miércoles, octubre 31, 2018

El Pilar, la presencia de la Virgen en Zaragoza



Ayer hablaba de ese gran centro de amor a la Virgen María que es El Pilar. Baste dar unos pequeños datos, la misa los días de diario es a las siguientes horas: 8,00 - 9,00 - 10,00 - 11,00 - 12,00 - 13,00 y 17,00 - 18,00 - 19,00 - 20,00. A cualquier hora del día, sin interrupción hay un servicio permanente de sacerdotes en el confesonario. 

El influjo benéfico de este santuario en la ciudad solo en el cielo lo conoceremos. El trasiego de zaragozanos que pasan un momento a decirle algo a la Virgen es bien visible.

Hace unos posts hablaba de la teología que hay en el interior de las mentes de algunos clérigos. Qué duda cabe que desde los años 70 se produjo un desprecio del mismo concepto de templo, de liturgia, de culto magnificente. Los extremismos ya han pasado, pero todo aquello dejó unas repercusiones que llegan hasta nuestros días.

Os ofrezco ahora un excelente vídeo acerca de lo políticamente correcto, es realmente formidable:



martes, octubre 30, 2018

Tres retablos


Ayer fui a visitar a mi madre a Zaragoza. Ha sido un viaje de solo un día. Pero me ha hecho ilusión verla, aunque sea solo por poco tiempo. Me fui a concelebrar a El Pilar. Esta basílica me impresiona por su grandeza. El que diseñó la distribución de sus espacios lo hizo magistralmente. La concepción del espacio me parece extremadamente original. Es un lugar donde rezo muy a gusto.

El Pilar es, realmente, el centro de esa ciudad de más de medio millón de habitantes. No todas las ciudades tienen un verdadero punto central. Zaragoza tiene un corazón indiscutible

Además, hay que felicitar a los canónigos por el hecho de que sea un lugar siempre abierto, siempre con sacerdotes en los confesionarios, con misas casi a cualquier hora. Los canónigos han logrado mantener un culto excelente, como el que, en otros tiempos, tuvieron las catedrales. Allí sigue vivo, salvo el oficio de las horas.

Pero, cuando uno contempla el coro de la basílica, ¿cuánto clero tenía el templo para llenar tantos sitiales? Qué impresionante debían ser aquellas procesiones clericales que penetraban en el coro para iniciar el culto de las horas canónicas.

Pongo a continuación tres retablos. El primero es del Pilar de Zaragoza, el segundo es el de la catedral de Huesca y el tercero el de Torreciudad. Cada uno tiene su propia belleza. No suelen entusiasmarme mucho los retablos, pero estos tres son preciosos.




























lunes, octubre 29, 2018

Entre lo moderno y el románico







































Qué belleza de pinturas. La fe de Helena se transmite. Es un dibujo hecho con cariño. La de abajo la pienso poner un tiempo de salvapantallas. 



domingo, octubre 28, 2018

De férulas y papas



















Los preciosos dibujos de hoy y varios días más son de la rusa Elena Cherkasova. No hace falta que diga cada día cuáles son obras de ella, porque su estilo es inconfundible, único. Son dibujos que le salen del alma.

Hoy el Santo Padre ha vuelto a utilizar la férula que le regalaron los jóvenes hace poco. (La férula es el báculo en forma de cruz que usan los sumos pontífices.) Podéis ver la imagen de esta férula en este link:


Al papa hay que tratarle con el respeto que merece el sagrado encargo que ha recibido de Cristo. Pero ese respeto no obliga a que no pueda criticarse la elección de una férula. Probablemente, ese báculo produciría más miedo a un Lutero o un Calvino que una férula normal. A un Zwinglio le parecería sacado de Pesadilla en Elm Street.

Una determinada teología produce que los elementos litúrgicos sean de un modo determinado. Determinados enfoques y esquemas mentales se materializan en un tipo determinado de casullas, cálices o mitras.

Y de ningún modo estoy diciendo que mi estética litúrgica es la perfecta y las estéticas de los demás son malas. Yo también soy deudor de mis propios esquemas.

En un papa ese mundo teológico interno produce que le gusten un tipo de férulas y un tipo de obispos. En este blog yo puedo hablar. Pero él tiene la capacidad de producir férulas, cálices, obispos y cardenales.

Lo interesante de la liturgia es que nos podemos asomar al mundo más inmaterial de la teología que hay en una mente. Esa férula habla. Cuando un obispo lleva un báculo, su báculo habla.


