viernes, abril 15, 2022

Viernes Santo

 

Para este día del Viernes Santo, pensé en grandiosas ceremonias para el marco de un nuevo Vaticano. Se pueden leer en Neovaticano. Ceremonias en la gran archibasílica, procesiones en la réplica de Jerusalén que sería uno de sus barrios en ese enclave.

Después ideé unas ceremonias mucho más sencillas para el marco de una gran catedral del siglo XXI. Se pueden encontrar en La Catedral de San Abán. Años después diseñé un templo centrado en la Pasión de Cristo, el “Templo Pasionario”; un espacio pensado para recorrer los sufrimientos de Jesús a través de los instrumentos de su pasión. Todo está expuesto en Claustros Edénicos. En mi obra Templo Atanasiano propongo la creación de un espacio que sería óptimo como lugar de peregrinación en Semana Santa, pues se prestaría como pocos a meditar sobre el Calvario.

Con humildad reconozco que toda esta tormenta de ideas no es que haya tenido un nivel de efectividad cercano a cero, sino que ha sido realmente cero. Siempre queda la esperanza de que en milenio del reinado de Cristo anden buscando ideas, precisamente, muy ambiciosas: tanto en el marco como en las ceremonias mismas.

Sí, siempre queda la esperanza de haber escrito para el futuro. Tal vez mi reino no sea ni siquiera el futuro. Puede que mi destino sea que esos colosos arquitectónicos y los rituales que los llenan habiten solo en el campo del ensayo literario.

En cualquier caso, el futuro puede tener giros inesperados. El porvenir también tiene derecho a estar exento de cualquier giro sorprendente para la futura vida de mis escritos.

Dentro de unos años harán, seguro, alguna superproducción sobre Putin. La caracterización será perfecta. Hay que ver cuánto ha progresado el maquillaje. La película confío en que aborde con profundidad sus dudas, su psicología, la camarilla que le rodeó y le aconsejó. 

Los investigadores nos ofrecerán un cuadro adecuado de qué influencia tuvo cada amigo y colaborador, de cuáles pudieron ser las conversaciones entre ellos, de los movimientos internos en el Kremlin, entre los oligarcas, en el Estado Mayor. Es una historia que lo tiene todo.

Pienso en una película tan profunda y excelente como Nixon de Oliver Stone. Una película que penetra en el alma del retratado.

jueves, abril 14, 2022

Después de la comida de los sacerdotes, la cena de los apóstoles

 

Ya lo puse hace unos años, pero este “Reloj de la Pasión” resulta tan útil que os lo vuelvo a ofrecer. Podéis descargarlo en vuestro teléfono y tenerlo presente en cada momento. En realidad no necesitáis ni descargarlo, con memorizar el link ya lo tenéis disponible al segundo sin buscarlo en vuestros documentos:

—de 5 a las 6 p.m.: Jesús se separa de su Madre Santísima

—de 6 a las 7 p.m.: Jesús se separa de su Madre Santísima

     y se encamina hacia el Cenáculo

—de 7 a las 8 p.m.: la cena legal

—de 8 a las 9 p.m.: la cena eucarística

—de 9 a las 10 p.m.: la primera hora de agonía en el Huerto de Getsemaní

—de 10 a las 11 p.m.: la segunda hora de agonía en el Huerto de Getsemaní

—de 11 a las 12 a.m.: la tercera hora de Agonía en el Huerto de Getsemaní.

—de 12 a las 1 a.m.: la captura de Jesús

—de 1 a las 2 a.m.: Jesús atado, es hecho caer en el Torrente Cedrón

—de 2 a las 3 a.m.: Jesús es presentado a Anás

—de 3 a las 4 a.m.: Jesús en la casa de Caifás

—4 a las 5 a.m.: Jesús entre los soldados

—de 5 a las 6 a.m.: Jesús en la Prisión

—de 6 a las 7 a.m.: Jesús de nuevo ante Caifás y después es conducido a Pilato

—de 7 a las 8 a.m.: Jesús ante Pilato y Pilato lo mandó a Herodes

—de 9 a las 10 a.m.: La flagelación de Jesús y la coronación de espinas.

    Ecce Homo.

—de 10 a las 11 a.m.: Jesús abraza la Cruz. Via crucis.

—de 11 a las 12 p.m.: la crucifixión de Jesús

—de 12 a las 1 p.m.: la primera hora de agonía sobre la cruz

—de 1 a las 2 p.m.: la segunda hora de agonía en la cruz

—de 2 a las 3 p.m.: la tercera hora de agonía en la cruz. La muerte de Jesús.

—de 3 a las 4 p.m.: Jesús muerto es traspasado por la lanza

—de 4 a las 5 p.m.: la sepultura de Jesús y la Soledad de María Santísima

Como vais a escuchar muchos sermones estos días, me gustaría analizar esta fotografía para ayudarnos a imaginar con todo detalle cómo pudo ser el entorno de la Última Cena. Leer el Evangelio es imaginar. Imaginar es meterse en las escenas. Meterse en las escenas es vivirlas.

