domingo, diciembre 22, 2019

Unas líneas más



Recojo la petición de Alfonso acerca de alargarme algo más acerca del tema tocado ayer. Aunque, ciertamente, hubo comentaristas que dijeron cosas valiosas. Pero no es mi deseo aludir a ellas y escribir largamente, sino condensar algunas cuantas ideas más.

Si un marido ha sido infiel a su mujer en el pasado y su pecado quedó totalmente oculto, mi consejo es que lo deje en la oscuridad. Si su mujer no sospecha nada, ningún fruto bueno vendrá de la revelación y sí que la relación puede cambiar para siempre.

Todos los manuales de moral son unánimes, incluso el ladrón que se arrepiente y recibe el sacramento de la penitencia no está obligado a ,inculparse ante la autoridad civil. Debe restituir lo robado, pero no tiene obligación alguna de entregarse a la justicia. Eso vale también para el asesino.

En ese sentido, Lucía, los casos que pueden verse afectados por una doble investigación bajo dos autoridades, la canónica y la espiritual —con dos tipos de obligación en conciencia— son más que el que mencioné. Cuando uno elabora una norma canónica, hay que tener en cuenta las ramificaciones. Y las ramificaciones pueden ser muchas. Y, en ese campo de las variaciones sobre un mismo tema, es donde se comprueba si una norma jurídica está bien construida o no.

El obispo diocesano debe ser extremadamente cuidadoso a la hora de investigar o tomar medidas previas. El respeto a los principios del buen Derecho debe ser escrupuloso. El Bien debe hacerse dentro de la Ley. Y hablo de respeto al “buen Derecho” porque eso va más allá de la mera letra de la Ley. No basta con atenerse a la ley. La investigación debe hacerse bien dentro de la ley: dentro de la ley, pero bien.

Todo juez sabe que hay formas buenas, malas y regulares de investigar un caso. Lo mismo vale para un obispo. No podemos ser ingenuos: ahora mismo, dadas las circunstancias, el espíritu que va a prevalecer es el de seguridad jurídica para el obispo, va a ser una necesidad inexcusable. Esta realidad tiene que hacer reflexionar a los canonistas: el modo de enfocar las investigaciones diocesanas requiere una reestructuración. 

Hay que reconocer que, como criterio general, un vicario judicial no es suficientemente independiente del obispo que lo ha nombrado. Y menos lo es en un campo en el que la subsidiariedad puede afectar al obispo, incluso en materia penal. Quizá habría que ir pensando en una figura independiente nacional. Una figura eclesiástica que actuara en la misma recogida de datos y no solo para este tipo de casos, sino para cualquier otro tipo de proceso canónico. La mera supervisión en Roma me ha parecido siempre una defensa débil, por darse en la lejanía y por estar basada, sobre todo, en el proceso escrito. La creación de una figura canónica independiente y nacional otorgaría mayor seguridad canónica al acusado, para todo tipo de procesos por cualquier causa.

Además, a nadie se le oculta que el siguiente paso buscado por algunos abogados y jueces es la acusación del mismo papa y sus oficiales vaticanos. Por eso, el proceso tiene que ser profesionalizado. Cuanto mejor se haga, será un beneficio para todas las partes. Y más cuando cualquier decisión vaticana será agarrada por fiscales y letrados especializados para tratar de implicar a los más altos rangos de la Santa Sede. Estos pleitos inacabables que quieran sentar al Vaticano en el banquillo se pueden convertir en un quebradero de cabeza interminable.

sábado, diciembre 21, 2019

Cuestiones legales y problemas de conciencia en las diligencias de investigación diocesana de casos de pederastia



Hace poco salió la noticia de que se levantó el secreto pontificio para los casos de pederastia. Esta medida me pareció adecuada. Que algunos clérigos estuvieran obligados a mantener un secreto, mientras la autoridad judicial les exigía la información de la que tuvieran conocimiento, suponía tirar a los caballos a todos los obispos y curiales involucrados en la investigación en su ámbito nacional. Todos los investigadores quedaban incriminados por ocultar ante la ley civil aquello que, por la ley canónica, no podían revelar. Ha sido una buena medida la tomada por el papa.

Ahora bien, esto plantea otro problema jurídico y no, precisamente, menor. Si un fiscal, un juez o la policía pregunta a un culpable, este tiene todo el derecho (en muchos ordenamientos legales) a ocultar aquella información que le incrimine. Es un derecho que le asiste. Y es un derecho muy razonable que sería muy largo explicar aquí por qué casi todos los códigos legales lo han incluido.

Ahora bien, si en una investigación diocesana se le obliga a declarar bajo juramento, el clérigo se sentirá, con razón obligado a decir la verdad ante una investigación de la Santa Madre Iglesia, ante un obispo o su delegado que le pregunta en razón de su autoridad apostólica.

Si no existiera esa autoridad apostólica (que deriva de Cristo) y que obliga en conciencia, el investigado podría (con toda razón) responder que no se meta en su vida. El empleado de Mc Donalds le puede decir a su jefe que si tiene algo contra él que le denuncie en un juzgado. Evidentemente, la relación entre un presbítero y su obispo no es la misma.

El problema viene de que si el presbítero responde al obispo (o su delegado) con el corazón en la mano, lo que le diga puede ser pedido por el juez (es lo normal) y acabará en manos del juez. ¿Cómo el obispo puede pedirle a un sacerdote que le diga toda la verdad si el obispo no puede evitar que sus respuestas acaben en el acta de un tribunal?

La decisión que ha tomado el papa es la adecuada. Ahora bien, esta situación coloca al obispo y su vicario judicial como recopiladores de información del juez civil; el cual, por sistema, siempre pedirá toda la documentación sobre el tema que obre en poder de la diócesis.

Este tema no es ninguna tontería. Resolverlo de una manera u otra significa que alguien pase los últimos años de su vida en una prisión o no. En otros casos, una persona inocente puede tener oculta una información enteramente personal y no delictiva que si se hiciera pública en un juicio supondría, con probabilidad, que un jurado le declararía culpable. Y eso sin contar con la inestimable labor de los compañeros curiales del acusado a la hora de saber a quién preguntar o qué preguntar. Por poner un ejemplo distinto, ¿imaginamos que sea la misma familia de un acusado la que estuviera encargada de realizar una labor de investigación paralela con obligación de entregar los resultados y que tuviera consecuencias penales (penales, no solo civiles) la mera desidia en realizar esa investigación, la omisión de preguntar a algunos feligreses o la ocultación de información?

Como se ve, el levantamiento de la última barrera canónica –el secreto pontificio—lo veo adecuado, pero TIENE consecuencias. ¿Qué hacer en una situación así?

Honestamente, y mirando, sobre todo, a la conciencia, considero que el obispo tiene obligación, a la hora de hacer cualquier pregunta, de advertir, previamente, al sacerdote de que él –el obispo-- está obligado a entregar toda la información a las autoridades civiles, de manera que sea consciente de que se puede atener al código penal a la hora de dar sus contestaciones, aunque él sea el obispo.

Y si el obispo no le advierte de ello, el investigado puede obrar de ese modo justo, pues es la única defensa que le cabe ante una situación de “agresión jurídica” como la que se ha generado.

Antes había dos investigaciones paralelas, bajo dos autoridades distintas: la civil y la espiritual. Ahora esos dos ríos confluyen en el mismo lugar: el tribunal. Lo malo es que esta agresión jurídica va camino de invadir incluso el sacramento de la confesión.

viernes, diciembre 20, 2019

Sobre el veredicto del tribunal europeo sobre Oriol Junqueras



Hoy me gustaría escribir unas palabras sobre el veredicto del Tribunal de Justicia de la Unión Europea fallando que Oriol Junqueras, gozaba de inmunidad desde la proclamación de los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo.

¿Por qué un sacerdote escribe sobre este tema? ¿No es un tema mundano? Sí, es un asunto del mundo, pero con indudables ramificaciones en el campo de la moral.

Dando paseos con un juez, tocamos este tema. Mi amigo era de la opinión de que la ley era clara: si no firmaban la recepción del acta de diputado y no juraban la constitución, no eran reconocidos como parlamentarios y, por tanto, no eran parlamentarios. Mientras que yo le argumentaba que uno es parlamentario por el hecho de recibir los votos, no por firmar un papel.

Uno no vende un terreno hasta que cumple con las formalidades notariales. Si las has cumplido, has vendido. Si no las cumplido, no has vendido la tierra. Pero, en este otro caso, el ser de la condición de parlamentario viene dado el hecho de recibir los votos, no por el requisito de firmar un acta de recepción.

Si fuera al revés, un Poder Ejecutivo malévolo podría movilizar a la fiscalía para que un opositor molesto (que se prevé con seguridad que va a lograr un escaño o, incluso, la presidencia) fuera imputado antes de estar aforado. Eso se podría hacer, incluso, un mes antes de las elecciones, en cuanto las encuestas mostraran lo que va a suceder.

Basándose en la figura de asociación para delinquir, el Ejecutivo podría, a través de la fiscalía, meter en prisión a toda la cúpula de un partido. A sabiendas de que con ello se les privará del aforamiento. Otra triquiñuela sería imponer una formalidad con la que se sepa que los representantes de un nuevo partido no van a poder cumplir en conciencia. Podría ser obligar con juramento a unos parlamentarios a renunciar al independentismo, u obligar a un partido cristiano a que reconozcan la supremacía del parlamento a legislar en materia moral. Un mero requisito puede ser creado para convertirse en un dique de contención.

El tema de las triquiñuelas no es ninguna tontería. En los detalles está el demonio. Unas veces puede servir para apartar del campo político a un partido, otras veces para apartar a un dirigente especialmente molesto. Basta que el requisito exigido tenga respaldo popular de algo más de la mitad de la población.

¿Qué es lo que constituye, de verdad, a alguien en representante del Pueblo? ¿Firmar un acta o recibir los votos? Resulta evidente.

Ahora se habla mucho contra el aforamiento. Pero el que los representantes del Pueblo estén aforados es una consecución evidente del Estado de Derecho. Eso no significa que no tengan que dar cuentas ante un tribunal. Solo significa que lo harán ante un tribunal más alto. Es decir, no les juzgará cualquier juez, sino que será un tribunal de jueces que han pasado un proceso de selección más riguroso. Dicho de otro modo, se protege a uno de los pilares del Estado frente a cualquier juez que pueda tener deseos de aparecer en los medios de comunicación, que tenga intenciones políticas, etc.; no son muchos, pero los hay. El suplicatorio para quitar el aforamiento es una cuestión más compleja que ya analicé en mi libro La decadencia de las columnas jónicas. Sería innecesario en caso de unos jueces perfectos y neutrales. Pero resulta una medida necesaria en el caso de alguna posible interferencia política en el sistema judicial.

En esa situación, la necesidad de pedir el suplicatorio es el único medio que tiene uno de los poderes del Estado para defender su independencia en caso de clara “agresión”. Porque sí, un poder constitucional puede agredir a otro poder. Un Poder, por muy constitucional que sea, puede intentar atar a otro Poder. Por eso se instituyeron los suplicatorios. Aunque esa es una medida que puede usarse mal y que, en mi obra, explico que requiere una entera revisión teórica.

Pero, en cualquier caso, Oriol Junqueras era representante de una porción de la voluntad del Pueblo, con todas las seguridades que el Estado de Derecho ofrece para esas personas: seguridades, no privilegios. Ellos no están por encima de la Ley, solo se encuentran especialmente protegidos por la Ley.

Cuanto más protegidos estén los representantes del Pueblo, más protegidos estaremos todos. Ellos están tan sometidos a la Ley como cualquiera. Pero sus procesos judiciales deben estar más cuidadosamente supervisados por el bien de todos. Defender al parlamentario de la más pequeña minoría que, personalmente, sea un miserable es un bien para todos. El Pueblo no le va a defender; si pudiera, lo lincharía. Pero la constitución sí que lo debe defender con todo el poder de la ley.

Como se ve, esta es una cuestión con ramificaciones morales. La moral no es solo la sexualidad, también el Derecho Constitucional. El clero no se preocupa solo de los pobres, también de algo tan inmaterial e inasible como la libertad.

Una vez más repito que los jueces del Tribunal Supremo de España son unos magníficos profesionales. Fueron ellos los que consultaron la cuestión al tribunal europeo. Y mi opinión sobre la justicia de España aumenta cada vez que esta acata cualquier resolución del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. El Pueblo ve estas cosas como una falta de redaños. Pero, en realidad, los buenos jueces no hacen justicia con las vísceras; la masa linchadora, sí.

Tengo la más alta consideración sobre nuestros jueces del Tribunal Supremo: los mejores escogidos entre un país con muy buenos tribunales. Y episodios como este todavía mejoran más mi opinión sobre ellos.

jueves, diciembre 19, 2019

Todo está en los libros: el Bien y el Mal, la grandeza humana y la bajeza.



Los que tenemos cierta edad nos acordamos de la sintonía de un programa de literatura que comenzaba con esta sintonía tan serena y bonita:


Ya he acabado de leer las memorias de Rudolph Hoss. Indudablemente, unas de las mejores que he leído sobre esa época. Las mejores son las de Paul Schmidt (el traductor de Hitler), las siguientes son las Albert Speer, arquitecto favorito del Führer. Malísimas son las del conde Ciano, por no decir pésimas.

Lo interesante del escrito de Hoss son los detalles, detalles que escapan a los lugares comunes. Detalles que solo se pueden conocer si uno estuvo allí. Además, se trata de un hombre de gran capacidad de observación. A eso se añade que escribe de un modo perfecto: sin hojarasca, sin rellenos inútiles.

De entre sus páginas, me llamó la atención lo que dice de los testigos de Jehová:

“Eicke los había hecho apalear varias veces por indisciplinados, pero ellos aceptaban el castigo con un fervor que, de tan dichoso, parecía perverso. Incluso suplicaron al comandante que se los castigara más aún, para dar testimonio de Jehová.

Como era de esperar, se negaron a presentarse ante la comisión de reclutamiento, y ni siquiera aceptaron firmar los formularios enviados por las autoridades militares. El Reichsführer los condenó a muerte.

Cuando se les anunció el veredicto, casi se volvieron locos de contento. Estaban exultantes, no podían dominar su impaciencia ante la proximidad de la muerte; juntaban las manos y, elevando los ojos al cielo, gritaban sin cesar: «¡Pronto estaremos cerca de ti, oh, Jehová! ¡Qué felicidad, encontrarnos entre los elegidos!».

Unos días después, los correligionarios presentes en la ejecución pretendían que también se los fusilara a ellos. Fue muy difícil contenerlos y hubo que llevarlos al campo por la fuerza: un espectáculo casi insoportable.

Cuando les llegó el turno de morir, corrieron hacia el paredón. Por nada del mundo habrían dejado que los esposaran, porque querían levantar las manos al cielo invocando a Jehová. Se colocaron frente al panel de madera que servía de diana, con el rostro iluminado, henchidos de una alegría que ya no tenía nada de humana.

Así me imaginaba yo a los primeros mártires del cristianismo: esperando de pie en la arena a ser devorados por las fieras. Aquellos hombres recibieron la muerte con una expresión de alegría extática, los ojos mirando al cielo y las manos juntas para la plegaria. Todos los que presenciaron la ejecución —incluidos los soldados que integraban el pelotón— estaban muy impresionados”.

En las memorias de Hoss, hay otro pasaje que me llamó la atención al hablar de las testigos de Jehová encargadas del servicio doméstico de los altos oficiales :

“Entre ellas había otros seres maravillosos. Una de esas mujeres, empleada en casa de un Führer de las SS, se empeñaba en anticiparse a todos sus deseos; sin embargo, se negaba rotundamente a cepillar e incluso tocar su uniforme, su gorra y sus botas, en una palabra, todo lo que guardara la menor relación con lo militar”.

Durante ese reinado del Mal, tantos hombres importantes (que nunca fueron nazis) con grandes responsabilidades se mostraron incapaces de ningún gesto de heroísmo, y esas mujeres sencillas, situadas en unas circunstancias de mucho mayor peligro, dieron ese ejemplo im-pre-sio-nan-te.

Es un ejemplo, uno más, de cómo los que tienen puestos importantes, a menudo, no los merecen; y como los pequeños y humildes sí que los merecerían. Eso ocurrió entonces y ahora.

Esas testigos de Jehová ahora gozan del premio del Dios al que sirvieron, y todos esos hombres malvados pagaron o siguen pagando sus deudas en el más allá.

Que Dios se apiadase de aquellos cuyos nombres estaban escritos en el Libro de la Vida, y aceptamos la Voluntad Divina de que sigan ardiendo aquellos que deben seguir ardiendo por los siglos de los siglos. Ardiendo en un fuego que ni toda la Iglesia unida en oración tiene poder para extinguirlo.

miércoles, diciembre 18, 2019

Dos fotos poco conocidas de Hitler




Uno de los libros que tenía guardados desde hacía meses o años eran las memorias (que escribió en la cárcel) Rudolph Hoss, comandante de Auschwitz. Pensé hojear esas memorias dos o tres minutos.

Me interesa mucho la psicología del Mal, es decir la mente de los jerarcas de ese Estado de Satanás que fue el III Reich. Ahora bien, los sadismos que ocurrieran en un campo de concentración no tienen para mí el menor interés intelectual. Todos tenemos una idea bastante clara de lo que ocurrió entre las alambradas de espino. No me aporta nada leer más sobre ese tema.

El libro, por lo tanto, iba a ser desechado tras un par de minutos de aburrido pasar páginas. Pero cual fue mi sorpresa al encontrar un escrito rebosante de detalles valiosos, tales como la vida familiar de ese asesino, su relación con los subordinados o el análisis de los distintos tipos de condenados. Es un libro que no reconoce su culpa, pero (salvo por ese punto) son páginas sinceras y llenas de detalles.

El libro que parecía destinado a la papelera ha pasado a ser leído desde la primera línea hasta la última. ¿Se puede ser comandante de un campo de concentración y llevar una vida normal? No, el Mal lo invade todo. Su vida familiar era mala, no tenía amigos; la relación con sus subordinados llena de desconfianza; acabado su trabajo cada día, se aislaba en sí mismo. Su felicidad personal era nula.

Mañana os contaré más detalles. Lo curioso es que, de joven, durante muchos años, pensó en hacerse sacerdote. Pero, después, abandonó sus creencias cristianas y se hizo nazi. ¡Menuda bifurcación la de ese momento de su vida!

martes, diciembre 17, 2019

Tenía estas pinturas guardadas que hoy os comparto.


Cuando estaba escribiendo Obispo reinante, recopilé varias pinturas acerca de cómo se visualizaba la conjunción del coro de los canónigos y el altar mayor. Había leído varios artículos. Pero me apetecía ver lo leído.

La primera pintura tiene el coro situado en el lugar habitual en las catedrales francesas. Es una pintura formidable que podéis ampliar:


La siguiente pintura, evidentemente, no es de un templo francés, sino italiano. Pero es una obra magnífica. Fijaos como ayuda la iluminación a recogerse en la oración. En la primera pintura, eso no queda facilitado.


En este dibujo, en blanco y negro, vemos cómo era el presbiterio en la Catedral de Notre Dame. Muy similar al presbiterio de Canterbury salvo por la añadidura de la cátedra y el sepulcro de santo Tomás. De nuevo, la catedral gótica aparece como un espacio compartimentado. Algo que le hacía ganar mucho misterio al que lo recorría.


Esta pintura muestra la catedral como lugar para recorrerlo, como un bosque de columnas que invita a internarse en él. 


Esto mismo se observa en la última pintura. La catedral de Obispo reinante la imaginé como estas dos últimas pinturas, solo que a una escala mucho más pequeña. Pero con ese esquema de espacio cuajado de recovecos.




lunes, diciembre 16, 2019

Vestiduras episcopales para gastar menos en calefacción y reducir el impacto climático de la huella del carbono



Mañana dedicada a la lectura. Una buena ocupación entre la escritura de varios libros. Quería dedicarme a Faulkner. Sabía que se lo merecía. Pero sus novelas no me atrapan. La lectura se convierte en un puro ejercicio de obligación literaria.

Creo que será la última vez que intente El ruido y la furia. Ya sé, todos me lo han dicho, que el libro cambia en el segundo capítulo. Pero no me veo con fuerzas. Hace meses lo intenté con El guardián entre el centeno, hace un mes con Absalón, Absalón. (Fe de erratas, "El guardián" es de Salinger.)

Creo que estoy muy hecho al estilo y los modos de la novela francesa decimonónica. Ah, Flaubert... Y, por supuesto, me encanta la novela latinoamericana.

También he leído un artículo sobre las catedrales del insuperable Navascués. Eso sí que es una vida dedicada a los templos. Me ha encantado una cita de Goethe en la que un constructor medieval (de una catedral) les decía a sus hijos: Permanezco junto a vosotros (...), acabad lo comenzado en las nubes. Por supuesto que me he sentido reflejado. Es como si yo hubiera estado construyendo torres en el reino de las nubes.

Ahora la gran cuestión. Cuando acabe esta semana, escribo mi libro con consejos a los obispos sobre el episcopado, reviso mi libro sobre san Pablo (lo cual sería verdaderamente largo) o escribo una novelita corta sobre el Apocalipsis, situado en nuestra generación. Escucharé vuestras opiniones. Siempre me son muy útiles.

Se acerca la venida de mis padres a casa por Navidad. Será mejor que comience después de su partida. Cuando están aquí, no hay manera de concentrarse.

Mi piso es pequeño, la televisión está encendida todo el día con mis padres aposentados en los sillones, cómodamente aposentados, enraizados en ellos. Con la televisión encendida con el volumen alto, Faulkner no hubiera sido capaz de escribir ni un guion para Barrio Sésamo (Sesame Street).

domingo, diciembre 15, 2019

Ojo con los caracoles, puede llegar a ser muy agresivos



Estos días he estado reflexionando en que, de hecho, el sistema organizativo de cada diócesis del mundo es monárquico. Teóricamente, la concentración de poder episcopal debería estar regida por un espíritu sinodal. De manera, que la labor en equipo, en la práctica, atemperaría esa concentración.

El mundo de los deseos es libre. Pero puedo asegurar que el poder es monárquico, salvo excepciones. No solo eso es lo ordinario, sino que, en casi todas partes, allí donde existe un consejo (arciprestes, vicarios, consejeros de economía, de pastoral) se premia no la franqueza en la crítica, sino que, por el contrario, se premia la conformidad, el asentimiento, el reforzamiento de la opinión, el asentimiento con la opinión monárquica manifestada o presentida.

He conocido docenas de diócesis en mis viajes. Los ejemplos se multiplicarían. Y van desde los grandes escándalos hasta cuestiones organizativas cuyas evidentes malas consecuencias se perpetúan durante decenios. Se perpetúan con consecuencias.

Hay que reconocerlo, el sistema premia la conformidad, el dar la razón. Es algo inherente a la debilidad de la naturaleza humana. La solución no es fragmentar el poder del obispo. La solución no es complicar el gobierno episcopal levantando muros y muros de leyes.

Como ya he dicho en otros posts, si se crearan cauces para la crítica eclesial, como el reforzamiento de la figura del arzobispo, se podría dar impulso a un cierto cambio. El arzobispo (en realidad, un equipo de colaboradores suyos) como recipiente de esas críticas. Recipiente que discierna, que racionalice el magma que llegue hasta él. Esto no sería, de por sí, la solución de todo. Pero podría ser un comienzo de toma de conciencia. 

Conciencia de la Iglesia para analizar la situación y tratar de buscar nuevas soluciones en temas que van desde la gestión económica hasta el campo de los recursos humanos.

sábado, diciembre 14, 2019

Dedicado a mi amiga dentista supernumeraria



Estoy muy contento. Tan contento como lo puede estar un cincuentón que —tras una cena en una taberna, taberna de comida novedosa y moderna— se pesa en la báscula con miedo. Sí, yo que no tengo miedo al demonio, tuve miedo a los números digitales que se vacilaban velozmente hasta fijar una sentencia definitiva: 86,3 kg.

Hay 86,3 kg. de padre Fortea, el resto es ropa o libros en su cabeza. Así que con optimismo he almorzado hipocalóricamente. A la espera de alguna otra buena noticia mañana. Me conformo con poco. Si pierdo otros 100 gramos, tal vez me anime a escribir el libro titulado “Cómo hacer perder peso a los cabildos”.

Por lo demás, me he pasado la mañana corrigiendo erratas en Las leyes del infierno. La cuestión sobre la condenación de Judas está cambiada y mejorada.

He firmado un contrato para la impresión de toda la colección de libros sobre el demonio. Cuando los vea todos juntos en mi salón de estar, seguro que tendré que confesarme de soberbia al día siguiente. Pero prefiero ser soberbio a gordo.

jueves, diciembre 12, 2019

No cuesta tanto decir: "Me equivoqué".



Hay un tema en el que he cambiado de opinión y es la cuestión de si la presencia eucarística permanece cuando se produce una profanación satánica de la forma consagrada. Después de darle muchísimas vueltas, reconozco que estaba equivocado: la presencia de Jesucristo permanece, incluso en unas circunstancias tan espantosas como esas.

Debo agradecer este cambio de postura a un texto medieval que me envió un lector. No menciono por su nombre a esa persona porque no le he pedido permiso. Pero su aportación fue, realmente, valiosa.

Podéis leer el artículo entero con todos los argumentos en mi libro Ex scriptorio, pg. 90. También he cambiado la referencia que a esta cuestión existía en Exorcística.

Si ese lector fue el que me hizo repensar la entera cuestión, debo que agradecer a un amigo el espolearme hasta lograr la redacción final de esa cuestión. Tiene gracia, porque él defendía con fuerza la primera redacción de mi texto. Y, como le dije, la primera argumentación no era incorrecta, era razonable. Pero Dios puede sorprendernos por elevación.

Cambiar la cuestión me llevó dos mañanas porque la primitiva redacción de unas quince líneas hace años se transformó, hace cuatro años, en unas seis páginas; y ahora los razonamientos se han ampliado hasta llegar a catorce páginas. La reproducción de los textos sigue unas reglas casi biológicas, en medio de otros libros ya petrificados.

He necesitado también parte de esta mañana para cambiar la cuestión no solo en un libro, sino también en otro en el que mencionaba el tema. Además, había que sustituir los archivos en Biblioteca Forteniana. Y, por último, había que reescribir los links de descarga en este blog.

Hacer un cambio en un libro conlleva una cadena de acciones, como veis. Pero, al mismo tiempo, ese esfuerzo lo considero justificado, porque, y os lo digo con total sinceridad, me conmueve cómo un texto perdido en una de mis obras es causa de que haya individuos que piensen, argumenten y razonen con una profundidad que me sorprende. El lector puede valer más que el autor. Por eso corregir un texto es algo que hay que tomarse muy en serio. Y reconocer “me he equivocado” no es un desdoro. ¡En cuántas más partes me habré equivocado y ni siquiera lo sospecho!

Lo que es un desdoro es la pertinacia. Uno nunca debe escribir para vencer. La única victoria es la verdad. Y esta cuestión que siempre la consideré muy menor en el libro en el que estaba inserta, ahora se ha transformado en un escrito muy interesante. Por lo menos, a mí, me ha acabado interesando muchísimo.

martes, diciembre 10, 2019

El comienzo del día



Me gusta desayunar panetone con leche templada. Panetone de frutas, no de chocolate. La masa no debe estar demasiado dulce. No me gustan las cosas dulzonas. Cuando desayuno satisfactoriamente, emprendo la jornada mirando al mundo de otra manera: con buen humor. Empezar bien el día es muy importante.

A veces me canso del panetone y regreso a mis cereales con leche. La verdad es que los cereales están muy bien. No me gustan dulzones. Cereales de avena o los típicos granos de trigo aplastados (vamos, los del gallo en la caja) es una buena opción para empezar el día.

¿Qué desayunaría santo Tomás de Aquino? He intentado encontrar artículos que hablaran de su supuesto sobrepeso. No he encontrado nada concluyente. Yo he perdido cinco kilos (cinco y medio) en las últimas cinco semanas. El mejor modo de perder peso es leer a san Anselmo de Canterbury. Entre sus obras, lo mejor es su Argumento Ornitológico.

Mientras que leer a Flaublert o a De Lubac, claramente, engorda.

lunes, diciembre 09, 2019

Tradición y fidelidad dentro del barco de la Iglesia



El conocimiento de las fuentes, de la historia de la Iglesia, del desarrollo de los dogmas, nos muestra como las polémicas de ahora ya surgieron en las comunidades desde el comienzo. Y podemos ver cómo se fueron resolviendo esas discusiones, a veces verdaderas tempestades.

Vosotros, siempre estad con la Iglesia, con la Iglesia como un coro. Siempre con el colegio de los obispos, siempre con el vicario de Cristo. Después seguid los impulsos personales, más tradicionales o más modernos. Nadie os pide que sigáis un cristianismo neutro. Nadie os pide que sigáis una fe desnuda de todo elemento personal o entrañable. Obrad con libertad, pero siempre con la Iglesia.

Yo, en lo litúrgico, soy tradicional. Es lo que más me gusta. Pero, en lo teológico, me aprovecho de lo que escribieron los Padres Capadocios, pero también de lo que escribieron los teólogos alemanes del Vaticano II. No tengo que renunciar ni a unos ni a los otros. ¿Ser fiel a san Atanasio implica que no pueda escuchar con agrado al obispo anglicano Rowan Williams? En lo personal, estoy más cerca de Rowan Williams que con el obispo Atanasio, al que dediqué un sermón y varios posts, sobre todo me fijé en sus defectos.

No es que quiera estar entre dos aguas, no es que yo sea débil, no quiero congraciarme con nadie. Sencillamente, no tengo que renunciar a nada de lo bueno.

Uno de los comentaristas a uno de mis sermones en youtube me ha escrito hoy lo siguiente:
Sacerdote Fortea, lamebotas para mantener su comodidad, el diablo vendiendo cruces con su falta lealtad.

¿Me indigna? Ni lo más mínimo. Ese tal Gonzalo me juzga según sus pequeños esquemas. Cree hacer la obra de Dios con su condena. Pero no, no me enfada ni lo más mínimo. Le encomendaré en mi misa esta tarde.

El pobre fiel que suele leer cuatro webs intoxicantes juzga según lo que sabe. Yo no puedo entrar en el juego de las pasiones. La teología no es un combate de pasiones. La ciencia acerca de Dios debe ser abordada desde la oración y el respeto máximo hacia el Señor. Solo desde el Misterio de Dios podemos emprender la tarea de conocer qué quiere el Altísimo de la Iglesia que fundó.

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Claudia escribió un pensamiento muy bonito: Estamos viajando en este momento en el barco de la Iglesia, con nuestras fortalezas y debilidades.

Tienes razón, Claudia, laicos, sacerdotes, obispos, el papa, todos viajamos (que forma tan bella de referirse a la vida) con nuestras fortalezas, debilidades, conocimientos, errores...

Lucía, no te preocupes por los insultos. No puedo pasarme el día borrando comentarios. Pero el que insulta se desacredita a sí mismo. El que insulta y odia ya ha dicho todo sobre sí mismo.

Un lugar de comentarios en un blog es como una plaza, como una asamblea. Todo el mundo tiene voz. Pero no todas las voces son iguales. Hay que distinguir entre voces y voces. Lo mismo pasa en la Iglesia a nivel universal. Debemos escuchar las voces sabias, las voces santas.

domingo, diciembre 08, 2019

Progresismo y tradición: barcos (iglesias) en medio del mar del mundo



(Los grafitis me gustan mucho. Pero, hoy día, lo mejor de lo mejor está en el campo del concept art. Y si no véase la pintura que he puesto arriba.) 

En mis posts, muchas veces he hablado de “ultraprogresismo”. Algunos, sin duda, hubieran preferido que yo condenase el progresismo a secas.

Hace unos días, he estado leyendo y hojeando la Enseñanza de los doce apóstoles, la Epístola de Bernabé, El pastor de Hermas. También algunas pocas actas de martirios del siglo II. En esa época apostólica, las comunidades cristianas tenían las Escrituras y, como mucho, algún escrito de este tipo. Pero, aunque también con la tradición, con la enseñanza reciente de los Doce, es cierto que el contenido de la fe de esos primeros seguidores de Cristo era muy sencillo, muy elemental, nuclear, esencial. No lo digo como crítica. ¡Bendita época!

El desarrollo posterior hasta Trento y hasta el Vaticano I no es una traición, es una fascinante historia de profundización, de ramificación teológica que no cambia la esencia, que explicita lo que estaba en la semilla.

Pero cuando los católicos alemanes piden ciertas cosas (por ejemplo, la mayor inclusión de los laicos en la administración de parroquias sin sacerdote) es algo que cabe en la fe. Para nada contradice la doctrina que creían los que leían El Pastor de Hermas o la Didajé o a san Ireneo. ¿Cabe todo entonces?

No, hay elementos doctrinales presentes en algunas peticiones de fieles alemanes que, por poner un ejemplo claro, supondrían una disolución de la unidad de doctrina entre Alemania y el resto de las iglesias del orbe. En Lutero había elementos teológicos valiosos, pero también elementos incompatibles con la enseñanza universal de los Santos Padres.

Por eso siempre condeno el ultraprogresismo y no el progresismo a secas. Condeno el tradicionalismo (esto es, el tradicionalismo lefevriano), pero no la mentalidad tradicional ni el gusto por lo tradicional. Se puede profundizar y amar lo tradicional opinable sin salirse del camino justo. Los franceses tradicionales suelen amar la estética y las costumbres galas del siglo XIX, mientras que los ingleses tradicionales suelen amar las costumbres y estética medieval. No hay nada malo en amar lo tradicional concreto, mientras no “excomulguemos” a todo aquel que no le quiere entrar por ese aro.

El tradicionalismo excomulga toda desviación en lo opinable, en lo mudable. La excusa siempre es que si se cede en lo opinable, se abrirá una brecha y se acabará cediendo en la fe. Lo mismo pasa en el otro extremo del arco, con el ultraprogresismo. En el fondo, con la excusa de la libertad, se obliga a todos a pasar por el aro.

Vosotros, siempre estad con la Iglesia, con la Iglesia como un coro. Siempre con el colegio de los obispos, siempre con el vicario de Cristo.

sábado, diciembre 07, 2019

Continuando con la Didajé



Es curioso, la Didajé aconseja que los cristianos recen el padrenuestro tres veces al día. Y añade unas fórmulas fijas que se recitaban en la misa. Podemos ver en esto el tipo de canon que se usaba en el siglo I. Pongo el texto entero porque es muy interesante:
Acerca de la acción de gracias, da gracias de esta manera:
Primero sobre la copa:
Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, la que nos diste a conocer a nosotros por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.

Y después del partimiento (del pan):
Te damos gracias, ¡Padre nuestro!, por la vida y el conocimiento que nos diste a conocer por medio de Jesús tu siervo. ¡A ti la gloria por los siglos!

De la misma manera que este pan, que partimos, estaba disperso sobre los montes, y reunido se hizo uno, así sea reunida tu iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, por los siglos.

Que nadie coma ni beba de esta acción de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor, pues sobre esto dijo el Señor: No den lo santo a los perros.

Después de saciarse, den gracias así:
Te damos gracias, ¡Padre santo!, por tu santo nombre que hiciste morar en nuestro corazón, y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has dado a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.

Tú, ¡Señor todopoderoso!, creaste todas las cosas por causa de tu nombre, y diste a los hombres alimento y bebida para su disfrute, para que te dieran gracias. Mas a nosotros nos hiciste el don de un alimento y una bebida espiritual y de la vida eterna por medio de tu siervo.

Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso. A ti la gloria por los siglos.
Acuérdate, Señor, de tu iglesia, para librarla de todo mal y hacerla perfecta en tu amor, y congrégala desde los cuatro vientos, santificada, en tu reino que le has preparado. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

Venga la gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. El que sea santo, que se acerque. El que no lo es, que se arrepienta. Maranatha. Amén.

Pero había momentos de improvisación, porque añade la Didajé:
A los profetas, déjenlos dar gracias cuanto quieran.
Sí, los profetas existían en muchas comunidades de esa época. Y hablo de “profetas” en sentido bíblico, no en otros sentidos inventados en el siglo XX para esa palabra.

La comunidad intervenía en la elección de obispos. Fijémonos en esta parte:
Elijan obispos y diáconos dignos del Señor, que sean hombres humildes, no amantes del dinero, veraces y bien probados, porque también ellos los sirven a ustedes como profetas y maestros.
En la Didajé se habla de obispos, de diáconos, de profetas, de maestros y de apóstoles itinerantes. Es curioso, pero es posible que, en algunas ciudades, hubiera un obispo ayudado de varios diáconos, pero no presbíteros. También es posible que los “maestros” de este texto sean los presbíteros. En El pastor de Hermas (texto que también he estado hojeando esta mañana) tampoco aparecen los presbíteros, pero sí los maestros.

Si vemos el amor que había entre los primeros cristianos, en esa primera aurea generación de seguidores de Cristo, y las divisiones de ahora, se comprueba lo que dice la Didajé:
En los últimos días (...) las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio.

viernes, diciembre 06, 2019

Leyendo los primeros textos del cristianismo



(Parece mentira que una obra como la de la foto sea un grafiti. Qué belleza. Una obra formidable.) Estaba hoy leyendo la Didajé. El primer texto cristiano del que se tiene noticia. Texto que es de la segunda mitad del siglo I. Entresaco estas líneas de mi lectura. En rojo el escrito original.

Hijo mío, de aquel que te explica la Palabra de Dios te acordarás de día y de noche, y lo honrarás como al Señor. Porque donde se anuncia la majestad del Señor, allí está el Señor.
Para alguien que predica (es decir, para un sacerdote) este consejo resulta extremadamente alentador. La predicación de la Palabra de Dios, sea cual sea la parte de la que se hable, en el fondo, es un modo de anunciar la majestad del Señor.

Buscarás cada día los rostros de los santos, para hallar descanso en sus palabras.
Aunque puede entenderse como la búsqueda de la intercesión de los santos del cielo, también se puede entender como el consejo de buscar la compañía de cristianos. Volviendo al sacerdocio, nuestras predicaciones deben ser un “lugar” donde las almas encuentren descanso. La homilía no es un lugar para reñir a los que vienen a misa.

No provocarás facciones, sino que pondrás paz entre los que pelean.
Ay, cuánto deberían releer estas palabras los autores de ciertos blogs católicos y ciertas webs. Crear división entre pastores y fieles, así creen estar construyendo la Iglesia. Esos intoxicados siempre acaban añadiendo que “hay buenos pastores”. Como si eso lo arreglara todo.

Si puedes llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto. Pero si no lo puedes llevar todo, haz lo que puedas.
Si esto lo dice el papa Francisco en una alocución, tantos gritarían: “¡Relativista, relativista!”.

Es curioso, la Didajé aconseja que los cristianos recen el padrenuestro tres veces al día. Y añade unas fórmulas fijas que se recitaban en la misa. Mañana las pondré aquí.

miércoles, diciembre 04, 2019

Sí, santo padre, este es el blog del que le hablé



Cuando presenté mi trilogía sobre Dios, se me ocurrió revisitar mi Historia del mundo angélico. Cuando digo “revisitar”, me refiero a hojear ese libro. Me acordaba de esa obra en general, en sus grandes líneas, pero ya se me habían desdibujado los detalles y deseaba tener una visión de conjunto de los tres tomos.

Al final, no he hojeado esa obra, sino que la he leído entera puliendo sus frases. Un lector temeroso me pidió que no cambiara el contenido. No, no he cambiado el contenido, solo hay cambios formales sobre el mismo texto. Sí que he añadido una página o dos, justo al final del libro, al hablar de la historia humana en relación a la de los ángeles.

Debo confesaros algo. Cuando publiqué, en el año 2012, en Brasil, este título, me pareció el mejor libro que yo había escrito. Y era así. Pero, han bastado siete años, para que me parezca una obra muy inferior a la segunda parte, Las corrientes que riegan los cielos. No veo ningún error en sus páginas. Pero, esta vez, siete años han supuesto un verdadero cambio en mi forma de escribir acerca del mismo tema.

Del mismo modo, veo otro salto cualitativo entre el II tomo y el III de la trilogía sobre Dios. No me gusta echar piedras sobre mi propio tejado. Pero, como os lo digo todo, no dejo de comentaros esto. Tampoco estoy a un paso de pedir, como el Aquinate, una antorcha para quemar todos mis pdf. Todos sabemos que los pdf arden muy mal.

Sin embargo, os aseguro que había mucho más orgullo en mí hace diecinueve años, cuando publiqué mi primer libro, que ahora. Que la vida es una escuela de humildad es algo que he comprobado.

martes, diciembre 03, 2019

Tres lectores leyendo "Las leyes del infierno"


Ayer me llamó desde Estados Unidos un auténtico forteólogo. Fue antes lector mío que amigo, pero ahora somos muy buenos amigos. Sus llamadas siempre son una alegría. Me quiere tanto que hasta, por extensión, su afecto llega al prelado mundano de mi novela Obispo reinante. Sus fervores literarios, desafortunadamente, no se han contagiado a su esposa que me es totalmente infiel, literariamente hablando.

Pero mi amigo es uno de los pocos que ha profundizado en todas mis obras sobre el demonio y con el que puedo hablar de las más complicadas cuestiones sobre el infierno. Ayer, tras mi cena, estuvimos hablando una hora y once minutos sobre la jerarquía de los demonios. Esta cuestión es una de las más complejas de mi Las leyes del infierno. Y, por eso, la coloqué al final del libro. La cuestión de la “Paradoja de la hormiga de Mirón” fue la elegida para poner punto final a mi libro que es el punto final a mi colección sobre el demonio.

Es posible que, en el futuro, aparezca algún libro más mío sobre el demonio y el infierno. Pero será ya acerca de cuestiones muy accidentales. La estructura esencial de mi pensamiento me parece que ya está totalmente delineada en el último libro de la colección.

Santo Tomás de Aquino murió a los 49 años. Le he sobrevivido dos años más y con varios kilos de menos. Sinceramente, me gustaría encontrar a amigos como este de Estados Unidos, o como mi amigo el latinista o mi amigo el filósofo (los dos de Alicante) que me espolearan, que me exigieran, que me incitaran a pensar más allá de lo que yo puedo dar de mí mismo. Pero no puedo dejar de tener una cierta sensación de haber llegado a lo más que puedo dar de mí mismo. Y que el futuro consiste en ir bajando por la ladera.

Post Data 1: Menos mal que hoy tengo una buena cena en un buen restaurante. Si no fuera por estos momentos de asueto, no sé cómo aguantaría tanto pensar en el infierno.

Post Data 2: Bromeo, para mí pensar en el infierno resulta tan rutinario como para un recogedor de huevos de gallina ir haciendo su trabajo.

Post Data 3: No bromeo, me resulta mucho más estresante una visita materna que reflexionar acerca del Hades. No creo que en el averno le estén echando en cara todo, desde el polvo en los armarios hasta los kilos que uno haya ganado. 

lunes, diciembre 02, 2019

En la imagen, el padre Fortea escribiendo su último libro sobre el infierno



Ya he resuelto el asunto de qué regalar a mis padres en Navidad. Después de que mi madre rechazara la sugerencia de regalarles otro santo, me indicó que un perfume fresco y ligero sería una opción más de su agrado. ¿Y a Rodolfo? Vamos a llamarle así para ocultar su verdadero nombre.

La cabeza de mi madre se puso en marcha durante dos días y me ha llamado hoy por la tarde: “Mira, regálale dos números de lotería, y una botella buena de vino para la cena”.

Yo volví a sacar el tema de algún santo. Pero lo hice con poca fe en mi victoria. Así que el asunto está cerrado y este año no os pediré vuestra opinión acerca de los regalos. Si a mi madre le toca la lotería, me convertiré en el cura más rico de la Iglesia Católica. Pero, bueno, no adelantemos acontecimientos. Ya os lo contaré en el blog. Si me tocan mil millones, creo que lo de la canonjía en la catedral estará hecho.

domingo, diciembre 01, 2019

Recordando mi último viaje



La foto no es de mi viaje, la he puesto solo porque es muy bonita. Las fotos de las concelebraciones me parecen gustan tanto porque disfruto mucho de esas liturgias.

De mi viaje a Archena guardo, en mi recuerdo, (la vida son recuerdos), no solo la amabilidad de los anfitriones, sino también el estimulante recuerdo del encuentro con lectores y oyentes. (La amabilidad es uno de los bálsamos de la vida.) Uno trabaja y trabaja cada día en este scriptorium que es mi piso, pero solo los viajes me ofrecen una cierta visión de la medida de si ese trabajo tiene fruto o no.

Mi labor de horas y horas es un trabajo a ciegas, en la solitaria oscuridad del papel. O, mejor dicho, acompañado de la luz del resplandor de otras obras a las que otros seres humanos dedicaron sus vidas. Yo mismo me beneficio esfuerzo ímprobo de otros. Pero tengo que tener fe en que tanto esfuerzo mío hace bien a alguien. Los viajes, para un escritor, y por la razón dicha, son estimulantes.

Compruebo también que los sermones han pasado a ser mi “otra biblioteca”. Sin duda, mis homilías y charlas no serían como son sin la historia de trabajo en los libros.

Post data: Qué buenas son las mandarinas murcianas.