Post Data 1: Yo no tengo nada contra esa férula de madera. De hecho, esa férula no me ha hecho nada. Pero confío en que sea conservada con todo cuidado y algún día se exhiba en el Museo de san Juan de Letrán con un letrero debajo que diga lacónicamente: “Hasta aquí llegaron las aguas”.

Post Data 2: Si yo llegara a papa, futuro profesional que veo cada vez más próximo, esa férula de madera seguiría usándola. La usaría como instrumento de penitencia para herejes y cismáticos. Cuando se reconciliaran, la penitencia indicaría que antes habrían de recibir quince o veinte golpes en la espalda con el báculo del papa Francisco. O sea, que yo la mantendría en uso. 

sábado, octubre 27, 2018

Más pensamientos sobre la inmigración


 










He leído vuestros comentarios acerca de mi idea. Uno de vosotros comentaba, con toda razón, que el sistema ofrece tantas ventajas que se crearía una discriminación respecto al trabajador nacional. Eso lo pensé ayer, cuando escribía el post. Por no alargarlo, no dije que el Registro Nacional de Emigrantes, acabaría siendo una parte del entero registro del que dispondría la nación. Si a ese registro pueden acceder todos, desde cualquier nación, las ofertas podrían provenir de cualquier lado del mundo. Por supuesto, si uno ha mentido, sería expulsado de inmediato.

Este mecanismo que he descrito muestra mi idea de las fronteras de las naciones tienen a desaparecer porque somos una única familia humana. Poco a poco, todos comprenderán que todos los seres humanos tienen que ser protegidos por los Estados de igual manera, porque las fronteras deben irse desdibujando.

Ahora bien, si los flujos de inmigración no son controlados de un modo racional, si un efecto llamada masivo se produce ahora, el resultado será justo el contrario que el que expongo como óptimo. Por eso Europa y Estados Unidos deben empeñarse en un plan decidido para, a corto o medio plazo, acabar totalmente con la inmigración ilegal. La inmigración ilegal es un mal para todos, no beneficia a nadie. 

Estar en contra de la inmigración ilegal no es estar en contra de racionalizar el sistema para que el mayor número posible de seres humanos vaya adonde quiera en este mundo. Pero hay que ser realistas, Europa está al lado de cientos de millones de personas viviendo en la máxima pobreza. La idea del efecto llamada sobre una masa humana imposible de acoger es una realidad que no se puede soslayar. Ya, desde ahora, hay que trabajar para crear cauces racionales. Y el descontrol nunca ha sido un buen método.

viernes, octubre 26, 2018

Una solución a la caravana de inmigrantes de México y a las futuras caravanas



Hasta ahora, más allá de las palabras, más allá de los discursos de los políticos, lo que ha estado ocurriendo era que los inmigrantes ilegales en Estados Unidos, una vez dentro del país, se alejaban lo más posible de la frontera y trataban de buscar trabajo ilegalmente. Durante un tiempo vagaban de un lado a otro, preguntando, ofreciéndose. Ese vagar no era fácil, porque, como es lógico, no se puede contratar a alguien sin papeles.

El otro día se me ocurrió una idea nueva: ¿por qué no crear un registro nacional que creara una conexión entre la oferta de trabajo nacional y la demanda de ese trabajo por parte de los emigrantes antes de que entren en la nación?

El sistema funcionaría así, todas las embajadas crearían una oficina por país en Latinoamérica. Allí pagaría una tasa y podría inscribirse toda persona que desee entrar en Estados Unidos. Presentaría su curriculum, expondría cuál es su experiencia. Un ejemplo de experiencia profesional breve:

Antonio González García: 32 años, albañil durante 7 años, encofrador, alguna experiencia breve ayudando a un fontanero.

(Que me disculpe si alguien tiene esos apellidos. Resulta improbable, pero puede ser.)

Se recibirían millones de peticiones, los empresarios podrían consultar esos archivos online y decir si están interesados. La persona, sin duda, prefiere pagar una tasa y un billete normal, que no pagar a una mafia para que le meta dentro del país.

Todas las personas que ahora entran ilegales, tendrían que entrar bajo este sistema. El trabajo sin papeles se perseguiría en serio y se dedicarían medios para hacerlo. Hoy día hay medios, si se quiere, para erradicar en un año todo trabajador ilegal.

