sábado, abril 01, 2023

Hoy, una alegría grande

 

Hoy, a las 12:00 del mediodía, me ha llegado un SMS al móvil, era del vicario general: el nombramiento del nuevo obispo de Alcalá, don Antonio Prieto, vicario general de Córdoba.

Un nuevo obispo, siempre, ha supuesto para mí la alegría de una nueva esperanza. Se trata de una noticia que cada vez he recibido con gozo.

Pero no es esperanza de cargos ni honores ni cosas similares. Con mi primer obispo, no pensé en otra cosa que en ser un buen párroco de la localidad en la que estaba. No se me pasó por la cabeza ninguna otra cosa, ninguna. Mi paso por el pueblo no lo veía como transitorio. Llegué allí con la actitud de estar todo el tiempo que la Providencia determinase, mi vida entera si así lo quería. No tenía ningún sueño personal, así que no hubiera sido ninguna decepción.

Con mi segundo obispo, pensé que mi destino definitivo era mi segunda parroquia. No descartaba algún cambio, pero creía que había llegado al final del camino en cuanto a nombramientos.

Con mi tercer obispo, estoy tan feliz en mi actual destino como en todos los anteriores. Solo que, ahora, en mí no existe la más mínima brizna de ambición, de codicia de otros cargos. Antes tampoco, pero ahora es como si se hubiera quemado de nuevo algo que ya se había incendiado mucho antes. Mi único anhelo es morir como sacerdote, fiel a todas mis promesas de ordenación. Fidelidad a todas y cada una de esas promesas, a cada compromiso, a cada cosa que le ofrecí al Señor en ese día lejano de 1994.