martes, octubre 13, 2020

Tres fotos y ciertos errores... vaticanos

 


No sé quién escoge el mobiliario de las dependencias vaticanas. Pero las sillas del despacho donde el papa departe con los jefes de Estado no podrían ser menos adecuadas ni buscándolas a propósito.

Desde la primera vez me di cuenta de que no favorecen la conversación relajada, pues uno no puede apoyar la espalda en el respaldo. Propician un estado de alerta, de tensión. Si uno se apoya en el respaldo, uno se tiene que tirar hacia atrás de un modo completamente inadecuado para ese tipo de reuniones. Lo podéis comprobar en la tercera foto que adjunto y a la que, señores del jurado, llamaremos Prueba 3.

En fin, es algo que salta a la vista. Pero veo que pasan los años y allí siguen.

 

La segunda foto es otro ejemplo de graves errores por parte de aquel que escoge el mobiliario para un lugar tan fotografiado como ese. Poner esas dos mesitas para sostener las figuras de los dos santos queda muy feo. Esos dos santos están pidiendo a gritos unas peanas proporcionadas a lo que sostienen: peanas, no mesitas. Visualmente, restan protagonismo a la mesa central.

La lámpara no estaría mal en los años 50. Pero no añade ninguna belleza estética a esa mesa, ni la más mínima. Ocupa espacio, solo eso. Todos saben que allí no trabaja el papa, esa mesa solo se usa para departir con jefes de Estado. Ahora hay lámparas, ultramodernas, impresionantes por su minimalismo y por su belleza, que ni se ven. Esa lámpara a nivel decorativo, allí, es un cero a la izquierda.

Después está la proporción entre el reloj y la figura del santo: no guardan ninguna proporción. El sentido común, sin haber cursado ningún estudio de decoración, nos marca las proporciones áureas entre elementos sobre una mesa. Evidentemente, no son esas.

Aunque fijémonos en la tercera foto, alguien se apercibió de que las cosas no estaban bien, de que aquello no estaba bien ni para un decorador de bodas en una ciudad pequeña. Así que puso más elementos para solucionar el tema de las proporciones. Y lo logró. Añadiendo, lo soluciona.

 


¿Pero qué aparece entonces? Un barco de baratija en el fondo. ¿Es que no es posible acabar una página sin echar un borrón? Cualquier aficionado al modelismo sabe que ese barco no vale nada. En un espacio que debería ser icónico (con razón que no se haya convertido en tal), no debe haber nada que no sea exquisito, perfecto. No digo caro, no digo lujoso. ¿Se puede poner una maqueta de un barco o está prohibido? Claro que se puede. Pero, entonces, pon un barco de la misma calidad que los cuadros y los muebles y el entorno.

Eso sí, el barco es de la misma calidad que los jarroncitos de la mesa que está más lejos. Esas mesas ganan sin nada encima, solo distraen. Distraen esos elementos como si gritaran: “Somos baratos y feos, y, realmente, no sabemos qué hacemos aquí”.

Nota de descargo: Estoy seguro de que la persona que se encarga de la decoración es muy buena persona, que se esfuerza y que seguro que soy yo el que está equivocado. Además, seguro que es una persona de alma muy buena. Se nota por el amor con que decora todas esas estancias.

Nota 2: Creo que será una hipérbole afirmar que he visto mejores decorados en Plan 9 from Outer Space.

lunes, octubre 12, 2020

A vueltas con el comienzo de un nuevo año de vida: reflexionándome

 


A mis 52 años, confieso que me da un poco de pena ver que otros han subido montañas (sin escalar, no me gusta escalar), atravesado bosques, se han lanzado en paracaídas, han buceado... y yo solo he subido montañas bibliográficas, he atravesado bosques literarios, etcétera; no hay necesidad de llevar la comparación hasta el final.

Es verdad que en toda esa vida al aire libre, llena de ejercicio, de sensación de vivir y todo eso es más engañosa de lo que parece. Queda genial en las fotos y en los vídeos, pero está llena de momentos... tediosos, aburridos y totalmente insatisfactorios.

La vida de los libros, la vida del pensamiento, es más serena. Mucho menos aburrida. Hay individuos que parecen destinados a las bibliotecas reales o virtuales.

Lo cierto es que a mí me encanta la vida social. Para nada soy el eremita de los libros. Todo lo contrario. Si de mí dependiera, saldría a cenar cada día, con una larga sobremesa, con risas, me encanta pasarlo bien con otros. Si de mí dependiera, tendría una excursión cada semana. Y un viaje más largo cada dos meses por España o por otros lugares.

Pero las circunstancias, la vida, el Destino, parecen haberme recluido en el invernadero más adecuado para producir cuatro cosechas al año.

También me hubiera gustado ejercer el poder, el poder eclesiástico, claro. De verdad, con toda sinceridad, nunca he consentido en esta tentación. Pero sí, he sentido siempre esa inclinación, ese gusto. Aunque en eso estoy limpio. Mi voluntad siempre ha rechazado tal impura tentación.

Hay una lujuria del poder, hay una lujuria del conocimiento (incluso en la teología). Pero, en mí, el trabajo con los libros ha tenido todo de inspiración, de pasión, pero siempre he tenido en cuenta el vanidad de vanidades. Inspiración, pasión arrolladora, pero nunca me he considerado superior a nadie, mejor que nadie. Unos trabajan en una cosa; otros, en otra. Eso es todo.

Lo único que sí que me daba envidia era el que sabía vivir. Eso sí. Yo siempre me he considerado un poco enterrado en una tumba de libros. Enterrado en vida. Solo así he podido producir cosechas abundantes. Pero, ahora, pasada la mitad de mi vida, me doy cuenta de que lo que me parecía una etapa de dedicación exclusiva como algo transitorio se ha ido convirtiendo en algo permanente. Quizá era mi destino. Quizá no estaba en mi mano repartirme, dividirme.

