martes, octubre 20, 2020

Vamos a vivir tiempos muy poco aburridos

 

Las imágenes de las iglesias quemadas en Chile (con la excusa de reivindicaciones sociales), los ataques a imágenes en templos católicos en Estados Unidos (con la excusa del Black lives matter), las Femen que irrumpían y se subían a los altares, las pintadas de odio en parroquias de España... Sí, no hay ninguna duda que las series de televisión, las novelas y el cine han sembrado esos sentimientos hacia la Iglesia Católica.

En los últimos veinte años, esa siembra de odio no ha estado tanto a cargo de los partidos políticos como de la élite que tenía dominio sobre los medios de comunicación.

El antisemitismo existía en la mentalidad de parte de la población alemana y austriaca antes de que eso pasara a configurar la ideología de ningún partido político.

El anticatolicismo agresivo existe en una parte de la población de muchos países, gracias a lo que he dicho: series, novelas, películas, documentales.

No tengo la menor duda de que esa mentalidad pasará a formar parte de las demandas de algún partido político en algún país. Y que esas medidas anticatólicas se extenderán a otras naciones, porque el terreno está abonado.

Algunos achacan estos ataques al demonio. Tienen razón en cuanto que el Maligno es sembrador de cizaña. Pero no olvidemos que él solo azuza, tienta. Esta agresividad es el resultado de una siembra humana. Se ha sembrado mucho odio de forma intencionada. Los sembradores del odio llevan mucho tiempo trabajando.

Hace siglos fueron los masones, después fueron los marxistas. Ahora pienso que no hay ninguna conjura secreta que obra en la oscuridad. Lo que ahora vemos es el resultado de la agresividad sembrada. Pero sí, en los próximos años, grupos genéricamente llamados progresistas serán cada vez más audaces en sus peticiones a los congresos y a los tribunales.

Lo triste es que nos enfrentamos a esta futura ola popular, ampliamente apoyada, en unas democracias sin efectivas divisiones de los tres poderes. La mayoría en los parlamentos arrasará cualquier oposición judicial o legislativa.

Unamos a esto la política del gobierno chino frente a los cristianos, los martirios en lugares como Nigeria, la apostasía en Europa. Y eso después de los horrores de ISIS. El panorama no resulta nada esperanzador. Uno mira las nubes del cielo y la dirección del viento y me temo que desgraciadamente vamos a vivir tiempos de persecución generalizada con todos los sellos y rúbricas de las instituciones del Estado.

Explicando cosas obvias a Cletus

 

Habréis observado que no critico ni he criticado al gobierno de España por las medidas contra la pandemia. Y es que hay que otorgar un voto de confianza a aquellos que disponen de más datos y los mejores asesores. A día de hoy, el público en general (entre los que me incluyo) no sabemos hasta dónde llegan las secuelas de este virus desastroso. 

Sí, he escuchado tantos por ciento en los medios. Pero eso no ofrece mucha información. Ya sabemos que el virus deja muchas secuelas. Pero lo importante (y esa es una labor especializada de interpretación por los expertos médicos) es saber hasta qué punto las secuelas graves son generalizadas y en qué franjas de edad. Sabiendo esos datos, se puede, razonablemente, llegar a la conclusión de si las medidas deben ser más o menos duras, más o menos flexibles. (Os aseguro que los médicos saben algo más que lo que podamos leer nosotros en unas cuantas páginas de Wikipedia.)

Si las secuelas fueran graves (y, esencialmente, irreversibles) en un 25% de la población menor de 70 años, eso significaría que todo esfuerzo que se haga es poco. Si la mayor parte de las secuelas graves ocurren en gente muy anciana, eso produciría un resultado epidemiológico más parecido al de otras enfermedades cuando las contraen esa franja de edad. (A los 95 años hasta un ataque de hipo te puede matar. Vamos, eso he oído en un refrán.)

Yo no tengo los datos y, por eso, no critico y obedezco. Pero me parece impresionante que un simple, pequeñísimo, insignificante, virus vaya a dejar a una parte de la población teniendo que llevar una vida más sedentaria y quitándoles diez, quince o veinte años de vida, estadísticamente. Tremendo. (Hace unos meses que hecho la culpa de mi estilo de vida sedentario al virus.)

Sin embargo, me muestro muy optimista respecto a las vacunas. Todo parece indicar que los estudios van avanzando muy bien. Más triste me parece el hecho de que cada país haya intentado conseguirla por su cuenta sin compartir información. A pesar de millones de personas muertas o incapacitadas para siempre (cifra que sigue aumentando), no nos hemos unido, hemos fragmentado nuestras fuerzas. El beneficio económico y el orgullo del país se ha puesto por encima de la vida de rostros concretos queridos por sus hijos y nietos. (Lo de las películas que envían una misión conjunta contra el asteroide es puro Hollywood.)

Los que repiten que esto del virus es un fake, una exageración interesada de las farmacéuticas, hablan desde la ignorancia. Mi vecina, enfermera, un poco más joven que yo, todavía arrastra graves secuelas, tantos meses después: no puede subir más allá de un piso a pie. Conozco otro caso de un compañero del hospital, celador, sus secuelas han sido muchísimo más graves. En mi mismo edificio, un señor de excelente salud, lleno de vigor a sus sesenta años, nos dejó a causa del virus. Razonablemente, podríamos haber esperado que hubiera vivido veinte años más. (Tal vez después aparezca un virus que haga que los contagiados vivan, estadísticamente, quince o veinte años más, y con más pelo.)

La conexión, en Estados Unidos, entre mentalidad conservadora y negacionismo me resulta sorprendente. Si no se hubieran tomado medidas, la mortalidad, las secuelas, se hubieran multiplicado por diez, por treinta. (Algunos piensan que una mortandad generalizada, precisamente, hubiera sido una buena noticia. Creen que es mejor que los pinos y olmos vivan felices y que haya más pinos y olmos.)

Podemos sentarnos a discutir qué medidas son las más razonables, pero no podemos negar el carácter destructor de la salud humana de gente completamente sana que tiene este virus.

En fin, hoy he dicho cosas obvias. Pero creo que era conveniente decirlas:

—Obediencia y respeto al príncipe del reino.

—Prudencia: según sea el mal, así las medidas; eso es tarea de los expertos.

