miércoles, febrero 13, 2019

Maestro, ¿es lícito...


La pintura tiene su razón de ser en este post. Representa a Jacob bendiciendo a todos sus hijos.

Preámbulo
Con el tema el independentismo, ha habido palos en las calles (con los antidisturbios), familias enfrentadas, personas sentadas en un tribunal, otros en la cárcel…

Yo no me hubiera metido en el asunto del independentismo si todo esto fuera un asunto opinable. Puedo hablar de las películas que he visto (hoy he acabado de ver Life), de libros y de lo que he hecho hoy, pero lejos de mí hablar de política. Fuera de mí, aborrezco la idea, de un sacerdote que se me mete en un campo que hay que dejar a los laicos, porque, lo repito: el sacerdote tiene que ser padre de todos, de todos.

Ahora bien, había que dar una respuesta a la cuestión moral, al interrogante real de tipo moral: ¿es lícita la secesión?

La respuesta la di hace tiempo: existe el derecho a la autodeterminación de un pueblo libre conquistado, ocupado y oprimido; no existe el derecho de secesión de algo que forma una unidad soberana en plano de igualdad.
Si alguna constitución incluye tal apartado no tiene más trascendencia que escribir sobre el papel un derecho inexistente. El hecho de que aparezca en una carta magna no le otorga el rango de derecho objetivo, se queda en una mera disposición legal, no en un derecho basado en el ser de las cosas. 

Tampoco las constituciones suelen incluir el derecho del Estado a autodisolverse, a fusionarse con el Estado vecino o a repartir todos los bienes entre los ciudadanos para que abandonen todo el territorio del Estado convirtiéndolo en un gran parque “nacional” despoblado donde la Madre Naturaleza reine como en los tiempos jurásicos.


El verdadero post de hoy
Después de este largo preámbulo, considero que los teólogos van a tener que plantearse realizar una seria reflexión acerca de una cuestión que tanto daño general y perjuicios concretos va a provocar en la vieja Europa. Los obispos, al final, podrán decantar sin prisa, en su magisterio colectivo, los resultados de esa reflexión.

La Iglesia sí que decidió intervenir con su palabra en el caso del liberalismo, del marxismo y del fascismo. No se limitó a decir que eran cuestiones opinables, porque percibió los daños que provenían de los programas de esos partidos.

Del mismo modo, ahora considero que la Iglesia debe hacer un esfuerzo por dar una enseñanza acerca de la cuestión de la licitud del derecho de secesión. La balcanización de Europa es un peligro real.

Y si esto sucediera en todo este continente, podría seguirse esa estela en Latinoamérica y otros lugares. Cuarenta o cincuenta territorios repartidos por el mundo, presionando por la vía de facto para la secesión, no lo dudemos de que puede tener repercusiones muy graves. Lo menos grave sería la cárcel de los líderes y las heridas provocadas al reprimir las manifestaciones.


Conclusión
Si observamos el magisterio de los obispos españoles en los último diez años, sí que observo un cambio positivo: ya no es tabú afirmar claramente que la unidad nacional es un bien objetivo. Hubiera sido impensable en los años 70 que los obispos dijeran bien claramente que el independentismo no es una opción indiferente, moralmente hablando.

Un gran error es pensar que el nacionalismo es un problema muy localizado en unas pocas naciones. Error, es una tendencia política que puede extenderse a cualquier nación por armoniosamente que viva ahora. Ni siquiera Estados Unidos está libre de comenzar un proceso de disolución de los vínculos que le unen.

El amor a la patria pequeña, a la región, es algo bueno. El amor que se exalta, que divide, que confronta es algo malo. Hay que decirlo con toda claridad.

viernes, febrero 01, 2019

Mi viaje a Mérida


Hace unas semanas estuve en Mérida. Me invitó don Jesús Sánchez Adalid a dar una charla-conversación-concierto en su parroquia. Don Jesús era un juez que dejó todo para ingresar en el seminario. Después escribió una novela, su segunda novela, y fue un increíble best-seller, un número uno de ventas.

Me sorprendió la cantidad de cosas tan bonitas que tiene la ciudad de Mérida. En el siglo III, fue Mérida la capital eclesiástica de toda Hispania. Llegó a tener 50.000 habitantes. La ciudad también estará para siempre unida a la magnífica guía de la persona que me acompañó esos dos días. No voy a citar ni su nombre de pila porque no le he pedido permiso. Pero la ciudad gracias a su compañía lució con más luz sin duda.

Allí pude comer con los curas de la ciudad que ese día tenían su reunión de arciprestazgo. Os pongo varias fotos de ese viaje. En la última, se me puede ver junto al célebre escritor.








lunes, enero 28, 2019

El rostro de un santo obispo



Hoy he visto algunos trozos de esta ordenación de tres obispos auxiliares. Es un vídeo muy bonito en la catedral de Los Ángeles, una catedral que me gusta especialmente.


Me ha llamado la atención cómo se echa el santo crisma en la cabeza de los ordenandos y también que, al ser obispos auxiliares, reciben el báculo de rodillas de manos del obispo residencial.

En mi vida solo he visto una ordenación episcopal, solo una; en Roma. Y tampoco la vi mucho que digamos. Estaba yo lejísimos del presbiterio y los detalles era imposible apreciarlos.

Los obispos, cuando llegan a mi diócesis, ya están ordenados. Con lo cual nunca he visto una ordenación episcopal en mi catedral.

Qué cosa tan grandiosa es ser obispo. Por supuesto que distingo entre la persona concreta y la carga sagrada que se ha puesto sobre sus hombros. La persona con sus defectos y la excelsitud de la misión a la que Dios une unas gracias a través del sacramento.