Amo la teología y la literatura, con pasión. Pero estoy tan convencido de que todo es vanidad. Lo digo con total sinceridad. Es cierto que la entrega fue a Dios. La teología y la literatura solo han sido el camino concreto de caminar en esa entrega. Eso siempre lo he tenido claro. Siempre me he movido en un Libro cuadrado por poner un marco como el de una de mis obras. El Centro siempre he tenido claro cuál era.

A mis 52 años, tengo el más agridulce de los sabores en mi boca. Para nada encuentro el sabor de la satisfacción. Quizá también me encuentro bajo el peso, el inmenso peso de mi obra sobre san Pablo, cuyas dimensiones pesan sobre mí como una losa. ¿Ha valido la pena?, me pregunto incesantemente. Sea de ello lo que fuere, ya voy acabando.

Bueno, pensamientos que os ofrezco, que os descubro. 52 años es un buen momento para repensar el trabajo, para reflexionar sobre mí mismo. A los 60 es posible que sea mucho más rígido, que ya tenga menos capacidad para ser flexible incluso en mis preguntas.

Pero, os lo digo con total sinceridad, quizá la soberbia sea el pecado en el que más difícil me parece que yo pueda caer. La envidía sí, la soberbia... no. La aurea mediocritas no seré yo el que la coloque en un pedestal.

Hoy he cumplido 52 años: el río que se remansa y que se vuelve más profundo en su madre

 


La foto es de hace cuatro días, en la sala capitular de la catedral, me la hizo el penitenciario. Una y otra vez repitió que le recordaba a un padre de la Iglesia. Fue él el que insistió en hacer la foto. Le di la razón (con convicción) en cuanto al parecido.

Hoy (11 de octubre) cumplo 52 años de vida. Ayer, por la noche, releí unos pasajes del final de la vida de Memorias de Adriano. Por la mañana, fui al hospital. Una persona en la misa. Varias comuniones. Ninguna unción. Dos pasillos de coronavirus y uno de cuarentena.

Después he ido a comer con una querida familia. Cuando me han invitado, ellos no sabían que hoy era mi cumpleaños. Después de tan agradable comida, me ha entrado un poco de sueño en el sillón. Esa escena de un cura con sotana al que se le cierran los ojos ofrecía una imagen avejentada del padre Fortea.

Por la tarde varias llamadas de amigos y familiares. Hemos hablado con mi tía largo rato de Barbastro, de Barbastro en los viejos tiempos. Me ha llamado mi tía abuela. Más que preguntarle si se acuerda de la Gripe Española, debería haberle preguntado si se acuerda de la Guerra Franco-prusiana.

A los 52 años, me pregunto que si desapareciera, qué dejaría detrás de mí. Más allá de los efectos de los sacramentos y de las conversaciones que he tenido, charlas personales, breves y largas, dando consejo, ánimo, confesiones, con niños de catequesis, con moribundos, pienso que dejaría mis libros. Más allá del efecto que haya hecho en las almas, creo que he dejado una obra personal, muy personal, una región literario-teológica donde adentrarse. Miles de páginas que alegrarán la vida de alguien en algún lugar. Mis libros serán causas que producirán efectos. Probablemente, me quedan unos veinte años de vida útil como escritor. Me parecen muy pocos años. Sí, ha empezado una cuenta atrás. Hasta cierto momento de mi vida la cuenta era hacia delante.

¿El mejor libro de mi vida? ¿La cúspide de todo lo que he escrito? Después de decenas de miles de horas escribiendo, pensando, creo que mi mejor libro es Las leyes del infierno. ¿Mi mejor novela? Cuando amanezca la ira.

Me preguntaba ahora cuál es el mejor amigo que he tenido en mi vida. Esa pregunta es más complicada. Creo que dos mujeres han sido las mejores y más duraderas amistades de mi paso por la tierra.

¿El tiempo más feliz? Mis cinco años de seminario en Pamplona. En segundo lugar, mi año como secretario de mi obispo.

Ahora, cierro este post. Después de 52 años, este post. ¿Espero que el futuro sea una continuación serena, placentera, de mis años pasados, de mi última etapa? No, creo firmemente que Dios tiene la capacidad de sorprenderme.

sábado, octubre 10, 2020

Cuando la imagen tiene poco que ver con el post

 


He grabado una charla sobre la encíclica Fratelli Tutti para mi canal. En algo de más de diez días, la subiré. Tardaré eso porque tengo que poner una charla más sobre el tema de los ángeles en el Libro del Apocalipsis.

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No sé cómo puede haber gente que, desde hace medio año, pierde 20 minutos del noticiario en ver cómo va el virus extendiéndose o retrocediéndose. Cuánto me alegro de no haber perdido tiempo con eso. A trozos, ayer acabé de ver por tercera vez Indiana Jones y la Calavera de Cristal. Cinematográficamente, la cinta tiene un valor cero.

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He visto un vídeo sobre cómo reconocer la masonería eclesiástica. En definitiva, el clérigo masón hablará mucho de fraternidad. Pero, como si habla mucho de fraternidad, se notará demasiado, sustituirá la palabra fraternidad por amor. ¡Ojo, con los párrocos que hablan demasiado del amor! A veces, esos desalmados, ayudarán mucho a los pobres y necesitados, para así confundir a las almas cándidas. A veces, harán mucha oración, para que nadie sospeche de ellos. Incluso llegarán a criticar a la masonería, para que nadie les reconozca. Criticar mucho a la masonería resulta sospechoso. Tampoco hay que pensar que esos lobos son tontos.

Por lo tanto, ¡tened cuidado con cualquier sacerdote que habla mucho del amor, que ayuda a los pobres y que dedica horas cada día a la oración! Esos serán los más peligrosos.

