sábado, diciembre 31, 2011

Canal Historia, Odisea y Discovery Channel o la Historia reducida a broma, a caricatura.



Esta pintura titulada La primera comunión me parece sublime. Parece ser que algunos prefieren poner en su salón una mamarrachada de Warhol.


Pero hablando de mamarrachadas, lo que me deja patidifuso son las cosas que escucho en canales como Canal Historia, Discovery Channel, Canal Odisea y similares. Por ejemplo, y es solo una muestra entre centenares, el otro día me puse a ver un reportaje (supuestamente) sobre ciencia en el Canal Odisea y en medio de todas las explicaciones la voz en off del narrador dice: que el Papa Juan XXII declaró herejía las leyes de la naturaleza. Así, palabra por palabra. El narrador se quedó tan ancho después de decir esto. Tras esas palabras antológicas, el reportaje (científico) se deleitó durante un largo rato en explicar que el techo se le había caído sobre la cabeza a ese pontífice y había muerto. La cámara se detuvo un largo rato en la mano agonizante del Papa entre los escombros. Me acuerdo de sus deditos falsamente temblorosos.


Me parece tristísimo que todos esos canales, día tras día, año tras año, vayan lanzando sus ataques contra la Iglesia con el disfraz de la ciencia. En esos canales he escuchado afirmaciones que eran aberrantes, carnavalescas. Estoy seguro de que si a los directivos de esos canales les proponen un reportaje sobre algo real a favor de la Iglesia, la respuesta será: nosotros no nos dedicamos a la religión. Pero para atacar a la Iglesia sí que hay espacio, siempre, en sus canales. No sólo espacio, sino toda una política buscada adrede.


Ahora mismo, mientras escribía este post escuchaba en el mismo canal un anuncio de un reportaje en el que salía Stephen Hawking en su silla mecánica y con voz metálica preguntaba: ¿es Dios quien mueve la tierra?


El mensaje implícito está claro: pobre gente creyente, hay que tener compasión de ellos. La culpa de todo esto la tiene Zapatero. Nunca debió permitir la emisión de estos canales científicos que tanto han mancillado la nobleza natural del pueblo hispano. Ya sabía yo que tanta ciencia a la postre sólo iba a redundar en beneficio de esos calvinistas del norte.


PD:Sí, ya sé que hoy empieza un nuevo año. Pero es que hoy, precisamente hoy, me apetecía hablar contra esos canales.

viernes, diciembre 30, 2011

Pío Moa, mi opinión sobre él

Quiero manifestar desde este blog mi gran admiracion por Pío Moa. Soy un rendido admirador de este historiador cuya precisión, amor por el detalle y aplomo es impresionante.


Su aplomo en debates y tertulias es algo nunca visto. Jamás lo he visto perder la serenidad. Su voz profunda y grave parece la voz de la Historia.


Hacer estos elogios de un ser vivo y no católico, ni siquiera creyente, siempre es peligroso. La próxima semana puede él hacer algo que me haga exclamar: vaya, hombre, en mala hora le he elogiado.


Pero no me importa, se lo merece. Pío Moa me parece el último hombre libre de España. El único que puede decir lo que piensa sin hacer cálculos, sin preguntarse una y otra vez ¿es esto políticamente correcto? Pío Moa es un gigante. Os aseguro que hay muy pocos hombres con sus cualidades.


En general no suelo hacer elogios tan entusiastas de ningún vivo. La experiencia me ha demostrado que, en este campo de los elogios, los muertos son más seguros. Y aun los difuntos, en ocasiones, les da por sorprendernos. Lo peor es alabar a alguien y que un mes después uno tenga que reconocer: sí, soy un memo. Por eso en los últimos post me dediqué a elogiar sólo a los ángeles. Normalmente, no suelen darnos sorpresas.


Pero los tiempos andan tan revueltos que si esto sigue así sólo voy a elogiar a las pirámides y los sarcófagos púnicos.

jueves, diciembre 29, 2011

Suiza, país de quesos con agujeros y de teólogos con más




Suiza es el paraiso de esa teología que podríamos llamar abierta. Esa teología moderna que quiere renovarlo todo pasando por encima de los dogmas, el Magisterio, los Santos Padres y, por supuesto, las Sagradas Escrituras. Pobre Escritura en manos de estos teólogos liberales.


El caso es que cuando oigo hablar de que habría que renovar a la Iglesia en esa dirección, se les olvida que en Suiza todo eso ya ha sido puesto en práctica. ¿Y cómo esta Suiza ahora?


La respuesta es ¿os acordáis cómo queda la playa del Desembarco de Normandía en Salvar al soldado Ryan? Pues la playa parecía un jardín de Versalles al lado de la Iglesia suiza.


Cualquiera de las parroquias de mi diócesis en España parecería Jerusalén en la época apostólica al lado de la mayoría de las parroquias suizas, donde para más INRI queda en su tamaño y en mil detalles de esas iglesias suizas el recuerdo de tiempos mil veces más felices hace apenas una generación. Las pocas parroquias que funcionan bien en suelo helvético, son las que tienen párrocos que precisamente maldicen de la teología contra el Magisterio, las que han retornado a las prácticas de piedad tradicionales.


Así que a los curas que nos proponen esa teología abierta, esa errada reforma de la Iglesia, yo les diría que consulten en e-dreams y vean cuan barato es un viaje a Suiza. Sí, quizá hemos errado en nuestra estrategia. Tratábamos de convencerlos con teología, y quizá se trataba tan solo de pagarles viajes a Suiza.


Ahora bien, si esos disidentes están pensando que les vamos a pagar entre todos un viaje a Suiza, están muy equivocados. Les vamos a dejar a sus anchas para que ellos solitos se vayan encaminando a lo más profundo del Averno. A ese círculo de la Divina Comedia donde se hallan confinados los políticos y los taxistas italianos.

miércoles, diciembre 28, 2011

Suiza



Con toda la narración angélica, no os conté que viajé a Suiza. Fue un viaje de tres días, más dos de ida y vuelta. Me hospedé con una maravillosa familia de andaluces. Ma-ra-vi-llo-sa. Verdaderos cristianos que han pasado de una tierra de sol y gracejo andaluz, a los grises cielos fríos de un país más al norte.


Encima mi anfitrión era arquitecto, una de mis pasiones: la arquitectura, no los arquitectos. Con lo cual me enseñó mil cosas de su trabajo. Sea dicho de paso, trabajaba para uno de los mejores despachos de arquitectos del mundo. Yo me dedico a la arquitectura espiritual.

No penséis que vivía en una mansión propia de un arquitecto que nada en la riqueza. Vivía en un pequeño piso propio de un joven arquitecto que empieza. Creo que le he visitado pronto. Debería haberle visitado veinte años después.


Me llevaron él y su encantadora mujer a ver Berna. Qué bonita es esa ciudad de aspecto idílico. Como es lógico en esos días comí más queso que en toda mi vida. Madre mía, cuántas clases y variedades todas ellas repletas de colesterol. Con lo bonito que hubiera sido que la Madre Naturaleza nos hubiera dicho: el queso francés cremoso de corteza blanca (ya sabéis, un camembert, un buen Crottin de Chavignol) es bueno para el colesterol, si queréis vivir muchos años tomad mucho queso. Pero desde este blog nos sometemos a los decretos del Universo con sincera sumisión.

martes, diciembre 27, 2011

Dulce Navidad, vivan las calorías




Algunos me preguntaban cómo era posible que los ángeles supieran que Jesucristo se iba a encarnar antes de que eso sucediera. Evidentemente, Dios está fuera del tiempo y Él lo sabía. ¿Fue ésta la prueba o fue otra?


La Biblia no nos dice nada. Pero una cosa es segura: tuvo que haber algún tipo de prueba. Y ésta es una posibilidad sumamente fascinante. La posibilidad de que algunos ángeles no aceptaran el abajamiento de Dios, su anonadamiento, su humildad. Qué cosa tan interesante, la humildad de Dios.


¿Cuál fue la prueba? En el Cielo lo sabremos. Pero la prueba fue algo difícil de aceptar por los ángeles. En mi ficción creo haber descrito ese proceso por el que los espíritus comenzaron a alejarse de Dios. No es fácil suponer como unos ángeles pudieron comenzar el camino hacia el odio a Dios. Pues, al final, se dio ese odio.


Otro punto que a algunos les pudo sorprender fue describir a Dios como una esfera. Describirlo como un mar infinito no plantea problemas. Pero la esfera reconozco que a algunos les puede ser más duro de aceptar. Pero no nos olvidemos que tanto el mar como la esfera son imágenes parciales. El mar, aunque digamos que es infinito, sigue siendo una imagen sumamente material. Al menos el concepto de esfera remitía a la perfección, a una especie de plenitud geométrica, a la exactitud de la Ley de la Lógica que rige una figura que en todas las culturas tiene una connotación de plenitud, de simplicidad.


La esfera es un símbolo geométrico de la Divinidad. El triángulo, en su magnífica simplicidad y equilibrio, remite a la idea de la Trinidad. En mi narración me permití que la geometría predicara.

lunes, diciembre 26, 2011

Feliz Navidad zaragozana




Los días en que os he ofrecido mi Historia Angélica os puedo asegurar que han sido todo un descubrimiento para mí. Jamás pensé que la un tema tan seco podía dar para tanto. Siempre creí que en una semana como máximo todo estaría acabado. Pero un mes después, todavía quedaba mucha tela por cortar.



Esta historia la ofreceré en Internet para todos los que quieran descargarse el PDF. Será mi particular homenaje a los ángeles.


Quiero añadir una pocas consideraciones sobre mis crónicas angélicas. Todo estaba muy pensado, es decir, no me ponía a inventar a tontas y a locas. Hubiera podido haber explicado el por qué de cada afirmación, de cada episodio.


Ciertamente que había descripciones materiales para dar algo de poesía al texto, evidentemente los ángeles no lloran. Pero el escrito era Santo Tomás de Aquino narrado, la metafísica hecha ficción, una especie de Libro de los Macabeos del mundo angélico. Frente a aquellos que hayan pensado que se trataba de pura imaginación, había una sólida teología fluyendo debajo.


Bueno, no me alargo porque este ordenador es un potro de tortura. Como os decía ayer, el marido de mi madre es un entusiasta de descargarse todo en su ordenador. Después me dice, a modo de excusa, que era un sitio seguro, o que parecía un sitio seguro, o al menos aquello de: quien iba a pensar. Ay, que santa paciencia hay que tener.






domingo, diciembre 25, 2011

¡Jo, jo, joo, Feliz Navidad!



Es Navidad. Estoy en España, con mi familia en Zaragoza. El pavo relleno con castañas en el horno, los calcetines rojos con grandes rayas cuelgan por todo el salón, los grandes troncos en la chimenea arden vigorosamente, los niños con sus sombreros de lana con bolita blanca colgando sobre los hombros cantan villancicos tras los cristales de nuestra ventana. Bueno, quizá no sea todo tan idílicamente navideño como acabo de decir.


Pero lo que sí que es cierto es que ayer estuve en la Misa de Gallo del Pilar y hoy en la de la Catedral de La Seo: canónigos, grandes pontificales, arzobispo, coros angélicales, órgano, gótico. Y esta vez no exagero. Durante la misa me imaginaba que el Niño recién nacido estaba sobre el altar con su Madre, y que todos los concelebrantes nos agrupábamos a su alrededor ofreciendo semejante ofrenda excelsa al Padre.


Como os habréis, quizá, percatado esto no es otro capítulo de la Historia Angélica. He decidido daros un descanso por Navidad. La crónica seguirá, pero he decidido hacer una interrupción porque queda todavía mucho. Y reconozco que he pedido mucho a mis lectores. Se trataba de una historia densa.

Mientras tanto, sabéis que tenéis la Historia Unificada en este link:
http://blogdelpadrefortea.blogspot.com/2011/11/historia-del-mundo-angelico-version.html

Bueno, por hoy no escribo más, porque lo hago desde el ordenador del marido de mi madre. Un ordenador infestado de virus, un ordenador lento, que se atasca continuamente. Al marido de mi madre le he explicado mil veces cómo evitar las infecciones de virus, pero cada vez que me voy de casa le da siempre a PERMITIR. No hay vez que una web le ofrezca la posibilidad de descargar algo que este hombre no sienta un impulso a presionar la opción de decir que sí. Ya lo doy como un caso perdido.




sábado, diciembre 24, 2011

Historia del Mundo Angélico. 34ª Parte



Dios dijo las últimas palabras, las últimas fueron para Satanás: Hijo mío, vuelve a mí. Te lo repito. Ésta es la última oportunidad. Tu pecado no es mayor que mi misericordia.Fui grande al crear el Cielo, pero más grande es mi perdón. Si retornas y lloras tus faltas, serás la Joya del Cielo. En ti resplandecerá la luz de mi compasión perfecta. Tendrás que hacer penitencia. Pero al cabo de los siglos, te recibiré con los brazos abiertos. Pero si ahora no aceptas esta última oportunidad, ya no habrá otra. Pasará un númer de siglos igual a los granos de arena de las futuras playas de todos los mares, las pirámides se volverán polvo, los océanos se secarán gota a gota, y la eternidad no habrá hecho más que empezar.
El Diablo irguió la cabeza y con toda frialdad respondió: ¡Jamás! Nunca me arrodillaré.
Y el Monstruo hizo un amago de lanzarse de nuevo hacia las constelaciones de ángeles. Él pensó que quedaría libre por los Cielos, que podría seguir extendiendo sus mensajes entre los buenos. Pero ya no tenía sentido dejarlo allí, haciendo el mal, haciendo sufrir. Aunque los ángeles ya habían tomado su decisión definitiva, no había razón para tener que aguantar su boca de blasfemia. Así que Miguel recibió una orden directa de Dios en su corazón.
Y en el mismo momento que el Dragón hizo amago de lanzarse hacia el mundo angélico de nuevo, Miguel el arcángel desenvainó la espada y se la mostró. Satán se sonrió burlón y con un gesto de desprecio dio el impulso para arrojarse hacia las nebulosas de ángeles. Miguel le clavó en el corazón la espada. La Verdad clavada en pleno corazón del Diablo tuvo un efecto fulminante. El inmenso dragón se quedó como clavado al suelo, era como si hubiera chocado con un muro, esa espada era como una muralla de granito.
El Diablo se quedó con la boca abierta, sin palabras, tratando de agarrar con sus zarpas esa espada que el arcángel sostenía clavada en su pecho. Pero las zarpas no llegaban. Hubiera querido agarrar por el cuello al arcángel con otra de sus garras, hubiera querido golpearlo con su impresionante cola. Pero era como si una fuerza invisible le impidiera herir a ese ángel. Se retorcía como una serpiente herida, pero no podía hacer nada más. Incluso de su boca abierta no salía grito alguno. Finalmente, San Miguel extrajo su espada del Dragón.
San Miguel extendió su brazo y le dijo: Fuera.
El Dragón padeciendo como una persona que está sufriendo un infarto, no tenía ninguna intención de obedecer. Pero el arcángel volvió a levantar su temible espada. Belial, jamás quería volver a sentir ese hierro cortando sus carnes. Horrorizado, lleno de pánico, se arrojó hacia el abismo de oscuridad que tenía detrás. Un largo alarido dejó como estela perdiendose en la negrura sin fondo. Los horrorizados demonios entre las huestes divinas frente a ellos y el abismo de detrás, se lanzaron al abismo. Y así, los demonios fueron expulsados de la presencia de Dios. Y ya no se encontró lugar para ellos en los Cielos.

ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

Cuando empecé esta historia, nunca pensé que la expulsión del Diablo de los Cielos coincidiría con el día de Navidad. Pero ha sido una póética coincidencia, ante la que sobran más palabras. Os deseo que todos los lectores de estas crónicas os encontréis siempre en el lado de los obedientes y fieles a Dios.

viernes, diciembre 23, 2011

Historia del Mundo Angélico. 33ª Parte



Ante los peores, hablaron los ángeles-profeta, los ángeles-sacerdote, los mejores teólogos, los más santos, los más humildes. Pero Satanás alzó su cuello flexible como de un Dragón hacia el Cielo y repitió: ¡No serviré! Sus palabras fueron secas y breves como un martillo que golpea un yunque. Los demonios y el Dragón estaban acorralados. Rodeados por la ingente multitud serena de los ángeles. Heridos, cansados, desilusionados, ya lo habían intentado todo. La guerra había sido muy larga, ya no había nada que hacer. No iban a arrebatar ni a un solo espíritu más. Los bandos estaban perfectamente delimitados.
Y entonces, se escuchó la voz de Dios que venía de lo alto. Resonó su voz regia y grave de entre las nubes, dirigiéndose a los demonios y su Dragón. Sus palabras fueron: Meditadlo bien, ésta es la última oportunidad. Vais a ser expulsados de los Cielos. Todavía podéis arrepentiros. O ahora o nunca.
Algunos pocos, muy pocos, entre los traidores a Dios hicieron un esfuerzo titánico y se elevaron de entre las hordas de los malvados. No merecemos el perdón, dijeron con rabia. Pero cámbianos. Cámbianos el corazón. Haremos lo que haga falta. Y con una genuflexión inclinaron la cabeza ante el Dios que se ocultaba tras las nubes. Miguel se acercó y señalando a los estandartes, les dijo: postraos uno a uno, y besadlos.
El Cielo entero contempló la procesión de los últimos en regresar. Deformes y ennegrecidos, necesitarían largo tiempo para ser sanados.

jueves, diciembre 22, 2011

Historia del Mundo Angélico. 32ª Parte



Toda la inteligencia de los ángeles buenos se había empleado en elaborar hasta los más pequeños detalles de esos estandartes. Conjuntamente los fieles habían alzado en el Cielo esos dos estandartes. Lo que no se imaginaban al realizarlas, era que esas imágenes iban a desprender como una espiritualidad tan irresistible. Los ángeles miraban extasiados los estandartes.
¡Quitad eso de ahí!, gritó Luzbel. Quitad eso de en medio de los Cielos. Pero las huestes de Dios ya avanzaban imparables, como un ejército ordenado, en formación cerrada. ¡Por Jesús y María!, gritó Miguel. Y bajo la mirada lejana de los Cuatro Grandes Espíritus, el capitán de las huestes, justo delante de todos esos millones de soldados, alzó su espada resplandeciente de verdad, y exclamó con una voz que se escuchó en todo el Cielo: ¡Quién como Dios!
Ni todas las mentiras de los demonios pudieron resistir el embate del Ejército del Bien. A cada momento que pasaba, más y más ángeles caídos comprendían por fin, se arrepentían y abandonaban las filas de Belial. Los demonios se afanaban con sus garras por apresar intelectos. Pero era como si la luz de la mañana se hiciese, y los engañados comprendieran qué equivocados habían estado. Señor, perdóname, se oía por todas partes. Y los arrepentidos se alzaban hacia arriba abandonando el campo de batalla. Dios mío, ¿cómo he podido caer tan bajo?
Cuánta más luz se hacía entre los ángeles, más descoordinados, más sin sentido, más salvajes, pero sin efecto, eran los golpes de sus garras en mitad del aire. Eran movimientos desesperados tratando de agarrar algo, tratando de herir a los ángeles que huían del Mal. La ebriedad había pasado.
Sólo los peores, sólo los más endurecidos en el mal, resistieron todas las razones, todas las oraciones, todas los esfuerzos que los buenos hicieron por su conversión. Pero, al final, hubo un número de irreductibles. Sólo uno de cada varios miles de ángeles se mantuvo petrificado en su decisión. Eran millones. Desgraciadamente eran millones.

miércoles, diciembre 21, 2011

Historia del Mundo Angélico. 31ª Parte



En medio del rumor de miles de pasos del Ejército del Abismo, se oyó el tronar de los ángeles más perfectos, de los que más habían amado. Era como si levantaran su espada, la espada de la verdad. Su rugido de león fue como un trueno que recorre todo el cielo. Una andanada de flechas, las flechas de las razones, se clavaron en los corazones de muchos rebeldes. Grandes ejércitos de rebeldes tuvieron que retroceder ante el dolor de las razones, ante la afilada hoja de la verdad. El Bien también había formado su ejército. Cuatro ángeles de la máxima jerarquía (los cuatro que un día estarían alrededor del Trono del Cordero) habían organizado la defensa de la causa de Dios.
Los malvados se habían ido acercando más y más hacia Dios, desplazando a las miriadas de ángeles. Era como si quisieran llegar hasta Dios mismo y atacarlo. ¿Querían penetrar en Él? ¿Pero qué creían que podían hacer? ¿Creían que era como un ángel más? El odio los había cegado. No sabían lo que hacían. Creían poder matar a Dios. Por eso, Satán recibió el sobrenombre de El Asesino desde el Principio. Para Belcebú, otro de sus nombres, el Ser Infinito era el obstáculo entre él y su libertad. Si hubiera podido asesinarlo, lo hubiera hecho sin dudar. Hubiera preferido un Universo sin el Padre. ¿Pero cómo se mata a un espíritu? Belial, otro de los nombres del Diablo, lo hubiera intentado; al menos intentarlo. Quería intentar lo imposible. En su ebriedad, perdió la percepción de sus límites.
Belial se había acercado a Dios, pero ahora el poder de los Cuatro Grandes, los cuatro espíritus más gradiosos después de Lucifer, había tronchado su vanguardia, había provocado una gran derrota en las fuerzas del Mal. Y el arcángel Miguel parecía imparable en medio de seres mucho más colosales que él.
Los ángeles fieles alzaron dos estandartes. En realidad, no eran estandartes materiales. Ni materia, ni instrumentos, podían hallarse en los Cielos. Pero lo que ellos alzaron sólo se puede comparar con un gran estandarte. El primer estandarte que alzaron era el de Jesucristo. El segundo que se alzó poco después fue el de la Reina de los Ángeles. La visión de aquellas dos figuras fue irresistible para los demonios. Les volvía como locos. Era como si esas figuras removieran todos los resortes de odio de aquellas serpientes y escorpiones. Un odio que les cegaba, que les sacaba fuera de sí. Su lucha se volvía cada vez más ineficaz a consecuencia de que no podían controlar dentro de sí el incendio de su ira.
Muchos ángeles caídos se alejaron de los demonios. Veían claramente que estaban siguiendo a unos locos. Podían no entender todos los planes de Dios, pero lo que no podían hacer era seguir a unos dementes.
Por el contrario, la imagen de Jesucristo que habían levantado los ángeles era bellísima. Reflejaba todo el amor que Dios les había dicho que tendría por los hombres, y por ende también a los ángeles. La imagen de la Santísima Virgen María era igualmente toda una predicación. La predicación era muy sencilla: había que someterse a los dictados de Dios. La humildad...

martes, diciembre 20, 2011

Historia del Mundo Angélico. 30ª Parte



Visto desde la altura del ahora, aquel tiempo de triunfo del mal no fue muy largo, pero se nos hizo eterno. Hubo mucho sufrimiento, mucha santidad mancillada. Si los ángeles hubieran podido llorar, muchas lágrimas hubieran caído de los cielos. Hubo ángeles verdaderamente torturados en su espíritu por otros ángeles, que ya no merecían el nombre de ángeles, sino de demonios.
En mitad de esa desolación, de esa lucha, de esa falta de esperanza, sin que nadie lo esperara, varios ángeles santos, varios espíritus que se habían dedicado a la oración y el ascetismo, profetizaron el mismo mensaje en distintos puntos del mundo angélico. Y clamaron con voz solemne y tan fuerte que hasta los mismos demonios lo oyeron:
Así dice Dios: Mío es el poder y mía es la gloria. Mi fuerte brazo podría conocer la victoria ahora mismo. Nada puede resistir mi decisión. Una sola palabra de mi boca, y la Nada sería de nuevo la morada eterna de los malvados. Yo saco de la Nada y puedo devolver a la Nada. Yo no lucho contra nadie, porque nadie puede luchar conmigo. Podría Yo mismo poner orden con mi diestra. Pero otros son mis planes. Los que ahora se creen invencibles, por simples criaturas serán vencidos. El Mal no sólo retrocederá, sino que será expulsado de los Cielos. Mas la humillación será plena, porque no será mi brazo, sino otros ángeles lo que llevarán a cabo mi designio. Ésta es mi decisión y así se hará.
Los demonios se quedaron perplejos. ¿Cómo se habían puesto de acuerdo tantos angeles en dar el mismo mensaje? Por un momento sintieron el escalofrío de pensar que eso fuera verdad. Pero en seguida se recobraron y lanzaron nuevos gritos de lucha. Volvieron a la batalla y cosecharon nuevas victorias. El Diablo avanzaba como un gigantesco monstruo con muchas patas que acababan en garras. Como un monstruo de largo cuello y boca de dientes de acero, rodeado por una multitud de seres infernales que se veían como pequeños peces rodeando a un cetáceo, como saltamontes alrededor de un cocodrilo. Satán avanzaba con paso pesado, nadie lo podía detener.

lunes, diciembre 19, 2011

Historia del Mundo Angélico. 29ª Parte



Muchos pensaron en ese momento que los demonios podían vencer. Que por alguna extraña razón que no comprendían, el Mal podía vencer al Bien. Muchos buenos se dijeron: ¿y si hay alguna razón que no hemos considerado por la que las Tinieblas puedan preponderar definitivamente? ¿Y si algo no ha entrado en nuestros cálculos? No es que digamos que la Oscuridad pueda aniquilar a la Perfección, pero ¿y si ambas están condenadas a coexistir? Quizá Dios sea un Padre que no puede hacer nada contra la desobediencia. Quizá exista una raíz oculta de debilidad en la Bondad. Quizá fuera de la Esfera sea un lugar donde Bien y Mal sean dos opciones indiferentes. Muchos espíritus se embarullaron. Muchos erraron por los caminos del pensamiento. Algunos cayeron en las ciénagas de la tristeza. Otros en la lujuria del ego. Otros en la idolatría del Dragón. Algunos se perfeccionaron en el arte de dominar otros espíritus, y se deleitaban en forjar esas cadenas, en cazar ángeles en sus redes de pensamiento.
Dios tras sus nubes parecía imperturbable.
Pero así como unos espíritus fueron consumando su transformación en seres de oscuridad, otros refulgieron con un brillo más puro. Los cielos eran un campo de batalla. En medio del desorden se mantuvieron espacios de armonía. Eran islas donde la fidelidad se preservó. Ángeles unidos que mantuvieron sus vínculos de fidelidad entre sí bajo la obediencia a Dios. Fuera estaba el campo de batalla donde las fuerzas del caos obraban. En ese campo de lucha, entre muchos indecisos, entre muchos débiles, los peores se satanizaron, y los mejores se divinizaron bajo la acción de la gracia.

domingo, diciembre 18, 2011

Historia del Mundo Angélico. 28ª Parte



Se escucharon muchas oraciones dirigidas hacia el altísimo trono de Dios para que actuase. Haz algo, Señor, le suplicaban. Haz algo. No permitas que el mal siga avanzando.
Los perversos alzaban el rostro y el puño y proferían terribles blasfemias. Sacrilegios que horrorizaban los oídos de los cándidos espíritus. Se tapaban los oídos para no escuchar: ¡no querían escuchar! Pero todo estaba lleno de sus aullidos de bestias feroces.