Qué poco me cuesta honrar a los obispos, a todos. Y también me cuesta poco dar un voto de confianza a todas sus decisiones. Honro a Dios honrando a sus obispos.

Hoy he puesto una foto de don Helder Cámara, un obispo al que le tengo una especial, especialísima, devoción. Aunque, como san Gregorio Nacianceno, no estuviese exento, tal vez, de algunas carencias graves en el ejercicio de su ministerio episcopal. Pero no hablo de pecados, sino de carencias que eran inculpables. Pero, más allá de todo eso, de lo que cabe duda para mí es de que fue un santo obispo.

Para aquellos que lo critican por ser de la teología de la liberación ortodoxa, hay que recordarles que su arzobispo (el que era obispo auxiliar) era un prelado muy tradicional, pero que muy tradicional, y que él era el primero en tener al obispo Cámara por un santo viviente.

jueves, enero 17, 2019

Creemos en el Dios de la Biblia: una petición a tantos pastores




Esta imagen que gusta tanto. Durante varios días la he dejado como fondo de pantalla de mi ordenador. El mismo acto de copiar las Sagradas Escrituras como adoración, como oración, como reconocimiento de la sacralidad de ese Dios Innombrable.

Como lamento el que no pocos profesores de facultades teológicas nieguen la inerrancia de la Biblia. La Tradición del Pueblo de Abraham y del Pueblo de la Nueva Alianza es clara: en los textos sagrados no hay ni el más pequeño error: ni sobre la fe ni histórico ni de ningún tipo.

Como enseñó el santo Concilio Vaticano II:
Pues, como todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos afirman, debe tenerse como afirmado por el Espíritu Santo, hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación.

Las citas de la Tradición que podría aducir son numerosísimas. Baste una más de León XIII en su carta encíclica Providentissimus Deus:

Y de tal manera estaban todos los Padres y Doctores persuadidos de que las divinas Letras, tales cuales salieron de manos de los hagiógrafos, eran inmunes de todo error, que por ello se esforzaron, no menos sutil que religiosamente, en componer entre sí y conciliar los no pocos pasajes que presentan contradicciones o desemejanzas (y que son casi los mismos que hoy son presentados en nombre de la nueva ciencia); unánimes en afirmar que dichos libros, en su totalidad y en cada una de sus partes, procedían por igual de la inspiración divina, y que el mismo Dios, hablando por los autores sagrados, nada podía decir ajeno a la verdad. Valga por todos lo que el mismo Agustín escribe a Jerónimo: 

«Yo confieso a vuestra caridad que he aprendido a dispensar a solos los libros de la Escritura que se llaman canónicos la reverencia y el honor de creer muy firmemente que ninguno de sus autores ha podido cometer un error al escribirlos. Y si yo encontrase en estas letras algo que me pareciese contrario a la verdad, no vacilaría en afirmar o que el manuscrito es defectuoso, o que el traductor no entendió exactamente el texto, o que no lo he entendido yo».

No se puede decir más claro. Por favor, os pido a los pastores de almas que me estéis escuchando que leáis la Palabra de Dios con la sencillez con que lo hicieron Amós, Ageo, san Pedro o san Bartolomé, con la sencillez de un pastor de Judea en el siglo II antes de Cristo o la de un monje irlandés del siglo VIII.

No nos olvidemos de que estamos hablando de la Palabra de Dios, es decir, de las palabras que han salido de la Boca de Dios, aunque nos hayan sido transmitidas por hombres. Pero es Dios quien habla y Dios no puede errar ni inducirnos a error. Dios nunca nos va a inducir a error.

Si en I Macabeos 3, 24 se nos dice que murieron en una batalla ochocientos hombres de los enemigos de Judas, podemos estar seguros de que murieron alrededor de 800 hombres, no 700 ni 900, sino alrededor de 800 hombres.

En nuestra religión, como en la de los judíos, la Historia y la fe están completamente entrelazadas. No es que haya una historia al lado de la fe, sino que la historia forma parte de la fe. No solo creemos en un Dios Único, sino que creemos que Dios envió las plagas que se relatan en el Éxodo y que allí están descritas fielmente. No creemos meramente en Dios en general, creemos en ese Dios. Podemos estar de acuerdo en algunos puntos acerca del Motor Inmóvil de Aristóteles o del Dios descrito por los neoplatónicos, pero nosotros creemos exactamente en el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.


domingo, enero 06, 2019

He derramado unas lagrimitas



Hoy, por la tarde, día de la Epifanía, he vuelto a ver, otra vez, por centésima vez, la escena de Ben-Hur en la que los Reyes Magos adoran a Cristo. De verdad, no conozco ninguna película que haya dado tanto en el clavo al representar esta escena bíblica. Porque la escena de Ben-Hur tiene un punto de candidez, de ingenuidad, que creo que refleja la verdad del Evangelio.

La música… qué dulzura perfecta tan sublime para ese momento del nacimiento en Belén. No se requieren palabras: la música, los rostros lo dicen todo. Mirad la misma escena en otras películas. Los directores quieren intervenir más, hacer que los actores hagan más cosas y lo estropean, no logramos meternos en la escena, suena a teatro. En Ben-Hur se percibe lo sacro. Se nota que se filmó como algo sacro y el resultado fue percibido así.

Aquí tenéis la escena:

Pero, como dije hace un año, el momento más conseguido es cuando uno de los pastores atónitos se vuelve hacia atrás, porque considera que debe tocar el shofar para avisar al pueblo judío que ha nacido el Mesías.