¿Entonces, cómo distinguir el trigo de la cizaña? Imposible. Hijos míos, estáis perdidos. Menos mal que hay laicos que, en Youtube, os advertirán qué sacerdote es malo, qué obispo no es de confianza, qué cardenal es sospechoso, qué papa no es lo que parece. Sicut fons veritatis semper Youtube rimanet.

Menos mal. Los obispos ya no sirven. Los concilios tampoco. Ni siquiera si son universales. (Especialmente malos son los universales.) Las congregaciones, menos; menudo nido. Solo nos queda Youtube. Los aguerridos y valientes youtubers son el último criterio de verdad.

Algunos, cuando rezan el credo, están (con toda razón) tentados de decir: “Creo en la Iglesia Católica, la verdadera, la santa, católica, la de Youtube”. No creáis a los obispos. Creed a Jaime que, desde Ciudad Real, el vecino del 3º D, os dice cuál es la Iglesia verdadera. O a Manuel, el fontanero de Ventillas del Olmo (Lugo) que os dirá, con seguridad indubitable, cuál es la Iglesia no contaminada.

Vosotros elegís. O creer a Jaime (el del 3ºD) o a Manuel (el fontanero) o, espero que no, a los cinco mil obispos repartidos por el orbe. Sin duda, Youtube os guiará por este accidentado camino. Os diría que siguiérais a los lefevbrianos. Pero, hasta los lefevbrianos son demasiado de izquierdas, en esta materia.

Nota (creedme que alguien la necesitará): No se preocupe, las líneas anteriores eran irónicas. Tranquilo. He usado expresiones que dan a entender algo contrario a lo que siento.

viernes, octubre 09, 2020

Listado de no de lecturas, sino de lectores

 


Mientras hoy estaba comprando en el supermercado, me ha llamado un amigo mío médico para comentarme que había acabado de leer Cuando amanezca la ira, mi novela sobre las plagas de Egipto. Mientras compraba en la zona de pescadería, escogía un pulpo, llenaba la cesta de tabletas de chocolate y me llevaba varios pasteles alemanes de la marca Mildred, concretamente el de frutas, mi querido amigo me iba a desgranando su opinión sobre el libro.

A los escritores nos encanta que nos hablen de nuestras obras, esas “cosas” que hemos fabricado con tanto cariño: fabricado, erigido, pintado, creado.

Las opiniones buenas o malas son útiles sin son opiniones útiles, no todas las opiniones son útiles. Además, este médico es muy lector. Con lo cual, su opinión era importante.

La novela la han leído, antes de su publicación, el forteólogo chileno que es mi corrector. No es solo un corrector, es un experto en toda mi obra. Si viviera en Madrid, pasearíamos él, su esposa y yo todas las semanas sin falta. Seguro que se convertiría en un gran amigo mío.

El segundo que la leyó fue un profesor de griego. Buen conocedor de la historia sus opiniones eran importantes para mí. Fue un poco escaso en sus opiniones, francamente. Sí, es un hombre lacónico.

El tercero en leer el libro es lógico pensar que fue el editor y los miembros de la editorial. No me dio ninguna opinión sobre la obra. Solo me llamó y me dijo que la publicaba. Estoy rodeado de gente lacónica.

La cuarta en leer el libro fue cierta mujer mexicana que es un ángel mío a la distancia. Desde aquí noto su cariño sincero. Siempre está ahí. Lejos y cerca a la vez. Presente en mi vida y con un océano de por medio.

El cuarto en leerla fue un médico que trabaja en Inglaterra. Una persona que cada vez me resulta más entrañable. En esta amistad, se va incluyendo su mujer.

El quinto es un médico español, que es el que me ha llamado esta mañana. He hablado con él mientras iba por los armarios de comida, mientras pagaba a la cajera, mientras conducía, mientras subía las bolsas por la escalera. La conversación ha acabado cuando ya había puesto las compras en la nevera y los armarios.

Escuchar su emoción sobre mi libro tenía un poco de cosecha. Sentía en él la emoción de los lectores por venir. Era un poco de rocío sobre la abrasada piel del escritor. Esta última frase, como bien sospecháis, es totalmente literaria.

jueves, octubre 08, 2020

Ja, ja, ¡toma!


 

Repensando la economía

 


Estos días estoy leyendo la Didajé. Sigo con mi propósito de leer todos los escritos de la época apostólica.

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Hoy he concelebrado con el obispo en la catedral, el segundo día de las témporas de acción de gracias.

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Pienso que, en esta precisa coyuntura, habría que replantearse, integralmente, la economía de toda una nación como España. No se puede esperar a que mejore la economía para que no haya paro. Llevamos esperando toda una vida. Creo que ya es momento de intentar algo nuevo.

Por otra parte, la economía debe ser libre. Pero, al mismo tiempo, una economía que no sea encauzada y racionalizada puede acabar empleando muchos recursos para “producir” falsos bienes, bienes que no producen ningún verdadero beneficio a la población.

Pongo un ejemplo claro, las distintas empresas telefónicas de España emplean muchos millones de euros en campañas, propaganda y cosas similares para vender un producto que es, esencialmente, igual al de las otras compañías. Cuando la única compañía telefónica que existía en España era monopolio del Estado, no funcionaba peor que ahora y todos esos recursos eran ahorrados para emplearlos para otros fines que redundaran en el bien común. Se empleaban los recursos necesarios y la nación se ahorraba todo el “envoltorio”, todos los “lazos decorativos”. El envoltorio y los lazos los pagamos entre todos.

Cuando se pagan fortunas en honorarios a futbolistas, los pagamos entre todos. Es cierto que el futbol es hoy día un negocio y que los sueldos forman parte de ese espectáculo. Ahora bien, todas esas fortunas empleadas, realmente, no producen nada. Es humo y solo humo. No sé cómo habría que reformar ese entramado, solo digo que no producen nada más allá de un círculo vicioso de fama y demandas populares innecesarias hacia ciertos jugadores en concreto. Son miles de millones de euros tirados al mar, que no producen más que un beneficio ilusorio.

Otro ejemplo, hay marcas de cremas muy caras que funcionan exactamente igual que otras baratísimas. Pero la marca cara se ha hecho un nombre y lo mantiene a base de propaganda, aunque su producto, en realidad, no supone un beneficio verdadero, sino solo imaginado, frente a cremas más baratas. Dígase lo mismo con ciertas marcas de ropa, de bolsos, de zapatillas deportivas. Solo se paga la marca.

¿Qué hay que hacer? Bueno, el modo en que la economía se reforme es algo que debería ser evaluado por los expertos. Pero la economía de un país podría acabar, algún día (es una hipótesis), dedicando el 80% de los recursos a la “producción” de bienes ilusorios.

La idea de que la economía abandonada a sí misma encontrará el camino no siempre es verdad. Las fuerzas del libre mercado podrían llevarnos a, por ejemplo, dedicar la mayor parte de los recursos económicos a cuidar del embalsamamiento de los muertos o locuras de ese tipo. En Egipto, hubo una época en la que una grandísima partida del gasto público tenía que ver con el cuidado de los muertos.

Con un paro y una pobreza como la que vamos a tener es hora de plantearse en qué se emplean los escasos recursos de los que vamos a disponer, sin pensar ilusoriamente que la economía por sí misma regenerará todo. Me limito a lanzar una pregunta para la que no tengo todas las respuestas: hay que replantearse integralmente la economía. Aunque, ciertamente, no puedo pensar en otra cosa que en un cierto neokeynesianismo.

martes, octubre 06, 2020

Desde los tiempos de Persia hasta las distopías del siglo XXI, siempre lo mismo

 

Preciosísima la pintura china titulada El festival Qingming junto al río. Ya hablé hace tiempo aquí de este rollo de cinco metros de largo que capta la vida diaria de la ciudad de Kaifeng en el siglo X u XI. Una obra fascinante. En mi opinión, mucho más bella que el Tapiz de Bayeux. En ella aparecen representados 814 individuos, 28 barcos, 60 animales...

Ayer vi un vídeo serio (hecho por una organización seria) acerca de los problemas que están sufriendo los protestantes en China. Desolador. Para empezar, prohibida la compra en todo el país de biblias online. Escalofriante el esfuerzo de los expertos del partido para hacer una traducción china que respete los valores chinos. Etc., etc.

Cualquier día vemos la versión china oficial del Canal del padre Fortea. Un Canal del padre Foltea-xing (alguna imitación mía) alabando las maravillas de Pekín y sus rollitos de primavera. 

Ahora casi me arrepiento de haber permitido ayer a ese oriental tan amable tomar un molde de mi cara en silicona con la excusa de que solo lo quería para el salón de su casa.

lunes, octubre 05, 2020

Historia alternativa

 




Malas influencias...

 


Me arrancó una risa el comentario de un usuario que adjuntando el meme de Hitler y el chiste de la máquina tiempo decía que era por todos esos viajeros del tiempo tratando de matarle era por lo que Hitler generó una mentalidad psicótica que le llevó a dedicarse a la política de un modo totalmente desquiciado que tuvo las consecuencias de todos conocidas.

Pero quizá la teoría más genial de todas las teorías posibles es la que alguien hiló a base de los actores secundarios en Indiana Jones y Star Wars:

https://www.syfy.com/syfywire/indiana-jonesdarth-vader-conspiracy-theory-will-change-everything

¿Qué puedo decir? Formidable. Sencillamente, me quito el sombrero. Yo perdiendo el tiempo acerca de las ceremonias para la firma de una bula, mientras los grandes jóvenes pensadores se dedican a salvar el mundo descubriendo la fontanería que subyace debajo de los oficiales libros de historia. Pero los hechos son innegables.

domingo, octubre 04, 2020

Dos buenos chistes, inteligentes. El primer chiste no lo entendí a la primera.




 

Un ejemplo de bula papal antigua

 


Existe un cierto hábito, no muy extendido, de firmar algunos documentos sobre el altar. Se trata de una costumbre completamente contemporánea. Si me equivoco agradeceré datos en contra. Pero es algo que, según entiendo, proviene de finales del siglo XX.

En el altar se pueden hacer diversas cosas, pero, a mi entender, no es el lugar para firmar nada. Eso se basa en este silogismo:

—La sacralidad del altar se ha usado siempre para actos litúrgicos y solo para actos litúrgicos.

—La firma de un documento no es un acto litúrgico, luego no se hace sobre el altar.

Es cierto que la firma de un gran documento pontificio parece requerir de algún acto ceremonial que resalte la importancia de esa rúbrica. Pero esa es precisamente la diferencia entre lo protocolario y lo litúrgico.

Me parece muy bien que un documento de aprobación de un gran documento papal se haga firmando un pliego con bello arte caligráfico. Después, se le pueden añadir dos firmas de dos testigos. A eso se le puede añadir un sello metálico o de lacre.

Todo este proceso puede ser grabado con una cámara, cuidando todos los detalles del entorno. Sí, ciertamente, hay firmas que conviene que vayan acompañadas de un cierto protocolo eclesiástico.

No solo eso. Es una pena que un bonito pliego escrito a mano con un bonito sello se quede en un archivo. Pienso que habría que hacer dos copias de ese tipo de documentos. Uno para que se quede en el archivo y otro para que recorra las parroquias, para que los fieles pueden ver los detalles y el contenido del manuscrito, tocar el papel, apreciar el sello. No importa si se deteriora, hay una copia en el archivo. La copia segunda es para que pase de mano en mano y reciba un cierto nivel de deterioro.

Ya dije en su momento, que, cuando el rey de España abdicó, lo hizo firmando un papel normal salido de cualquier impresora. No es este, pero es semejante al que aparece en este link:

https://es.wikipedia.org/wiki/Abdicaci%C3%B3n_de_Juan_Carlos_I#/media/Archivo:Carta_abdicacion_Juan_Carlos_I.gif

Mientras que cuando abdicó la reina de Holanda, lo hizo con este documento:

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/89/Akte_van_abdicatie_van_Koningin_Juliana_-_Deed_of_abdication_of_Queen_Juliana_%288637710944%29.jpg

Sí, los documentos eclesiásticos importantes conviene que sean solemnes en la forma. Pero mi opinión es que deben ser firmados fuera del templo. Y con el ministro de Dios sin estar revestido de ornamentos litúrgicos. Esa ha sido la tradición hasta ahora.

sábado, octubre 03, 2020

El largo, largo, camino hacia el teléfono móvil

¡Y sin sms!

 

Una tarde normal en cualquier casa antes de Internet

 


Ha causado estupor, en el mundo, ver las fotos de Carlo Acutis que será beatificado en octubre. Muchos se han preguntado al verlo: “¿Está incorrupto?”.

Cuando me preguntaban eso, si estaba incorrupto, yo les respondía con una sola palabra que lo respondía todo: Italia.

Italia es el único país en el que los tanatólogos son capaces de recoger, a las diez de la mañana, la momia del faraón Semempeses (dinastía I) y dejarlo, a las cuatro de la tarde, de manera que parezca que dos horas antes estaba cazando zorros en su carro.

Carlo Acutis no solo es que parece que está incorrupto, es que tiene mejor cara muerto durante catorce años que yo vivo cuando me levanto por la mañana.

Pero es que la relación de los italianos con los muertos es, digamos, especial. Para los españoles los muertos son unos nichos que visitamos una vez al año. Los italianos, si les dejara la ley, los tendrían en el salón de casa, sentados en su sillón. Cuando fueras de visita, saludarías a los vivos y a los difuntos de la casa. No he visto una nación que ame más a sus muertos que la italiana.

¿Los españoles? Si saliera mañana una propuesta de ley para que se nacionalizase la industria funeraria y el Estado se encargase de volatilizar a todos los difuntos, si el voto fuera secreto, una ley así ganaría cualquier plebiscito popular.

jueves, octubre 01, 2020

Europeos, no deis por supuesta la libertad de expresión

 


Que la libertad de expresión, en los últimos años, se ha visto, de hecho, limitada en varios países occidentales es una realidad. En mi país, en concreto, son varios los campos en los que lo políticamente correcto va a pasarse a sustanciarse en leyes.

Siempre me opuse a que un marido pudiera ser encerrado en la cárcel por mera la acusación de su esposa. Nadie podía acusarme de haber pegado a mi mujer y tener, por tanto, intereses ocultos en esa defensa. Este es un tema en el que el que disienta de la opinión pública será crucificado mediáticamente.

Que jamás un ciudadano puede ser encarcelado por la mera palabra de otro ciudadano parece elemental. Pero no basta la flagelación mediática, son varios los campos en los que la presión de la masa pasará a convertirse en leyes.

Un hecho no delictivo (por ejemplo, qué pienses de una determinada época histórica) pasa a ser delictivo. Y poner en duda la legitimidad de la ley pasa a ser apología del hecho delictivo.

Son preferibles los abusos puntuales por un exceso de libertad, que cercenar la libertad de todos por el hecho de que alguna vez haya un abuso.

Lo triste es observar lo poco independientes que son los sistemas legislativos en nuestras constituciones europeas. He revisado varias constituciones y me he quedado sorprendido al ver que la división de poderes no existe en varios lugares ni siquiera sobre el papel.

Que me corrija alguien si estoy equivocado, pero la Cámara de los Lores solo puede retrasar la aprobación de leyes. En Hungría es peor, las leyes las aprueba el parlamento porque su sistema constitucional es ¡unicameral!

Increíble. No me lo podía creer. ¡Unicameral! No hay senado. Ahora bien, ¿realmente estamos los demás países más protegidos en cuanto a la división de poderes? Por supuesto que no. Simplemente, tenemos el espejismo de esa separación de poderes.

Nos enfrentamos, dentro de pocos años, al tremendo reto de la defensa de la libertad de expresión en Europa. Y no tenemos división de poderes. Al menos, reconozcámoslo.

En toda Europa sí que hay un sistema judicial independiente, ¡pero atado a las leyes!

En fin, esto es lo que hay y no hay que ser profeta para suponer qué va a suceder en los próximos años. El catolicismo ortodoxo tiene todas las razones para temerse lo peor, porque no va a haber quién le ampare ante la opinión pública de la masa linchadora, ante los partidos políticos, ante los jueces que se verán obligados a aplicar leyes y más leyes acerca de lo que tenemos que pensar.

No sería mala cosa que los obispos de toda Europa, de forma coordinada, lanzaran un llamamiento a la sociedad para que se hiciera consciente de que no hay división de poderes. Un llamamiento para despertar al Pueblo acerca de eso y solo de eso. En realidad, pensando en lo que va a venir.

Hay que plantear la batalla ahora, en el campo de las reglas del juego. De lo contrario, con estas reglas del juego, estamos perdidos más adelante. Mejor ahora, en frío, plantear la cuestión en todo su dramatismo, en general, que hacerlo cuando nos tengamos que defender a nosotros mismos.

miércoles, septiembre 30, 2020

Parque Jurásico en versión más barata, pero con el mismo terror

 



Por la mañana, he seguido trabajando en mis inacabables tomos sobre san Pablo. Llevo una semana aprendiendo todo lo que puedo sobre los misterios órficos, dionisiacos y eleusinos, también sobre el mitraísmo. En esa época había de todo en el imperio romano, incluidas algunas influencias budistas. Testigos de Jehová no había.