La oración es diálogo con Jesús. Metido en la escena, la oración brota de un modo natural.

♣ ♣ ♣

La foto que he puesto de la Última Cena es la que me parece más fiel a la realidad históricas. De todas las que he visto, esta es la mejor. Pero ese elogio (máximo elogio) paso a fijarme en lo que considero que son sus defectos.

El suelo está cubierto por unas esteras. Las veo demasiado finas de grosos y de urdimbre demasiado delgada. Para el suelo (y dado que al final había que tirarlas) eran más toscas. Unas esteras normales se verían algo pringosas y mugrientas. La costumbre de tirar huesos, espinas, huesos de fruta al suelo está amplísimamente documentada, incluso en las casas más ricas.

Lo que es llamativo es que la pieza en la que cenan es de suelo y paredes excavadas en la piedra. Es cierto que existían bodegas excavadas en piedra en Jerusalén. Pero no se celebraba en un mes así en una salita de este tipo, hubiera resultado demasiado frío el lugar y húmedo. Lo digo con conocimiento de causa porque en las comarcas en torno a mi primera parroquia había muchas casas que tenían amplias bodegas subterráneas. El lugar era seco, pero no adecuado para habitarlas todo el año.

Las paredes son ficticias. Pensar que una casa tenía la apariencia de una catacumba actual es erróneo. Incluso las catacumbas estaban muy decoradas. En una casa semita había muchas posibilidades, menos paredes desnudas. Eso es lo que diferenciaba las paredes de una bodega o de una cuadra, frente a las de una sala de estar. Colores, pintura, elementos decorativos añadidos. Paredes desnudas, no.

La iluminación es irreal, pero se le puede excusar. La gente no sabe cuán oscuras eran las casas al caer la noche. En una película una iluminación realista resultaría demasiado extraña. Las lámparas estaban sobre la mesa o colgando del techo. Pero más frecuentemente sobre la mesa. En la foto hay cuatro lámparas sobre la mesa, aunque hay que ampliar la foto para distinguirlas. Pero estas tienen una llama demasiado grande. Los antiguos preferían poner más lámparas con mecha de tamaño normal que la mitad con mecha más grande. Las mechas de las lámparas de la foto darían demasiado humo. Cuanto más grande es la llama, da más humo. Y el humo acumulado era un problema en los espacios cerrados. Por eso el tamaño de la mecha se controlaba mucho y se prefería multiplicar el número de mechas de tamaño normal.

Los comensales están sentados sobre las finas esteras, sin cojines. Hubiera sido normal que estuvieran reclinados sobre muebles no muy altos. No tan elaborados como los de los romanos y griegos; pero no es un error que se asentaran sobre el suelo. Pero los cojines sí que estaban presentes hasta en las tiendas de los patriarcas, dos mil años antes. Esas esteras son nuevas, recién compradas.

La mesa aparece ya limpia de platos. Sí, es muy posible que, al entrar en la parte eucarística de la cena, se retiraran los platos, fuentes y cuencos. En los óleos que pintan la pasión siempre hay poca comida sobre la mesa. Podemos estar seguros de que durante la cena todo estaba cubierto de platos con salsas, vegetales, aceitunas, de todo. Pero sí, es muy posible que se retirara todo eso o parte antes del momento eucarístico.

En la parte de atrás hay un pequeño fuego. Craso error. El hogar estaba en un único punto de la casa, el llamado “hogar”. Allí había una chimenea y los útiles necesarios para cocinar. No había fuegos repartidos por la casa, ni siquiera uno más. Es cierto que había algunas casas paupérrimas sin chimenea, pero nunca al modo en que aparece en la imagen. El fuego de la foto es mera decoración.

Dado que ya no están cenando, pues no hay fuentes de comida sobre la mesa, eso significa que han entrado en la parte eucarística. La copa delante de Jesús de ningún modo es la copa de sabat de cualquier familia por pobre que fuera. La copa de Pascua era especial y se usaba en esas ocasiones. Si eran muy pobres, podía ser de cerámica. Pero no era un vaso normal como en la foto.

Aun así, reitero que me parece la más fiel de todas las reconstrucciones que he visto.

miércoles, abril 13, 2022

Todos juntos en buena armonía

 

Hoy hemos tenido la misa crismal y la comida todos los sacerdotes juntos. Se me ha olvidado hacer alguna foto. En serio que no me he acordado. 

Hoy, no tengo ningún "pero" que poner a todo el menú, ¡ninguno! Hasta el pan estaba bien horneado.

Pero nunca llueve a gusto de todos. El cura que tenía enfrente, joven, había pasado el coronavirus y se había quedado completamente sin olfato. Me decía que casi todos los alimentos habían perdido todo su sabor. Yo pensaba que esta es la típica persona que, para ahorrar, podría alimentarse de brócoli y coliflor.