Y, entonces, el mugido del shofar calla y comienza el brillante toque, ¡impresionante!, de trompetas de la fanfarria con que comienza el Preludio de la banda sonora de Niklos Rozsa.

Ese paso de la escena del Nacimiento al toque del shofar es una escena que cinematográficamente me deja atónito. No se podía hacer algo más elegante ni teológicamente con más sentido: el shofar que marca los tiempos sagrados... Tengo en gran consideración Willy Wilder, pero no creo que, sin la intervención de una inspiración de los ángeles, se le pudiera ocurrir algo tan redondo.

Pero es que entonces ocurre un verdadero milagro cinematográfico: el sonido del shofar da lugar a una fanfarria que es como si nos expresara la alegría de los ángeles por el nacimiento de Cristo. No, esta no es una fanfarria más. He escuchado no pocas, y esta es la más inconmensurable que he escuchado.

Pero la unión de estos tres momentos musicales (La Estrella de Belén, el toque del shofar, la fanfarria del Preludio) es una conjunción excelsa.

Los tres momentos de la banda sonora a los que me he referido los tenéis aquí:



sábado, enero 05, 2019

San Gregorio Nacianceno, un eclesiástico con defectos, con no pocos defectos


Pongo este mosaico, porque a un obispo de la época de este santo hay que imaginárselo vestido como este personaje o con toga. Mi post sobre Gregorio Nacianceno se ha transformado en un fructífero diálogo con los comentaristas. Un diálogo acerca de su personalidad y santidad.

Después de escucharos, pero también después de leer más sobre él ayer, tras la cena, he llegado a varias conclusiones no muy positivas para este padre de la Iglesia.

Vaya por delante que a mí san Gregorio no me ha hecho nada malo. Un libro que me ha parecido el más claro y con citas sobre su vida (escritas por el mismo san Gregorio) lo podéis encontrar en este link. En su versión gratuita, podéis leer toda su vida hasta la parte en que se traslada a Constantinopla:


Los textos resultan, a mi entender, muy claros. Gregorio cae demasiado en la autojustificación. La descripción que hace de esa ciudad es tremenda en boca de un obispo. Un obispo insultando su propia sede. En esa época, lo que se escribía en una obra podía tener una trascendencia como no la tienen los escritos de la nuestra. Es muy difícil defender cómo puede insultar a una ciudad de esa manera. Alfonso ayer ya puso la famosa cita.

Pero podéis comprobarlo vosotros mismos en el libro que he dicho, en la cita que comienza con estas palabras: Midway along the high. He puesto las palabras en inglés, porque así podéis usar el buscador.

Al final de esta descripción de la ciudad se ve el resentimiento contra Basilio el metropolitano. No cabe hablar de otra cosa que de resentimiento.
Por otra parte no es tanto que no tomara posesión de la ciudad, como algunos han escrito para defenderle y es el argumento que usó Gregorio. Lo que sucedió es que llegó, estuvo un tiempo y no quiso quedarse. Véase la pg. 11 de ese libro en que él mismo lo cuenta.

Por si fuera poco, la respuesta al metropolitano fue desafiante. El texto no cabe calificarlo más que de desafiante. Véase la cita que comienza con las palabras you reproach us with.

No tengo la menor duda de que es un santo del cielo en cuanto que está en el cielo. Pero su ambición, el abandono de su sede episcopal y su resentimiento que muestran sus mismos escritos a lo largo de una vida, pues da muchos datos biográficos en sus obras, no ofrecen mucha posibilidad de salvarse. Aunque repito que no tengo la menor duda de que está en el cielo. 

Fue famoso porque en otros campos sí que luchó denodadamente por la ortodoxia de la fe. Fue un gran teólogo y un gran predicador, de eso no hay duda.

Me voy a encomendar más a este santo, me gustan los santos pecadores y no muy perfectos, me siento más identificado con ellos.

viernes, enero 04, 2019

Más sobre san Gregorio



En el mosaico se ve cómo iba vestido un obispo del siglo VI, por supuesto, sin mitra. Es el de la derecha, a su lado hay un archidiácono. 

La historia de san Gregorio Nacianceno que conté ayer prima facie no parece muy edificante. Ahora bien, no sabemos si el obispo Basilio le engañó o le presionó, o le engañó y le presionó, para que aceptara la sede de Sasima. Solo Dios lo sabe.

Ahora bien, la impresión general que saco con un conocimiento superficial de esta figura es que Gregorio era una persona muy inteligente, tenía dones intelectuales grandes, pero que, tal vez, era un poco soberbio.

Lo lógico hubiera sido retornar al obispo Basilio y explicarle que la vida en Sasima se le hacía muy dura. Pero era algo extraño que buscase vivir como monje y que no quisiese quedarse en una localidad pequeña como pastor. Un poco incongruente sí que parece.

Además, se va como monje, esa es la decisión. Pero después se queda como obispo de una ciudad más grande. Otra cosa bastante sorprendente.

Por si fuera poco, los cánones eran muy claros: no podía abandonar una sede episcopal por otra. No obedeció la disciplina eclesiástica. Y no en una materia precisamente pequeña. A eso se añade que estando en Nacianzo debería haber regularizado su situación en algún sínodo, sometiéndose a su determinación. O, al menos, debería haber expuesto su caso ante el metropolitano.

El resultado es que llegaría a Constantinopla con una situación canónica nada clara. No regularizó su situación y después, con toda razón, se lo echaron en cara en mitad del concilio.