Al final de la mañana, he grabado un sermón sobre los ángeles en el Apocalipsis. Di, ayer, una conferencia en un seminario de Honduras sobre el mismo tema. La de hoy era la segunda parte. Después de un saludable almuerzo de pan tostado con aguacate y sardinas, seguido de un yogurt cremoso de frutas tropicales, me he dado un paseo junto al río.

Un delicioso y largo paseo con un lector mío que me ha venido a ver. Me gustan las visitas y llamadas de los lectores.

Qué bonito está el campo en este comienzo del otoño, tan lleno de luz, con una temperatura perfecta. En el río Henares hay patos, pero ahora observo que hay un trecho que lo han colonizado las garcetas, tan bonitas y tan blancas. Es una delicia pasear fijándose en los tipos de cantos, en las clases de árboles fluviales.

Ayer fui a concelebrar a la Basílica de san Miguel en Madrid, ¡qué sagrario tan bonito! Me quedé extasiado contemplándolo. No he encontrado fotografías bonitas en Internet para que lo veáis.

Quiero especificar (para daros ideas) que las sardinas que comí son unos filetes de sardina marinados que parecen completamente anchoas, solo que un sabor mucho mejor. Son deliciosas y se pueden tomar los viernes de cuaresmas. Yo las compro en Hipercor, no las he encontrado en otro lado. Se llaman Anchodinas. Acabo con un chiste:

—¡Estás obsesionado con la comida!

—No sé a qué te refieres croquetamente.

martes, septiembre 29, 2020

Receta forteniana

 


Nunca os había contado una historia que sucedió hace unos tres años. Yo estaba pagando en el supermercado de un centro comercial muy grande. Mientras esperaba a que me diera ya la cuenta, me fijo en que a unos diez metros había otro cajero (de unos veinte años) que parecía gemelo del que me estaba cobrando.

Se lo comenté: ¿Sois gemelos?

Daba por supuesto que iba a decir que sí.

Me contestó: No que yo sepa.

Me dejó claro que no eran familia. Pero yo, cuanto más miraba a los dos, más idénticos me parecían. No es que hubiera similitud, eran dos gotas de agua. Pero el cajero que me atendía me lo había dejado claro: no tenían nada que ver entre ellos. Lo dijo sin dejar lugar a dudas.

Me fui al aparcamiento con mis bolsas, pensando que el cajero me había hablado con sinceridad, pero que eran demasiado iguales. Hacía poco había leído acerca de gemelos separados que se reencontraron casualmente.

Mientras metía la compra en mi coche, pensé que me gustaría tener una excusa para echar otra hojeada a ambas caras. ¿Pero qué excusa podía alegar para regresar?

Entonces, me doy cuenta de que se me había caído la bolsita pequeña donde llevaba las llaves de mi casa. Las llaves estaban en mi bolsillo, pero la bolsita con cremallera no.

¿Se me habrían caído junto al cajero? Regresé y, efectivamente, allí estaba la bolsa en el suelo. Me volví a fijar y era cierto: eran iguales.

Lo curioso es que yo había buscado una excusa para regresar y ¡se me había caído allí una cosa del bolsillo!

Me dieron ganas de fijarme en los lóbulos de las orejas, en el tipo de nariz. Pero me di cuenta de que el cajero ya me empezaba a mirar como el que mira a alguien que se cree Napoleón o cosas parecidas, así que dejé correr el asunto: recogí la bolsa y me marché. 

No deja de ser inquietante que hayas cobrado a un cliente y este se te quede mirando a seis metros, fijamente. Eso es más siniestro que la vieja del visillo.

Pero es curioso, quise volver y tuve que volver. ¿Serían gemelos y no lo sabían? ¿Sólo eran dos personas casi idénticas sin familia?

lunes, septiembre 28, 2020

Escuchar música por la calle, antes del movil, también era posible

 


Uno sabe que ha llegado a la vejez cuando con los amigos se cumple la Ley de la conversación senil en tres fases. Esta ley es invención mía.

En la primera fase, siempre se habla de la salud: estoy perdiendo la memoria, estoy engordando, el colesterol.

En la segunda fase, se habla de lo mal que está todo. Uno se parece un poco a los cascarrabias del palco de Los Teleñecos (The Muppets Show).

En la tercera fase, muchas veces precedida por las palabras te acuerdas..., se habla de lo maravilloso que era el mundo, la vida y España en la época de nuestra infancia y juventud. En esas conversaciones, el planeta era una Arcadia feliz hasta que llegamos a los treinta años. Entonces, todo empezó a torcerse. Cuando cumplimos cuarenta años, ya habíamos entrado en una edad de hierro. (Ahora, con peste, ya ni digo nada.)

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Hoy están filmando una serie de televisión justo debajo de las ventanas de mi casa. Todo el rato me estoy asomando a ver qué hacen. Debo aparecer dos docenas de veces mirando entre las cortinas, como la famosa figura de la vieja del visillo.

No sé de qué trata la serie, pero miro con una mirada siniestra de película de terror de los años 70. Una mirada profunda entre Hitchcock y La noche de los muertos vivientes. Y es que, de verdad, no hay efecto especial que sea tan siniestro como una vieja con mirada de psicópata mirando entre los visillos.

domingo, septiembre 27, 2020

La diversión antes de la existencia de aplicaciones en el móvil

 


El camino hacia el teléfono móvil tuvo muchos intentos fallidos

 


Es un hecho que Internet se ha convertido ya para una gran parte de la humanidad en su patria. Ya no es un instrumento que se consulta en un momento dado, es un lugar, es la parte del mundo donde la mayoría pasa una gran parte del día a ratos o seguida.

Esto es un hecho, no estoy haciendo ahora una crítica, ni a esto va a seguir un sermón. No estoy diciendo si es bueno o mal, únicamente constato una realidad.

Podemos contraponer realidad e Internet, pero sin olvidar que Internet forma parte de la realidad.

No estoy diciendo que no haya que reconducir los aspectos desordenados del uso de la Red. Pero el trabajo, el descanso, la amistad, la lectura, hasta la oración, en gran medida, pasa por la Red. O, mejor dicho, está en la Red y nosotros estamos en ese “lugar”. Nosotros vivimos en esa patria grande como el mundo, donde caben muchos mundos.

Matrix apareció en 1999. Y hablaba de un mundo donde los hombres reales estaban conectados. La conexión a la Red de la humanidad es un hecho históricamente irreversible. Podemos discutir muchas cosas, pero la conexión de cada ser humano resulta inevitable, avance como avance el futuro.

Nosotros, los sacerdotes, debemos encauzar las cosas lo mejor posible, del modo más humano, más enriquecedor. Pero sin echar sobre las conciencias sentimientos de culpabilidad. Una sociedad pastoril en las que cuidamos de las cabras mientras tocamos la lira ya no volverá.

El mundo preinternet

 Esto era una red social normal antes de que Internet confinara a todos hace veinte años.


Así era trabajar en el campo hasta 1970.



Esto era Facebook en 1917. Era, digamoslo así, otro concepto de selfie.



viernes, septiembre 25, 2020

Así era la moda antes de Internet

 


Coronavirus y moralidad: evaluación general

 


Mi postura en todos estos meses ha sido de apoyo al gobierno. La situación que se vivió era trágica y era preferible no crear división dado que las medidas que se tomaban por el Ejecutivo eran razonables. El clero, los políticos, todas las fuerzas sociales, la misma entera población han remado en la misma dirección, en esta situación de emergencia. Y eso ha sido loable.

Pero ya ha pasado casi medio año desde la declaración del estado de alarma y considero que es momento de hacer algunas nuevas valoraciones de tipo moral. Permítaseme no fundamentar todo lo que voy a decir, sino ir más bien a las conclusiones, para no alargar todo innecesariamente. Todo lo que tengo que decir se puede resumir en estas afirmaciones telegráficas:

—Los países de Europa que han tomado medidas muchísimo más laxas no han sufrido un Armageddón. Eso es un hecho.

—Los países del mundo (hay varios) que no han hecho prácticamente nada, tampoco han vivido un apocalipsis.

—El virus ahora no posee la misma letalidad que en marzo. Lo que pudo ser prudente en marzo, puede no serlo ahora.

—La afirmación de que no se puede anteponer el dinero a la vida no puede ser un obstáculo absoluto que impida toda serena discusión acerca de qué es lo más prudente hacer ahora.

—Si se levantaran las medidas que están bloqueando la economía, se vivirían situaciones terribles. Pero la cuantificación de lo “terrible” es el 0,6% de letalidad en los infectados. Si, además, observamos que los mayores de 70 años concentran el 86,3% de los fallecidos, obtendremos una valoración más realista acerca de qué estamos hablando cuando decimos que el levantamiento de las medidas actuales llevaría a situaciones “terribles”.

Por todo lo cual, sin salirme del ámbito de la valoración moral, se puede afirmar que es lícito sostener que ha llegado el momento de debatir si no es mejor que la sociedad vuelva a la vida normal. Se trata de valorar los beneficios frente a la certeza de un hundimiento económico al que no se le ve ningún final. No estoy hablando de política, sino de un juicio acerca de lo lícito y lo ilícito.

Después de valorar todos los pros y los contras, después de tener en cuenta todos los elementos y circunstancias, mi opinión es que resulta preferible volver a poner en marcha la sociedad. Frente a este juicio moral, otros opondrán la ilicitud de tal opción. Pero, precisamente, de lo que estoy hablando es de la cuestión moral, de la cuestión de la licitud. ¡Es lícito! Resulta opinable si tomar una opción o la otra o una vía intermedia. Pero hay que decir bien claro que no es moralmente reprobable la opción extrema de la reapertura de las relaciones sociales.

De hecho, aunque mañana desapareciera el virus, el daño realizado a las relaciones sociales —las personas que se han aislado en casa y van a seguir aisladas, las depresiones, etc— ha supuesto un daño objetivo y profundo que tardará, estimo, que un decenio en restaurarse. Y eso aun en el caso de que mañana se resolviese el problema del virus. Cuanto más tiempo tarde, más profundo y duradero va a ser ese daño.

El daño a la economía, ya lo he dicho, va a suponer un verdadero cambio político en muchas naciones, favoreciendo la aparición de regímenes autoritarios.

miércoles, septiembre 23, 2020

Sobre la comunión en la mano en tiempos de pandemia

 


Es un asunto acerca del que he tenido tantísimas consultas que, por fin, me he decidido a escribir algo que dé un poco de luz, aunque solo sea a cien o doscientos lectores. Me escribía una persona:

Estimado P. Fortea:

He visto con interés y provecho su vídeo de YouTube sobre la situación en el Seminario de San Rafael de Argentina.

Sus reflexiones me han ayudado mucho a cambiar planteamientos sobre la obediencia en los que estaba equivocado.

No obstante, creo que hay una cuestión importante al respecto que no ha sido tocada: Comulgar en la boca se trata en varios textos de la Santa Sede (entre ellos, «Redemptionis Sacramentum» o la IGMR) como un «derecho» del fiel. No soy ningún experto en derecho, pero ¿puede un obispo modificar disposiciones de la Santa Sede sin habilitación especial para ello? (entiendo que no, del mismo modo que un teniente no puede hacer a un soldado obedecerle en una orden que va en contra de lo dispuesto por el capitán general). 

Por otro lado, es cierto que la obediencia solo se pueda resistir cuando se ordena pecar, pero también puede ocurrir que no exista obligación de obedecer, porque la autoridad no es ilimitada (del mismo modo que un profesor no puede ordenar a un alumno a qué actividades extraescolares debe ir).

Si pudiera aclararlo en alguna entrada de su blog o responderme le estaría muy agradecido. Si no puede hacerlo, solo le pido que dedique algún tiempo para pedir al Señor por mí, pues atravieso ahora mismo una situación personal complicada. 

Muchísimas gracias por su labor, Padre.


Voy a contestar por partes.

Primero: Sí, es un derecho del fiel. Pero el obispo tiene autoridad para emitir nuevos decretos o simples mandatos en caso de necesidad. 

El silencio de la Santa Sede (ante los últimos diversos casos de obispos en el mundo que han ordenado la medida de la comunión en la mano) implica que hay un consentimiento tácito.

La misma Congregación que dijo que era un derecho, ahora calla.

Si, en el futuro, la Congregación dijese que no se obligara a comulgar en la mano, eso estaría vigente desde que así se dijese, pero ahora rige el silencio.

Y aquí no vale una declaración a un periodista o en una entrevista de un cardenal, de un obispo o de un monseñor. Cuando la Congregación ordena algo, debe hacerlo por vía oficial y solo es obligatorio cuando consta como orden.

 

Segundo: No solo hay que obedecer al obispo, sino que si, antes de la pandemia, un sacerdote obligara a un feligrés a comulgar en la mano en mitad de una misa, el feligrés (tras manifestar su deseo) debería someterse y no causar escándalo con protestas y menos levantando la voz. Después le ampara el derecho poner el hecho en conocimiento del obispo. Y si no es escuchado, puede escribir a la Congregación para el Culto.

Es decir, no solo al obispo, hay que obedecer al que preside la celebración, pudiendo recurrir después, pues se hubiera conculcado un derecho. Pero la conculcación del derecho del fiel no significa que sea lícito hacer un escándalo en una ceremonia sagrada.

Durante la liturgia, hay que someterse al celebrante que preside en todo lo referente a ritos y ceremonias. Incluso los sacerdotes presentes, se someten al que preside.

El orden eclesial es que uno se somete y después recurre. Es un desorden primero dar un escándalo y después denunciar el hecho.

Una vez me ocurrió que, presidiendo yo una ceremonia, un sacerdote no quiso someterse a una cuestión organizativa. Les dije, en la sacristía, que, durante la misa, no bajaríamos al primer banco a dar la mano a las autoridades civiles. Un párroco de un pueblo vecino dijo de un modo brusco que yo hiciera lo que quisiera, pero que él iba a bajar. No hice ningún escándalo a pesar de que él dijera eso. Era preferible que él desobedeciera e hiciera lo que quería a que los fieles sufrieran el impacto de una disensión pública.

Me ocurrió lo mismo, muchos años después, el sacerdote concelebrante se empeñó en que se hiciera la oración de los fieles, a pesar de que le dije que los días de diario no la hacíamos. Pues me callé y no hice un escándalo. La liturgia es un encuentro con Dios, es un momento de oración, de paz, de comunión. No podemos destruir ese oasis espiritual con la excusa que sea. Siempre cabe el recurso a la autoridad.


Tercero: Solo cabría la protesta pública, en mitad de la ceremonia, si el acto, en sí mismo, ya fuera peor que el escándalo: un predicador que negara la virginidad de María de forma abierta, alguien que profanara la Eucaristía, o cosas similares.

martes, septiembre 22, 2020

El Hospital Real de Chelsea: hechos son amores, hechos que demuestran respeto y buen orgullo

 




Yo hice el servicio militar en el año 94. En esa época, bastaba afirmar que hacer la “mili” iba contra tu conciencia para que te ahorraras ese servicio de nueve meses. En mi caso, hubiera sido una traición a mi conciencia decir tal cosa.

¿Cómo ser soldado va ir contra la conciencia de un católico? Sería como afirmar que es ilícito ser policía o antidisturbios. Hacer la guerra, a veces, es un imperativo moral. Y no hacerla sería un pecado. A cada mal, su remedio.

Bueno, dicho lo cual, me llena de admiración que los ingleses tengan una institución como el Hospital Real de Chelsea. No es un hospital, sino una residencia para militares retirados que pueden vivir en lo que siempre han amado: un ambiente marcial.

La belleza del edificio, la grandeza de su comedor, el orden que reina en sus instalaciones, todo inspira la grandiosa idea que los ingleses han tenido de su ejército. Los pensionistas de Chelsea, además, tienen sus actividades como soldados y están presentes en las grandes ceremonias de Estado. Tienen, como podéis ver en las fotos, su propio uniforme de pensionistas de esa residencia. Hay más casas de este tipo en el Reino Unido, pero esta es famosa por su belleza, por la bien ganada dignidad que ha mantenido. 

Ciertamente que para ser sacerdote se requiere vocación. Pero no olvidemos que ser soldado, ser militar, es también otra vocación, otro modo de vivir la vida, no un mero trabajo para ganar un sueldo. Saludo con respeto a todos los militares de este blog cuyo trabajo es mantener la paz. 

domingo, septiembre 20, 2020

Padre Fortea: Interesante, interesante. ¿Así que producen du fromage?

 


Han aconsejado, en la televisión, que la mejor aplicación para saber con quién hemos estado en contacto y avisarles si hemos contraído la COVID es el papel y lápiz: apuntar las personas con las que hemos estado cada día. Yo ya he empezado ayer sábado.

—cuatro canónigos

—una priora en locutorio

—novicia portera sin locutorio

—abadesa, en el torno

—he hecho arrumacos a cuatro bebes, uno de ellos con lombrices

—dos obispos eméritos

—la vecina antipática del sexto

—el rabino liberal ese que me invitó a merendar para consultarme no sé qué del purgatorio

No sé, ahora pienso que no debí entrar a escoger los quesos en ese convento. Lo hice por ayudarles y ahora pienso que les he podido llevar la muerte. “El padre nos predicó y nos contagió la COVID; lo hizo todo en la misma mañana”.