Ha sido como siempre una comida muy entrañable. Será la edad, pero cada vez más me enternece vernos todos juntos en torno a una mesa. Había un cura ucraniano. Un capellán de rito oriental para los católicos ucranianos. También tenemos un capellán para los polacos.

Siempre comemos en el claustro de un antiguo monasterio cisterciense. El menú ha sido crema de marisco de primero. Era de polvo, pero a mí me gusta mucho, tanto como la auténtica.  Unos trocitos de carne con salsa de queso y unas patatas. Y un postre que era una mezcla de nata y queso. La diócesis siempre piensa en el bien espiritual del clero. El postre (lo más regulandero del menú) tenía el tamaño suficiente para que nadie pecara de gula aunque se comiera tres raciones.

martes, abril 12, 2022

Tantas cosas se podrían reconstruir

 

Hay tres marcos arquitectónicos que si existieran, me gustaría visitar palmo a palmo: una reconstrucción lo más exacta del Foro Romano (me conformaría con una parte, claro), otra de la Ciudad Prohibida y una reconstrucción del Potala (la residencia de los Dalai Lama).

Me refiero a reconstrucciones realizadas por los máximos expertos, buscando la fidelidad mayor posible. Una vez creados esos marcos, se podría recrear la “vida” en el interior de esos entornos. Además, estos tres marcos podrían crecer como parques temáticos en expansión.

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Hay que entender que, en el siglo XXI, la mayor parte de la economía ya no puede crecer como industria productiva. Producir lo que se dice producir tiene sus límites de crecimiento anual. Las economías, llegadas a cierto nivel, crecen en el sector servicios.

La creación de estos magnos proyectos que he expuesto supondría un desarrollo económico, no son lujos inútiles.

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La economía no puede seguir creciendo como una voraz maquinaria industrial devoradora de recursos. Se debe potenciar un crecimiento de sectores y actividades que lleven a la gente a salir de sus casas, a despegarse de las pantallas.

Sería ideal una sociedad que empleara parte de su potencial de crecimiento en crear preciosos bosquecillos en mitad de las ciudades, o grandes bosques en las afueras de los centros urbanos. No me refiero al típico bosque actual, sino a bosques visitables, naturales, pero cuyo nivel de diseño no tenga nada que ver con la mera y sencilla repoblación de pino a la que estamos acostumbrados, sino algo mucho más complejo y sofisticado.

La economía debería crecer como un factor de humanización. El desarrollo del PIB debería ser encauzado para hacer de la vida humana algo más noble, mejor. Solo con la codicia no basta como factor orientador de la economía. Hay que lograr que la sociedad promueva el mejor arte, el ejercicio al aire libre, las excursiones a visitar todos los pueblos, los entornos naturales, salir de casa, salir, salir, encontrarse con los demás.

Cuando escuché a cierto millonario hablar de cómo piensa invertir mucho dinero en el “Multiverso”, pensé: “Lo que nos faltaba. Que los planes de las grandes empresas promuevan el que la gente se aísle más; todavía más”.

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Lo que he escrito hoy sé que parece un imposible. Pero los países escandinavos y los bálticos se acercan bastante a esto que he expuesto. Me sorprendió cómo sus poblaciones aman sus entornos naturales y los recorren. Hay naciones que dan la espalda a su naturaleza y otros que la aman. En los países bálticos apenas hay gente obesa. La política de países como Noruega o Suecia es muchísimo más sana que la de lugares donde pululan seres como Christina Fernández de Kirchner o Amlo.

Una casa común

 

Siguiendo con el post de ayer. Yo creo que la monarquía española tiene un potencial que podría ser explotado grandiosamente. (Quiero recordar que no creo en ninguna monarquía real. Solo en monarquías simbólicas, estéticas, recuerdos del pasado, pero carentes de todo poder real.)

Lo que yo haría sería tan ambicioso que habría que levantar a las afueras de Madrid un duplicado arquitectónico exacto del Palacio Real. Pues la idea sería hacer de ese palacio un palacio vivo, mucho más accesible a las visitas. Se necesitaría otro palacio para hacer de él un marco grandioso para una corte con sus nobles (nobles menores, creados ex profeso para ese lugar), lacayos y con todos sus protocolos.

La idea sería no solo duplicar el Palacio, sino ampliar su entorno hasta crear una pequeña “ciudad”: museos, cambios de guardia, jardines, hoteles. En la práctica ese enclave sería un inmenso museo del imperio hispano, un lugar donde todos los hijos de las naciones hermanas se sintieran recibidos, acogidos, en una gran casa que sintieran como propia.

Por supuesto que este proyecto debería planificarse integralmente de una sola vez, desde el principio; pero con la idea de irlo desarrollando sin ninguna prisa. Con un terreno diez veces más grande que el solar del Palacio Real sería más que suficiente.