Señalo estos pequeños detalles porque se suele pensar que los obispos de la Antigüedad eran todos canonizables, mientras que los de ahora son mundanos. Y, a nivel global, es justamente al revés: el episcopado actual está formado por hombres totalmente entregados al cuidado del rebaño, sin divisiones con asuntos terrestres, como sí que las había en esos siglos pretéritos. Son hombres que viven en sus diócesis, en otros siglos las ausencias podían ser muy prolongadas por los viajes. Actualmente, la situación canónica siempre está clara. En la época del arrianismo, los bandos enfrentados hacían que algunos obispos se hallaran en situaciones irregulares o, por lo menos, no claras.

El episcopado actual puede tener sus defectos, pero no tiene algunos de los defectos de los obispos de siglos pasados. Y sí que tiene aspectos positivos que no eran tan frecuentes en otras épocas.

jueves, enero 03, 2019

San Gregorio Nacianceno


Este mosaico de Tarragona muestra a un obispo del siglo IV o algo más tardío. Observad que, tal como digo en mi obra La catedral de san Agustín, no lleva ninguna vestidura eclesiástica. Lleva una toga blanca.

He puesto este mosaico para poner imagen a la vida de san Gregorio Nacianceno. Y es que ayer me sorprendió mucho las vida de este obispo oriental.

Su padre (un padre del siglo IV) se convierte al cristianismo y años después llega a obispo. Gregorio joven que duda si hacerse sacerdote o monje, y el padre le dice, al final, que o se queda y se hace sacerdote o se va a un monasterio, pero que en casa no se puede quedar dudando y dudando entre lo uno y lo otro.

Cómo, finalmente, san Basilio le convence para ser ordenado obispo de Sasima, una sede episcopal recién creada por Basilio. Pero Gregorio se quejará de que esa ciudad no era más que «un agujero espantoso; una mísera parada de postas de la carretera principal... sin agua, vegetación, o la compañía de caballeros... ¡esto era mi iglesia de Sasima!». Y no llegó a tomar posesión de la sede, alegando que prefería retirarse a vivir una vida monacal.

Pero acabó ayudando a su padre obispo. Tras su muerte, se retiró a un monasterio. Combatió el arrianismo. Fue llamado a Constantinopla para combatir esa herejía con sus predicaciones. Fue nombrado obispo. Lideró un concilio ecuménico. 

Pero una facción de obispos no le aceptaba, alegando que canónicamente no podía haber dejado la diócesis de Sásima, y que su nombramiento como obispo de Constantinopla era ilícito. Así que Gregorio renunció y se retiró a Nacianzo. Allí sería escogido como obispo de la ciudad por el clero. Sus últimos cinco años de vida, ya débil, los pasó en una finca de su familia, habiendo colocado a otro obispo en su sede antes de retirarse.

Una vida apasionante, no me digáis que no es digna de una película. Si yo tuviera tiempo, me encantaría hacer una novela breve con estos mimbres. Una novela lo más pegada a la realidad histórica. Pero tengo que dosificar mi tiempo y dedicarme a los proyectos ya empezados.

miércoles, enero 02, 2019

Comienzo de otro año



En este 1 de enero del año del Señor de 2019, puedo decir con toda sinceridad que lo que más le agradezco a Dios es mi sacerdocio. Nada me produce mayor gozo que celebrar la misa. Por supuesto que realizo más trabajos como presbítero que la celebración de la eucaristía: me siento en el confesonario, escucho a la gente que viene a hablar conmigo, administro muchas unciones de los enfermos, et caetera res. Pero nada, absolutamente nada, me resulta más gozoso que celebrar el augusto sacrificio. Mi vida solo la veo dedicada al sacerdocio. No siento ni la más mínima atracción por otras formas de vida.

martes, diciembre 11, 2018

¿Sembrar la secesión es un asunto moralmente indiferente?



Después de cenar escribiré unas líneas sobre asuntos personales, para que no hable yo siempre de este asunto de Cataluña. Pero esto se ha convertido en una conversación que me parece muy interesante, una civilizada conversación. Lucía escribía:

La legalidad de hoy puede ser muy diferente a la de mañana. Las leyes cambian como cambia la sociedad.

No, Lucía, la soberanía siempre ha sido lo mismo. Tanto en la época de los estados-clientes del Imperio Romano, como en la época de Carlomagno. La soberanía es una realidad jurídica que será igual ahora que en el siglo XXIII.

¿Por qué? Porque si esto fuera el poblado Pitufo, nos reunimos en la plaza y nos ponemos de acuerdo, pero en cualquier grupo de millones de habitantes siempre, absolutamente siempre, tiene que quedar claro quién es el que tiene el Poder en último término. Hay cosas en una nación más indefinidas, pero esa NUNCA puede quedar indefinida. Cuando ha sido así, el resultado siempre ha sido muy malo.

Una cosa es que el Poder organice una consulta como en Canadá o en el Reino Unido, y organizara la división de una parte de la soberanía. Y otra muy distinta es el desconocimiento de la Ley por parte de las instancias de Poder inferiores: el resultado, en estos casos, siempre ha sido el mismo y muy malo.

La división desde el Poder, aunque sea un mal, se realiza de forma organizada. La división a la fuerza acaba provocando guerra callejera o terrorismo.

Lucía decías que mala es la situación para el 50% de catalanes que sienten españoles y mala la situación para el 50% que no se sienten españoles. El problema es que no hay término medio. Es el típico caso en que, una vez dada toda la autonomía posible, solo queda la ruptura o la unión. Y dado que no hay una tierra de en medio, dado que hay que dejar claro qué norma jurídica es la que rige mientras se produce el debate, la única posición de la Razón es la legalidad del Estado de Derecho.