Con este sistema, se benefician tanto los trabajadores como los contratantes.
Alguien me dirá que el sistema de petición de visa, actualmente en vigor, es muy parecido a esto. De ninguna manera. Primero, no se trata de un sistema nacional de oferta de trabajadores al que los empresarios puedan acceder. Segundo, como dentro del país hay un exceso de oferta de ilegales, nadie busca en el extranjero mano de obra barata. Tercero, los que buscan de forma legal obtener la visa se encuentran con un sistema burocrático complejo para conseguirla.

Lo que propongo es un sistema continental (de todos las naciones de Latinoamérica) en el que los trabajos, especialidades y campos de experiencia estén perfectamente catalogados, divididos y subdivididos de manera que al contratante le resulte fácil encontrar la persona ideal; sea un trabajo elemental o un trabajo muy complejo.

Con el sistema actual, el que tiene un nivel de profesionalidad bueno se ve obligado a aceptar cualquier trabajo para sobrevivir en su entrada en el país. Con el sistema actual, los empresarios no saben dónde está la mano de obra especializada que justamente necesitan. El sistema actual es malo para los unos y para los otros.

La creación de este registro nacional de inmigrantes desincentivaría la entrada ilegal, porque se dejaría claro que el total de demanda de trabajo inmigrante se canaliza bajo este sistema. Dicho de otro modo, el mensaje sería claro: o se entra por esta puerta o no tienes ninguna posibilidad de que no te echen fuera. Si hubiera un pacto nacional entre los congresos estatales de Estados Unidos para organizar esto bien, la inmigración ilegal pasaría a ser historia.

El sistema ya no se basaría en si usted tiene una historia lacrimógena familiar o en tantos otros elementos que llenan los documentales sobre el tema, pero que crean una complejidad imposible para los sistemas de inmigración estadounidenses. El sistema se basaría en la objetividad de lo que se ofrece y en la apertura a los ojos de todos los ciudadanos.

Por supuesto que si uno llega al país y, en su primer puesto de trabajo, se comprueba que ha mentido y que no sabe nada, por ejemplo, de fontanería, se le expulsará tras una segunda comprobación oficial. Se le expulsará de inmediato y habrá perdido el dinero del viaje.

El sistema actual, lo repito, es mucho más burocrático, es de persona a persona (de contratante a contratado), no es algo unificado nacionalmente; y desanima totalmente a realizar los contratos cuando el inmigrante está en el extranjero, porque la mano de obra ya está dentro. ¿Quién comienza todo el proceso burocrático cuando tienes a la persona llamando a tu puerta?

Este registro nacional sí que permitiría, por fin, comenzar una política racional en la que el Estado pudiera controlar el flujo migratorio según la necesidad de puestos de trabajo nacional. El sistema en España es mucho más sencillo: que entre todo el mundo, sin ningún control, en un país con una tasa de paro del 14,5%.

Se me ocurren muchos tipos de irracionalidad y falta de previsión. El modo en que hemos afrontado la emigración de millones de seres humanos es un ejemplo perfecto de lo mal que podemos hacer las cosas. Curiosamente, ha sido muy frecuente oponer la humanidad y los buenos sentimientos a la organización y la búsqueda del sistema más adecuado. Esto siempre fue un error y lo sigue siendo: hay que buscar una solución a largo plazo.

Mientras no encontremos una solución, las mafias se encargarán del asunto a su estilo.

Si los políticos solo tienen en mente la última patera o la última caravana y después se olvidan, vamos a seguir así hasta el siglo XXV, a no ser que una raza de terminators no nos sustituya.

jueves, octubre 25, 2018

La caravana de emigrantes que va hacia Estados Unidos




















Hoy voy a decir unas palabras sobre la caravana de más de 7.000 emigrantes que está ahora atravesando México con la voluntad de entrar en Estados Unidos. ¿Debe Trump abrir las fronteras para admitirlos? La respuesta es un rotundo “no”.

La razón de esta caravana es la pobreza. Si la sociedad se movilizara de un modo solidario para acoger en Estados Unidos a estas personas, dentro de un mes se pondrían en camino diez personas por cada una acogida. Y harían muy bien. Sería lo más sensato.