Es cierto que lo que propongo, en el fondo, es un gran parque temático. Pero contamos con la pieza esencial que es la institución constitucional de la monarquía, contamos con las obras de arte, con la historia y con un rio de turistas que cada año llegan a Madrid. No estoy diciendo que el rey tenga que estar todos los días en palacio, no. Pero se puede crear una nobleza menor cuya función ex profeso sea el palacio, una guardia que sea una buena recreación histórica, un entorno hotelero que acabe de completar el marco alrededor del palacio.

Este año se han presupuestado 20 000 millones de euros para el Ministerio de Igualdad. Con esa cantidad anual, sostenida en el tiempo, se puede reconstruir hasta el foro romano.

lunes, abril 11, 2022

Domingo de Ramos y Buckingham

 

Ayer, hablando con un primo mío, me dijo algo que es muy perspicaz y de lo que no había dado cuenta: lo que hace tan famoso al Palacio de Buckingham es el cambio de la guardia.

La afirmación parece muy simple. De tan simple que es, parece no tener ningún valor. Pero no es así.

El Palacio Real de Madrid es más grande. En mi opinión tiene mayor valor artístico en su interior y arquitectónico en su exterior. Aparece mucho más integrado en el marco urbano que el británico. Y si atendemos a los detalles, el palacio de Madrid (de una época de esplendor) sale ganando frente a un palacio inglés del siglo XIX que fue construido y decorado en una época de gran control del parlamento respecto al trono.

Entonces, ¿por qué todo el mundo conoce y admira un palacio, y el otro es casi desconocido? La clave está en lo que me dijo mi primo. El poder icónico de ciertas imágenes.

Palacio de Madrid: 135 000 m², 3418 habitaciones

Palacio de Buckingham: 77,000 m², 775 habitaciones.

Eso sin contar con que el palacio español tiene la armería, el jardín y la capilla que decantan todavía más la balanza hacia el lado de Madrid.

Es el cambio de guardia lo que hace que ese palacio sea considerado como es. ¿Y por qué hoy me he preguntado esto? Pues porque he visto parte de la procesión del Domingo de Ramos en el Vaticano. ¿Y qué conclusión he sacado? Que hay que hacer algo más, más grandioso; en la línea de las ceremonias de Neovaticano.

sábado, abril 09, 2022

Amarnos todos, querernos todos, qué arduo resulta

 

Mientras hoy almorzaba tres tozos de pan tostado con tomate y aguacate, cubiertos con lonchas de pechuga de pavo, he comenzado a ver Paseando a miss Daisy. Cuántos recuerdos me trae esa película que saboreé con tanto deleite hace muchos años.

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Hoy he visto una foto de mi buen don Klaus Limburg, formador del Seminario Bidasoa donde estudié. Grata memoria me es su nombre. Hay personas que pasan por nuestra vida dejándonos el aroma de bondad de su presencia.

Sin embargo, qué difícil se hace la convivencia con otras personas. Cuando una persona no se aguanta a sí misma, suele ser un erizo que no deja de dar pequeños tormentos a todos los que tiene a su alrededor.

La imagen del bueno de don Klaus me ha recordado a un compañero seminarista que, en fin, que exigente era, qué malos modos, con qué desprecio miraba a los que le rodeaban. Se le veía siempre insatisfecho.

♣ ♣ ♣

Hace unas semanas descubrí algunas formas geométricas muy peculiares. Esto demuestra que los expertos en geometría se ganan muy bien merecido su sueldo. Os las comparto:

gömböc

https://www.youtube.com/watch?v=rvVF5QWSYF4

sphericon

https://www.youtube.com/watch?v=nOA_VpjE0oM

un cuadrado que rueda

https://www.youtube.com/watch?v=eZM0WtB3UX8

viernes, abril 08, 2022

Hay pasiones que degradan la vida

 

¿Os acordáis del Duque de Moulin Rouge? Aquí tenéis un link si no lo recordáis:

https://www.google.com/search?q=the+duke+moulin+rouge&sxsrf=APq-WBvGTV208fSGYWiwPI5BNENSiExwGA:1646909779774&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=2ahUKEwiU0pmDsbv2AhVOCxoKHZCJDD4Q_AUoAXoECAIQAw&biw=1280&bih=609&dpr=1.5

Hay personas así de egoístas, con esos malos sentimientos; eso no es una ficción. Existen y son así.

¿Muere el duque de Monroth al final de la película? No. Sigue viviendo con su corazón, con sus pensamientos de rabia, de insatisfacción.

La protagonista muere de enfermedad, pero deja este mundo habiendo encontrado al amor de su vida. Y el protagonista la pierde a causa de su tuberculosis, pero también él ha amado.

El duque sigue sano, continúa con su dinero, pero prosigue su existencia lleno de mal. Es un hombre sin amor. La atracción que sentía por la protagonista no era más que otra forma que tomó su egoísmo. Toda su pasión no contenía nada de amor puro. Sí, tenía pasión, pero una pasión que empeoraba su vida.