—Las vacunas: dejaos de fantasías conspiranoicas. Los únicos nanorobots que existen, fuera de las películas, son los piojos del pelo y las pulgas. Y su eficiencia es mil veces mejor que los mejores nanorobots que salgan al mercado dentro de quince años. Después, ya no lo sé.

—Negacionismo: Me parece estar escuchando a Cletus, el de Los Simpson.

lunes, octubre 19, 2020

Héroes de decorado (para los medios de comunicación), héroes verdaderos (en la sombra)

 

Hace unos días, Pablo Ab. nos ofreció un link a un documental a la BBC donde se ve como es una mera cuestión de dinero crear atentados terroristas masivos en Europa como los de las películas. Es solo cuestión de dinero. Eso es todo. La verdad es que me pregunto cómo no ocurren más cosas. Nos quejamos siempre de lo que ocurre, pero no agradecemos a Dios que ponga la mano con respecto a todo lo que no ocurre.

Por otra parte, justo es reconocerlo, muchas cosas no suceden porque allí están los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España, Alemania... No nos enteramos, pero hay gente trabajando, para bien, ocho horas al día, año tras año. Individuos inteligentes, con el máximo interés, que, en su trabajo, llegan al heroísmo. Siempre he tenido un gran respeto por esas personas anónimas que están ahí, detrás de todo.

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Sea dicho de paso, en el futuro (quizá únicamente en el cielo) nos enteraremos de las personas de varios países que han dado su vida este mismo año investigando cosas que afectan directamente a nuestra libertad. Hay varios estados que son monstruos como las bestias de Daniel (aunque a menor escala), y esas personas han luchado contra las garras de esas personas.

Esto no significa que todos los ciudadanos o súbditos de esos países sean malos. Lo que conforma un monstruo es la inmensa estructura opresiva al servicio de una cabeza tiránica y cruel, con sus mismos ciudadanos y con los de otros países.

¿Qué héroes habrá habido este año 2020 que nunca sabremos? ¿Qué habrán descubierto, qué habrán detenido?

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Enric ha escrito: En recuerdo de todos los jueces valientes, que arriesgaron sus vidas luchando contra asesinos y corruptos. Y ha dado una lista de nombres. Sí, tiene toda la razón. Nos fijamos en los mártires que murieron por la fe. Pero también hay hombres que han entregado su vida por la Justicia. No solo jueces, también fiscales, también otros escalafones.

Hoy, precisamente, he visto (durante el desayuno) unos minutos de un documental sobre Pablo Escobar. Allí salía el general Maza: siete intentos de asesinato contra su persona. En uno de ellos, con una bomba, mataron a cien personas solo y únicamente para acabar con él. Pero salió indemne y sigue vivo hasta el día de doy.

¿Cuál era la valía de ese hombre en su lucha contra el narcotráfico? Creo que siete intentos lo dice todo. 

domingo, octubre 18, 2020

El ara y la ira

 

Continuando los posts anteriores. Resultan llamativos los discursos de algunos eclesiásticos de alto rango al hablar del tipo de sacerdote mencionado en los pasados días. Para ahorrar palabras, vamos a llamarlos derepti (derrumbados, en latín) en plural, o dereptus en singular.

Al dereptus se le aplica la expulsión, cuando más que nunca necesita el acogimiento, el seno que le abraza con amor. Tanto más amor cuanto mayor sea su lamentable estado.

En el sacerdocio, una cosa es el ejercicio del ministerio pastoral y otra el ejercicio del ministerio consagrado. En la Iglesia debemos cuidar de las cosas sagradas, porque es el modo en el que manifestamos nuestro respeto a Dios. Si cuidamos extraordinariamente de lo sagrado manchado, mucho más entenderemos lo sagrado refulgente.

Veo una cierta confusión entre justicia, ministerio consagrado y acogimiento. Parecería que solo palabras como pena y expulsión sean la respuesta adecuada. No lo olvidemos, hay que ayudar al más necesitado. A veces, estas personas son las más necesitadas.

“¡Pero fue por su culpa!”. El hecho de que fuera así no quita que sean los más necesitados, los más enfermos, los más ciegos, los más leprosos.

Siempre concebí esas casas de reclusión sacerdotal como lugares de penitencia. Lugares con apariencia de severo monasterio. Ahora me doy cuenta de que, una vez pagada la pena civil (en una cárcel), la estética puede ser la dicha (monástica), pero el ambiente debe ser de hogar, de familia.

No solo de familia, pues hablamos de almas débiles, sin virtudes; y eso requiere unos superiores con un cierto espíritu militar, y una cierta disciplina de cuartel. Sin ese rigor, la casa caería en las continuas desobediencias y faltas de respeto.

De ahí que esos superiores tengan que alternar y combinar la vara (espiritual) y el abrazo (paternal). Eso implica también la aplicación de castigos. Siendo el mayor castigo la expulsión. Nadie estará allí si no es por su voluntad.

Tendría que haber, sobre todo al principio, en la fundación, una cierta proporción entre derepti y sacerdotes y hermanos que están allí para ayudar. Al principio, hasta crear el ambiente espiritual ideal, los derepti no podrían ser más de una tercera parte.
Con los años, en la medida en que se regeneraran, los veteranos podrían ayudar a los nuevos.

La casa de reclusión tiene que convertirse en un lugar para comprender, un lugar medicinal: el mismo lugar es una medicina para el alma. Un lugar que es su nueva familia. Un “monasterio” donde ejercer su ministerio como consagrado: concelebrando, escuchando confesiones (los que se vea adecuado que pueden hacer tal cosa), realizando otros apostolados sin salir del edificio. Por supuesto, con trabajos manuales: carpintería, horticultura, limpieza, cocinas, etc.

¿Por qué todo esto? Es fácil tratar bien al bueno. No es fácil tratar bien al malo. Si se logra crear una casa así para los derepti, esta se transforma en sermón, en incienso, en todo un símbolo. La cárcel penal frente a la reclusión espiritual. Los muros impuestos de la cárcel, frente a los muros aceptados de este lugar.

La pretensión de la venganza, frente a la conciencia de que cabe un nuevo comienzo. Hasta ahora se piensa que solo cabe la dureza. Que cualquier otra cosa que la dureza es algo malo.

El mal en grado inmenso es un misterio. Esta casa sería un lugar para afrontar ese misterio. Un lugar donde reunir varios abismos.

sábado, octubre 17, 2020

El incienso sobre el altar, el pecado alrededor del ara

 

Continuando con el tema del sacerdote de un sacerdote caído a lo más profundo. Por supuesto no se pone a cuidar de las ovejas a nadie que no sea adecuado para ello: haya caído a lo más profundo o esté simplemente un poco por debajo de la línea.

Ahora bien, ahora, justamente ahora, no es el momento de abandonar a ese pobre ser humano.

Algunos pueden ver una cierta necesidad de hacer justicia, pero la Iglesia no está para hacer justicia, sino para mostrar la misecordia de Dios y salvar almas.

Un juez que renunciara a hacer justicia no cumpliría con su cometido.

Los curas pederastas, los curas ladrones, tendrán que cumplir con sus penas civiles. Pero satisfecha la pena, el obispo solo tiene que preocuparse del alma inmortal de ese ser humano. En unos casos, la falta fue de tal naturaleza que será posible que colabore en algún tipo de trabajo temporal. En otros casos, no sería prudente y la reclusión cuasimonástica será el modo de salvar una vida en consonancia a la consagración. Pero nunca abandonar. Siempre se puede purificar sin el uso del martillo. Como cristianos, pensamos que todo es sanable, que todo pecador es redimible.

Una cosa es la pena civil y otra el obispo-padre de la Parábola del Hijo Pródigo. Son dos campos distintos, son dos funciones. Por supuesto que no se pone al zorro a cuidar a las gallinas. Pero no solo el zorro, sino incluso el lobo debe ser convertido en cordero que pazca junto al león.

De altares y sacerdotes

 

La triste noticia del altar profanado en Nueva Orleans me ha llevado a reflexionar sobre el tema. Y pienso que con el altar hay que hacer lo óptimo como símbolo de que con el sacerdote caído también hay que hacer lo óptimo. Con lo sagrado, sean personas u objetos, hay que hacer lo que sea lo mejor.

En una mentalidad veterotestamentaria, la ira, la reparación, debe reducir a pedazos el objeto o incinerarlo.

En la mentalidad de la Parábola del Hijo Pródigo hay que intentar salvar lo salvable y esperar contra toda esperanza. Desde la lógica del Nuevo Testamento, el castigo viene de uno mismo. Por supuesto que encontraremos, en el Nuevo Testamento, excomuniones de san Pablo y castigos divinos en Hechos. Pero se inscriben en una Buena Nueva de Salvación y son para la salvación. Lo mismo sucedía en el Antiguo Testamento, pero no de forma tan clara, tan abierta, tan manifiesta.

Dicho de otro modo, ese sacerdote, pagada su deuda con la ley si existiese (tengo entendido que está detenido), lo ideal sería ofrecerle vivir su consagración en una casa de reclusión eclesiástica. Algo sobre lo que ya hablé largamente en mi libro Neovaticano.

Por supuesto que para vivir en esa casa lo ideal es hacerlo ya arrepentido. Pero, incluso sin arrepentimiento, mientras se viva bajo la disciplina y regla común, más fácil será que esa alma encuentre a Dios allí que en el mundo. Por supuesto que sin arrepentimiento, un residente en esa casa de reclusión eclesiástica no le sería lícito ni concelebrar ni comulgar. Pero sí salmodiar en el coro, trabajar y participar de las recreaciones comunes.

Esto nos da la respuesta respecto a qué hacer con el altar. Si hubiera tenido valor artístico, histórico o económico, lo mejor es purificarlo con una larga purificación de siete días, culminando con lo que se dice en La reparación del lugar sagrado.

Si no tiene valor, sea de madera o de piedra, lo mejor es colocarlo en un jardín minimalista, creado ex profeso, situado en un patio cerrado: en el seminario, en el obispado, en la residencia del obispo.

¿Romperlo? Desde esta lógica, no. Estos casos (personales o materiales) no deben ser tratados con la destrucción, sino con el respeto y el amor. Respeto no significa que tenga que ser reintegrado al ministerio pastoral sin más. Amor no significa que no hay que hacer algo.

Para que no parezca un altar abandonado y medio destruido, lo mejor es desarmarlo si está formado de varias piezas. Y dejar esas piezas como dije, en lugar donde se cubran de hierba y de musgo. El ara normalmente es de una pieza (de piedra o de madera). Esta se colocará con respeto y pena sobre el suelo para que las plantas la cubran con su belleza y con eso precisamente: vida.

El conjunto, aunque caído, será bello. Será un sermón silencioso. Con los años, quedará semienterrada, semicubierta por las plantas. Todo un símbolo.

jueves, octubre 15, 2020

No es este el altar

 

Ayer nos enteramos de que un sacerdote (Dios quiera que no esté bien de la cabeza) grabó un vídeo deshonesto con dos mujeres en el altar de su parroquia. Insisto, ojalá que no se trata de maldad, sino de una patología mental.

Pues bien, hoy hemos sabido la magnífica noticia de que el arzobispo de Nueva Orleans ha dado orden de quemar hastsa las cenizas ese altar y volver a consagrar ese templo. ¡Muy bien! ¡Magnífica decisión!

Esto nos plantea una interesante cuestión posterior. ¿Y si el altar hubiera tenido una bella ara de mármol con inscripciones? Incluso, aunque hubiera sido un rectángulo de piedra no costosa, ¿hubiera sido mejor destruir el ara o realizar una nueva consagración?

Bien, el asunto es debatible y me gustaría escuchar vuestras opiniones. Desde luego, se puede romper en trozos y colocar esos trozos en el jardincito de un patio del obispado. Un cuadrado pequeño de césped, minimalista, con esos trozos de piedra con hierba y musgo encima. Esas piedras serían un recuerdo aleccionador sobre la grandeza del sacerdocio y la posibilidad futura de profanarlo. Esas piedras se convertirían en un sermón silencioso.

La otra posibilidad sería realizar una larga y simbólica purificación de varios días sobre esa piedra, celebrando en esa parroquia sobre un altar portátil. En Alcalá hay un altar portátil de madera, precioso, de estilo neorromático. De dos codos de largo, pero dignísimo.

El ara profanada podría ser lavada cada día con agua bendita, mientras se ora. Y, al séptimo día, volver a consagrarlo.

Respecto al templo, mucho mejor que una nueva consagración yo aconsejaría hacer el rito que sugiero en mi opúsculo titulado La reparación de la santidad de un templo profanado.

Desde luego, siendo el altar de madera, lo mejor es quemarlo. Aunque la opción de reducirlo a pedazos pequeños con una maza y echar el montón en un patio cerrado del arzobispado, que sea un cuadrado de césped, y dejar que crezca encima la hierba durante decenios me parece la solución más digna, más simbólica. 

En fin, me gustaría escuchar vuestras apreciaciones y sugerencias sobre qué hacer con un altar de piedra profanado. Seguro que me aportáis algo.

miércoles, octubre 14, 2020

El Consejo General del Poder Judicial y los políticos merodeando alrededor

 

En España tenemos ahora la presentación de un proyecto de ley para cambiar el modo de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Hasta ahora se elegía a sus miembros por consenso por 3/5 partes del Congreso y el Senado. El PSOE quiere que baste con mayoría absoluta (más del 50% de los votos).

Lo que alguien independiente debería investigar y emitir un informe al Pueblo es porqué los representantes del Pueblo no se ponen de acuerdo en veinte nombres de reconocida competencia. Esa es la gran cuestión. Ese informe nos daría las proporciones de los defectos de nuestra democracia.

Esos juristas perfectos existen. Son nuestros representantes los que son imperfectos hasta este nivel evidente. Si no se ponen de acuerdo en esto, cómo se van a poner de acuerdo en otras cosas menos evidentes.

Pero el asunto siempre ha sido complejo y siempre lo será: ¿quién escoge a los jueces?

El asunto no se arregla ni aunque los mismos jueces se escogieran entre ellos.

Parece que lo mejor siempre es que se escojan entre ellos. Pero si los jueces se polarizan por afinidades políticas el problema se replica en ese tercer poder.

El consenso es lo mejor. ¿Pero y si no lo hay? Es más, el consenso no lo arregla todo: puede haber un consenso en candidatos imperfectos o, incluso, viciados.

Durante años reflexioné y charlé con un jurista amigo, mi conclusión es el libro La decadencia de las columnas jónicas. Pero si observamos el sistema de elección en UK y en USA veremos que el sistema funciona bien si las personas encargadas de elegir son razonablemente buenas. Un sistema con defectos puede funcionar bien si las personas encargadas son razonablemente adecuadas.

Estamos acostumbrados a que la política se degrade. ¿Cómo ennoblecer la política? ¿Cómo mejorarla?

Creemos que la Iglesia está defendida por las leyes. Es una creencia popular. La realidad es que el destino de la Iglesia en cada país estará en manos de los políticos. Las leyes podrán decir lo que quieran, los jueces podrán emitir los veredictos que quieran. Al final, los que decidirán serán los parlamentos. Decidirán los parlamentos aprobando leyes a las que tendrán que someterse los jueces. Es tan sencillo. Se habla de separación de poderes: pero, al final, todo es tan sencillo.

martes, octubre 13, 2020

Tres fotos y ciertos errores... vaticanos

 


No sé quién escoge el mobiliario de las dependencias vaticanas. Pero las sillas del despacho donde el papa departe con los jefes de Estado no podrían ser menos adecuadas ni buscándolas a propósito.

Desde la primera vez me di cuenta de que no favorecen la conversación relajada, pues uno no puede apoyar la espalda en el respaldo. Propician un estado de alerta, de tensión. Si uno se apoya en el respaldo, uno se tiene que tirar hacia atrás de un modo completamente inadecuado para ese tipo de reuniones. Lo podéis comprobar en la tercera foto que adjunto y a la que, señores del jurado, llamaremos Prueba 3.

En fin, es algo que salta a la vista. Pero veo que pasan los años y allí siguen.

 

La segunda foto es otro ejemplo de graves errores por parte de aquel que escoge el mobiliario para un lugar tan fotografiado como ese. Poner esas dos mesitas para sostener las figuras de los dos santos queda muy feo. Esos dos santos están pidiendo a gritos unas peanas proporcionadas a lo que sostienen: peanas, no mesitas. Visualmente, restan protagonismo a la mesa central.

La lámpara no estaría mal en los años 50. Pero no añade ninguna belleza estética a esa mesa, ni la más mínima. Ocupa espacio, solo eso. Todos saben que allí no trabaja el papa, esa mesa solo se usa para departir con jefes de Estado. Ahora hay lámparas, ultramodernas, impresionantes por su minimalismo y por su belleza, que ni se ven. Esa lámpara a nivel decorativo, allí, es un cero a la izquierda.

Después está la proporción entre el reloj y la figura del santo: no guardan ninguna proporción. El sentido común, sin haber cursado ningún estudio de decoración, nos marca las proporciones áureas entre elementos sobre una mesa. Evidentemente, no son esas.

Aunque fijémonos en la tercera foto, alguien se apercibió de que las cosas no estaban bien, de que aquello no estaba bien ni para un decorador de bodas en una ciudad pequeña. Así que puso más elementos para solucionar el tema de las proporciones. Y lo logró. Añadiendo, lo soluciona.

 


¿Pero qué aparece entonces? Un barco de baratija en el fondo. ¿Es que no es posible acabar una página sin echar un borrón? Cualquier aficionado al modelismo sabe que ese barco no vale nada. En un espacio que debería ser icónico (con razón que no se haya convertido en tal), no debe haber nada que no sea exquisito, perfecto. No digo caro, no digo lujoso. ¿Se puede poner una maqueta de un barco o está prohibido? Claro que se puede. Pero, entonces, pon un barco de la misma calidad que los cuadros y los muebles y el entorno.

Eso sí, el barco es de la misma calidad que los jarroncitos de la mesa que está más lejos. Esas mesas ganan sin nada encima, solo distraen. Distraen esos elementos como si gritaran: “Somos baratos y feos, y, realmente, no sabemos qué hacemos aquí”.

Nota de descargo: Estoy seguro de que la persona que se encarga de la decoración es muy buena persona, que se esfuerza y que seguro que soy yo el que está equivocado. Además, seguro que es una persona de alma muy buena. Se nota por el amor con que decora todas esas estancias.

Nota 2: Creo que será una hipérbole afirmar que he visto mejores decorados en Plan 9 from Outer Space.

lunes, octubre 12, 2020

A vueltas con el comienzo de un nuevo año de vida: reflexionándome

 


A mis 52 años, confieso que me da un poco de pena ver que otros han subido montañas (sin escalar, no me gusta escalar), atravesado bosques, se han lanzado en paracaídas, han buceado... y yo solo he subido montañas bibliográficas, he atravesado bosques literarios, etcétera; no hay necesidad de llevar la comparación hasta el final.

Es verdad que en toda esa vida al aire libre, llena de ejercicio, de sensación de vivir y todo eso es más engañosa de lo que parece. Queda genial en las fotos y en los vídeos, pero está llena de momentos... tediosos, aburridos y totalmente insatisfactorios.

La vida de los libros, la vida del pensamiento, es más serena. Mucho menos aburrida. Hay individuos que parecen destinados a las bibliotecas reales o virtuales.

Lo cierto es que a mí me encanta la vida social. Para nada soy el eremita de los libros. Todo lo contrario. Si de mí dependiera, saldría a cenar cada día, con una larga sobremesa, con risas, me encanta pasarlo bien con otros. Si de mí dependiera, tendría una excursión cada semana. Y un viaje más largo cada dos meses por España o por otros lugares.

Pero las circunstancias, la vida, el Destino, parecen haberme recluido en el invernadero más adecuado para producir cuatro cosechas al año.

También me hubiera gustado ejercer el poder, el poder eclesiástico, claro. De verdad, con toda sinceridad, nunca he consentido en esta tentación. Pero sí, he sentido siempre esa inclinación, ese gusto. Aunque en eso estoy limpio. Mi voluntad siempre ha rechazado tal impura tentación.

Hay una lujuria del poder, hay una lujuria del conocimiento (incluso en la teología). Pero, en mí, el trabajo con los libros ha tenido todo de inspiración, de pasión, pero siempre he tenido en cuenta el vanidad de vanidades. Inspiración, pasión arrolladora, pero nunca me he considerado superior a nadie, mejor que nadie. Unos trabajan en una cosa; otros, en otra. Eso es todo.

Lo único que sí que me daba envidia era el que sabía vivir. Eso sí. Yo siempre me he considerado un poco enterrado en una tumba de libros. Enterrado en vida. Solo así he podido producir cosechas abundantes. Pero, ahora, pasada la mitad de mi vida, me doy cuenta de que lo que me parecía una etapa de dedicación exclusiva como algo transitorio se ha ido convirtiendo en algo permanente. Quizá era mi destino. Quizá no estaba en mi mano repartirme, dividirme.

Amo la teología y la literatura, con pasión. Pero estoy tan convencido de que todo es vanidad. Lo digo con total sinceridad. Es cierto que la entrega fue a Dios. La teología y la literatura solo han sido el camino concreto de caminar en esa entrega. Eso siempre lo he tenido claro. Siempre me he movido en un Libro cuadrado por poner un marco como el de una de mis obras. El Centro siempre he tenido claro cuál era.

A mis 52 años, tengo el más agridulce de los sabores en mi boca. Para nada encuentro el sabor de la satisfacción. Quizá también me encuentro bajo el peso, el inmenso peso de mi obra sobre san Pablo, cuyas dimensiones pesan sobre mí como una losa. ¿Ha valido la pena?, me pregunto incesantemente. Sea de ello lo que fuere, ya voy acabando.

Bueno, pensamientos que os ofrezco, que os descubro. 52 años es un buen momento para repensar el trabajo, para reflexionar sobre mí mismo. A los 60 es posible que sea mucho más rígido, que ya tenga menos capacidad para ser flexible incluso en mis preguntas.

Pero, os lo digo con total sinceridad, quizá la soberbia sea el pecado en el que más difícil me parece que yo pueda caer. La envidía sí, la soberbia... no. La aurea mediocritas no seré yo el que la coloque en un pedestal.

Hoy he cumplido 52 años: el río que se remansa y que se vuelve más profundo en su madre

 


La foto es de hace cuatro días, en la sala capitular de la catedral, me la hizo el penitenciario. Una y otra vez repitió que le recordaba a un padre de la Iglesia. Fue él el que insistió en hacer la foto. Le di la razón (con convicción) en cuanto al parecido.

Hoy (11 de octubre) cumplo 52 años de vida. Ayer, por la noche, releí unos pasajes del final de la vida de Memorias de Adriano. Por la mañana, fui al hospital. Una persona en la misa. Varias comuniones. Ninguna unción. Dos pasillos de coronavirus y uno de cuarentena.

Después he ido a comer con una querida familia. Cuando me han invitado, ellos no sabían que hoy era mi cumpleaños. Después de tan agradable comida, me ha entrado un poco de sueño en el sillón. Esa escena de un cura con sotana al que se le cierran los ojos ofrecía una imagen avejentada del padre Fortea.

Por la tarde varias llamadas de amigos y familiares. Hemos hablado con mi tía largo rato de Barbastro, de Barbastro en los viejos tiempos. Me ha llamado mi tía abuela. Más que preguntarle si se acuerda de la Gripe Española, debería haberle preguntado si se acuerda de la Guerra Franco-prusiana.

A los 52 años, me pregunto que si desapareciera, qué dejaría detrás de mí. Más allá de los efectos de los sacramentos y de las conversaciones que he tenido, charlas personales, breves y largas, dando consejo, ánimo, confesiones, con niños de catequesis, con moribundos, pienso que dejaría mis libros. Más allá del efecto que haya hecho en las almas, creo que he dejado una obra personal, muy personal, una región literario-teológica donde adentrarse. Miles de páginas que alegrarán la vida de alguien en algún lugar. Mis libros serán causas que producirán efectos. Probablemente, me quedan unos veinte años de vida útil como escritor. Me parecen muy pocos años. Sí, ha empezado una cuenta atrás. Hasta cierto momento de mi vida la cuenta era hacia delante.

¿El mejor libro de mi vida? ¿La cúspide de todo lo que he escrito? Después de decenas de miles de horas escribiendo, pensando, creo que mi mejor libro es Las leyes del infierno. ¿Mi mejor novela? Cuando amanezca la ira.

Me preguntaba ahora cuál es el mejor amigo que he tenido en mi vida. Esa pregunta es más complicada. Creo que dos mujeres han sido las mejores y más duraderas amistades de mi paso por la tierra.

¿El tiempo más feliz? Mis cinco años de seminario en Pamplona. En segundo lugar, mi año como secretario de mi obispo.

Ahora, cierro este post. Después de 52 años, este post. ¿Espero que el futuro sea una continuación serena, placentera, de mis años pasados, de mi última etapa? No, creo firmemente que Dios tiene la capacidad de sorprenderme.

sábado, octubre 10, 2020

Cuando la imagen tiene poco que ver con el post

 


He grabado una charla sobre la encíclica Fratelli Tutti para mi canal. En algo de más de diez días, la subiré. Tardaré eso porque tengo que poner una charla más sobre el tema de los ángeles en el Libro del Apocalipsis.

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No sé cómo puede haber gente que, desde hace medio año, pierde 20 minutos del noticiario en ver cómo va el virus extendiéndose o retrocediéndose. Cuánto me alegro de no haber perdido tiempo con eso. A trozos, ayer acabé de ver por tercera vez Indiana Jones y la Calavera de Cristal. Cinematográficamente, la cinta tiene un valor cero.

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He visto un vídeo sobre cómo reconocer la masonería eclesiástica. En definitiva, el clérigo masón hablará mucho de fraternidad. Pero, como si habla mucho de fraternidad, se notará demasiado, sustituirá la palabra fraternidad por amor. ¡Ojo, con los párrocos que hablan demasiado del amor! A veces, esos desalmados, ayudarán mucho a los pobres y necesitados, para así confundir a las almas cándidas. A veces, harán mucha oración, para que nadie sospeche de ellos. Incluso llegarán a criticar a la masonería, para que nadie les reconozca. Criticar mucho a la masonería resulta sospechoso. Tampoco hay que pensar que esos lobos son tontos.

Por lo tanto, ¡tened cuidado con cualquier sacerdote que habla mucho del amor, que ayuda a los pobres y que dedica horas cada día a la oración! Esos serán los más peligrosos.

¿Entonces, cómo distinguir el trigo de la cizaña? Imposible. Hijos míos, estáis perdidos. Menos mal que hay laicos que, en Youtube, os advertirán qué sacerdote es malo, qué obispo no es de confianza, qué cardenal es sospechoso, qué papa no es lo que parece. Sicut fons veritatis semper Youtube rimanet.

Menos mal. Los obispos ya no sirven. Los concilios tampoco. Ni siquiera si son universales. (Especialmente malos son los universales.) Las congregaciones, menos; menudo nido. Solo nos queda Youtube. Los aguerridos y valientes youtubers son el último criterio de verdad.

Algunos, cuando rezan el credo, están (con toda razón) tentados de decir: “Creo en la Iglesia Católica, la verdadera, la santa, católica, la de Youtube”. No creáis a los obispos. Creed a Jaime que, desde Ciudad Real, el vecino del 3º D, os dice cuál es la Iglesia verdadera. O a Manuel, el fontanero de Ventillas del Olmo (Lugo) que os dirá, con seguridad indubitable, cuál es la Iglesia no contaminada.

Vosotros elegís. O creer a Jaime (el del 3ºD) o a Manuel (el fontanero) o, espero que no, a los cinco mil obispos repartidos por el orbe. Sin duda, Youtube os guiará por este accidentado camino. Os diría que siguiérais a los lefevbrianos. Pero, hasta los lefevbrianos son demasiado de izquierdas, en esta materia.

Nota (creedme que alguien la necesitará): No se preocupe, las líneas anteriores eran irónicas. Tranquilo. He usado expresiones que dan a entender algo contrario a lo que siento.

viernes, octubre 09, 2020

Listado de no de lecturas, sino de lectores

 


Mientras hoy estaba comprando en el supermercado, me ha llamado un amigo mío médico para comentarme que había acabado de leer Cuando amanezca la ira, mi novela sobre las plagas de Egipto. Mientras compraba en la zona de pescadería, escogía un pulpo, llenaba la cesta de tabletas de chocolate y me llevaba varios pasteles alemanes de la marca Mildred, concretamente el de frutas, mi querido amigo me iba a desgranando su opinión sobre el libro.

A los escritores nos encanta que nos hablen de nuestras obras, esas “cosas” que hemos fabricado con tanto cariño: fabricado, erigido, pintado, creado.

Las opiniones buenas o malas son útiles sin son opiniones útiles, no todas las opiniones son útiles. Además, este médico es muy lector. Con lo cual, su opinión era importante.

La novela la han leído, antes de su publicación, el forteólogo chileno que es mi corrector. No es solo un corrector, es un experto en toda mi obra. Si viviera en Madrid, pasearíamos él, su esposa y yo todas las semanas sin falta. Seguro que se convertiría en un gran amigo mío.

El segundo que la leyó fue un profesor de griego. Buen conocedor de la historia sus opiniones eran importantes para mí. Fue un poco escaso en sus opiniones, francamente. Sí, es un hombre lacónico.

El tercero en leer el libro es lógico pensar que fue el editor y los miembros de la editorial. No me dio ninguna opinión sobre la obra. Solo me llamó y me dijo que la publicaba. Estoy rodeado de gente lacónica.

La cuarta en leer el libro fue cierta mujer mexicana que es un ángel mío a la distancia. Desde aquí noto su cariño sincero. Siempre está ahí. Lejos y cerca a la vez. Presente en mi vida y con un océano de por medio.

El cuarto en leerla fue un médico que trabaja en Inglaterra. Una persona que cada vez me resulta más entrañable. En esta amistad, se va incluyendo su mujer.

El quinto es un médico español, que es el que me ha llamado esta mañana. He hablado con él mientras iba por los armarios de comida, mientras pagaba a la cajera, mientras conducía, mientras subía las bolsas por la escalera. La conversación ha acabado cuando ya había puesto las compras en la nevera y los armarios.

Escuchar su emoción sobre mi libro tenía un poco de cosecha. Sentía en él la emoción de los lectores por venir. Era un poco de rocío sobre la abrasada piel del escritor. Esta última frase, como bien sospecháis, es totalmente literaria.

jueves, octubre 08, 2020

Ja, ja, ¡toma!


 

Repensando la economía

 


Estos días estoy leyendo la Didajé. Sigo con mi propósito de leer todos los escritos de la época apostólica.

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Hoy he concelebrado con el obispo en la catedral, el segundo día de las témporas de acción de gracias.

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Pienso que, en esta precisa coyuntura, habría que replantearse, integralmente, la economía de toda una nación como España. No se puede esperar a que mejore la economía para que no haya paro. Llevamos esperando toda una vida. Creo que ya es momento de intentar algo nuevo.

Por otra parte, la economía debe ser libre. Pero, al mismo tiempo, una economía que no sea encauzada y racionalizada puede acabar empleando muchos recursos para “producir” falsos bienes, bienes que no producen ningún verdadero beneficio a la población.

Pongo un ejemplo claro, las distintas empresas telefónicas de España emplean muchos millones de euros en campañas, propaganda y cosas similares para vender un producto que es, esencialmente, igual al de las otras compañías. Cuando la única compañía telefónica que existía en España era monopolio del Estado, no funcionaba peor que ahora y todos esos recursos eran ahorrados para emplearlos para otros fines que redundaran en el bien común. Se empleaban los recursos necesarios y la nación se ahorraba todo el “envoltorio”, todos los “lazos decorativos”. El envoltorio y los lazos los pagamos entre todos.

Cuando se pagan fortunas en honorarios a futbolistas, los pagamos entre todos. Es cierto que el futbol es hoy día un negocio y que los sueldos forman parte de ese espectáculo. Ahora bien, todas esas fortunas empleadas, realmente, no producen nada. Es humo y solo humo. No sé cómo habría que reformar ese entramado, solo digo que no producen nada más allá de un círculo vicioso de fama y demandas populares innecesarias hacia ciertos jugadores en concreto. Son miles de millones de euros tirados al mar, que no producen más que un beneficio ilusorio.

Otro ejemplo, hay marcas de cremas muy caras que funcionan exactamente igual que otras baratísimas. Pero la marca cara se ha hecho un nombre y lo mantiene a base de propaganda, aunque su producto, en realidad, no supone un beneficio verdadero, sino solo imaginado, frente a cremas más baratas. Dígase lo mismo con ciertas marcas de ropa, de bolsos, de zapatillas deportivas. Solo se paga la marca.

¿Qué hay que hacer? Bueno, el modo en que la economía se reforme es algo que debería ser evaluado por los expertos. Pero la economía de un país podría acabar, algún día (es una hipótesis), dedicando el 80% de los recursos a la “producción” de bienes ilusorios.

La idea de que la economía abandonada a sí misma encontrará el camino no siempre es verdad. Las fuerzas del libre mercado podrían llevarnos a, por ejemplo, dedicar la mayor parte de los recursos económicos a cuidar del embalsamamiento de los muertos o locuras de ese tipo. En Egipto, hubo una época en la que una grandísima partida del gasto público tenía que ver con el cuidado de los muertos.

Con un paro y una pobreza como la que vamos a tener es hora de plantearse en qué se emplean los escasos recursos de los que vamos a disponer, sin pensar ilusoriamente que la economía por sí misma regenerará todo. Me limito a lanzar una pregunta para la que no tengo todas las respuestas: hay que replantearse integralmente la economía. Aunque, ciertamente, no puedo pensar en otra cosa que en un cierto neokeynesianismo.

martes, octubre 06, 2020

Desde los tiempos de Persia hasta las distopías del siglo XXI, siempre lo mismo

 

Preciosísima la pintura china titulada El festival Qingming junto al río. Ya hablé hace tiempo aquí de este rollo de cinco metros de largo que capta la vida diaria de la ciudad de Kaifeng en el siglo X u XI. Una obra fascinante. En mi opinión, mucho más bella que el Tapiz de Bayeux. En ella aparecen representados 814 individuos, 28 barcos, 60 animales...

Ayer vi un vídeo serio (hecho por una organización seria) acerca de los problemas que están sufriendo los protestantes en China. Desolador. Para empezar, prohibida la compra en todo el país de biblias online. Escalofriante el esfuerzo de los expertos del partido para hacer una traducción china que respete los valores chinos. Etc., etc.

Cualquier día vemos la versión china oficial del Canal del padre Fortea. Un Canal del padre Foltea-xing (alguna imitación mía) alabando las maravillas de Pekín y sus rollitos de primavera. 

Ahora casi me arrepiento de haber permitido ayer a ese oriental tan amable tomar un molde de mi cara en silicona con la excusa de que solo lo quería para el salón de su casa.

lunes, octubre 05, 2020

Historia alternativa

 




Malas influencias...

 


Me arrancó una risa el comentario de un usuario que adjuntando el meme de Hitler y el chiste de la máquina tiempo decía que era por todos esos viajeros del tiempo tratando de matarle era por lo que Hitler generó una mentalidad psicótica que le llevó a dedicarse a la política de un modo totalmente desquiciado que tuvo las consecuencias de todos conocidas.

Pero quizá la teoría más genial de todas las teorías posibles es la que alguien hiló a base de los actores secundarios en Indiana Jones y Star Wars:

https://www.syfy.com/syfywire/indiana-jonesdarth-vader-conspiracy-theory-will-change-everything

¿Qué puedo decir? Formidable. Sencillamente, me quito el sombrero. Yo perdiendo el tiempo acerca de las ceremonias para la firma de una bula, mientras los grandes jóvenes pensadores se dedican a salvar el mundo descubriendo la fontanería que subyace debajo de los oficiales libros de historia. Pero los hechos son innegables.

domingo, octubre 04, 2020

Dos buenos chistes, inteligentes. El primer chiste no lo entendí a la primera.




 

Un ejemplo de bula papal antigua

 


Existe un cierto hábito, no muy extendido, de firmar algunos documentos sobre el altar. Se trata de una costumbre completamente contemporánea. Si me equivoco agradeceré datos en contra. Pero es algo que, según entiendo, proviene de finales del siglo XX.

En el altar se pueden hacer diversas cosas, pero, a mi entender, no es el lugar para firmar nada. Eso se basa en este silogismo:

—La sacralidad del altar se ha usado siempre para actos litúrgicos y solo para actos litúrgicos.

—La firma de un documento no es un acto litúrgico, luego no se hace sobre el altar.

Es cierto que la firma de un gran documento pontificio parece requerir de algún acto ceremonial que resalte la importancia de esa rúbrica. Pero esa es precisamente la diferencia entre lo protocolario y lo litúrgico.

Me parece muy bien que un documento de aprobación de un gran documento papal se haga firmando un pliego con bello arte caligráfico. Después, se le pueden añadir dos firmas de dos testigos. A eso se le puede añadir un sello metálico o de lacre.

Todo este proceso puede ser grabado con una cámara, cuidando todos los detalles del entorno. Sí, ciertamente, hay firmas que conviene que vayan acompañadas de un cierto protocolo eclesiástico.

No solo eso. Es una pena que un bonito pliego escrito a mano con un bonito sello se quede en un archivo. Pienso que habría que hacer dos copias de ese tipo de documentos. Uno para que se quede en el archivo y otro para que recorra las parroquias, para que los fieles pueden ver los detalles y el contenido del manuscrito, tocar el papel, apreciar el sello. No importa si se deteriora, hay una copia en el archivo. La copia segunda es para que pase de mano en mano y reciba un cierto nivel de deterioro.

Ya dije en su momento, que, cuando el rey de España abdicó, lo hizo firmando un papel normal salido de cualquier impresora. No es este, pero es semejante al que aparece en este link:

https://es.wikipedia.org/wiki/Abdicaci%C3%B3n_de_Juan_Carlos_I#/media/Archivo:Carta_abdicacion_Juan_Carlos_I.gif

Mientras que cuando abdicó la reina de Holanda, lo hizo con este documento:

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/89/Akte_van_abdicatie_van_Koningin_Juliana_-_Deed_of_abdication_of_Queen_Juliana_%288637710944%29.jpg

Sí, los documentos eclesiásticos importantes conviene que sean solemnes en la forma. Pero mi opinión es que deben ser firmados fuera del templo. Y con el ministro de Dios sin estar revestido de ornamentos litúrgicos. Esa ha sido la tradición hasta ahora.

sábado, octubre 03, 2020

El largo, largo, camino hacia el teléfono móvil

¡Y sin sms!

 

Una tarde normal en cualquier casa antes de Internet

 


Ha causado estupor, en el mundo, ver las fotos de Carlo Acutis que será beatificado en octubre. Muchos se han preguntado al verlo: “¿Está incorrupto?”.

Cuando me preguntaban eso, si estaba incorrupto, yo les respondía con una sola palabra que lo respondía todo: Italia.

Italia es el único país en el que los tanatólogos son capaces de recoger, a las diez de la mañana, la momia del faraón Semempeses (dinastía I) y dejarlo, a las cuatro de la tarde, de manera que parezca que dos horas antes estaba cazando zorros en su carro.

Carlo Acutis no solo es que parece que está incorrupto, es que tiene mejor cara muerto durante catorce años que yo vivo cuando me levanto por la mañana.

Pero es que la relación de los italianos con los muertos es, digamos, especial. Para los españoles los muertos son unos nichos que visitamos una vez al año. Los italianos, si les dejara la ley, los tendrían en el salón de casa, sentados en su sillón. Cuando fueras de visita, saludarías a los vivos y a los difuntos de la casa. No he visto una nación que ame más a sus muertos que la italiana.

¿Los españoles? Si saliera mañana una propuesta de ley para que se nacionalizase la industria funeraria y el Estado se encargase de volatilizar a todos los difuntos, si el voto fuera secreto, una ley así ganaría cualquier plebiscito popular.

jueves, octubre 01, 2020

Europeos, no deis por supuesta la libertad de expresión

 


Que la libertad de expresión, en los últimos años, se ha visto, de hecho, limitada en varios países occidentales es una realidad. En mi país, en concreto, son varios los campos en los que lo políticamente correcto va a pasarse a sustanciarse en leyes.

Siempre me opuse a que un marido pudiera ser encerrado en la cárcel por mera la acusación de su esposa. Nadie podía acusarme de haber pegado a mi mujer y tener, por tanto, intereses ocultos en esa defensa. Este es un tema en el que el que disienta de la opinión pública será crucificado mediáticamente.

Que jamás un ciudadano puede ser encarcelado por la mera palabra de otro ciudadano parece elemental. Pero no basta la flagelación mediática, son varios los campos en los que la presión de la masa pasará a convertirse en leyes.

Un hecho no delictivo (por ejemplo, qué pienses de una determinada época histórica) pasa a ser delictivo. Y poner en duda la legitimidad de la ley pasa a ser apología del hecho delictivo.

Son preferibles los abusos puntuales por un exceso de libertad, que cercenar la libertad de todos por el hecho de que alguna vez haya un abuso.

Lo triste es observar lo poco independientes que son los sistemas legislativos en nuestras constituciones europeas. He revisado varias constituciones y me he quedado sorprendido al ver que la división de poderes no existe en varios lugares ni siquiera sobre el papel.

Que me corrija alguien si estoy equivocado, pero la Cámara de los Lores solo puede retrasar la aprobación de leyes. En Hungría es peor, las leyes las aprueba el parlamento porque su sistema constitucional es ¡unicameral!

Increíble. No me lo podía creer. ¡Unicameral! No hay senado. Ahora bien, ¿realmente estamos los demás países más protegidos en cuanto a la división de poderes? Por supuesto que no. Simplemente, tenemos el espejismo de esa separación de poderes.

Nos enfrentamos, dentro de pocos años, al tremendo reto de la defensa de la libertad de expresión en Europa. Y no tenemos división de poderes. Al menos, reconozcámoslo.

En toda Europa sí que hay un sistema judicial independiente, ¡pero atado a las leyes!

En fin, esto es lo que hay y no hay que ser profeta para suponer qué va a suceder en los próximos años. El catolicismo ortodoxo tiene todas las razones para temerse lo peor, porque no va a haber quién le ampare ante la opinión pública de la masa linchadora, ante los partidos políticos, ante los jueces que se verán obligados a aplicar leyes y más leyes acerca de lo que tenemos que pensar.

No sería mala cosa que los obispos de toda Europa, de forma coordinada, lanzaran un llamamiento a la sociedad para que se hiciera consciente de que no hay división de poderes. Un llamamiento para despertar al Pueblo acerca de eso y solo de eso. En realidad, pensando en lo que va a venir.

Hay que plantear la batalla ahora, en el campo de las reglas del juego. De lo contrario, con estas reglas del juego, estamos perdidos más adelante. Mejor ahora, en frío, plantear la cuestión en todo su dramatismo, en general, que hacerlo cuando nos tengamos que defender a nosotros mismos.