Si se volviera a acoger a estas 70.000 personas, en tres meses tendríamos una caravana de 700.000 personas. En algún momento va a haber que parar lo que se convertiría en un río ininterrumpido de gente. Es mejor hacerlo al principio. Porque la solución a los problemas de Latinoamérica no está en trasladar a cien o doscientos millones de personas al norte. Algo así solo lo piensan las ONG dirigidas por lunáticos buenistas. Afortunadamente la sociedad no está dirigida por este tipo de demagogos que, cuando alcanzan el Poder, curiosamente, muestran una clara tendencia a transformarse del buenismo al malismo.

¿Entonces qué hay que hacer? Ahora mismo está claro, si llegan a la frontera de Estados Unidos, deben ser rechazados con la mayor humanidad posible, pero por la fuerza. Y los que penetren deben ser detenidos y enviados afuera de nuevo. Siempre he estado a favor de que las naciones acojan a los emigrantes con un espíritu lo más generoso posible. Pero así, ¡no! 

Las imágenes de centenares de africanos saltando las vallas de Melilla, la retransmisión en directo de miles de personas entrando en tropel a través de la frontera, las fotos de centenares de pateras llegando a las playas son el peor escenario para los que no creemos en la xenofobia, para los que buscamos esa apertura hacia los menos favorecidos. Por lo tanto, la caravana debe ser repelida con la contundencia que sea precisa; no más, pero tampoco menos contundencia de la precisa.

Ahora bien, ¿se puede hacer algo de aquí en adelante? Pues hoy se me ha ocurrido una idea, pero la expondré mañana, porque creo que es una buena idea para los emigrantes y para Trump. Una idea que satisfará a ambos por igual. Pero ahora me tengo que marchar al convento a celebrar misa.

Seguro que hay algún obispo que mañana dice que esto es la Caravana del amor, y que habría que recibirlos con un abrazo. Y estoy de acuerdo con el obispo hipotético. Pero, mientras digo que estoy de acuerdo, iría preparando las porras y los gases lacrimógenos.

Post Data 1: Un saludo a todos los lectores de Brasil. Me sorprende que este blog tenga un buen número de lectores en esa gran nación. Siempre lo he dicho que las gentes de Brasil me han parecido que son de las más felices del mundo. Justo lo contrario de cierto país, cuyo nombre no mencionaré, pero que, cuando lo visité, me pareció que toda su gente parecía permanentemente enfurruñada. 


Post Data 2: Si algún obispo se ha sentido ofendido por mis palabras, envíeme por correo un sobre con 50$ USA a la dirección de este blog y le enviaré mis disculpas.

miércoles, octubre 24, 2018

Fortea, dirigirá una superproducción cinematográfica de 15.000 millones de $



Ayer acabé de ver la película Ed Wood. Por lo menos, la he visto tres veces. En fin, cine óptimo; de la mejor calidad. La Ave, César de los hermanos Cohen se queda muy por detrás de esta, tratando una temática prácticamente idéntica. Una característica del cine a este nivel es que no hay paja, no hay relleno, no hay partes que sobran. Cuando tienes una gran historia que contar, ya tienes la película y necesitas todo el metraje.

Todo lo contrario de Jackie, sobre la vida de Jackeline Kennedy, que es la que he visto hoy durante el desayuno y la comida. La he visto en 20 minutos y debería haberle dedicado solo 5. He sido demasiado generoso. El director quería hacer un retrato introspectivo, íntimo, pero no lo logra para nada. Es uno de los casos en que veo cómo hay una voluntad de hacer arte. Pero no hace arte el que quiere, sino el que puede.

Ah, también vi a cámara rápida, Plan 9 From Outer Space (1959). Los cinéfilos bien saben a qué película me refiero. Me gustaría poder deciros que la Paramount me ha encargado que dirija una superproducción sobre Pablo VI, pero… no.

Ah, unas líneas sobre el tema de la venta de armas a Arabia Saudita. Qué se debe y no se puede hacer respecto al comercio con regímenes autocráticos es algo que requiere un pacto global entre naciones, a nivel mundial. Por lo menos, las grandes democracias. No puede cada país inmolar sus pocos puestos de trabajo al albur de los titulares de la prensa. El tema es más serio y requiere un tratamiento en condiciones. Así que, moralmente hablando, apoyo la decisión de nuestro presidente. Me estoy refiriendo al presidente de España, no al de la conferencia episcopal. Aunque, seguro que si le preguntaran al segundo, al arzobispo, diría alguna cosa políticamente correcta del tipo que “no se puede, pero sí que se puede” o “sí se puede, pero no se debería y tal y ya veremos”.