Otro guionista hubiera hecho que el villano muriera. Pero no, su existencia era su castigo.

Putin es una versión real del duque de Monroth. Xin Jinping es otro duque de Monroth. La pasión destructiva es la misma, solo que Xin todavía no se ha acercado al escenario con la pistola en la mano. Es una mera y simple cuestión de tiempo.

jueves, abril 07, 2022

La fotografía como arte

 

Una de los malos efectos que ha tenido la invasión de Ucrania fue que con todos los posts sobre la guerra se me olvidó poner los hijos de los pecados capitales que faltaban. Bueno, ahora completo la lista.

Hijos de la envidia:

         —el odio

         —la murmuración

         —la difamación

         —el gozo en las adversidades del prójimo

         —la tristeza en su prosperidad

 

La gula es el apetito desordenado de comer y beber.

Hijos de la gula:

         —la torpeza de entendimiento

         —la desordenada alegría

         —la locuacidad excesiva

         —chabacanería y ordinariez

         —la lujuria

 

La ira es el apetito desordenado de venganza.

Hijos de la ira:

         —la indignación

         —el rencor

         —las riñas

         —la blasfemia

         —el insulto

 

La pereza.

—la disipación, o sea un vagabundeo ilícito del espíritu,

—la pusilanimidad,

—el torpor,

—el rencor,

—la malicia, o sea, el odio a los bienes espirituales

—la desesperación.

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Cambiando totalmente de tema, en el vídeo que pongo a continuación, mirad a partir del minuto 7.30, la parte del calvo. Me he reído a mandíbula batiente. Hacía meses que no me reía con carcajadas tan estruendosas:

https://www.youtube.com/watch?v=C1QNqUE88lo

miércoles, abril 06, 2022

También esta niña mirará atrás

 

Ayer un amigo escritor me escribió. No me extrañó, porque cuando redactaba el post titulado Escribiendo al final de mis días mi obra definitiva sabía que él era el único, entre todos los lectores, para el que todo resultaba familiar de aquel marco del que yo hablaba. Él había probado muchas veces la calsotada, la escalivada y pudo ser testigo de aquel mundo que tenía más en común con el agro romano que con la Aldea Global. Sí, él y yo fuimos los últimos que vivimos en un mundo esencialmente inalterado. La existencia, la mentalidad, las costumbres de mis abuelos y los suyos se parecían más a la vida de los campesinos de la república romana que a la existencia que llevaron sus nietos. La irrupción de la televisión cambió la mentalidad. Sus nietos conocerían mejor el folclore anglosajón que el de sus antepasados; habrían escuchado hablar mucho de Ricardo Corazón de León o de Braveheart, y nada de Jaime I el Conquistador o Ramiro I el Monje. Canterbury y Boston les resultarían más conocidos que la comarca vecina. Los que vivían en la ribera de esos ríos en 1980 ya moraban en otro mundo mental, con otros intereses, otras fantasías, otros ideales; y los nietos ya eran unos completos desconocidos que moraban en esquemas mentales incomprensibles.

En casa de mi abuelo se prensaba el aceite y la uva, se producía vino, ¡se cardaba la lana!, se salaban jamones, se retocaban las herraduras en la fragua (mi abuelo era también herrero) y se afilaban los arados. En la época de mi madre los segadores volvían cantando jotas al atardecer después de una jornada de hoz y rastrillo. El lavadero o el horno de pan comunitario eran realidades cotidianas que vivió mi madre y mis tíos. Los cuales, al acabar el día, se congregaban en un viejo hogar con campana en el techo e inmensa olla de cobre colgada en el centro de varias cadenas. Aunque tengo la duda si ya existía la llamada “cocina económica” cuando ellas ya habían nacido. Se trataba de un inmenso armatoste de hierro con muchos cajoncitos, con un gran corazón donde ardía la leña.

Mis abuelos y sus hijos reunidos en torno al fuego tenían más en común con los umbros y los sabinos que con su nieto visionando Matrix o American Beauty.

Ese mundo navarro, oscense o de la Cataluña profunda desapareció, ya no existe. Era inevitable no ya que evolucionase, sino que desapareciese. Pero fue un mundo que se mantuvo en esencia igual durante más de dos mil años. Mi amigo escritor, otros y yo tuvimos la suerte de verlo mientras se desvanecía en el plazo de cuarenta años. Sus habitantes, en esos cuarenta años (desde el final de los años 60 y el comienzo de los años 70), tuvieron la sensación y la evidencia de que todo estaba cambiando a su alrededor, y no se engañaban. En la casa de mis abuelos no había un solo sillón, sino bancos y pollos; es decir, en cocina y en el hogar había bancos de ladrillo encalado y con cojines que formaban un cuerpo con la pared. Había una vieja inmensa radio antiquísima, nunca hubo televisión. En el pueblo no había médico y la gente no tenía automóvil; aun así, la gente, como norma general, solía vivir hasta los 70 y 80 años. Al médico de Alquézar se le solía llamar, más bien, para ejercer de notario del estadio previo a la muerte. Me acuerdo de niño del temor que existía a “morir rabiando”. Se nacía en casa y se moría en ella. Unas casas todas ellas que no tenían menos de 500 metros cuadrados sin contar el corral. Todas con bodega y un desván (la “falsa” así se llamaba en Huesca) que hacía las delicias de mi infancia exploradora.