Yo no me meto en banderías humanas, no me meto en cuestiones opinables que corresponden a la política. Yo intervengo en la cuestión moral y la solución es la misma aquí, en Estados Unidos, en Italia y en Alemania, ahora y dentro de cien años. Las pautas morales que he ofrecido intentan ser objetivas. La moral obliga, sea uno del partido que sea.

Podemos discutir si queremos que haya o no monarquía, podemos discutir si dividimos en otras dos cámaras el senado, podemos discutir muchas cosas, pero si, por ejemplo, la Ley apenas castigara el hecho de que un extraño pudiese entrar en nuestra casa, eso trae gravísimas consecuencias. No se puede mitigar el concepto de allanamiento de morada sin que eso no acabe muy mal.

Si alguien quiere entrar en mi casa, yo puedo repelerlo con la fuerza. Y eso no es un delito. Nadie puede apelar a términos medios: es mi casa o no lo es.

lunes, diciembre 10, 2018

No existe un magisterio específico sobre el nacionalismo




















Tenía clarísimo que hoy no iba a hablar del tema de Cataluña, pero, al final, no me he resistido, porque un lector ha hecho una petición muy interesante:

Por favor padre, explique cuál es la doctrina social de la Iglesia sobre la secesión en un país. Es muy clarificadora y debería ser el criterio a seguir por sus pastores y fieles.

No existe una doctrina magisterial expresa sobre el tema. Ahora bien, hay suficientes elementos en la teología moral de la Iglesia para afirmar de forma condensada las siguientes verdades:

-Existe un derecho a la autodeterminación cuando hay razones suficientes para ello: invasión de un pueblo, objetiva situación de opresión (por la raza, religión, etc.) u otras razones objetivas.

-No existe un derecho a la secesión cuando la región, provincia, departamento, cantón u otra circunscripción ni está invadida ni oprimida, y forma una unidad con el Estado del que es parte.

El que el poder político decida ceder no significa que ese derecho exista. Solo demuestra que ha cedido. Ojo, tampoco estoy diciendo que, en ocasiones, no sea más prudente optar por el mal menor.

Querido comentarista, lo pediste es muy útil, porque este es un problema que puede extenderse sin final por todos los países con su inevitable siembra de odios y posibilidad de grandes conflictos.

Repito lo que dije hace tiempo: Que el límite de una nación esté aquí o más allá se debe a cuestiones en manos del azar: un río, una batalla perdida, una boda entre casas reales, una cordillera, una lengua, una religión. Las lenguas avanzan o retroceden o se encapsulan por razones azarosas. Las fronteras podían haber estado en muchos otros lugares alternativos. Lo que sí que resulta indudable son los males que afrontamos si una región comienza un proceso de secesión, u otro país inicia un proceso de incorporación por la fuerza.

En el caso de una autodeterminación, la inmensa mayoría de la población invadida o sojuzgada lo normal es que quiera recobrar la independencia. Y, aun así, los peligros de odio y sangre que conlleva un proceso de autodeterminación no son descartables.

Pero, en el caso de una secesión, estar dispuesto a pagar ese precio resulta objetivamente inaceptable desde un punto de vista moral.

Desde un punto de vista legal, la soberanía es indivisible. Normalmente, la Ley es reflejo de la moralidad; y la moralidad se encuentra reflejada en la legalidad. Ya sé muy bien que hay excepciones. Pero cuando el sistema jurídico se basa en la Razón, la Ley refleja el ordenamiento moral.

Si existiera un derecho a la secesión, Cataluña podría volverse a dividir cuatro años después de lograr la independencia. En un estado de anarquía, hasta los valles del pirineo proclamarían su independencia. ¿Por qué una ciudad no puede ser independiente?

No hay nadie que ahora abogue por la secesión en Cataluña que después no vaya a negar el derecho a la independencia a otros. ¿Por qué? Porque la Razón indica que la soberanía no puede estar fragmentándose de forma indefinida. Más allá de cierta división y subdivisión el sistema caería en la anarquía.

Aunque algunos digan que sí que aceptarán ese derecho, lo dicen convencidos de que el proceso se detendrá. Pero este es un proceso que resulta altamente inflamable porque cada división implica destrucción del bien común y la siembra de animadversión. Las secesiones no se pueden hacer sin esa siembra de la confrontación del uno con el otro. Sin confrontación, la Razón indica que la unión y la coordinación siempre es preferible. Cada desunión y descoordinación conlleva un coste. Por eso los defensores de este derecho de independencia, después lo niegan a los sometidos a la nueva soberanía. Antes de la guerra civil española los anarquistas no creían en la autoridad. Después, cuando se hicieron con el Poder en la guerra, ejercieron la autoridad. Lo mismo pasa con los que creen en el derecho de secesión. Una vez creada la nueva soberanía, ya no se puede ejercer ese derecho.

Por eso, desde el punto de vista de la moral, creo que ha llegado el momento de decir bien y alto y bien claro, sin ambigüedades, que no existe el derecho a la secesión. Existe, como es lógico, el derecho a que el prisionero recobre la libertad. Secesión no es lo mismo que autodeterminación. En 1944 Francia no se secesionó del III Reich. Las Trece Colonias sí que se independizaron de la Corona Inglesa, pero ese hecho (con razón o sin ella) no se pudo hacer sin pagar un precio en sangre.

Hay un ejemplo que puede dejar clara esta cuestión moral: Existe el derecho a que la esposa maltratada se escape del matrimonio. Pero no existe un derecho, moralmente hablando, a que la esposa un buen día anuncie que se autodetermina respecto al matrimonio y se marche. Esa no es una opción moralmente indiferente.

Desde el punto de vista de la licitud, uno puede ser todo lo nacionalista que quiera, pero teniendo claro que la soberanía es un bien nacional indivisible. Los montes del Pirineo no pertenecen a sus habitantes, sino a toda la nación. Y es un hecho objetivo que hoy Cataluña pertenece a España, hagan las votaciones que quieran hacer los que vivan allí. Es una mera cuestión legal con igual respuesta en todas las construcciones jurídicas de todo el mundo.

Por supuesto que uno dirá que uno tiene una opinión y otro tiene otra opinión. Pero el Poder no está sujeto a opiniones. El Poder es algo objetivo. Quim Torra dirá lo que quiera, pero él no puede detener al presidente de España; la justicia de España sí que puede detener a al presidente de la Generalitat.

Como dije en otro post, aquí cada cual tiene sus opiniones. Pero el Poder se demuestra en la capacidad de enviar a la policía a detener a alguien. Esa es la evidencia última de quien posee el Poder. Cuando llega la policía y le comunica a alguien: “Está usted detenido”, esa es la frase más objetiva que existe, no está sujeta a opinión.

Otra lectora pedía “altura de miras” con los nacionalistas, pero aquí hablo de la cuestión moral. Lo moral es lo justo. Después ya sé muy bien que nuestros políticos en Madrid pueden hacer los cambalaches que quieran. Pero yo hablo de cuestiones que tienen que ver con la moralidad, con lo justo, con los derechos. Después ya sé que puede ocurrir cualquier cosa.

domingo, noviembre 18, 2018

Agradecimiento de la iglesia española al Opus Dei



En los años 60 y 70, cuando la tormenta de desorientación doctrinal, de expansión de la herejía, de caos dentro del culto en el Templo de Dios, llegaron a su cenit, justo es reconocer que el Opus Dei fue un referente seguro para millones de españoles en cuestiones de fe.

En otros países, la Obra no tenía tanto peso como en España. Por supuesto que aquí había muchísimas personas individuales tan fieles como los miembros de la prelatura. Ahora bien, eran personas individuales, normalmente no organizadas. El Opus Dei sí que estaba organizado y muy bien organizado.

Caso aparte fueron, por supuesto, las diócesis de Cuenca y Toledo, verdaderos bastiones de la fe. La influencia de los clérigos de estos dos lugares se hizo notar con fuerza en toda la nación. Hoy día sí que se puede valorar el peso de estas dos diócesis como semillero de obispos y esparciendo clero óptimo por toda la nación.

Otros grupos fueron en esta fidelidad y amor a la oración como la prelatura, pero no contaron con los mismos medios materiales. Por citar solo dos, Comunión y liberación se centró en las universidades, pero tenía pocos miembros; y el Camino Neocatecumenal no incidió tanto en el mundo universitario, sino más en el apostolado con personas desfavorecidas. Otros grupos todavía eran más locales y no pudieron hacer planes de batalla a nivel nacional.

El Opus Dei, de modo silencioso, discreto, sin arrogancia, sin buscar el enfrentamiento, sí que dio luz a muchas almas, formó a sacerdotes y esparció la buena doctrina. Todavía recuerdo lo mucho que se rabiaba contra el Opus Dei en los años 80 por parte de los sacerdotes jóvenes más extremistas. Los que calificaban de “secta” a la prelatura, tuvieron que aguantarse al tener que escuchar elogio tras elogio del papa Wojtyla. Una y otra vez, él daba la razón precisamente a lo que ellos decían y la quitaba a los sembradores de mala doctrina. Hoy día las cosas que se decían entonces, por parte de sus adversarios, suenan ridículas. Costó mucho, pero mucho, salir de aquel mar revuelto de aguas lodosas.

Doy gracias al Opus Dei por su labor callada, eficaz, siempre constructiva, siempre fijándose en lo positivo, nunca atacando a nadie. La oración, la misa, la devoción a la Virgen... esas fueron las armas. No las necedades ideológicas que escuché de ciertos revolucionarios, de ciertos amantes de las novedades.

Pero ahora, cuando la paz se había impuesto, me preocupan ciertas cosas. Yo solo critico a los personajes históricos tras un paso razonable de tiempo. Como las decisiones de Tarancón hace medio siglo. Pero también ahora hay decisiones taranconianas aquí y allá. El camino es centrarse en el bien, no en la crítica. Obedecer, no extender un espíritu de rebeldía. Lo que tenemos que hacer es hacer bien nuestro trabajo, y no meternos a jueces.

A nadie se le impone qué debe pensar. Pero le pedimos, en el nombre de Jesús, a todo bautizado, que cubra con un velo la desnudez de los consagrados cuando toman decisiones eclesiales desacertadas. No estoy pensando ahora en nada en concreto, os lo aseguro. Pero sí que se ven en el horizonte los rumores de venideros conflictos eclesiales. Faltan años, pero ciertas tensiones no se desharán sin un fuerte trueno acompañado de pedrisco. Muchos católicos débiles (plantas débiles) no resistirán la granizada.

sábado, noviembre 17, 2018

Más sobre la carta de los menos de 300


 
La carta de ayer sigue dando lugar a precisiones por parte de los periodistas. Y es que, contados todos los diáconos, hasta el último, no se llega a 300 firmantes.