Interesante la idea de realizar una película sobre Pablo VI. Yo creo que lo mejor sería hacer un musical. Pero no un musical horrible tipo Jesucristo superstar, sino un musical tradicional dirigido por un hijo espiritual del cardenal Burke. Imaginaos una escena como la de la torre gótica en Moulin Rouge con Pablo VI en sus aposentos pontificios. Sí, la escena de Like a virgin, pero a tres bandas: Montini, Ottaviani y Bugnini. Y con música polifónica.

Mel, vuelve, te necesitamos.

martes, octubre 23, 2018

Pablo VI, claroscuros



Mis comentarios sobre Pablo VI han podido sorprender: ¿se puede ser canonizado y tener defectos? Vamos a ver, no es lo mismo que haber alcanzado la plena perfección en todas las virtudes, la consumación de la santidad, que ser canonizado.

Ser canonizado implica en esencia que se afirma con autoridad pontificia que alguien está en el cielo. Y accidentalmente que uno es colocado como modelo.

Dicho de otro modo, la canonización asegura el estado de bienaventuranza, no necesariamente la consumación de la santidad.

Pablo VI fue un alma bendita, un hombre de Dios: buenos sentimientos, oración y un largo etcétera que se puede comprobar en multitud de obras, por eso no me extiendo. Ahora bien, el desgobierno en el que cayó la Iglesia en esos años fue sencillamente increíble; la cantidad de pésimos nombramientos episcopales, evidente. Baste ver cómo reaccionaron algunos de esos nombramientos a los casos de pederastia. Aquella época fue el paraíso de la heterodoxia campando a sus anchas sin que nadie dijera nada. Cuando llegó Juan Pablo II, el recreo se acabó.

Para Pablo VI los eclesiásticos franceses estaban en un estrato intelectual superior. El peso de Francia en la curia romana era impresionante. Los españoles eran hombres anclados en el pasado. Apenas había presencia de ellos en la curia.

El régimen de Franco hizo notar directamente a su santidad, porque el nuncio no hacía nada, que los curas jóvenes vascos y catalanes se habían convertido en misioneros del separatismo. Pablo VI no hizo nada, absolutamente nada. En esa conversación que he referido, hasta se enfadó con el embajador. La Historia ha demostrado, lamentablemente, hasta qué punto era cierta esta advertencia dramática de un gobierno cristiano que veía demasiados curas jóvenes salían imbuidos de socialismo.

¿Dejaré de rezar devotamente a Pablo VI cuando lo mencione en las plegarias? De ningún modo. Seguro que el pontífice y el jefe del Estado español se han dado un abrazo y todo está olvidado y perdonado. Pero la visión del jefe del Estado acerca de la destrucción eclesial universal era mucho más ajustada a la realidad que la del pontífice. No, santidad, no, no eran cambios, era destrucción pura y dura. No era apertura a nuevos tiempos, era dejar campar a los herejes.

No, ser papa no implica que uno ya siempre tiene la razón en todo y en todas las cosas y que es santo y perfecto. Al papa hay que tenerle cariño, obediencia, respeto, veneración del cargo, pero es un ser humano. La veneración al papa debe estar ajustada a la realidad. Sobrepasar la realidad es un error, y los errores siempre tienen consecuencias.

domingo, octubre 21, 2018

La nación que fue un baluarte del cristianismo



No tengo la menor duda de que Pablo VI está en el cielo y de que no me sería difícil exponer sus virtudes. Todos los aspectos positivos de su forma de ser son patentes. Ahora bien, la lectura de la correspondencia secreta entre el embajador de España ante la Santa Sede y el ministro de asuntos exteriores está resultando un filón de detalles acerca del pensamiento íntimo de Pablo VI. Porque allí aparece no el papa de los discursos y de las declaraciones formales, sino el papa que habla en su despacho de problemas concretos con un diplomático.

No he descubierto nada nuevo en esa correspondencia de Garrigues (el embajador) con el ministro de Justicia, pero sí que me ha corroborado varios puntos. Sobre todo, hubo una entrevista en la que el Papa y el diplomático estaban a solas, y Pablo VI habló bastante enfadado y con dureza. Cuando alguien hace eso es cuando suele salir lo que hay en el fondo del corazón, aunque después se arrepienta de haberlo dicho.