Un día encontré un baúl que ni mi madre conocía de su existencia. Dentro había todo tipo de objetos antiguos: entre otras cosas un retrato de Alfonso XIII, un marco de bronce con mechones y trenzas de mis bisabuelos y abuelos.

martes, abril 05, 2022

Ojos que miran, las ventanas del alma, asomarse a un espíritu detrás de un rostro

 

Me fascina el género de los retratos, en óleo o en fotografía, cuando hay un artista al otro lado de la cámara. Este retrato es óptimo desde el punto de vista de la composición, de los colores. El único problema es que los rostros de los jóvenes suelen ser neutros, como una página sin escribir. Si tratan de poner gestos, es peor. Todo resulta impostado cuando un joven trata de aparenta carácter. Mientras que un anciano, sin gesto alguno, habla. Su vida se transparenta en su mirada.

Por supuesto que hay fotografías de jóvenes que transmiten su mundo interior. Pero qué diferente es el retrato de un joven del de un anciano. Los unos transmiten belleza y frescura, ilusión, alegría infantil. Los ancianos reflejan en su mirada muchos más matices.

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Putin, desde un punto de vista meramente literario carece de cualquier interés. Es un villano plano y anodino. 

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Hoy he ido a la peluquería, a la Merino Barber Shop de la Plaza de los Irlandeses. Me han dejado muy bien. Ya lo veréis en el próximo vídeo de mi canal. Sí, hay una diferencia radical de cuando yo cojo mi máquina de cortar el pelo y hago lo que puedo con la parte del cogote y la nuca, a cuando un profesional usa muchos aparatos y sus manos tienen experiencia.

lunes, abril 04, 2022

Escribiendo al final de mis días mi obra definitiva

 

La imagen del senador anciano, retirado en su villa. Un paseo por un camino en medio de un campo, una tertulia con tres o cuatro amigos en un cenador de un jardín, un huerto donde crecen sabrosos ajetes que pasan de la tierra al plato o uno puerros asados en una parrilla, lo que en mi tierra se llamada una calsotada.

Si algo era ley universal en Huesca, donde no había ricos, era la vida sencilla. En 1960 la figura del terrateniente era conocida solo por las películas. Esa provincia sin industria, sin latifundios, sin gran comercio, era una tierra igualitaria. Tampoco había pobreza.

Los textos latinos de la república (romana) nos resultaban tan cercanos a nuestra vida y a lo que nos rodeaba. Sí, aquellos textos ya eran reflejo de un ideal de vida rústica que dejaba de existir entre la clase que escribía esas obras. Pero esa vida rústica seguía viva en la provincia de Huesca en 1960.

Por eso, para mí, el final de una vida no era un ideal de mansiones o lujos, sino la apacible vida descrita por Cicerón en su villa o de un Lépido o de un Ovidio. Los lujos artificiosos de no pocos ultrarricos de nuestra generación me parecen una forma peor de vivir. Sus excesos en el vestir, las joyas y costumbres similares siempre me han producido conmiseración, ni un gramo de envidia.

Un ser humano necesita un sillón cómodo, un salón de estar, una televisión, una cocina, una cama amplia. El resto es solo para enseñarlo a los visitantes. Pero qué ganas tienen de complicarse nuestros semejantes.

Como clérigo os voy a confesar que cuando tenía treinta años me imaginaba algo parecido a esto, pero en versión parroquial. Habiéndome dedicado a la literatura toda la vida y disfrutando de una apacible vida mientras ayudaba en una iglesia, dedicado a recibir visitas y apareciendo en los medios de comunicación de tanto en tanto para dar opiniones sobre todos los asuntos. Os puedo asegurar que el tema del exorcismo irrumpió en mi vida a mis treinta y tres años como un meteorito que descolocaba todo lo que esperaba y deseaba. Aquello vino sin buscarlo y se fue sin un suspiro por mi parte.

Me siento en un periodo de indeterminación, de final de lo pasado y de esperar lo futuro que venga. Quizá me espere una versión moderada de lo que al principio pensé que sería el final de mis días. En cualquier caso me es tan cara la idea de escribir mi última obra, mi testamento final, en los últimos años. Me imagino que para todo escritor esa imagen resulta muy querida. 

domingo, abril 03, 2022

Cuántas páginas detrás. La resta de páginas por delante.