Por otra parte, ¿que son 300 firmantes entre 2.190 sacerdotes y religiosos? Hoy se sabe que la carta no la ha firmado ni el 8% del clero de Barcelona. Y donde más firmantes tuvo, Solsona, solo la suscribieron 18 de sus 73 sacerdotes.

Estas precisiones son importantes, porque muchos tienen una idea muy negativa del clero vasco y catalán. Pero, afortunadamente, la gran mayoría del clero de Euskadi y Cataluña están a favor de no meterse a opinar en cuestiones seculares. Y de eso doy fe: la mayor parte del clero en esas dos regiones está en su sitio, sin meterse en campos que son de los laicos.

Ahora bien, como ya dije, la cuestión teórica sí que es una cuestión moral que es insoslayable para los grandes sabios encargados de la moral. Es decir, no se trata de que cada hijo de vecino resuelva la cuestión teórica. Sino de que los más eminentes y santos la resuelvan y nos enseñen. Pensar que la licitud de las grandes cuestiones está sujeta a lo que cada uno piense es relativismo. Yo quiero saber la verdad.

Y la cuestión acerca de si es lícita o no la secesión desde un punto de vista meramente teórico tiene consecuencias gravísimas que fácilmente derivan en el derramamiento de sangre. Que una frontera pase por aquí o por allá se debe a razones históricas muy a menudo derivadas del puro azar. Portugal pudo haberse integrado en la corona española. Holanda pudo haber pertenecido con toda facilidad a Alemania. Los cantones suizos de habla italiana podrían haberse independizado. Borgoña podría haberse separado de la corona francesa en la Edad Media.

Las fronteras dependen de cosas como una cordillera montañosa, un río, la herencia de un príncipe y cosas por el estilo. Ahora bien, una vez que existe un Estado es un asunto de máxima importancia --aquí la palabra “máxima” adquiere su pleno significado-- saber quién es la autoridad suprema en el ejercicio del Poder.

Eso es algo que jamás, nunca, puede quedar en el aire. Estados Unidos con su lista de sucesión presidencial es una muestra de lo muy en serio que se toma esto. Texas fue un territorio que se anexionó voluntaria o involuntariamente (no me queda claro) a los Estados Unidos. Pero lo que sí que está claro es que, a estas alturas, aunque muchos en Texas repiten que si quisieran (y ganaran un referéndum) podrían volver a salir, eso no es verdad. Todos los juristas (incluso los de Texas) han dejado bien claro que no: que, aunque todos y cada uno de los texanos se pusieran de acuerdo, las autoridades federales actuarían con toda la contundencia necesaria para evitar una agresión contra su soberanía nacional.

Los independentistas me dirán: “Muy bien, usted defiende un bando; nosotros, otro. Usted nos acusa de meternos en cuestiones seculares, opinables, pero usted lo hace”.

Lo que sucede es que me he dado cuenta de que estos asuntos nunca son pacíficos, sino que inducen a los pueblos a la crispación más grande interna que puede sufrir un país. Pensar que esto se puede arreglar con algo de diálogo es un error. Se puede arreglar con diálogo una justa autodeterminación y siempre que haya amplia mayoría, pero nunca una secesión con la población dividida en partes casi iguales dentro de la zona de secesión.

Insisto, el mito de la sustracción pacífica, civilizada, de la soberanía nacional ha caído en mi forma de pensar. Ojo, no digo que no se pueda lograr. Pero se logra llegar a la meta pasando a través de un enfrentamiento, de una crispación y de unos peligros que no compensan el fin que se quiere obtener. Puede salir bien en cinco países, pero el sexto nos hará lamentar el haber comenzado este tipo de procesos.

No, la secesión no es una opción indiferente en la que la moral no tiene nada que decir.  ¿Es moralmente indiferente escalar sin cuerda, solo con las manos, una pared vertical como lo hacen los que practican el estilo “free solo”? Pues no. No me importa que haya escalado veinte paredes verticales y siga vivo, es una modalidad inmoral. La vida humana vale más que esas pruebas deportistas.

La vida humana vale más que el que una frontera pase por aquí o por allí. Y si no nos ponemos de acuerdo, entonces sigue vigente el ordenamiento constitucional. No aceptar esto es abrir la puerta a posibles tormentas de fuego y acero.

viernes, noviembre 16, 2018

La carta de algunos sacerdotes y diáconos catalanes



Me gustaría hacer algunos comentarios a varios párrafos de la llamada “Carta abierta de sacerdotes y diáconos catalanes a sus hermanos en el ministerio y a los obispos de España” que han firmado trescientos sacerdotes y diáconos catalanes. En azul pongo el texto de la carta, y en negro mi comentario. Y, de verdad, que intentaré ser lo más mesurado y ecuánime posible en mis glosas.

CARTA: Queridos hermanos en Cristo, os deseamos la paz y la gracia del Señor.

Un grupo numeroso de sacerdotes y diáconos catalanes nos dirigimos a todos vosotros con motivo del procés que se está viviendo en Cataluña. A todos nos duele constatar que las relaciones mutuas que se están dando entre cristianos y entre comunidades «de aquí y de allí», y los sentimientos recíprocos que expresamos, no son en muchos momentos lo que deberían ser sentimientos propios de hermanos en la fe.

La expresión de comunidades “de aquí y de allí” puede resultar engañosa. En las últimas elecciones, el independentismo logró el 47,5% de los votos. Los que querían permanecer en España lograron el 43,5%.

CARTA: Nos hemos preguntado muchas veces cuál debe ser nuestra posición. Y os pedimos a vosotros, hermanos sacerdotes, diáconos y obispos, que nos acompañéis en esta búsqueda.

La posición del clero debe ser la de no inmiscuirse en cuestiones opinables, en temas políticos.

Muy diferente es responder a la cuestión moral, a la cuestión teórica acerca de si la unidad de una nación es un bien moral. Esa sí que es una cuestión moral.

También hay que distinguir que no es lo mismo que a una nación invadida se le dé la posibilidad de la autodeterminación, que el supuesto derecho a que una región que conforma una unidad sin violencia pueda iniciar un proceso de secesión.

Estemos o no de acuerdo con el procés, es un hecho diferente el derecho de autodeterminación frente al supuesto derecho a la secesión. Jurídicamente siempre ha recibido un tratamiento distinto en los tratados de Derecho.

CARTA: Puede parecer fuera de lugar aludir a nuestra historia en la guerra civil de 1936, pero creemos que no. En aquel momento, la mayor parte de la Iglesia española se inclinó por una opción determinada, condicionada en buena medida por la persecución religiosa.

Me podría remitir con abundancia de datos a la enciclopédica monografía de Luís Suárez, Franco y la Iglesia. Honestamente, sin ánimo partidista, después de haber revisado los datos ofrecidos por varias obras, considero que la mayor parte de la iglesia catalana y vasca apoyaron al régimen victorioso en 1939.

CARTA: Pasada la terrible guerra y los años de posguerra, la Iglesia ha tenido que reconocer que aquella decisión fue un error histórico.

No es ajustado a la verdad afirmar que la Iglesia ha reconocido eso. Esa frase es muy llamativa.

No solo eso, sino que he podido ponderar cómo el clero de España ha cambiado de opinión frente a lo que pensaba en los años 70, durante los años de “pensamiento progresista”, frente a lo que piensa ahora. El revisionismo ha sido claro. La Ley de Memoria Histórica ha provocado una amplia reacción en el clero.

CARTA: Parece claro que una de las primeras actitudes necesarias es la convicción de que el único camino positivo es el diálogo.

Estoy totalmente de acuerdo. La mitad de los catalanes es independentista; la otra mitad, no. Es necesario dialogar. Pero mientras no nos pongamos de acuerdo, siguen vigentes las leyes. No hay una situación de indeterminación si se rompe el diálogo.

CARTA: Así lo han expresado diversas personalidades tanto del ámbito civil y político como del eclesiástico. Recordemos la toma de posición del presidente de la CEE, D. Ricardo Blázquez: «En estos momentos graves la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y a la búsqueda del bien común de todos, como señala la doctrina social de la Iglesia» (declaraciones del 23-11-2017).

Sería justo citar las varias declaraciones oficiales de la Conferencia Episcopal acerca de la unidad de España como un bien moral y la última sobre el procés, porque monseñor Blázquez siempre ha estado de acuerdo con esos documentos. Citar solo una declaración fragmentaria no refleja su pensamiento.

CARTA: No es aceptable pretender resolver un problema social tan complejo a base de la fuerza policial o del derecho penal.

En una carta que pretende ser un llamamiento al diálogo, ¿no es esto una toma de posición? En una carta en la que los pastores deben mantenerse neutrales, ¿no es esto una imposición de la propia postura?

¿No es aceptable el imperio de la Ley? ¿Entonces qué es lo aceptable?

CARTA: El diálogo supone y exige actitudes serenas, no agresivas, dispuestas a escuchar a la otra parte y a valorar sus posiciones.

Cierto, pero si no se llega a un acuerdo, sigue vigente la Ley.

CARTA: Está a punto de iniciarse un juicio penal contra muchos líderes políticos y sociales catalanes. Esta situación tiene una gravedad especial.

Si esta última frase no estuviera inscrita en la carta, se podría entender de forma ambivalente: lo que han cometido los imputados tiene una gravedad especial.

Incluso en Canadá (donde se reconoce la posibilidad de la fragmentación del país) si uno se salta la ley nacional, la ley se aplica de forma automática.

CARTA: Hay personas procesadas y encarceladas por perseguir lo que muchos de nosotros consideramos justo y adecuado a derecho, y que otras personas juzgan y condenan.

Lo que es adecuado a Derecho no está sujeto a la opinión de un grupo de ciudadanos.

CARTA: Al final, incluso después de diálogo y reflexión conjunta fraterna, se deberán tomar decisiones.

La sentencia por contravenir el orden jurídico no está sujeta a la decisión de un grupo de ciudadanos privados. Eso es así y debe ser así. El día en que las sentencias estén sometidas a la reflexión conjunta fraterna dejaremos de estar en un Estado de Derecho.

CARTA: Nuestro espíritu cristiano, formulado en los principios de la doctrina social de la Iglesia, nos inclina a buscar y aceptar las soluciones justas, que respeten los derechos de Cataluña como se deben respetar los de todos los pueblos, tal y como son descritos, en su contenido y límites, por dicha doctrina social.

Los derechos los tienen las personas físicas y jurídicas que radican en Cataluña, y están marcados, delimitamos y protegidos por la Ley. Los ciudadanos de esa región gozan de los mismos derechos, exactamente los mismos, que el resto de personas sujetas al ordenamiento jurídico vigente en esta nación.

CARTA: Atendamos, pues, más a lo que nos une que a lo que nos separa, no anteponiendo nunca ideologías ni leyes humanas al respeto recíproco y a la verdadera justicia.
La cárcel a los imputados se impuso cuando se pasó del “diálogo” a la imposición de una situación ilegal que afectaba gravemente al orden jurídico del Estado.

Desde la moral católica, no se puede decir que la autoridad del Estado haya realizado ningún acto ilícito al mantener el orden constitucional.