Era el momento más amargo, con una tercera parte de los ángeles caídos en el error, aunque sólo una pequeñísima parte en el odio. Sólo una pequeña cantidad de espíritus caídos se habían malignizado hasta convertirse en demonios. Sólo un cierto número se habían vuelto monstruos. Sólo de las bocas de ese número de malditos se destilaba el veneno. El veneno que se mostraba en sus fauces, era el veneno que había fermentado en sus corazones. Se trataba de ángeles entenebrecidos, de ángeles envenenados, presas de un loco furor.
Al menos, los demonios eran pocos. El resto de los caídos simplemente se hallaban en las tinieblas del engaño, dudaban, habían prestado oídos a la nueva doctrina. El gusano que corroe en algunos buenos, pero débiles, estaba dentro realizando su balor. Por eso era urgente salvarlos, de lo contrario, si dejaban que la oscuridad echara raíces, acabarían engendrando rabia y se convertirían en demonios, poco a poco. Pero no era fácil limpiar un espíritu. Tenían la palabra como arma, como semilla. También la oración y el sacrificio, las buenas obras, la alabanza a Dios, sí, el Bien también tenía sus armas. Pero en la confrontación entre el Bien y el Mal siempre se tiene la sensación de que el lado del Bien es débil, que está en inferioridad de condiciones. Es una sensación muy difícil de superar. El Mal siempre parece más fuerte, siempre parece que se mueve con más libertad. Sobre todo, era difícil superar el silencio de Dios. Siempre ese silencio.

sábado, diciembre 17, 2011

Historia del Mundo Angélico. 27ª Parte



Imaginaos el orden de un sistema solar con sus planetas y satélites. Las hordas de los demonios podían irrumpir con salvajismo en medio de esa armonía. Extendiendo sus aullidos, su caos, el miedo. Leviatán se sintió fuerte, era el momento de su máximo poder: a los ojos de millones de ángeles, él era dios. El nuevo dios, el dios de la fuerza, el dios de la razon frente a una Divinidad silenciosa que imponía una doctrina de amor infantil, de humildad, de virtud. Satán había propuesto una alternativa, un nuevo reino, un orden nuevo, toda una nueva doctrina con las prodigiosas mentes que le habían acompañado. Satán había propuesto un nuevo reino, ahora lo imponía.
En el ápice de su poder, en lo más oscuro de la noche, con su cola el Dragón arrastró a la tercera parte de los ángeles. Una tercera parte de las estrellas cayeron. El resto con todas sus fuerzas resistieron el poder de la duda. De entre estos, bastantes tuvieron que emplear toda la energía de su voluntad para no dejarse arrastrar en una espiral de odio. No debían replicar con el mismo lenguaje. Devolver mal contra mal era un modo empezarse a convertirse en algo parecido a él. Algunos, en la defensa del Bien, se habían dejado llevar por el lado de las pasiones desatadas. Por eso, también algunos defensores de la Verdad mancharon sus espíritus inmaculados. Como ahora comprobaban millones de espíritus, el pecado era mucho más pegajoso de lo que habían pensado, se ramificaba, se extendía como un virus y anidaba en los corazones de aquellos que menos lo hubieran pensado. La duda y la desazón eran generales. Las verdades más firmes parecían derrumbarse. ¿Y si en Dios había anidado también alguna semilla de mal? ¿Y si Dios era débil?
Una tercera parte de los ángeles cayó. La sensación de derrota se enseñoreó de aquel mundo en esa hora desgraciada. El Dragón era fuerte. Era el momento más oscuro de la noche. Y en medio de ese triunfo de la sinrazón, el silencio de Dios.
Todos los buenos se volvían hacia esa Luz. Esa Luz que se ocultaba tras las nubes. Sus rayos de luz eran bellísimos, pero silenciosos. ¿Se quedaría inmóvil hasta que todo fuera destruido?
Pero Él observaba todo.

viernes, diciembre 16, 2011

Historia del Mundo Angélico. 26ª Parte



Sí, él había sido santo y ahora se revolvía en el lodazal de su inmundicia. No bastaban los discursos si quería vencer. Había que imponer disciplina. Había que ofrecer una sensación de fuerza, no de debilidad. Lo que hicieron los millones de ángeles rebeldes es difícil de explicar para los humanos que conocen nuestro mundo. Pero lo que vieron nuestros ojos es algo parecido a lo que pasó con el III Reich.
Había nacido un nuevo orden. Nuevas jerarquías surgieron. Los niveles no se basaban sólo en la inteligencia, el mal pasaba a ser considerado un elemento a tener en cuenta. Ángeles malvados fueron elevados sobre otros muchos. surgía una jerarquía de la iniquidad. Hubo cosas que no comprenderíais, pero que sólo se pueden comparar a los grandiosos desfiles como la Alemania nazi. La sociedad de los rebeldes tuvo magníficas demostraciones de fuerza que enardecieron a los espíritus, que les llenaron de una embriaguez satánica. Es sorprendente lo que puede lograr el poder de millones de individuos lanzándose decididamente en una dirección. Se impuso una disciplina.
Los ángeles además de conocimiento tenían poder. Los poderosos se impusieron sobre los débiles. Se implantó una tiranía. Sus lazos eran no materiales, pero muy reales reales. Cadenas del espíritu, pero cadenas. Así unos pocos podían dominar a muchos que se dejaban dominar con mayor o menor aquiescencia. Los más fieles de los demonios juraron por lo más sagrado seguir al gran guía diabólico, el cual ya era un dragón. El ejército de las tinieblas se fue tornando poderoso, firme y disciplinado. Atacaban en grupo el orden pacífico de los ángeles.

jueves, diciembre 15, 2011

Historia del Mundo Angélico. 25ª Parte





Durante esa guerra, imperceptiblemente, sin percatarse de ello, algunos de los antiguos ángeles se fueron transformando de seres bellísimos llenos de luz en monstruos repletos de resentimiento. El odio, el veneno que salía de sus bocas, la oscuridad de sus pensamientos, su soberbia, su deseo de hacer el mal, fue transformando a esos espíritus en seres deformes, feroces, horribles. Al final, daba miedo verlos.
No tienen cuerpo, pero si viérais sus espíritus comprenderíais que hacéis bien en representarlos con garras, colmillos, colas, pezuñas y todos los atributos de los animales malignos de la tierra. También fue impactante la transmutación en Lucifer. Esos ojos clarísimos habían comenzado por destilar agresividad. En su boca fue como si crecieran dientes afilados y colmillos sedientos de sangre. Lucifer hubiera querido tener mil garras para arañarnos, agarrarnos y despedazarnos. Hubiera deseado pisarnos con pesadas patas de monstruo antediluviano. Eso es lo que queréis transmitir cuando lo representais con pobres iluminaciones sobre pergaminos o lo pintáis sobre un fresco en vuestras iglesias. No tiene cuerpo, pero es peor que esos pobres colores y líneas con que plasmáis lo que conocéis por la fe. Por una fe transmitida, transmitida de lo alto, que os viene de los Cielos.
Satán era malignidad concentrada. El Mal en él se había vuelto ardiente. Dios, durante todo este proceso, le había hablado en su corazón, suplicándole que diera marcha atrás. Sí, todo un Dios le suplicaba. Le suplicaba no por debilidad, sino precisamente porque conocía cuán duro e impenetrable sería el muro de su justicia si Lucifer quedaba atrapado tras él. Por eso le habló como un padre habla a su hijo. Por eso le habló con una humildad cómo sólo Dios puede tener. Ante todo debía evitar que Satanás quedara atrapado detrás del muro de una decisión irrevocable.
Pero el Maligno había acorazado su corazón, había echado siete cerrojos en cada puerta de su voluntad. Había cubierto de hierro cualquier apertura a su conciencia. Satán el Diabólico había asesinado a su conciencia dentro de sí. Detrás de esas puertas cubiertas de hierro, cerradas a cal y canto, yacía el cadáver de su conciencia, descomponiéndose. En su corazón portaba un fétido cadáver, y él respiraba muerte. La Muerte avanzaba en él cada vez más. Él no podía dejar de existir, no podía morir en ese sentido. Pero él deseaba la muerte de los ángeles que le torturaban con sus razones, con sus recriminaciones, con la amenaza de la ira divina, con el recuerdo de su santidad primera.

miércoles, diciembre 14, 2011

Historia del Mundo Angélico. 24ª Parte




Muy triste fue el legado de oscuridad que los soberbios trajeron. Si antes nos sentíamos protegidos, ahora la duda había sido sembrada. La duda, una vez insertada, era difícil de extraer. Para tener paz, necesitamos de la fe, de todas las fuerzas de nuestra voluntad. Si antes nos sentíamos como polluelos bajo las alas de una gallina, ahora planeaba la sospecha de que Dios no fuera Dios. La fe... ¿Qué era lo cierto? ¿Qué era lo falso? Estábamos necesitados de la fe. Si no, nos hubiera devorado el abismo de oscuridad que rodeaba el mundo angélico: nada hubiera tenido sentido, todo hubiera sido una gran mentira, Él nos habría engañado, Él hubiera sido como nosotros un ser finito. Hubiéramos estado creyendo cuentos, fábulas, pero en realidad no hubiéramos sabido ni de dónde veníamos ni adónde íbamos. No sabíamos de dónde veníamos, porque de pronto habíamos despertado al ser. De pronto, habíamos comenzado a existir. Tuvimos que creer con todo nuestro corazón.
Os recuerdo que no veíamos el rostro de Dios. Si hubiéramos visto su esencia, hubiera sido imposible no ver la verdad de las cosas en todo su esplendor. Pero Dios permitió la zozobra. Dios permitió que pudiéramos ser heróicos en la esperanza. La prueba nos forjó. Pero cuánto daño hicieron los sembradores de la mentira. Se deleitaban los inicuos en hacernos sufrir. En volcar sobre nosotros toda su baba. Ya no eran sólo razones, eran risas burlonas, su mofa, el escarnio de millones de espíritus rebeldes.
Nos insultaron. Pasamos por cándidos. Nos hicieron creer que éramos niños. Ellos eran los adultos. Ellos habían probado el licor de la libertad. Ellos habían probado el sabor de lo ilícito que tan prohibido habíamos tenido siempre. Ese sabor les volvió como locos. Aunque entre ellos no todos eran exaltados. Lo que hacía más creíble su movimiento de independencia era cuántos individuos razonables les apoyaron
Esta guerra fue larga, como fue larga la historia que hubo antes de la guerra. Conocéis muy poco por el Apocalipsis de nuestras crónicas. Lo que conocéis de esta protohistoria antes de vuestra historia, es como si resumiésemos el tiempo que va desde Abraham a Jesucristo en un par de párrafos. Pero nuestro destino eterno no se decidió en un momento: fue una guerra.

martes, diciembre 13, 2011

Historia del Mundo Angélico. 23ª Parte



Había un ángel que se destacó entre los ángeles fieles a Dios. No se trataba de un ángel superior, pero su amor sí que lo era. Fue él el que mantuvo más viva la llama de la fidelidad en los peores momentos de la batalla, cuando todo se vio más negro, cuanto pareció que la mitad de los ángeles iban a rebelarse. Y pudo transmitir esa llama. Se destacó en el bien, y su fe alumbró a muchos. Fue él el que en lo más negro del combate, en la hora más terrible, gritó en medio del silencio general del principio: ¡Quién como Dios!
En mitad de las multitudes silenciosas, en mitad del estupor que embargó todo el Cielo al escuchar a Lucifer, se escuchó su rotunda afirmación: ¡Quién como Dios!
Su afirmación fue como un puñetazo en mitad de la mesa. Y la repitió por segunda vez con tal gallardía, que sus palabras valieron por un discurso. Su exclamación para muchos fue más convincente que todas las razones del Rebelde.
Y así quedó su nombre: Michael, Miguel. El caudillo, el guerrero, el luchador infatigable e invencible. La luz de su vehemente amor iluminó a muchos confundidos, hizo caer en tierra a no pocos de los que luchaban por el error. Incluso los que combatían con Lucifer reconocían que ningún dardo envenenado con sus razones, podía penetrar la coraza de su fe inquebrantable. En medio de la duda, él fue imbatible.
Se le representa con coraza, pero no portaba ninguna coraza material. Era una coraza espiritual impenetrable a las seducciones que le lanzaban los inicuos. Su espada era la espada de la verdad, de la verdad sobre Dios. Miguel conocía mejor a Dios que los inteligentes, porque él amaba más.
Por eso los que le salieron a su encuentro, tuvieron que retroceder. Y así, él, el pequeño Miguel, se plantó justo ante Lucifer y le dijo a la cara que era un soberbio. Las palabras de Miguel tenían tal convicción que hirieron profundamente a Lucifer. Para él fue tan doloroso, que tuvo que volver sus espaldas ante Miguel y retirarse. Lucifer lloró de rabia, pero no lo pudo resistir.

lunes, diciembre 12, 2011

Historia del Mundo Angélico. 22ª Parte




El número de los que no se arrodillaron en un primer momento llegó a ser de un tercio de todos los ángeles. Pero después, gracias a la lucha, al denodado esfuerzo de algunos, uno a uno se fueron humillando ante Dios. El número de los rebeldes se fue reduciendo. Por eso Lucifer se alzó con un furor inaudito y utilizó todo el poder de su persuasión, movilizó a todos los que le apoyaban, y comenzó a organizar una ofensiva en toda en regla: no queria quedarse solo. Aquello ya no era simplemente pertinacia y soberbia, su tono se volvió agrio. La acritud se fue avinagrando de un modo cada vez más intenso.
Y no era Lucifer el más radical. No era el más grande el más extremista. Le rodeaban grupúsculos de seres sin importancia que quisieron hacerse un nombre. Luzbel no sólo no les detuvo, sino que les apacentó. Durante un tiempo Belcebú quiso aparecer como el término medio entre dos extremos, el de la sumisión absoluta y el de la rebelión que alza el puño hacia lo alto. Pero, imperceptiblemente, se fue deslizando por la colina de su ego. Lo que sí que notó él mismo es que se fue llenando de odio. Sus razones, al final, cada vez iban más cargadas de blasfemia. Un nuevo fuego fue prendiendo en él y entre los caídos. Con la amargura de ver que cada vez más le dejaban. Los que le dejaban no es que le hubieran seguido, pero habían sido atrapados en las redes de la duda. Habían caído en un terreno intermedio entre el Diablo y el Hacedor. Pero más y más contemplaban horrorizados la metamorfosis.


Muchos ángeles extendieron su brazo y le señalaron gritando con voz dura como el mármol: tú, Lucifer, te has convertido en Belcebú. Otros le gritaron: ¡Satanás! Las altas jerarquías exclamaron a coro: eres el Diablo. Así recibió muchos nombres. Nombres que han permanecido hasta hoy.


Lo cierto es que los rebeldes fueron reducidos a una quinta parte de los ángeles. Fue entonces cuando Dios habló. Y nos dijo a todos lo que habíamos hecho bien y lo que habíamos hecho mal. Aun así los inicuos se mantuvieron en sus posiciones. Dios habló como un padre. También habló como Rey.


Después el Señor añadió: Pero no os he revelado todo, para evitar que fueran más lo que desobedecieran en ese primer momento. Aún hay otra cosa que os voy a manifestar para consumaros en la fe, para que vuestro amor sea perfecto, para que me sirvaís con obras de amor perfecto. Dios hecho hombre nacerá de una mujer. A esa mujer la ornaré con gracia sobre toda gracia. Sus virtudes y amor, su heroísmo en mi servicio serán tales que a ella la haré Reina de los Ángeles. Ella será vuestra reina.


Si los ángeles habían admirado el plan de amor que suponía la Encarnación, quedaron todavía más embelesados ante la santidad que les mostró en María. Antes de la rebelión, Lucifer había sido bueno, pero no había sido santo. Lucifer había sido grandioso por su naturaleza, esa mujer lo iba a ser en lo sobrenatural. De ella iba a nacer la Segunda Persona de la Santísima Trinidad cuando se encarnase. Ella sería la Puerta.


¡La Puerta!, exclamaron todos. El plan era de tal naturaleza que jamás podrían haberlo pensado los ángeles. Qué inteligencia en estas disposiciones. Qué santidad la de Dios que llegaba a estos extremos de amor. Qué humildad y sencillez la de Dios. Muchos ángeles sin dudar se postraron ante los designios de Dios, y acto seguido veneraron a la Virgen María Madre de Dios y Reina de los Ángeles antes de que naciera: ¡la Madre de la Palabra hecha carne!


Pero otros ángeles dijeron: Ya lo que nos faltaba. Si Dios nos pidió tanto antes, ahora colma la medida. ¿Qué será lo siguiente que nos exigirá? Hoy nos pide esto. Mañana puede pedir que adoremos a una vaca. Pasado mañana puede exigirnos que veneremos como reina nuestra a una abeja o a un árbol. Esto no puede seguir así.


Y los rebeldes se reunieron en un gran concilio. De allí salió la decisión definitiva de separarse. Encontraron culpable a Dios. El Creador si había sido Dios, había dejado de serlo.


A pesar de que dijeron ser definitiva la decisión, la guerra continuó. Intentaron convencer a más ángeles a que se unieran a la sedición. Y lo lograron. Hubo ángeles que cayeron en las trampas del intelecto. Hubo ángeles que no fueron fieles. El Poder del Error no podía ser subestimado. Aun así, más numerosas fueron las bajas entre los rebeldes. Muchos ángeles pidieron perdón, se arrepintieron de corazón.