Los diplomáticos españoles trataban muy cortesmente a Pablo VI, siempre, pero este no hacía lo mismo con ellos. Del mismo modo que el Papa Montini era amabilísimo con diplomáticos norteamericanos, franceses o del este de Europa, tendía ordenar y exigir a los españoles. A veces siendo realmente duro. Lo cual, insisto, contrasta con el modo con el que trataba a todos los demás.

Si bien el Concilio había defendido (y esa era la postura de Montini) la independencia de los gobernantes humanos frente a las intromisiones clericales, eso no valía para España. Con el gobierno de España no pedía, exigía. Nunca exigió nada formalmente, pero en la práctica sus peticiones tenían que ser atendidas sin más. Y digo “sin más”, porque el gobierno español en cada momento quiso dialogar, pero por la otra parte no hubo ninguna voluntad de ello.

Esta falta de deseo de diálogo por parte del Vaticano es algo corroborado por distintas fuentes. Y no hace falta decir que la lista de desaires vaticanos hacia el gobierno español no fue corta precisamente.

Otro aspecto que esas cartas dejan claro es que Pablo VI, en privado, decía cosas que demostraban lo mal informado que estaba. Los que le rodeaban le informaban realmente mal.

Otra cosa que esas cartas me dejan claro, aunque ya lo sabía, es que Pablo VI no quiso tener ni el más mínimo detalle que supusiese reconocimiento alguno hacia el régimen que había en España. Mientras había todo tipo de acercamientos a todos los regímenes, comunistas inclusive, al gobierno de España se le negaba el pan y la sal como a nadie. Curiosamente, en muchos episodios, queda claro el peso que los clérigos franceses tenían en Pablo VI.

Y allí es donde entra otro aspecto de esta historia, a Franco se le comunicaba con detalle de todas las conversaciones que tenían en el Vaticano (e incluso directas con el Papa), de todos los desaires, del tono duro con que fue tratado (especialmente una vez) el embajador. Sin embargo, todos los que escribieron notas de esas audiencias con Franco dejaron constancia del afecto filial que el jefe del Estado español sentía hacia el sucesor de Pedro. Nunca una crítica, nunca un enfado, nunca una artimaña sucia.

A Franco estas maquinaciones vaticanas le dolían como puñaladas: ¡él sentía amor filial hacia el papa! Era durísimo ver como tu padre, en la práctica, estaba deseando que te murieras. En esas notas de ministros y diplomáticos tomadas tras informarle de cómo iban las cosas, los estudiosos del futuro tienen un material más que abundante para un futuro proceso de canonización: el hijo que ama sinceramente al padre, aun sabiendo que ese padre está deseando que mueras. Del amor sincero de Franco a Pablo VI no hay la más mínima duda. Monseñor Setién no cayó del cielo, lo nombró Pablo VI. Y, como él, otros nombramientos que, a la postre, se probarían desastrosos.

Tiene gracia, si Franco (como los Reyes Católicos) hubiera nombrado a los obispos lo hubiera hecho mucho mejor que un Pablo VI espantosamente mal informado. Era la época de la experimentación, la época en la que todo era discutible. El régimen confesional de Franco era todo lo contrario de eso, todo un símbolo. Un régimen basado en la ortodoxia de la fe, un baluarte contra el marxismo, la masonería y el relativismo.

También está el apartado de los obispos “castigados” por llevarse bien con el régimen. Algunos de esos "castigos" fueron realmente duros. Pablo VI fue muy dulce con los rebeldes, y muy duro con los hombres que, en conciencia, no pudieron decir que Pío XII se había equivocado: don Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid, nunca llegaría a ser cardenal. El único secretario del concilio que no recibiría la púrpura. La lista de castigos no acaba aquí. 

Una vez más se comprueba lo que se dice de algunos obispos: que son fuertes con los fuertes, y débiles con los débiles.

Ayer estuve repasando una parte de un libro mío




















Estaba ayer repasando una parte de mi libro Templo atanasiano, que trata de un concepto nuevo de edificio para las conferencias episcopales de cada nación. Este edificio, tal como lo presento en esa obra, es más que una construcción. Es decir, entre otras cosas que allí explico, supone la toma de conciencia de que los obispos, cuando están reunidos, pueden ofrecer un culto a Dios como colegio episcopal de una nación.

Es decir, uno es el culto que puede ofrecer a Dios un párroco con sus feligreses. Otro es el culto que puede ofrecer el obispo con sus sacerdotes y muchos más fieles en la catedral. Una misa pontifical no es meramente una misa con más concelebrantes y fieles, sino que hay cambios cualitativos: el órgano catedralicio no es como el de un pequeño pueblo, tampoco las vestiduras son iguales, los cánticos son mucho más elaborados, el presbiterio permite ceremonias mucho más grandiosas. En un pontifical, ni el cáliz catedralicio ni el templo son iguales que en una pequeña población. Todo debería cambiar cualitativamente a mejor cuando el obispo ejerce como sumo sacerdote rodeado de sus presbíteros y diáconos.

Pues bien, en el tipo de templo atanasiano que describo en el libro del mismo título, los obispos (cuando están reunidos en la plenaria) ofrecerían un culto como colegio episcopal. Uno es el culto que puede ofrecer un obispo con sus sacerdotes, y otro el culto que pueden ofrecer cincuenta obispos acompañados de más de un par de centenar de sacerdotes.

Cierto que se suele asociar mayor solemnidad con ceremonias muy largas. Pero en una hora se puede celebrar un pontifical con la mayor de las calmas y al mismo tiempo con el mayor boato si tal ceremonia está muy bien organizada. Dígase lo mismo de los oficios de la liturgia de las horas que, en su mayor parte, serían recitados.

La semana en la que se reúnen todos los obispos pasarían a tener una faceta cultural, pasarían a ser una ocasión para adorar a Dios de un modo distinto. No reuniones solo para dialogar, sino también para honrar al Señor. Lo funcional y lo litúrgico se entrelazarían. Eso no supondría un sacrificio de mucho tiempo frente al empleado en la sala de plenos. 

Sería, además, una enseñanza de que Dios debe estar en el primer lugar. El diálogo entre obispos entremezclado con las horas canónicas celebradas del modo más grandioso posible sería más productivo. No sería una pérdida de tiempo, sino un tiempo muy bien empleado.

viernes, octubre 19, 2018

Un cariñoso consejo al cardenal Burke



Hoy he visto otra foto del mencionado cardenal con la capucha puesta. Con todo respeto, no es ninguna ironía, quiero que tenga en cuenta una cosa, eminencia.

Las capuchas del hábito cardenalicio, cuando eran usadas para protegerse del frío en la Edad Media, tenían otra hechura. La forma de las capuchas usadas (en las mucetas) por el clero secular eran distintas de las capuchas benedictinas, franciscanas o de otras órdenes. Eran unas capuchas amplias. Los cardenales usaban esas capuchas, a veces, poniéndose encima el capelo. Hay abundantes representaciones de ello. Véase este link, por ejemplo:


Pero las capuchas de los cardenales en la primera mitad del siglo XX ya no estaban pensadas para ser usadas. Eran una reminiscencia histórica sin uso, como las microcapuchas de las mucetas de los obispos en la misma época.

Cierto que seguía la costumbre de ponérsela sobre la cabeza al postrarse en la ceremonia de la entrega del capelo. Pero esa era la única vez que la usaban. Y basta ver las fotos de los cardenales postrados para darse cuenta de lo muy mal que quedaban las capuchas usadas en esa postura.

Cuando un obispo se echa sobre la cabeza esa reminiscencia, la apariencia no es bella, sino artificiosa con un equilibro frágil y que ya no protege del frío por que hueco que se crea detrás. No pasa nada por usar capucha, pero hágase una capucha amplia que tena el uso de una capucha.

Dos pequeños detalles más para este buen cardenal. Cuando uno lleva hábito coral no lleva calzado litúrgico. He visto una foto en que con hábito coral rojo este purpurado se dirige a la iglesia (presumiblemente a celebrar misa) con calzado litúrgico verde. El prelado no puede llevar esa mezcla. Es en la sacristía donde se cambia el calzado eclesiástico (si lleva zapatos con hebilla) por el calzado litúrgico.


El segundo detalle es que ya le he visto varias veces dirigirse con hábito coral hacia la iglesia con las manos juntas sobre el pecho, como en la misa. Esto no es un error. Pero me parece preferible colocar las manos juntas sobre el pecho cuando uno va revestido con vestiduras litúrgicas, aunque en ese momento uno no esté en una ceremonia.

La razón es que el hábito coral no es otra cosa que una vestidura eclesiástica solemne, bella, para las grandes ocasiones; pero, no lo olvidemos, es una vestidura eclesiástica. El gesto corporal va de acuerdo con la vestidura. Si la vestidura es litúrgica, uno tiene un gesto corporal ritual. Si la vestidura es eclesiástica (aunque sea solemne), el gesto no es ritual. A no ser que en ese momento uno esté realizando un rito: una bendición, por ejemplo. También sería lógico llevarse las manos al pecho si el clérigo, en ese momento, hace un momento de oración.

Pero la norma general es que con hábito coral uno coloca las manos de un modo no ritual; incluso aunque ese obispo esté asistiendo a misa, es decir, no concelebrando. Aun estando en el presbiterio, el obispo no tiene necesariamente que poner las manos sobre el pecho.

Como se ve, hay una diferencia entre vestidura eclesiástica (común o coral) y la litúrgica (sea la de la misa o con capa pluvial), y los gestos del que las porta. 

Espero no ganarme enemigos con estas disquisiciones. Que nadie se lo tome a mal. Tampoco me consta de nadie que se haya condenado por llevar zapatos verdes y hábito rojo al dirigirse hacia una iglesia. Hay pecados peores.

jueves, octubre 18, 2018

Algunos sermones en audio: del 1551-1600



Sermón 1551
No le quebrarán un hueso

Sermón 1552
La viña de Nabot, I parte

Sermón 1553
La viña de Nabot, II parte

Sermón 1554
Elogio del profeta Elías, I parte

Sermón 1555
Elogío del profeta Elías, II parte

Sermón 1556
El nacimiento de Juan el Bautista, I parte

Sermón 1557
El nacimiento de Juan el Bautista, II parte

Sermón 1558
Los silencios sacros en medio de la misa

Lo santo, la Eucaristía, los no creyentes, los pecadores

Sermón 1560
Solemnidad de la Santísima Trinidad, I parte

Sermón 1561
Solemnidad de la Santísima Trinidad, II parte

Sermón 1562
Solemnidad de la Santísima Trinidad, III parte

Sermón 1563
Solemnidad de la Santísima Trinidad, IV parte

Sermón 1564
La Iglesia como misterio de comunión

Sermón 1565
La misa como conmemoración de la Pasión de Cristo

Sermón 1566
El retoño plantado por Dios en lo alto de la montaña, I parte

Sermón 1567
El retoño plantado por Dios en lo alto de la montaña, II parte

Sermón 1568
El retoño plantado por Dios en lo alto de la montaña, III parte


Sermón 1569
Una pequeña cuestión acerca de la Santa Eucaristía

Sermón 1570
Fiesta de san Pedro y san Pablo

Sermón 1571
La sinodalidad en la Iglesia, I parte

Sermón 1572
La sinodalidad en la Iglesia, II parte

Sermón 1573
La sinodalidad en la Iglesia, III parte

Sermón 1574
La reverencia a los sacerdotes

Sermón 1575
Santo Tomás Apóstol

Sermón 1576
¿Tengo que perdonar o soy yo el que tengo que ser perdonado?

Sermón 1577
Las religiosas en el coro

Sermón 1578
Misericordia quiero y no sacrificio

Sermón 1579
Sermón de un funeral de julio de 2018

Sermón 1580
La situación en Nicaragua en julio de 2018

Sermón 1581
Apuntes sobre algunas órdenes religiosas

Sermón 1582
Dios es pastor de la Iglesia

Sermón 1583
Sencillos como palomas

Sermón 1584
La cruz de cada día

Ser seminarista, estar en el seminario

Sermón 1586
Ir a Jesús a buscar alivio

Sermón 1587
El “amén” de la doxología

Sermón 1588
La Iglesia en el siglo IV, primera parte

Sermón 1589
La Iglesia en el siglo IV, segunda parte

Sermón 1590
La fe y sus frutos

Sermón 1591
El cáliz que he de beber, I parte

Sermón 1592
El cáliz que he de beber, II parte

Sermón 1593
Lo que vuestros ojos ven, lo que vuestros oídos oyen

Sermón 1594
Os daré pastores según mi corazón

Sermón 1595
El sentido de la fe, I parte

Sermón 1596
El sentido de la fe, II parte

Sermón 1597
El sentido de la fe, III parte

Sermón 1598

Sermón 1599
El sentido de la fe, V parte

Sermón 1600
No nos consideremos más de lo que somos