 

Los retratos... cuánto me gustan. Este de hoy es sublime. ♣ No lo suelo hacer, pero hoy he leído todos vuestros comentarios. Agradezco tantas cosas afectuosas que habéis dicho. El que me ha provocado una estruendosa risotada, literalmente, ha sido Leonardo, cuando ha escrito: El que mucho se despide... pocas ganas tiene de partir.

Sí, es cierto, es cierto, la de veces que me he despedido. Me encanta el género biográfico de la despedida. Tiene un algo... que me embelesa. Por eso me gustó tanto El general en su laberinto o la parte final de Memorias de Adriano

No, no me interesan tanto las biografías cuando cantan las loas del héroe en su juventud, del emprendedor en su madurez. Los jóvenes me parecen tan inaguantablemente engreídos. Los hombres maduros que han triunfado me parecen tan insufribles en su ceguera. 

La parte que más me gusta es la del hombre anciano que se despide. Esa parte me parece de un sabor sublime, de una sinceridad insuperable. Insuperable a condición de que se escriba ya en la recta final.

No creo estar en la recta final, pero sí que me siento, en cierto modo, como al final de la madurez. Siempre he fijado el final de la madurez en los sesenta años: a los 20 el final del “comienzo de la vida”, a los 40 el final absoluto de la juventud, a los 60 el final de la madurez.

♣ Me han parecido entrañables las palabras de Osiel. Pero no, te lo digo con total sinceridad, no te castigues a ti mismo con tanto ensayo. La parte con la que mejor te lo pasarás es con las novelas. Avanza por ellas mientras te sea grata su lectura. Con el corazón en la mano te digo que mi trabajo buscó lectores, pero no la inmolación de ninguno. Para mí leer mi propia obra entera sería una carga difícil de soportar.

Me ha sorprendido que Bakhita haya leído Libro cuadrado y le haya gustado. No creía que fuera un género que la complaciese. También me ha sorprendido que Jorge haya leído La decadencia de las columnas jónicas. Siempre pienso que es un libro con menos lectores que los dedos de mis dos manos. Por lo menos que lo hayan acabado.

♣ Quiero aclarar que estoy sano. No tengo ninguna enfermedad que me haga pensar en una muerte temprana. De hecho, no tengo ninguna enfermedad. Pero desde que tenía quince años me encantaba la imagen de un anciano senador retirado en su villa que vive serenamente, de forma sencilla, con un huerto, sus últimos años. 

Mi huerto es este blog. Mi villa es mi piso. También yo participé en batallas. También yo hablé en el foro. Ahora me deleito en saborear la vejez. Una etapa que deseo aceptar con cada una de sus penalidades y alegrías. Lo creáis o no, sois una alegría para mí.

Este es el único escrito donde tengo un diario contacto con mis lectores. Aunque "lectores" me parece haceros de menos... compañeros.


sábado, abril 02, 2022

¿Cuántas páginas?

 

Hoy, mientras estaba en el baño, pensaba en la gran cantidad de sugerencias que he dado a la Iglesia y a mi iglesia particular.

—sugerencias para la revitalización de cabildo de la catedral de mi diócesis

—para una renovación estética del sagrario de la catedral

—para mejorar el acceso de los turistas a la Basílica de San Pedro del Vaticano sin que haya filas de espera, y toda una reforma de la organización para convertirlo en un lugar de oración y visitas a la vez

—reformas en los criterios para elegir a los obispos

—revitalización de la función de los arzobispos

—cambios en la composición del colegio cardenalicio

—planes arquitectónicos para catedrales, para un edificio de la Curia Romana y otros edificios eclesiásticos

—la creación de casas de reclusión eclesiástica

—la reforma de los procesos matrimoniales canónicos (escrito inédito)

—cambios en la función de los arciprestes

—varias sugerencias de tipo litúrgico recogidas unas en mi obra Sacras ceremonias mitradas, y otras en obras como La Catedral de San Abán.

Creo que la lista es completa. ¡Madre mía!, la cantidad de sugerencias que he dado a lo largo de mi vida. Eso sí, con una sonrisa en la boca reconozco que no he logrado que se lleve a cabo ni una sola de ellas. 

Pensaréis que no he luchado por alguna de ellas. Pues no es así. En algunas de ellas, las más fáciles de conseguir, sí que me he empeñado. Por ejemplo, llegué a hablar con el laico encargado de la vialidad del Vaticano. Le di explicaciones en su despacho, le hice dibujos.

A estas alturas Athanasius Kircher es mi santo patrón. Patrón de los que dejamos como herencia no un libro, sino una catedral de escritos que parece más un lugar de paseo con estética de Piranesi. De hecho, a mis más entusiastas lectores les puedo pedir muchas cosas, pero no que lean la obra integral. No conozco ni a una sola persona que lo haya hecho, ni siquiera al más enloquecido de mis admiradores. Y eso que mi obra integral parece hecha a medida para los más enloquecidos lectores que pueda contar autor alguno. Pero las dimensiones de mi obra vencen cualquier obsesión por tenaz que sea. He vencido como Rusia a Napoleón. En mi obra el espacio vence al tiempo. Cualquier lector-napoleónico será vencido, derrotado y hasta humillado por las dimensiones de las estepas literarias. “Ja, ja. ¡Solo has leído mis obras sobre demonología!”.

