos 70, fue que existia una fe adulta y madura, frente a los pobrecillos que habian creido quien sabe que durante siglos.

Otro descubrimiento de esos agnos bienaventurados es que se puede creer en lo que uno quiera, con tal de que creas que Dios es amor.

Los dogmas eran los mismos dogmas de toda la vida, aunque dotados de un nuevo contenido.

Otra punto sorprendente era que efectivamente Jesus se habia encarnado, nadie lo negaba. Pero el camionero del butano que daba mala vida a su mujer, tambien era un encarnacion de Jesus de Nazaret. Aunque desde otro punto de vista, ese camionero tambien era una manifestacion panteista del cosmos-eterno-divino.

Aunque uno quiera defender las tesis mas modernas y renovadoras de esos agnos, aunque uno sea un fan de esa generacion, debe reconocer que el concepto de Verdad corrio el mismo malhadado camino que el concepto de Fe.

Fue una epoca esa que diluyo los fundamentos logicos en los que se basaba la construccion intelectual eclesiastica bimilenaria.

En una conferencia la Madre Teresa de Calcuta explico que un dia vino un sacerdote a dar una charla teologica a uno de sus conventos. El sacerdote predico una teologia moderna que ponia en cuestion muchos puntos tradicionales de la ensegnanza de la Iglesia. La madre escucho en silencio al sacerdote. Cuando acabo le acompagno en silencio hasta la puerta. Al despedirse le dijo: muchas gracias padre, no hace falta que vuelva. Despues la Madre regreso a la capilla y dio un charla suplementaria dejando clara la postura de la Iglesia en todos y cada uno de los puntos que el ministro de Dios habia puesto en cuestion. Punto final.

Ay, Masia, Masia.


(Post escrito con ocasión de un jesuita que afirma que no existe el demonio.)

Ay, Masia, Masia. Pero que travieso eres.

Perdona que te escriba sin signos de ortografia, pero es que estoy en Estados Unidos dando unas conferencias. Disculpa también que hasta hoy no haya tenido tiempo de sentarme en el ordenador a garabatear unas pobres líneas. Literalmente no he tenido tiempo.

Decias en tu escrito que los que creíamos en el exorcismo era o por ingenuidad supersticiosa, o por la busqueda de engañar, o por deseo de timar.

Yo, si esas son las opciones, me incluyo voluntariamente en la sección de ingenuidad supersticiosa.

Que conste que cuando he leído tu articulo, me ha gustado. Quiza nadie lo ha disfrutado mas que yo. Y me ha gustado tanto, porque me encantan este tipo de temas setenteros hace tiempo ya extintos de los pasillos y aulas donde si que se cuece la teología del futuro.

Este asunto, como tantos otros tan caros a tu generación, ya están superados. Por supuesto no en provincias y similares, pero en los otros lugares lo que ahora se discute no es si existe el demonio o si el hermano Pablo (Pablo VI de feliz memoria) debe demoler el Vaticano en un supremo acto de solidaridad proletaria. Eso ya paso. Esas golondrinas ya no volverán. Estamos en el siglo XXI, y ahora lo que se discute son las excelencias del Vetus Ordo, o si los cardenales deben llevar cola o no.

Si, tu y los tuyos nos disteis religión y catequesis a base de Juan Salvador Gaviota y El Principito, y en esa época era lo mas IN. Pero los jóvenes de hoy que van a misa, escuchan gregoriano, leen el Dentzinger en Internet y son mas papistas que Roberto Belarmino. Por eso el tema que has sacado suena encantadoramente pre-Matrix. Nos retrotrae a la ingenuidad de la época ante-BladeRunner. Y eso es entragnable.

Claro que ten cuidado, hoy atacas al demonio, pero es que magnana te puede dar por atacar a las indulgencias, y pasado magnana puede darte contra la Bula de Santa Cruzada.

Estimado Masia, no veas en mi a un fanatico, ni a un inquisidor. Yo en ti veo a un hermano, un hermano que piensa diferente de mi. Pero que conste que te quiero. Lo que pasa es que no voy a sacar la espada teologica para dilucidar un tema completamente demodé. Oye, si voy a Japon me invitaras a un poco sushi? Me gusta mucho el sushi. Y ya sabes que el sushi de aquí se parece al de Japon, como tu teología a la de Roma. Y es que eso si que no te lo voy a discutir, la ortodoxia del sushi esta en el país de sol naciente.

Me despido de ti deseándote lo mejor en espera de que algún dia demos un paseo amigable charlando de las cosas de debajo de la tierra y de las que hay sobre la tierra.

lunes, febrero 15, 2010

Caras y caras

Respecto a las caras, todos dicen lo que impresionaba el rostro de la Madre Teresa de Calcuta o el de Juan Pablo II. En foto siempre me ha llamado mucho la atención el venerable rostro del hermano Roger de Taizé.

El rostro del Dalai Lama siempre me ha parecido que manifestaba que era una buena persona, buena y sencilla.

El de George Bush nunca me ha parecido el rostro de un asesino, ni el de una persona cruel, ni siquiera el de una persona buena. Siempre su rostro me parecía el de alguien que era bueno, pero inconsciente de sus acciones, como un niño. No, no era un monstruo, a pesar de la abominable repercusión de algunas de sus acciones.

Sadam Husein tenía un rostro opaco, pétreo, sin vida, pletórico de crueldad. Como el del Ayatoláh Jomeini.

domingo, febrero 14, 2010

Las caras

Sigue de ayer

La mirada de aquel buen sacerdote ha sido una de las cosas más impresionantes que he visto en las últimas semanas. Toda su vida parecía reflejada en aquellos ojos llenos de una sencillez amorosa como no había visto quizá nunca.

Creo que nunca me he impresionado tanto viendo un rostro como entonces. Le miraba y me daban ganas de besarle la mano como señal de reverencia.

En esos ojos limpios y bondadosos se reflejaba toda una vida de servicio a Jesús. Eran dos lagunas de amor.

Amor y humildad eso era las virtudes que se veían en su rostro. Frente a ellos, me acuerdo ahora de las condecoraciones y de lo que pienso sobre ellas, es decir, que no sirven para nada, que son un trozo de tela con un trozo de hojalata pintada colgando. Mientras que este hombre no necesitaba ninguna condecoración. Su rostro era la mayor condecoración, el mayor honor. Nadie podía quitarle esa condecoración, nadie podía retirarle ese honor, la luz que emanaba se la había impuesto una vida y nadie tenía la potestad de retirar una luz.

sábado, febrero 13, 2010

Mas cosas II

sigue del post anterior)

Es sorprendente el poder que tiene a veces una mala palabra, un gesto airado, una mirada torva, para amargarnos, para desconcentrarnos, para tornar una y otra vez a nuestra imaginación.

El poder de la palabra. El poder de una mirada. De unos ojos que te miran y te dicen tantas cosas tan intensas.

Pero no es la palabra en sí misma, sino la palabra como portadora de una manifestación del interior de otra persona. La palabra como ventana a través de la cual nos asomamos a los sentimientos que esa persona tiene hacia nosotros.

¿Por qué otras personas albergan en su interior sentimientos tan acerados hacia nosotros?

Recuerdo hace una semana que concelebré en otra iglesia, y el rostro y especialmente la mirada del anciano religioso manifestaban un amor, una humildad, verdaderamente increíbles. No le conocía de nada y, sin embargo, esto era tan intenso que me causó verdadero asombro.

jueves, febrero 11, 2010

Ideas contra la caridad

Siguiendo con el post anterior


Le he tratado de explicar qué era lo que le preguntaba al otro sacerdote. Pero sin esperar más explicaciones me dice: siéntese y estese tranquilo.

Yo estaba totalmente tranquilo, sólo estaba haciendo una pregunta a uno de los sacerdotes indios que habían venido. Pero ya se veía que el cura encargado de esa iglesia era el que estaba nervioso.

Muchas veces trasladamos nuestro nerviosismo a los demás. O mejor dicho, vemos en los demás lo que sólo está en nosotros.

Pero lo malo no ha sido eso. Lo malo es que ya durante un buen rato y a pesar de haber empezado la misa, este desgraciado asunto ha eclipsado en mi interior cualquier otra cosa. Cada vez que trataba de concentrarme en la misa siro-malankar, me venía a la memoria la cara del religioso. Yo volvía a tratar de pensar en el rito indio que tenía delante y, de nuevo, me venía el rostro del religioso.

miércoles, febrero 10, 2010

Mas cosas intrascendentes

Siguiendo con el post anterior

Lo cierto es que después, ya en la iglesia, le he preguntado a uno de los indios que venían con el oficiante, un indio vestido de sacerdote, si en esa misa había muchos ritos sobre el altar que conviniera ver desde un lado del altar y no desde atrás.

La pregunta provenía de una cierta experiencia en ver este tipo de ritos orientales. Pues la misa al decirse de espaldas al pueblo provoca que el oficiante (y más si tiene a dos acólitos a cada lado) forme una verdadera muralla visual que impide ver qué ritos hace sobre el altar, es decir, sobre la patena y sobre el cáliz. Y algunos de estos ritos son muy curiosos.

Cuando le estaba haciendo esta pregunta al sacerdote indio, pensaba que me iba a decir: sí, póngase en el coro y véalo desde allí todo, estará más cerca. Pero he aquí que viene un religioso italiano al cargo de la iglesia y me pregunta que qué quiero. Ya la pregunta no era muy amable, pues no hablaba con él.

Le he tratado de explicar qué era lo que le preguntaba al otro sacerdote. Pero sin esperar más explicaciones me dice: siéntese y estese tranquilo.

(seguirá mañana)

martes, febrero 09, 2010

Hay otros ritos, pero todos estan en este mundo

Hoy he asistido a misa en el rito siro-malankarese. Lo más reseñable es que al llegar, he entrado a la sacristía para preguntar al oficiante si en esta misa se podía concelebrar y en caso de que no, dónde nos situábamos los sacerdotes que atendiéramos a la misa.

Nada más presentar mi petición, una monja me ha dicho que no. Que nada de concelebración. Era una monja italiana con cierto carácter. Una de esas monjas que tratan a todos como a colegiales uniformados. Hay monjas con mucha energía, en esto las navarras se distinguen.

La verdad es que después de pensarlo un poco, he decidido no insistir en el tema, pensando que la misa sería en alguna lengua india. Lejos estaba de saber que sería en italiano.

lunes, febrero 08, 2010

Recuerdos


Recuerdo de mi infancia una visita a una granja de gallinas, fuimos a buscar huevos. Me llamaban poderosamente la atención los envases de cartón para poner los huevos. Envases cuadrados para veinticinco dada uno. Los envases iban uno encima del otro.

Recuerdo muy vivamente la niebla silenciosa que llenaba las calles por la noche. Niebla fría, densa, que sumía todo en un silencio total.

No recuerdo nada bien la primera iglesia a la que entré. La primera que viene a mi mente era la de los escolapios. Nunca me entusiasmó. Incluso de niño, me parecía muy llena de muchas cosas sin que ninguna atrapara mi atención.

Tengo grabada en los recuerdos de mi infancia el comienzo de varias películas de Sabado Cine. Aquellas películas épicas. La risa infantil ante El Guateque. El comienzo de una película del Oeste, en blanco y negro, con sus carretas, con su música que sugería una gran historia. Los tremendos diálogos de El león en invierno, lloré con esa película. El momento de la excomunión en Becket.

domingo, febrero 07, 2010

Barbastro: alguno pensara III


A la gente se le daba alguna pastilla, algún jarabe, y se le visitaba al día siguiente. En los años 70, un traslado al hospital era algo que nunca conocí ni en mi familia, ni en los vecinos, ni en los conocidos. A la gente se la dejaba en la cama a ver cómo evolucionaba la cosa. Y efectivamente, la inmensa mayoría se levantaba restablecida dos días después o una semana después. Si la cosa no se arreglaba de ninguna manera, es cuando se podía pensar en ir al hospital.

Me acuerdo del Agua del Carmen. Lo que yo ya no llegué a probar fue el aceite de hígado de bacalao. Cuando dolía una muela, te ponían anís en un algodón sobre la caries. Por supuesto, el celofán rojo en la lámpara cuando el sarampión. No había que rascarse con la varicela. Había muchas lombrices, muchas. Si te picaba una abeja, se ponía barro encima.

Mi madre se asustaba cada vez que abría un paraguas dentro de casa, una vieja superstición muy extendida por Huesca. Y que miedo tenía la gente a los rayos, incluso dentro de casa. Claro que eran truenos de los que hacían retumbar la casa. No son lo mismo las tormentas en Madrid, que en el Pirineo. En casa de familiares sí que han caído rayos, y no eran ninguna tontería. Los pararrayos quitaron mucho encanto a las tormentas.

sábado, febrero 06, 2010

Barbastro: alguno pensara II


Una cosa que difícilmente comprenderá un joven de dieciocho años de nuestra época Mátrix, es lo sencilla que era la vida hace treinta años.

Un hombre cargado de aparatos, conectado a ellos todas las horas del día, difícilmente podrá ya nunca comprender el ritmo que tenía la vida en una pequeña localidad de un lugar lejano a todas partes.

Es difícil entender ahora lo que era el placer de la incomunicación. Salir de casa, era estar fuera en el sentido más absoluto. Nadie sentía en esa situación la menor turbación. El hospital más cercano a Barbastro se hallaba a casi una hora de coche en aquella época. Tampoco te hubiera ido a buscar una ambulancia a tu casa. Los vecinos te hubieran llevado a la cama, se hubiera ido a la consulta del médico más cercano, te hubiera venido a ver con su maletín, pero era rarísimo que te hubiera enviado al hospital de Huesca.

viernes, febrero 05, 2010

Barbastro: alguno pensara

En la foto salgo con uno de mis antepasados, uno que fue un poco bruto.


Alguno pensará que he idealizado mucho al Barbastro de los años 70. Es posible. Pero en los pocos años que he vivido, he comprobado que la calidad de una sociedad nada tiene que ver con los móviles de última generación que tenga, ni con la última Xbox, ni con la última versión de Windows.

Sólo ahora, a la mitad de mi vida, he comprendido la calidad de aquella pequeña burbuja provinciana que fue mi nido, mi casa, mi burbuja, mi microcosmos. Viví en una sociedad que, en muchos aspectos, rozaba lo ideal.

Además se venía de un pasado terrible. Algo mucho más terrible que una guerra civil. Se venía de un baño de sangre de una crueldad increíble, se venía del caos, del infierno, del más completo desorden social. Se venía de una época en la que todo el edificio de seguridades se había derrumbado.

Y por otra parte, en los 70 se veía el futuro como algo más sombrío que el presente. No era de extrañar: la televisión bombardeaba la idea, una y otra vez, de la explosión demográfica. Las personas se reproducirían como conejos y lucharíamos a muerte hasta por la última zanahoria.

El resultado es que se veía esa época como una época buena entre un pasado espantoso y un futuro incierto. Yo me acuerdo de infinidad de conversaciones sobre ese tema entre los mayores.

jueves, febrero 04, 2010

Recuerdos barbastrenses

Barbastro en mi infancia, visto con los ojos de niño, era un lugar lleno de vida. Sus calles eran una prolongación del hogar. Nada había amenazador. Una ciudad de un tamaño humano. Unos cuantos millares de vecinos que constituían una unidad.

En esa época nadie vivía solo. Era algo impensable. Todo el mundo vivía en familias, o con una familia. Las casas del centro de la ciudad eran inmensas. Incluso las casas pobres. El concepto de piso se inventó después. Las casas del centro eran muy oscuras. Los muros eran muy recios, abundaban los pasillos inacabables, los trazados laberínticos. Había pocas ventanas y solían dar a un edificio de enfrente, situado a pocos metros.

La religión no era una fuerza opresiva, cómo se repite una y otra vez en las películas. Se trataba de lo más normal de la vida. Estaba allí.

Curiosamente, no se pagaban impuestos. Parece increíble, pero era así. El ayuntamiento sólo cobraba un poco por llevarse la basura y por el agua. Nadie pedía servicios. Lo de pedir se nos ocurrió después. En esa época, lo único que se pedía a aquel estado de cosas era que continuara.

A nadie se le pasó por la cabeza que aquella sociedad homogénea, pacífica, tranquila y amable desaparecería treinta años después, que desaparecería completamente. El futuro sería la continuación del presente, eso sí, con más electrodomésticos. El futuro sería la continuación, pero con más aparatos. Qué lejos estaban de saber aquellos hombres de boina y garrota, aquellas mujeres con velo vestidas de negro hasta los tobillos, que todo ese mundo estaba a punto de desaparecer.

Me acuerdo que las ovejas pasaban por pleno centro de Barbastro al caer la tarde. El carré, el Argensola. Más allá del Argensola, todo eran campos.

miércoles, febrero 03, 2010

Los enemigos

He conocido la traición, la crítica, los malos sentimientos. Pero les he perdonado a todos. La razón, una de ellas, es observar lo maravilloso que es el mundo y lo pequeña que es esa persona que no nos quiere bien. El mundo que Dios ha creado es demasiado grande, demasiado hermoso, para fijarnos en que esa persona está amargada y expande alrededor de sí nubes oscuras de lluvia y tristeza.

Pero es cierto que hay personas que si pudieran hacerte daño, te lo harían, te lo intentan hacer.

No hay que dejar que eso penetre en ti. El mal, los malos sentimientos, tienen que rodearte, pero tienen que resbalar como el agua.

Cuando no deseas nada, cuando no deseas ser considerado, ni respetado, cuando lo único que deseas es ser feliz con Dios los años que te queden en este mundo, entonces esas personas las ves en su pequeñez.

martes, febrero 02, 2010

Muchas vidas

Algo en lo que no insisto mucho en mi blog es en mi estado continuo, constante y perenne de felicidad. No quiero parecer presuntuoso, pero mi vida parece una secuela a capítulos de los primeros tres minutos de Sonrisas y lagrimas (The sound of the music). Claro que el mundo no es perfecto, por ejemplo en el ordenador en el que tecleo este post no hay tildes.

Pero lo cierto es que tengo todo lo que necesito, no ambiciono nada, y sólo le pido al Señor que me mantenga en esta situación de paz interior. De paz interior que observa el mundo que le rodea, y le gusta. La paz que mira al mundo y disfruta del mundo.

Normalmente cuando uno cuenta sus tristezas, resulta creíble. La tristeza resulta humilde. La felicidad, como mínimo, es sospechosa. En un cura mucho peor. El cura debería estar llorando todo el día las tristezas y sufrimientos del mundo.

Yo era feliz en Barbastro, lo fui en Pamplona, lo fui en Alcalá, lo soy en Roma. Dejo aparte lugares menores por donde he pasado. No todos han sido buenos conmigo. Pero lo mejor que hice con ellos fue olvidarlos. Los comencé a olvidar incluso antes de despedirme de ellos. El mundo es maravilloso, lo amo. Se necesitarían muchas vidas para vivirlo. Sólo tenemos una, eso lo hace más interesante.

lunes, febrero 01, 2010

El bucco de Roma


El dominico del domingo, al despedirme en el portón del convento me dijo que tenía que ir a ver el bucco. ¿Qué es el bucco?

Bien, el caso es que fui y me puse a la cola. Era un agujerito en un portón de otro convento por donde se veía la cúpula del Vaticano enmarcada por los setos del jardín. Una visión preciosa.

Yo estaba en la cola tan tranquilo, cuando de pronto la coreanita que tenía delante se vuelve hacia atrás y me ve con mi sotana, todo de negro. Ohhhhh, exclamó con su boquita. Un Ohhhhh largo, suave y decreciente. Incluso tenía unas ciertas ondulaciones de tono en su comienzo. Unas ondulaciones sutiles, muy orientales. Era un Ohhhhh delicado que jamás lo hubiera dicho un español aunque hubiera ensayado cien o doscientos tipos de diferentes Oh.

Al oír esa exclamación, los veintinueve coreanos que la precededían se volvieron. Y los veintinueve exclamaron a coro un maravilloso uniforme Ohhhhh exactamente igual que el primero salido de la boca de la primera coreana.

Después de la exclamación sonrieron todos a una sin decir nada. Un minutos después, habían perdido el miedo (al ver que les sonreí) y me pidieron lo que era lógico y lo que hará que esté yo presente en treinta álbumnes de fotos en treinta casas coreanas.