Este post no es de soberbia. Me parece que es lo más parecido a una autojustificación de mi subconsciente.

Con toda sinceridad, siendo yo bastante cruel crítico de mí mismo, creo que ha valido la pena. Ha valido la pena sacar de la nada todas esas llanuras y algunas montañas literarias (Cuando amanezca la ira, Las leyes del infierno...), aunque la mayor parte de ellas sigan inexploradas, conocidas por pocos.

Todo el mundo leyó El Caballo de Troya, o Nada de Laforet o tantos otros... Más veces he hablado de que sin llegar a una masa crítica, los libros... desaparecen. A pesar de todo, valió la pena.

Pocos acompañaron a Tutmosis en su camino hacia las tierras del Delta en mis páginas, pocos acompañaron a don Argemiro camino hacia Cataluña, pocos contemplaron las cascadas trinitarias de mis escritos de teología, pocos vieron la coronación papal de mi Neovaticano, pocos llegaron al final de mi Libro cuadrado.

Pero siendo estricto, nada amable, casi cruel, sí, valió la pena. No perseguí un espejismo al extender esas regiones de palabras. Mi parte la he cumplido. Ahora, ya, puedo resbalarme en la bañera con tranquilidad.

Otros autores seguro que en su lecho de muerte se lamentan de no haberse podido despedir. Yo me llevo despidiendo no menos de un lustro.

viernes, abril 01, 2022

Haciendo recuerdos propios de la vejez

 

He hecho memoria tratando de recordar a quién pondría en la lista de las mejores personas que han pasado por mi vida. Cuatro resaltan en las páginas ya escritas de mi existencia.

—Una señora que no puede orar más por mí desde hace muchos años. Su espíritu me ha acompañado y me acompaña como un verdadero ángel de la guarda. Es un escudo espiritual.

—Una médica que fue una presencia constante durante muchos años. Su amistad lo que buscaba
era mi presencia y no pretendía nada más. Su presencia era afecto, lealtad, simpatía en estado puro. Afecto de amistad y solo de amistad, pero amistad perfecta que no espera nada, que solo da, que se conforma con estar con la otra persona. Tras unos ocho años esa amistad se fue apagando por parte de ella. Estoy seguro de que no por culpa mía. Hice lo que pude por mantener esa relación. No hubo ninguna gran razón. Simplemente se fue enfriando con lentitud a pesar de mis esfuerzos.

—Un amigo que viene de los lejanos años de mi adolescencia, al ponerse al teléfono, sigue siendo una voz en la que puedo confiar, siempre optimista; pero, sobre todo, desbordante de bondad sin la mezcla del menor sentimiento oscuro. Yo hablaría con él mucho más a menudo. Pero él se siente cómodo solo una vez al mes.

—En cada una de las tres parroquias en las que he pasado, siempre hubo una madre que me apoyó y que se convirtió en impagable fuente de consejo. Las denomino a las tres “madres” pues por la edad hubieran podido serlo. Pero por encima de ellas hubo una cuarta madre que se merece ese calificativo en grado mucho mayor. Era la madre de una persona a la que ayudé con el tema de la posesión y que me llamaba cada semana un largo rato. Me adoptó como verdadero hijo. Esta amistad también entró en hibernación tras siete años: los celos hacia otra persona, el malmeter de un tercero y, sí, las malas decisiones de ella misma.

Después de toda una vida, cuatro personas. Cuatro que resaltan entre todas. Otros individuos, sin duda, se hubieran convertido en grandes amistades de no haber mediado grandes distancias, un océano entero. Algunos de estos individuos me considerarán altivo por no haber secundado sus invitaciones. Pero para mí la amistad es ir a su casa, pasear, comer juntos, salir de excursión al campo, visitar otra ciudad o un museo.

Me da muchísima tristeza pensar en las amistades que se han mustiado, pero a estas alturas de la vida ya acepto lo efímero de las cosas. Incluso las mejores personas no llenan nuestras expectativas. Así ha sido siempre en la historia y seguirá siéndolo. Las excepciones no deben hacernos olvidar que esta es la ley de la vida. La mejor amistad, la que más hace felices a dos personas o a un grupito de cuatro o cinco, tiene vida solo por unos años. Después se irá desvaneciendo, se irá enfriando. Quedará el recuerdo de los buenos momentos, de las risas, de los días dichosos en el campo.

Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:

Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder;

su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar.

Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser;

su tiempo el callar, y su tiempo el hablar.

Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida.

Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.

Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado.